miércoles, 9 de octubre de 2019

Circe y Odiseo

En el canto X de la Odisea se dice que, al llegar a la isla de Circe, dieron a los hombres de Odiseo una calurosa bienvenida lobos y leones tremendos que, sin embargo, se portaban como perros zalameros. Luego cuando Circe convierte a los hombres de Odiseo en cerdos, se intuye que lobos y leones no eran más que otros hombres encantados por ella, pero más nobles, como muestra que no fueron convertidos en cerdos, sino en animales depredadores.

Gracias a la hierba moly (ese es el nombre que le dan los dioses, pero no sabemos cuál es), el brevaje no surte efecto con Odiseo y, entonces, Circe le pide que se acueste con ella, porque, aunque Homero no lo dice, se encuentra ante un hombre digno de ella y ante quien no surten efecto sus poderosos encantamientos. Odiseo no podía decir que no a una diosa y, además, esa era la única forma de salvar a sus compañeros del hechizo.

Lo gracioso de Homero es que no nos cuenta cuándo se acostaron ni qué hicieron en la cama (¿para qué contar lo que ya todos imaginan y que además está en el ámbito de lo mistérico: la sagrada cópula?), sino que se limita a presentar a Odiseo bañándose y luego cenando. Pero yo me quedo con la intriga de saber si se acostaron y luego él se bañó y comió o si se acostaron tras el baño y la comida. Lo digo no solo por curiosidad morbosa, sino, sobre todo, porque me interesa saber si para una diosa el baño y la cena son parte de los prolegómenos o más bien cumplen la función del cigarrillo.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Escena de amor

El otro día vi, en un descampado que se usa como aparcamiento, cómo el guardacoches, un hombre alto, joven, de rostro severo, fumaba de pie y señorial bajo un paraguas que atentamente desplegaba para él un hombre maduro y gordo que, por su manera de vestir, de estar y de mirarlo, supuse que estaba prendado de él o que era su pareja o que pretendía ganárselo para que lo fuera. Al guardacoches parecía importarle un rábano que su pretendiente, si lo era, se mojara mientras él fumaba felizmente resguardado, y el pretendiente sujetaba para él el paraguas sin desmayo y solícito. Bajo el paraguas habría habido cómodamente cobijo para los dos, pero algo en la índole de la relación entre los dos parecía impedir esa posibilidad.

Si en realidad, como a mí me pareció, el que sujetaba el paraguas lo amaba, ¡la de cosas que nos hace hacer nuestra sed de amor! ¡Lo tremenda que es esa sed, que nos saca bajo un chaparrón para que un hombre que ni nos mira pueda fumar viril y guapo si estropearse el peinado!

martes, 24 de septiembre de 2019

Topicario y la revista Numen

En la revista Numen, que dirijo con José Julio Cabanillas y José Luis Trullo, he inaugurado un blog donde retomo el asunto de los tópicos, esas ideas hechas que van de originales y reflexivas y no dejan de ser lugares comunes superficiales y formulares que no hacen sino ensuciar las conversaciones y estropearlas, como esos de El amor es solo química y física o ese de A mí me gusta la paella, pero ¡tiene que estar bien hecha! u otros con más mala leche como ese de Las familias numerosas son unas irresponsables porque aumentan el problema de la superpoblación.... (por cierto, qué concepto tan fatuo el de superpoblación: ¿a partir de qué número empieza a haber superpoblación? ¿Y si somos muchos pero estamos a gusto? ¿Y no será mejor que se suiciden los que piensan que sobra gente?)

Quien tenga ganas de cazarlos al vuelo conmigo, que me siga en ese blog. Aquí.

lunes, 23 de septiembre de 2019

El amor no solicitado

Recibir el amor que pido no me hace necesariamente mejor, sino más feliz y completo. Lo que me hace sin duda mejor es agradecer el que no he pedido, es más, el que creo no necesitar.

Nadie pidió a Antígona inmolarse para enterrar a su hermano ni a Sócrates que muriera por la justicia ni a Cristo por amor al hombre ni a Juana de Arco por su patria, pero la Historia, agradecida, los venera. No rechaces el caramelo que te regala espontáneamente un niño, aunque no te gusten los caramelos.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Di que sí

Muchos te dirán: No te metas en líos, di que no, eso no te lo pagan, ser bueno es ser tonto, están abusando de ti…, y otras excusas para no hacer favores ni meternos en líos que benefician a otros y no a nosotros. Pero olvidan que querer a la gente es el mejor beneficio. Complícate un poco la vida, limpia tu corazón, sé un dispensador de gracias, lleva contigo un poco de la Edad de Oro.