El amor y la literatura
A algunos escritores nos viene muy bien ser padres. Si no tuviéramos retoños a los que dedicar tiempo y cariño, nos encerraríamos en nuestras torres de cristal y allí pasaríamos horas de soledad con las musas, total, para acabar una novela que se lee en tres días, que no dejará muchas huellas en los lectores y eso si consigue uno que se la publiquen. Por muy bueno que sea el quijote, no supone en mi vida ni el cuarto de un cuarto de un cuarto del amor que me dan mis hijas, así que ¿qué pinto robándoles horas a ellas para dedicárselas a esa maldita novela?




