A todos los odiadores
Un día vi salir a unos tunos de una casa particular a las siete de la mañana, con cara de felicidad. Al verlos salir, el taxista me dijo:
-No puedo soportarlos.
-¿Los conoce usted? -le pregunté.
-No, pero no los puedo soportar -insistió.
La verdad es que los tunos tenían cara de haber follado mucho y bien durante toda la noche y por eso tanta gente, normalmente los pringaos, no los soporta. ¡Qué fea es la envidia!
Amigos, yo sé que algunos de vosotros sufrís en silencio o habéis sufrido alguna vez a estos odiadores que dedican energía y tiempo a odiar cosas y personas que nunca les han hecho nada. Hay, por ejemplo, algunos dedicados en cuerpo y alma a odiar el baile regional de la jota o de la sevillana. Otros ven la bandera española y echan espumarajos. Y yo he oído a muchos desear, con los ojos fuera de órbita, la muerte de todos los toreros. En Bitacoria también hay odiadores que rezuman bilis porque no soportan a bitacoreros que hablan con gracia y frescura.
Es la de odiador una profesión muy ingrata y dura. Aún se estudia si la úlcera, los gases y la impotencia son su causa o bien su efecto.
Ojalá descubran el cialis o el viagra y así puedan soltar su mala leche en otro sitio.



