lunes, 24 de abril de 2017

El silencio del templo

Aquí estoy bajo la luz cenital de la iglesia de los Mártires en Málaga. Viernes Santo por la mañana. Iba con chaqueta y corbata porque acompañaba a siete mujeres con mantilla.

La luz rebota en mi calva y me transparenta las orejas y mi hermano inmortalizó el momento. Casi casi estoy a punto de levitar.

Hay algo sublime en los templos y en la oración. Mi duda constante acerca de si al orar me está escuchando alguien pierde importancia cuando pienso que, exista o no Dios, lo que hace grandioso al ser humano es precisamente tener conocimiento de lo divino o de su posibilidad. Vivir en esa posibilidad es lo más lejos que yo puedo estar de la materia.

Aun cuando Dios no exista, me salva de lo soez.

sábado, 22 de abril de 2017

El poema de la semana

Como mañana es el día del caballero san Jorge, que viene a liberar de lo feo, lo grosero y lo soez a la doncella, os traigo este poema sublime.

Feliz Pascua de Resurrección a todos.

MÁS ALLÁ
                                      Para Ana
Al volver de la muerte, algunos lo han contado:
hay un túnel de luz y un campo en flor
y un amigo, una abuela o un Guardián esplendente.

O dos que, cuerpo a cuerpo, al abrazarse,
fFlotan en una playa, salpicados de sol,
y una nube varada encuentran en sus labios.

O de pronto un almendro, al volver una curva,
puesto en pie y escribiendo
con su intacta blancura
cosas que ni él ni yo comprenderemos.

La luna que de pronto va y se ríe.

O tus dos ojos grises, mientras abres la puerta:
-Papá, al teléfono.
                          Y una corte de monos, enanos y princesas
y un san Jorge que trota
por la pizca de luz que, de una tierra rara,
al entrar, en tus ojos, te has traído.

José Julio Cabanillas (En lugar del mundo)

lunes, 17 de abril de 2017

Un largo etcétera, de Enrique García-Máiquez

Las tres palabras que mejor definen el encanto del cuaderno de bitácora de Enrique García-Máiquez son gracia, agudeza y simpatía.

Gracia en la forma, en la sencillez que derrama en sus textos, sin afectación ni falsos pudores ni rimbombancias. Agudeza por los giros de ideas, la sutileza y los matices que descubre. Y simpatía porque no hay sitio para rencores, sornas y violencias.

Cansado uno de cuadernos atestados de autobombo, lugares comunes y francotiradores, el de Enrique García-Máiquez es remanso de calidad y gentileza. Por eso es un placer su Un largo etcétera, de cuya calidad dan prueba los siguientes haikus, seguidillas o soleás: el primer poema da sentido al dolor; el segundo le da una vuelta de tuerca esperanzadora a un tópico pesimista; el tercero descubre la felicidad del yo en otro sitio; el cuarto me gusta por la belleza con que presenta el propio arrepentimiento; el quinto, por la sabia reflexión poética que se esconde tras un chiste; y la sexta, porque ¿qué mejor manera de cantar a la infancia que ser un poeta adulto haciendo un ruego a un personaje del mundo infantil?

Vienen bien unas penitas
de cuando en cuando. Que no
nos empalague la vida.

Sí... Ya... La vida es un soplo.
Pero un soplo que no apaga
esta llamita en nosotros.

Según parece,
yo, visto desde fuera, soy feliz.
Se tratará, por tanto,
de salir yo de mí.

Misa de mártires.
Y dudé si salir
porque llovía...

Estoy tan lírico
que con la media luna
tengo de sobra.

Tú, ratón Pérez,
llévate así su infancia,
poquito a poco.

Y un largo etcétera.

lunes, 10 de abril de 2017

Bailar un poema

Mi amigo y poeta Juan Andivia me ha dicho que en un teatro de Huelva una compañía va a cantar y danzar sus poemas. Y me ha parecido algo magnífico.

¿No es el colmo de la felicidad para un poeta que pongan música a un poema suyo, devolverlo a la música de donde nace? Si cantar un poema es hacer dos veces poesía, porque convierte el sonido en poesía, ¿cuántas veces hace poesía quien la baila, que no se conforma con poetizar el sonido, sino que además convierte en poesía su propio cuerpo?

Si ya sería maravilloso que musicasen un poema mío, ¡el alegrón que me darían si además me lo bailaran! Ni ojo vio ni oído oyó la fiesta interior, pirotécnica y archimuscántica que, si tal cosa ocurriese, mis potencias organizarían con mis sentidos internos y externos: mi aura se vería desde el monte Olimpo de nuestro hermano Marte.

Afortunado el poeta que, como Juan Andivia, reciba en vida tal galardón. Otros esperamos alcanzarlo después de muertos si es que en el Cielo se prestan para ello las bailarinas de Gades, las hijas de la reina de Saba y, por supuesto, los hoplitas danzantes de Esparta.

sábado, 8 de abril de 2017

El poema de la semana

He aquí este poema para que nos sintamos con él menos solos todos los que seguimos sin entender cómo nos abruma hoy la oscuridad a pesar de haber conocido ayer la gloria de la luz y de la dicha.

Si eras tendida en lo oscuro
Si eras tendida, en lo oscuro, esa hebra de sol viejo
que en el territorio extenso de las noches, une
el raro porvenir y la infancia allí agazapada.

Si detenías tú las lluvias y era un vaho secreto
aquella cama en la que fuimos una sola sangre.

Si, a ciegas, una vez, tenté tu corazón de bruma
y fui, a tu lado, el alba y la luna y la sombra mansa.
Si en tu arisca cabellera durmió mi corazón de hombre.

Quién esparce, hoy, aquí, en mi cuarto, el aroma
de la muerte.

La soledad del aguacero, Rafael Adolfo Téllez