lunes, 18 de marzo de 2019

La semana del aforismo en Sevilla

Para todos los interesados en el brevísimo género del aforismo y quieran saber qué se dice al respecto y qué se hace en España y qué se piensa acerca de él, si es más poesía que filosofía o al revés, si debe ser más sentencioso que sugerente o no, más agudo que bello, si debe prestidigitar o abrir las manos, etc..., he aquí el cartel de la semana del aforismo. Yo participo en una de las mesas.

Están ustedes invitados.

lunes, 11 de marzo de 2019

¿Zeus existe?

A última hora de clase del miércoles pasado el cielo estaba loco: diluviaba, venteaba, se oscurecía, descampaba, volvía a llover. Total, que estaban mis alumnas revolucionadas, más pendientes de los vaivenes atmosféricos que de la Apología de Sócrates que estábamos leyendo: que si no se habían traído paraguas, que si sus padres las iban a recoger o no, etc.

Yo les dije que el responsable de todos esos vientos y oscuridades era Zeus y les propuse lo siguiente:

-Voy a hacerle una súplica: que cuando salgáis del instituto no llueva. Si al salir hace sol, Zeus existe; si sigue lloviendo, entonces no existe. O a lo mejor es que Zeus ha preferido atender la súplica de unos labriegos para sus campos resecos.

Y me arrodillé y le supliqué en griego que detuviera la lluvia en honor a mis alumnas  que están estudiando la lengua en que los griegos les rendían culto. Y como no podía sacrificarle un toro, di unas palmadas y sacrifiqué las amebas y microbios que pillé en la palmada.

El caso es que, cuando salimos de clase, salió un sol espléndido con nosotros, pero, eso sí, seguían cayendo unas gotitas dispersas.

Así hablan los dioses: nos hacen caso, pero no quieren librarnos de la duda, porque entonces perderíamos nuestra libertad de creer en ellos o no. Por eso Zeus mostró el sol, pero no eliminó del todo la lluvia.

lunes, 4 de marzo de 2019

Mi primer chiste

Tengo un recuerdo nítido de cuando yo tenía menos de cinco años contando un chiste ante un público de adultos que se tronchaban de risa conmigo y yo creía que era porque mi chiste era buenísimo y era precisamente por lo contrario, porque era el chiste alocado e incoherente de un niño que ya hacía sus pinitos de narrador.

De todo aquel chiste solo recuerdo una cosa: un mono, no sé cómo ni por qué, se subió a un tejado y allí hizo caca y se la tiró a alguien.

Se ve que no he evolucionado mucho porque eso me sigue haciendo gracia.

Qué época tan feliz cuando lo más parecido al pecado que uno cometía era un chiste marrón.

viernes, 1 de marzo de 2019

El concepto fatuo y vacuo de heteropatriarcado

Mientras que los dogmas de la religión cristiana, descritos en el credo, no pretenden describir la realidad física, química, sociológica o psicológica, los dogmas ideológicos se presentan como científicos y niegan los hechos que los contradicen. Por ejemplo, el feminismo actual afirma que vivimos en un heteropatriarcado. Yo he oído decir esto a hombres cuyo jefe es una mujer y a mujeres que se mueven en hospitales y colegios donde el hombre que más manda es un conserje. Pero ¡ay de ti si afirmas que no existe tal heteropatriarcado! Entonces eres negacionista o un machista típico del heteropatriarcado, igual que para el marxista es fascista quien no esté de acuerdo con la lucha de clases. Los ideologizados tienen sambenitos con los que intentan desacreditar al oponente, sin necesidad de refutarle los argumentos.

Pero, digo yo, ¿qué es exactamente un heteropatriarcado? ¿Una sociedad donde los puestos de mando los tienen hombres heterosexuales? ¿Y eso por qué sería malo? Si han llegado a esos puestos porque son valiosos y profesionales y a nadie han puesto la zancadilla, bendito sea Dios. Pero supongamos que es malísimo que tantos varones heterosexuales tengan puestos de responsabilidad y poder: ¿cómo lo podríamos remediar? ¿Sería la sociedad mucho más feliz si en los puestos de mando o de autoridad hubiera bisexuales, lesbianas y transexuales? ¿Dirigirían ellos mejor las empresas, las familias y los cotarros por el hecho de tener otra tendencia sexual? ¿Tan importante es la tendencia sexual, el sexo biológico o el género para merecer autoridad? ¿Dejará de haber abusos, explotación, engaño o competencia desleal si los que mandan dejan de ser heterosexuales y varones?

¿Significará entonces heteropatriarcado una sociedad donde ser varón y heterosexual es una fuente de poder y privilegio? ¿Y eso cómo se mide? ¿Cómo se puede comprobar con datos la existencia de una sociedad de esas características? Y si eso fuese cierto, ¿cómo sobreviven empresas, familias y partidos consintiendo un plus de poder y autoridad a un tipo incompetente solo por ser macho y heterosexual y no a hembras lesbianas competentes?

En fin, podría seguir, pero me cansa luchar contra un molino de humo.

martes, 19 de febrero de 2019

Imbroda y la libertad de expresión, desde mi instituto, el IES Martínez Montañés

Antes de fin de curso vino a mi instituto la antigua consejera de educación de la Junta a presentar unos vídeos sobre el acoso escolar. Cantó las excelencias de una enseñanza igualitarista en un lenguaje plagado de hombres y mujeres, padres y madres, concienciados y concienciadas y un cansino etcétera.

Poco después de su visita anunció que retiraría la dotación económica al Bachillerato Internacional que mi instituto tiene el honor de impartir para los alumnos más estudiosos que yo he conocido jamás.

El consejero Imbroda (aquí) ha venido también a mi instituto, pero para hacer lo contrario: anunciar que apoyaba el Bachillerato Internacional y que lo quería extender a toda Andalucía.

En un gesto que lo honra y que la anterior consejera no tuvo, entró a la sala de profesores a saludarnos y atender nuestras peticiones. Yo, por miedo a que se fuera, fui el primero en hacer una (desde aquí le pido otra vez disculpas por el asalto). Le dije que los profesores, sobre todo los que elaborábamos manuales educativos, estábamos un poco cansados de la obligación de utilizar ese lenguaje supuestamente inclusivo que, además de cansino e introducir una diglosia absurda e ideológica, va contra el principio de economía del lenguaje, no enriquece el discurso ni es elegante; le dije que el lenguaje que nos enseñaron con todo cariño nuestros padres era ya de por sí inclusivísimo y que las "recomendaciones" que la Junta imponía en el lenguaje a los profesores, manuales de enseñanza y documentos oficiales era en la práctica una censura previa, porque el texto no pasaba la aprobación si el lenguaje no se adecuaba a esa obligación ideológica de utilizar un lenguaje tan feo.

Y el consejero aseguró ante todos que esa obligación iba a desaparecer y que él era el primero en considerarla absurda. Así que, amigos del idioma, ¡os doy la gran noticia!: desde la máxima instancia educativa de Andalucía existe el compromiso y la voluntad de dejarnos hablar a cada uno como quiera, como ocurre en las auténticas democracias.

Gracias, consejero Imbroda, por devolvernos la libertad de expresión.