jueves, 15 de agosto de 2019

Un niño y una niña

Un niño y una niña juegan en el parque. La niña se cae y el niño la ayuda a levantarse y la consuela.

Todo el universo ha estado esperando ese momento. Todo el universo se ha vuelto loco de explosiones e infinitos para ese sencillo gesto de amor. Desde el principio de los tiempos, el bien y la belleza han estado aguardando a que surgiera una criatura inteligente como ese niño y esa niña que los identificaran y los llevaran a la práctica. Todo un voraginoso y desmedido e incomprensible universo ha evolucionado y sigue evolucionando para ser conocidos en su verdadera dimensión de belleza y bien por las únicas criaturas capaces de ello.

Me siento como ese niño y esa niña. El bien y la belleza me necesitan para que, una vez que el universo me ha dado a luz, sea yo su luz, lo único capaz de iluminarlo y celebrarlo. Ese es el sentido de todo.

viernes, 5 de julio de 2019

Consejo para el verano

-Rezo para que mamá muera tarde y bien –dije una vez a un hermano mío.

-¡Eso es muy poco! Yo rezo para que no muera –me dijo.

Entonces tuve una revelación: rezáramos o no, mi madre no iba a morir, porque no muere quien ha amado mucho, y no porque sobreviva en los recuerdos de quienes la amamos, que también, sino porque el amor lo salva para siempre. El amor vence a la muerte y es lo único que me puedo llevar al otro mundo, lo único que llenará mis manos vacías, el único don que no se perdió tras la expulsión del Edén, lo que está en el origen del cosmos, de mi vida y tras la muerte: la fuente de amor de la que provengo. El amor me hizo y para el amor me hizo y él ha de acompañarme en vida y él ha de recibirme en mi muerte.

Por eso, abraza hoy a tu padre. Abraza a tu madre. Si ya no están, ¿no te das cuenta de cómo te están abrazando ahora?

Canta alto en las bodas y en cualesquiera fiestas. Cuando suene el I will survive desmelénate un poco.

 Y no te olvides del mendigo que duerme a la intemperie en tu calle.

Ese es el consejo que me doy a mí mismo hasta el 31 de agosto.

Ex corde,
Magister Calvus

PD: Por cierto, invito a los interesados a participar en este estupendo concurso que organiza mi amigo Antonio Barnés sobre Dios y el arte, aquí.

lunes, 24 de junio de 2019

Los diminutivos

Los diminutivos, como son tan expresivos, se saltan un poco las regularidades cuando los formamos.

Por ejemplo, los monosílabos se vuelven polisílabos al formar el diminutivo: de pie, piececito; de luz, lucecita; de pez, pececillo. Sin embargo, he oído muchas veces “solito” como diminutivo de sol en vez de “solecito”.

Ejercicio: Forme usted sin pensar los diminutivos de: col, plan, son, cal, bar, sol.

¿Y las palabras que acaban en vocal aguda? Por ejemplo, café: ¿cafelito o cafecito o cafecico? Oí a una japonesa decir en español "caferito".

¿Cómo sería el diminutivo de de sofá, parné o pirulí?

Y luego hay palabras que tienen dos diminutivos ampliamente usados, como huevo (huevito y huevecillo).

Ejercicio: Rápido y sin pensarlo, ponga usted el diminutivo de huevo que le salga más natural en las siguientes frases:

a) Pepe, ¿te frío un... ?
b) Ahí está Pepe tocándose los ….

lunes, 17 de junio de 2019

Patriotismo y los 300

¡Cómo han vibrado mis alumnos adultos cuando han visto morir por el honor y la patria a los espartanos de la película de Los 300! A más de uno se le han saltado las lágrimas cuando ven a Leónidas pagar el más alto precio, el de su vida, en defensa de Esparta y con el nombre de su esposa en los labios.

Sin embargo, si les digo que eso mismo hacían los bravos soldados de los Tercios o los que se alzaron el dos de mayo en Madrid, les parece que son cosas distintas: en los griegos perciben la belleza del patriotismo que no se permiten a sí mismos percibir en España. Y, por supuesto, cuando les pregunto si estarían dispuestos a morir por España, me dicen que nanay. Pero si les digo que el invasor pretende prohibir su idioma, su religión, sus costumbres o ponerles a las mujeres un burka, entonces les sale a todos el Leónidas que llevan dentro, porque, entonces, la patria deja de ser esa bandera rojigualda que no debemos enarbolar para no ser tachados de fachas y pasa a ser la Giralda y las playas y el estadio de fútbol y las procesiones y, sobre todo, la gente que nos rodea y que nos entiende y que va en el mismo barco.

El patriotismo no está de moda, pero, por fortuna, sigue en los corazones.

lunes, 10 de junio de 2019

Dialéctica infantil

Recuerdo algunas discusiones de las niñas de mi barrio, donde las armas dialécticas parecían sacadas de un libro de magia. Las mías eran muy limitadas. Por ejemplo, si me decían “apártate, que la carne de burro no es transparente”, se me ocurría a lo sumo responder: “Según los ojos de cerdo con que mires”. Pero, en general, yo no estaba al quite para responder mal y pronto. Sin embargo, las niñas, ay, ellas sí que tenían recursos.

Si fulanita insultaba a menganita, esta ofrecía las palmas y decía: “Espejito mágico” y entonces el insulto volvía a fulanita. Pero ¡esta no se quedaba de brazos cruzados", sino que, antes de que el insulto le reventara en al cara, gritaba saltando: “Rebota rebota y en tu culo explota”, a lo que menganita contrarreplicaba “Burbuja irrompible” mientras trazaba con las manos una inmensa burbuja protectora en torno a su cuerpo, contra el que rebotaba todo insulto posible, por muy burro que fuese, a no ser que a fulanita tuviera un superinsulto resquebrajador del tipo: "Pedorra, pedorra, que tienes las manos coloradas", y si menganita se las miraba, entonces ¡de nada le había servido su burbuja irrompible!. Y así podían pasarse las niñas discutiendo mágicamente con movimientos de manos más que de palabras. Parecía que más que discutir hacían conjuros.

¿Estaremos nosotros haciendo lo mismo cuando al discutir lanzamos al oponente un neutralizador de disidentes como “facha” o cuando sacamos, ante un dato irrefutable, el inutilizador de datos gracias a una afirmación tan políticamente correcta que nadie en su sano juicio se atreverá a refutarla o cuando, si alguien me saca las vergüenzas de mi partido, yo duplico las del suyo? Quizá ahora movemos menos las manos que las niñas de mi barrio, pero ¡qué parecidas son las armas!