Argumentum angelicum probabilioris (argumento angélico de los más probable)
La primera fue en casa: me subí en una escalera de mano, pero al bajar puse por despiste los pies en la parte sin peldaños y me caí al suelo y por poco me doy en la nuca con el filo de la mesa y en la sien con el pico de la plancha, que estaba en vertical.
La segunda fue al salir de mi portal. Una bici conducida por un niñato a toda velocidad por mi acera casi me atropella. La evité lanzándome a la carretera por donde en ese momento pasaba un coche que, también, casi me atropella.
Yo sólo soy consciente de esas dos ocasiones de muerte. Seguro que hubo más: ¡de la de virus, inicios inexorables de cánceres, de la de balas, atracos, infecciones y terremotos. etc. que me habré librado cada día sin saberlo!
Pero tiremos por lo bajo: supongamos que sólo corro peligro de muerte unas dos veces al día. Como tengo cuarenta y tres años, he estado a punto de morir, redondeando, unas 32.000 veces o, por decirlo con más optimismo, ¡me he salvado treinta y dos mil veces de la muerte!
Pero ¿quién o qué me ha salvado? No puede ser por casualidad, porque por casualidad o chiripa uno se salva una o dos veces, no treinta y dos mil. Además, la chiripa no es causa de nada.
Tiene que haber una causa, es más, un agente constante y benévolo que me haya salvado tantas veces de la fácil muerte que me aguarda en cada esquina y cada instante.
Y a ese agente yo lo llamo ángel. Y lo quiero un montón.

