De la cansina sobrevaloración de los Beatles
MÁRTIR: No me retracto. Ellos eran feos; sus letras, tontas; sus músicas pachangueras y facilonas y a quien las baila se le pone cara de gilipollas.
CORO DE SESENTEROS CINCUENTONES Y CON ALOPECIA: ¡A la hoguera con este tipo! ¡Verdugo, enciende ya la mecha!
MÁRTIR: Si a los Beatles les quitamos el aura con que nos los venden, su orientalismo, sus alineamientos ideológicos y el creerse más importantes que Cristo, ¿qué nos queda? Musiquita. Con ellos comenzó el fanatismo hacia los becerros de oro. Si ellos fuman marihuana, nosotros también. Si ellos van a ver al Dalai Lama, nosotros también. Si ellos visten así, nosotros también. Con ellos la gente comenzó a creer que ser rebelde porque sí era sinónimo de ser inteligente porque sí. Vosotros no habéis educado a los hijos: os los han educado los Beatles y sus secuelas y por eso os han salido zafios y canis. Los Beatles fueron un fenómeno social, no una revolución musical. Ahora que las llamas empiezan a lamerme, quiero que este sea mi último grito: ¡Los Beatles a la mierda!
CORO DE SESENTEROS CINCUENTONES CON ALOPECIA: ¡Abonemos con sus cenizas la sagrada tumba de Lennon! (mientras las llamas lamen al mártir, ellos encienden los mecheros y cantan emocionados el Imagine, de Lennon, esa letra tan profunda y maravillosa. Ah, qué bonito es compartir y qué mala es la gente aburguesada que no quiere hacer caso de Lennon cuando nos dice que no tengamos posesiones ni religiones, sino que todos nos demos besitos y seamos muy buenecitos. Venga así, chicos, que se muevan los mecheros)

