Ser padrino
Soy padrino de dos niños: ¡sus padres me consideran una persona de fiar!
A Adolfo le gustan los tractores, las excavadoras y los coches que se transforman en monstruos. Le pasa como a mí: es un torbellino de ideas que se atropella al hablar, de puro vehemente. Y abre sus ojazos negros cada vez que, con muchos aspavientos, le cuento alguna historia. No logro convencerlo de que la espada es mejor que la escopeta y le he revelado que su ángel de la guarda tiene muchos músculos de todas las veces que lo tiene que proteger de caídas, de coches y de peligros.
Victoria me adora. Nuestra afición principal es oler botes de especias y hablar de la luna. Me llama Chus y consigue que yo haga mil muecas con las que se troncha de risa. Lleva en los genes modales de princesa. ¿Cómo, si no, se explica que sea tan elegante vistiendo un bañador y unos zapatos de baile rosas con lunares blancos cuando me agarra de la mano para que la lleve a la piscina?
A los dos les he enseñado a liar pitillos. Ésa es por ahora mi principal aportación de padrino. Por favor, Ridao, escribe un Manual de padrinos con urgencia.

