lunes, 26 de junio de 2017

Antígona

Leyendo Antígona con los alumnos, me pasan dos cosas maravillosas: me elevo en alas de lo sublime y, a la vez, me lo paso en grande, porque no hay frase de la obra que deje indiferente a nadie o no suscite controversia o no sugiera mil ejemplos, lo cual es una gozada para un profesor como yo que disfruta ilustrando con ejemplos prácticos los principios generales.

Todos los personajes tienen su parte de razón y, precisamente en llevarla hasta sus últimas consecuencias caiga quien caiga consiste su sinrazón. Eso sí, de todas las razones y sinrazones, las de Antígona son las que suscitan todas mis simpatías.

Creonte utiliza con ella la falacia ex populo, consistente en dar por falsa una opinión porque nadie la comparte. Y Antígona, en vez de rebatirla afirmando que una mayoría se puede equivocar frente a un solo hombre, prefiere afirmar que la mayoría lo ve como ella, pero que calla por miedo y así la vuelve contra él y la convierte en fundamento de la democracia.

En medio de discusiones sobre la justicia y la ley, los hombres y los dioses, la tiranía y la democracia, el placer y el deber, el hombre y la mujer, etc. resuenan como un chorro de sangre esas palabras dolidas de Antígona a las puertas de la muerte, las únicas que nos permiten adivinar que su amor por su prometido Hemón, era sincero y espontáneo:

“Ah queridísimo Hemón, ¡cómo te deshonra tu padre!”.

jueves, 22 de junio de 2017

Lo que pasó en una clase de latín

Lo que ha pasado en la clase de latín de un compañero.

Dice el profesor de latín, para probar a los alumnos:

-El plato favorito de los romanos eran las patatas con tomate.

Silencio absoluto, de indiferencia o de aprobación ante la indiscutible autoridad del profesor.

-¿No tenéis nada que decirme al respecto?

Otro silencio.

Al final una alumna dice:

-Eso es imposible, profesor. ¿Y con qué lo iban a freír?

lunes, 19 de junio de 2017

La belleza de lo masculino

Quejábase hace poco una mujer de lo mal que ponía sobre el sofá las telas su marido y otra dijo encantada que prefería que su marido las pusiera regular, porque llevaría muy mal que su marido fuera más femenino que ella.

Me gustó a mí aquella mujer.

El otro día en clase, Calipso, una chica, por una bajada de tensión o algo, empezó a dar señales de ir a perder el sentido y ninguno atinaba cómo ayudarla a incorporarse para llevarla al baño y, entonces, Hermes, corpulento, grande, de brazos grandes y generosos, la tomó en brazos como si fuera una pluma y la sacó con elegancia y presteza fuera de clase. Era aquella una imagen muy poderosa y caballeresca.

San Jorge siempre matará al dragón para salvar a la princesa.

sábado, 17 de junio de 2017

El poema de la semana

Desde el homérico “Como las hojas de los árboles, las generaciones de los hombres”, el tempus fugit preside la literatura de todas las épocas y lugares, porque parece que no pasa, pero pasa. Este poema lo hace sacándole todo el jugo a una sola palabra.

CANCIÓN DE LOS ADIOSES
Adiós, amigos, que os marcháis de pronto.
Adiós, amigos, si soy yo quien parte.

Adiós, también, por cada vez que vuelve
-ignoro desde dónde- este lenguaje.

Y adiós, adiós por cada vez que olvido,
de tanta luz, las fechas y aun mi sombra.

 Adiós es la palabra irremediable
en medio de nosotros y las cosas.
(Antonio Moreno)

jueves, 15 de junio de 2017

Cuando me operaron de lo que yo no quería que se supiera

Cuando yo era jovencito, me operaron de un varicocele. Mis compañeros del colegio mayor bromeaban si me habían puesto o no escayola y dónde. Aún convaleciente, fui a que me firmaran no sé qué papel del seguro escolar en no sé qué oficina, porque fue el seguro escolar el que se había hecho cargo de la operación. Tenía yo aún la cabeza adornada de rizos, mucha timidez y un miedo horrible de verme obligado a decir al funcionario de turno la índole de mi mal. Cuando llega mi turno, me pregunta una funcionaria (¡si al menos hubiera sido un funcionario!) delante de un montón de gente dónde me habían operado y yo, maldiciendo mi suerte, balbucí, colorado como un tomate: “En un testículo”. “¡No, hombre!”, me dijo ella, “que te pregunto que en qué hospital te operaron”. Y así fue como todo el mundo supo lo que yo no quería que se supiera. ¡Lo que lamenté aquel día haber metido la pata por mi culpa culpita precisamente donde menos quería meterla!