martes, 21 de mayo de 2019

Un sueño, ojalá, premonitorio

Pues resulta que, mientras limpiaba la casa, he recordado de pronto el sueño de anoche: desperté en medio de la noche, solo en tierra extraña, y el cielo era el más límpido que he visto jamás, y podía distinguir a simple vista Júpiter y cuatro de sus satélites y Saturno y sus anillos y la constelación de las Hespérides y la Corona de Ariadna, ¡y cuántas estrellas había en Andrómeda!

Creo que han influido un poco estas dos magníficas fotografías que me había mandado antes mi ahijado Adolfo Martínez Olmedo, a quien auguro un buen futuro como fotógrafo. A ellas debo que en ese sueño me sintiera obsequiado con un cosmos maravilloso desde esta acristalada atmósfera de la Tierra, en una travesía sideral arrolladora y única.

Si supiera con seguridad que, después de la muerte me va a ser dado contemplar con los ojos de los ángeles las extensiones, los secretos y la evolución del cosmos, no me impresionaría tanto la idea de morirme. Morirme ya no sería desvanecerme en el abismo de la nada, sino el lanzamiento a la Maravilla. Me sentiría como cuando me monto en la atracción de la caída libre: me arrepiento de estar allí sentado, pero luego ¡qué sensación maravillosa, casi igual a la que me producían mis hermanos mayores cuando me lanzaban al cielo desde sus brazos fuertes y juveniles!

domingo, 19 de mayo de 2019

Resultados de Eurovisión 2019

Los israelíes han montado un festival maravilloso y con unos números estupendos.

Madonna, la pobre, desafinó mucho y se la podían haber ahorrado.

En España habría que hacer como en Italia, donde el ganador del prestigioso festival de San Remo representa al país en Eurovisión y siempre manda unas canciones estupendas.  Los suecos también hacen un superprefestival y les funciona. Eso hay que hacer aquí.

Está claro que a los Cinco Grandes los castigan los demás países porque no pasan la humillación y el trance de exponerse a no ser clasificados cada año, así que España o manda una canción maravillosa o seguirá sin comerse un rosco. Lo mismo les suele pasar a Reino Unido y Alemania.

Miki defendió muy bien la canción, que era muchísimo mejor que las intragables de San Marino (cuyo representante, turco, tuvo el mal gusto de exhibir la bandera turca en la semifinal, en vez de la bandera del país que representaba), Eslovenia, Islandia o Macedonia del Norte. Pero no basta con enviar una buena canción, porque España ni tiene vecinos incondicionales (esta vez ni siquiera nos votaron Portugal o Grecia) ni un prestigio eurovisivo (solo hemos ganado dos veces y hace mucho) ni le favorece formar parte de los Cinco.

Me pareció insufrible ver cómo casi todos los jurados daban altísima puntuación a la muy mediocre canción de Macedonia del Norte como para darle la enhorabuena por su nombre oficial recién estrenado. Yo, sin embargo, seguiré llamando a ese país Skopia, como hacen los griegos. A los griegos la nueva denominación de Macedonia del Norte les repatea, como nos repatearía a nosotros que el norte de Marruecos se llamara Andalucía del Sur o que el sur de Francia se llamara Aragón del Norte.

Aun así, he disfrutado como un enano con las canciones, sobre todo con Suiza, Israel (qué poca puntuación le dieron a una canción tan bien cantada y con emoción), Reino Unido (otro de los Cinco Gandes castigados como España), Suecia y, por supuesto, Grecia y España.

Animo, pues, a organizar un festival preeurovisivo a nivel nacional.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Notas de Londres

1. En el jardín de la casa donde me han hospedado he visto petirrojos y herrerillos, pero ni un solo gorrión. Las palomas de los parques son enormes y los cuervos son como los de las hermanas Brontë. Los bosques son todos de hadas.

2. El gato de la casa, después de comer, nos trae del colegio de al lado dibujos hechos por los niños.

3. Los padres se ponen en fila para recoger a los niños del colegio.

4. Por el barrio se ven muchos padres jóvenes con niños.

5. Acostumbrado a ver a los ingleses como turistas, ahora los veo en su salsa. Los currantes ingleses también enseñan la hucha cuando se agachan.

6. Los rasgos físicos también tienen nacionalidad. Hay rostros allí habituales y un poco impensables en España.

7. La gente bebe en Londres sin traspasar la línea marcada para el paso de transeúntes.

8. Las bicis corren casi tanto como las motos.

9. Un trabajador del Museo Británico nos echó un buen cable para que nos saliera mucho más barata la entrada a la exposición de Munch.

10. En la inesperada cafetería que tiene debajo la catedral católica he tomado uno de los mejores desayunos servido por el camarero más amable y eficaz que he visto.

lunes, 13 de mayo de 2019

Falacia ad fallaciam

He inventado una nueva valacia: Falacia ad fallaciam.

Consiste en tachar de falacia todo razonamiento que nos disguste. Por ejemplo, acusar a quien nos diga “Callado estás más guapo” de utilizar una falacia, qué sé yo, ad pulchritudinem, la que busca un beneficio propio apelando a la belleza del contrario; o falacia ad factum falsum, que presenta un juicio de valor como un juicio de hecho; o falacia ad simplicitatem, que atribuye un hecho (la belleza) a una sola causa (el silencio). Y así ad nauseam.

Rebatir al contrario encontrándole falacias es siempre mucho más prestigioso que esforzarse por rebatirlo.

lunes, 6 de mayo de 2019

Primer número de la revista Numen

Aquí la tenéis, flamante y pletórica, como un cometa dejando en pos de sí una estela.

Numen nace esta primavera con la vocación de dar cabida a todas aquellas voces que, desde el pensamiento y cualquiera de las artes, tengan algo interesante, valioso y bello que decir sobre el hombre, el mundo y Dios; aun cuando se contradigan unas con otras, sean cuales sean sus escuelas, sus fuentes, sus maestros y sus estilos, serán bienvenidas si celebran o contemplan lo humano y lo mundano a la luz de lo divino o si con la gracia nos salvan de la gravedad universal e implacable que nos lastra a nosotros y al mundo.

Consideramos que Homo sapiens es cualquier criatura del cosmos que, sabiéndose en la escala más alta del ser, busque más allá del cosmos el origen de sí mismo y encuentre en la belleza y en la racionalidad del cosmos el rastro y el rostro del Logos creador.

Creemos que las artes no forman parte de lo que comúnmente se entiende por cultura, sino que están en otro ámbito aún más elevado y constituyen una manifestación de estupor, ahondamiento, maravilla, celebración y gratitud del Homo sapiens ante el misterio palpitante de la existencia en este cosmos que nos desborda.

Pensamos que Dios y la poesía siempre se han llevado bien.

Que cada cosa del mundo, por insignificante y efímera que nos parezca, es más de lo que nos muestra, y apunta al infinito como las torres de Gaudí.

Que, aun cuando llore y sea triste, el arte que no maldice ni escupe es alegre y aumenta el número de cosas hermosas en el mundo y, por tanto, está tan cerca de la verdad como la risa de un niño o el número de Fibonacci. Que materialismo y belleza son, en última instancia, incompatibles; que incluso el ateo Lucrecio entonó un himno a Venus al hablar del amor.