lunes, 22 de junio de 2020

Los extraños caminos de los libros

Un día, en una cena informal, salieron entre copa y copa temas delicados acerca de sexo y religión y, como yo creía estar entre gentes de bien que permiten la libertad de pensamiento, expuse el mío con la misma franqueza con que ellos exponían el suyo: nada del otro mundo. Y ese fue mi pecado: mi pensamiento les frunció las cejas y a uno de ellos en concreto lo alteró tanto que me mandó literalmente a la mierda.

Lo lamenté mucho Lo que son las cosas: seguramente no se habría comprado ese libro mío de haber tenido yo antes esa discusión con él.porque era una persona que yo apreciaba y que disfrutó mucho con mi novela de Las vírgenes prudentes y se la leyó con tal detalle que me corrigió un anacronismo en el que nadie había reparado.

Pero, un día, quizá para desprenderse de todo lo mío, le dio mi novela a un amigo suyo, que lo es también mío, y este amigo mío la disfrutó como un enano.

Le agradezco que no tirara el libro. Le dio una segunda oportunidad. Supo distinguir entre la obra y el autor.



lunes, 15 de junio de 2020

Un enemigo que podría haber sido mi amigo

Hace unos años, un anónimo se dedicó a insultarme grosera y reiteradamente en las redes, hasta que consiguió lo que quería, y hoy me han llegado tres noticias respecto a ese asunto.

La primera es la identidad de esa persona: alguien que traté en el mundillo literario, que me regaló y dedicó un libro suyo y que murió poco después del modo más inesperado. Recuerdo que me impactó la noticia de su muerte, porque era de mi misma edad, y que recé por él.

La segunda es que en una conversación entre escritores se dedicó por lo visto a ponerme de vuelta y media hasta que a un amigo mío, también escritor, se le hincharon las narices y lo agarró por la solapa y le calló la boca.

La tercera es que, buscando alguna esquela suya por las redes, me he enterado de que le encantaba Franco Battiato. ¡Con lo que a mí me gusta Battiato! ¡Lo que nos hubiéramos entendido de haberlo sabido los dos!

Ahora que me he enterado de esas tres cosas, no dejo de pensar qué frágil es nuestra vida, cuánta importancia le di yo a sus insultos y con qué ferocidad él se dedicó a ellos y con qué contundencia e indiferencia el tiempo echa tierra por encima y a él le ha quitado la vida y a mí el rencor. Es la maldita ideología la que nos hace creer que lo importante de cada uno es la mano con que vota cada cuatro años y no, por ejemplo, el cantante que llevo yo en el corazón y en los oídos casi todos los días de mi vida.

Allí donde estés, amigo, hazme un hueco en la tertulia, a ser posible, al lado de Homero, Novalis y san Juan de la Cruz.

lunes, 8 de junio de 2020

"Al chico de enfrente", una hermosa canción griega

No sé qué tiene esta canción que me fascina.

La cantante no se corta un pelo a la hora de manifestar su deseo de yacer con un chico al que no conoce sino de vista. Eso sí, lo hace con una elegancia con la que puede permitirse cualquier cosa.  La poesía es la única manera elegante de desnudarse.

El vídeo es de un fragmento de una película de cuando yo nací.


La música es de Πλέσσας Μίμης (Plesas Mimis) y la letra de Παπαδόπουλος Λευτέρης (Papadópoulos Lefteris). Aquí  la letra griega y abajo la traducción:

Του αγοριού απέναντι πείτε του πως πεθαίνω
για τα βαριά ματόκλαδα, ματόκλαδα
και τα βαριά τα χέρια
Πείτε του πως ξαγρύπνησα
και με τον πόνο δείπνησα
γυρεύοντας τα μάτια του, τα μάτια του
και τα ζεστά, και τα ζεστά του χέρια

Του αγοριού απέναντι πείτε του πως το θέλω
να μου `ρθει τα μεσάνυχτα, μεσάνυχτα
και δίπλα μου να πέσει
Και ως τα ξημερώματα να καίνε τα πατώματα
Μια θάλασσα τα χάδια του, τα χάδια του
κι εγώ φωτιά, κι εγώ φωτιά στη μέση

Al chico de enfrente decidle que me muero
por sus tremendas pestañas
y sus recias manos.
Decidle que estoy en vela
y he cenado con pena
buscando sus ojos
y sus manos cálidas.

Al chico de enfrente decidle que quiero
que venga a medianoche
y se acueste a mi lado
y que hasta el amanecer arda el suelo,
un mar sus caricias y yo como un fuego en medio.


lunes, 1 de junio de 2020

Cuando yo era niño creía

Cuando yo era niño creía

1. que la enemistad de perros y gatos era una ley física, como demostraban los dibujos animados

2. que el pan y la madera estaban hechos de lo mismo (ah, las homeomerías de Anaxágoras…)

3. que cuando mi padre jugaba conmigo al escondite y yo no lo encontraba era porque se había escondido muy requetebién

4. que los nombres de la gente tenían colores y los colores nombres de la gente

5. que las madres jóvenes de mis amigos eran viejas y mi hermana de doce años toda una mujer

6. que las piedras planas y combas que asomaban por la tierra eran la cabeza del demonio y había que pisarlas como hacía el san Miguel de mi parroquia con sus sandalias de plata

7. que la Virgen estaba de verdad en la ermita de los Remedios de Cártama y que por allí cerca estaba el portal de Belén

8. que el mismo día en que cayó el Imperro Romano la gente comenzó a vestir como en la Edad Media

9. que justo donde el mapa decía que estaba soleado la nube se cortaba como un terraplén

10. que mi madre se comía las sobras porque le encantaba comerse las sobras.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Una reseña de Enrique García-Máiquez

Enrique García-Máiquez ha dedicado un artículo suyo a un poema mío.

El artículo me gusta tanto como Enrique García-Máiquez.

En él habla de las bodas de Caná, que es precisamente mi pasaje evangélico favorito. En esas bodas Eros pidió el bautismo y Jesús, un poco achispado por el buen vino, bailó al son de la música de las esferas.

Gracias, Enrique.

Aquí.

lunes, 25 de mayo de 2020

El poder de la poesía

Ese es un milagro de los poetas: el de convencerte por el corazón y la sensiblidad y las emociones de lo que no te pueden convencer por la cabeza. Por eso Platón no los quería en la República. Y, como Platón, los ideólogos, que solo admiten a los poetas si corean sus consignas o si cantan a las flores del campo.

Conozco personas que no creen en la culpa ni el pecado ni el valor del arrepentimiento y que sin embargo lloran de emoción en la hermosa escena de la película de La misión, cuando el personaje interpretado por Robert de Niro se considera perdonado del pecado de haber matado a su propio hermano y empieza a reír y llorar mientras los indios, extrañados y curiosos, le tocan la barba.

Yo no creo en Afrodita y me emociona Safo cuando le hace una plegaria.

lunes, 18 de mayo de 2020

El tercer beso

Tres, que yo recuerde, son los besos que me han dado en la calva.

El primero me lo dio un sobrinillo de tres años. Me agaché para ponerle bien los zapatos, que los tenía al revés, y él me estampó en la calva un espontáneo, sonoro y transparente beso para siempre.

El segundo fue en un restaurante. Unas chicas vestidas de egipcias celebraban a nuestro lado una despedida de soltera. Una de ellas me pidió permiso para que la novia me diera un beso en la calva, que era por lo visto una prueba que debía superar. Y en cuanto asentí, lo celebraron todas a gritos, despejaron la zona, pusieron una silla en el centro, me sentaron allí con mi calva reluciente, pintaron de carmín los labios de la novia y ella avanzó sacerdotal hacia mí e imprimió su beso, lo cual fue grabado por todos los teléfonos del mundo.

Pero el tercer beso ha marcado en mi vida un antes y un después. A primeros de septiembre del año pasado dije en una improvisada tertulia que, por culpa de las infinitas contrariedades de una mudanza, tenía yo una ira interna con la que no sabía qué hacer (el purgatorio debe de ser como una mudanza interminable y con mil flecos). Todos se solidarizaron conmigo hasta que yo dije lo siguiente: “No os preocupéis por mí. Ahora entraré en una iglesia y allí se me pasará todo”.

Entonces casi todos se echaron a reír y me dijeron: “¿No será mejor ir al gimnasio?” “Dale mejor puñetazos a un saco de arena”. “Vete bajo un puente y grita”, “Toma valeriana”… Sus consejos me sonaron igual que si a alguien que se queja de estar solo le decimos que vea la tele o se ponga música en vez de decirle: “Ven, vamos a dar un paseo”.

Yo no necesitaba combatir mi ira con métodos y sustancias, sino que algo superior a mí me arrancara de ella. Así que fui a la iglesia del Santo Ángel, donde está el Cristo de los Desamparados, de Martínez Montañés. Le tengo un gran cariño a este escultor porque el instituto donde trabajo tiene el honor de llevar su nombre y porque sus cristos transmiten con una naturalidad sublime una armonía de contrarios: lo más palpable de este mundo (el dolor de un hombre) y lo más excelso del otro (la majestad de un Dios).

Ante él me arrodillé, cerré los ojos, lo llamé, no sé por qué, Su Majestad, Autor del cosmos, y por vez primera comprendí cómo todo yo era hechura de sus manos. “¡La de explosiones de estrellas que has tenido que liar hasta que te he salido yo!”, recuerdo que le dije. Y, entonces, (me emociono aún de recordarlo), cuando la gratitud, de tan grande, me iba a romper las costillas, vi, en la pantalla de mis párpados cerrados, que venía él desde la cruz hacia mí, me ponía las manos en los hombros y me daba en la calva un beso que me envolvió y aún me envuelve en su calor.

Fue un beso sacramental que abrió los cielos y me rescató del peso de las fuerzas de este mundo a través de algo que este mundo no puede producir: la gracia. No me hizo falta gritar ni golpear un saco ni apuntarme a un gimnasio. Todo fue más barato, fácil y luminoso. Solo tres personas me han dado un beso en la calva: mi sobrino Ernestillo, una soltera en una despedida de solteras, y el mismísimo Cristo de los Desamparados de Martínez Montañés el día de la Natividad de María, ocho de septiembre de 2019, a las nueve menos cuarto de la noche, en Sevilla.

lunes, 11 de mayo de 2020

Mis genes según My Heritage

Pues resulta que los Reyes Magos me regalaron un test genético de My Heritage. Me encantaría conocer a un genetista que me diga la fiabilidad de tales pruebas. El caso es que me pidieron un árbol genealógico lo más detallado posible, y yo me remonté hasta el primer Cotta del que mi padre tenía noticias: un italiano del siglo XVIII.

Y el resultado es el siguiente: soy 94 por ciento ibérico, tres por ciento de Medio Oriente y dos por ciento inglés o galés.

Ahora bien, ¿en qué consiste ser ibérico? Según veo, My Heritage distingue el aporte norafricano (más o menos un veinte por ciento de españoles lo tienen), el aporte noreuropeos (más o menos otro veinte por ciento), otros tantos tienen aportes escandinavos, italianos, etc... ¿Significa eso que lo norafricano es el aporte de las invasiones árabes ,y que lo noreuropeo es el de los pueblos bárbaros? En ese caso, ¿lo ibérico es la mezcla solo de íberos, celtas y romanos? ¿Y en qué consiste lo de Medio Oriente: judío y árabe? ¿Y lo de inglés o galés no tiene nada que ver con el aporte celta? 

Sea como sea, queridos ancestros míos, ¡cuánto os agradezco que, en cuevas, playas, prados y lechos, os hayáis dedicado al grato placer del amor para que al final, con el mundo reluciéndome en la calva, salga yo a celebrarlo todo bajo la bendición del Dios de todas las estrellas!

domingo, 3 de mayo de 2020

Mi madre y sus ángeles

De Jesús Cotta Lobato a su madre Isabel Lobato Vargas

Mi madre y sus ángeles

Mi madre y sus ángeles
dan los buenos días.
La casa cimbrea
todas las cortinas 

y aumenta de espacio
las habitaciones
como ocurre en cuentos,
sueños y canciones.

Mi madre y sus ángeles
me hacen un café,
me cuentan sus cosas
todos a la vez.

El sol nos escucha
de rayos cruzados.
Mi padre saluda
desde su retrato.

Mi madre y sus ángeles
suben al balcón
y bajan a verla
la luz y un gorrión.

Riega las macetas
con agua y diamantes.
Las flores que toca
brillan más que antes.

Mi madre y sus ángeles
van a la cocina,
cantan una copla,
hacen la comida.

No saben que sé
que hay postre sorpresa:
polo de melisa,
té, limón y fresa.

Mi madre y sus ángeles
bordan un mantel
donde soy un niño
que escala un laurel.

Repasan las fotos.
Se ríen bien fuerte
con mis chistes blancos
y uno un poco verde.

Mi madre y sus ángeles
rezan el rosario,
labios entreabiertos,
párpados cerrados;

y, a la vez que Venus,
dan las buenas noches.
Tiembla el cielo entero
con sus oraciones.

Ángeles con alas
grandes como estrellas,
 seguid manteniendo
lejos las tinieblas.

(De Niños al hombro)

lunes, 27 de abril de 2020

Dos poemas de Enrique García-Máiquez

Los he sacado de su último poemario, cuya lectura encarezco, Mal que bien, en Adonáis.

En todos sus poemas chispea el ingenio, late la emoción, rebosa el buen gusto y, sobre todo, hay luz y optimismo. ¿Qué más se puede pedir a un libro?

Pongo aquí solo dos poemas brevísimos, pero estupendos.

EPITAFIO A UNA JOVEN MADRE
                                A Cristina Moreno
No te sea leve la tierra en que reposas
ni tampoco tranquila. No estás acostumbrada.
Que sobre ella retumben cada día más firmes
los pasos de tus hijos y el ruido de sus risas.


EPIFANÍA
En el instante
         en que el niño se lanza
                                      a la piscina
         pueden verse en su espalda
las alas de su ángel.

jueves, 23 de abril de 2020

Día del Libro

La Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla conmemora el día del libro con este librito vitual de imágenes y aforismos.

Para quien guste. AQUÍ.

Me dijo el otro día mi hermano David que no le iba a dar tiempo a leer antes de morirse todos los libros que tenía en casa esperando. A mí tampoco.

Tiempo habrá en el otro mundo.

miércoles, 22 de abril de 2020

Campanas en Sevilla durante el confinamiento

A la hora del Regina coeli me subo a la azotea. Con el confinamiento nunca ha habido en Sevilla tanto silencio, y las campanas la atraviesan de horizonte a horizonte, y siento con ellas que el Cielo no se ha olvidado de nosotros, que el virus no es el rey de este mundo.

Gracias, campanas de Dios, por llover tantos versos y tañidos sobre nosotros.

martes, 21 de abril de 2020

Niños al hombro

El crítico Rafael Roblas Caride ha publicado aquí una reseña muy elogiosa de mi libro Niños al hombro, en la página de Estado Crítico.

La enlazo porque me parece muy certera. Ocurre casi siempre que los buenos lectores saben de la obra del poeta más que el poeta mismo.

Para quien guste.

lunes, 20 de abril de 2020

Un poema de Carmelo Guillén

Cuando murió mi padre, tuve un sueño angustioso: yo llevaba su cuerpo desnudo y devorado de metástasis por las calles de una ciudad vacía durante un amanecer que no acababa de romper a día. Me desperté angustiado y con desesperanza.

Pero quince años después he tenido un sueño muy distinto. En una celebración familiar vi de pronto a mi padre que nos servía a todos el vino, pero solo yo lo reconocí. Y estaba joven, como cuando yo era niño y escalaba por sus piernas interminables. Me dio un abrazo tan cálido y tan fragante, tan real, que salí del sueño bendecido y curado del otro sueño para siempre.

Desde entonces le rezo como a un santo y, cuando me angustia el temor de que seamos tan solo átomos, vacío y miedo a la muerte, rememoro ese sueño y su abrazo.

Por eso me ha conmovido tanto este poema que he leído en un libro delicado, íntimo y misterioso de Carmelo Guillén: La vida es lo secreto.

EL TIEMPO QUE HE VIVIDO
El tiempo que he vivido a su lado me basta
para saber que todo: cada cosa que palpo,
o huelo, o miro viva, no tiene consistencia,
que si existe la vida, es después de la vida,
y que la muerte viene a morir hasta aquí,
en las cosas que palpo, o huelo, o miro vivas.

miércoles, 15 de abril de 2020

Ventanas abiertas

Queridos amigos:

El grupo de teatro Almudeyne, dirigido por Antonio Cabello y donde actúo, ha montado este vídeo, con texto de Antonio Cabello, acerca del confinamiento. Y como salgo en una de las tomas ahí lo dejo, con mi ventana abierta, para poder hablar de vecino a vecino.

lunes, 13 de abril de 2020

Herbario de sombras, de José María Jurado






La primavera canta en los balcones, 
pero arriba los astros están mudos. 

Estos versos son de Herbario de sombras (Los Papeles del Sitio), de José María Jurado. Es un libro de cuidadosa edición y con mucha variedad de metros y rimas. Aplaudo que buenos poetas echen mano de la riquísima tradición métrica española.

En todos los poemas de José María Jurado hay majestad, pero sin grandilocuencia. Cada poema es una danza. Y esto está muy bien. Pero mis poemas favoritos son precisamente los menos majestuosos, los que son más bien un río, los que parecen compuestos para decirse sentado en un prado y no subido a un árbol.

"Última canción de junio", "Cerrar una casa" y "Primer himno de Pascua" tienen ese estilo transparente y ese tono sencillo que, a mi juicio, los hace más emotivos que los demás.

Pero mi preferido es "Ma petite ballerine", que reúne muchos de los rasgos, a mi parecer, esenciales de José María Jurado: una vibrante belleza sostenida en cada verso del poema, unas imágenes potentes, plásticas y originales, normalmente inspiradas en el mundo de las artes, la historia y la cultura; un decir majestuoso y memorable.




domingo, 12 de abril de 2020

Última voluntad

Quien guste puede leer un poema mío que me han publicado aquí en un blog que trata precisamente de la Resurrección, junto con el texto de  José Manuel Gömez y fotografías de Ramón Simón y Alonso Coca.

Que de este confinamiento salgamos todos más agradecidos a este regalo que el cielo nos ha dado: la vida.

Ex corde, Jesús Cotta

ÚLTIMA VOLUNTAD
Ni ying ni yan
Ni Pachamamas
Ni luchas de contrarios
Ni el karma y la sinergia,
Ni Epicuro en sus ínfimos placeres,
Ni todos los psicólogos del mundo,
Ni siquiera el aikido, el tao y el yoga
Ni Zaratustra el de las luengas barbas
Escapan con sus Torres de Babel
Del abismo profundo de la muerte.

Quedar en la memoria de mis deudos,
en un álbum de fotos,
en una antología de mediocres
O en los genes de miles de criaturas;
yacer en un pomposo mausoleo
Y dar nombre a un cometa o a un bacilo
O a un hospital para enfermos incurables
No es nada comparado con perder
Los besos y las flores para siempre.

No quiero ser ceniza
Esparcida en una playa
Ni quiero convertirme en un diamante
En el dedo del nieto más excéntrico.
Y nada de formoles y criogenias.

Yo solo quiero convertirme en lágrima
Rodando por tu rostro bienamado
Y en ella un lucerito que te anuncie
Que vestido de novio yo te espero
Muy joven y sin prisas, vida mía.
(de Menos la luna y yo)

viernes, 10 de abril de 2020

Poema para Viernes Santo

XVI
Fue enviado del cielo un ángel a reconfortarle
pero cómo se reconforta a mi Adonai al Kyrios
pensaba rápido como el pensamiento el ángel cuando se encontró
cruzando por el húmedo follaje de Getsemaní
con el rostro lunar sangrante de Jesuscristo
un fantasma terrible aun para un ángel
necesitó emitir el máximo de su propia luz
para reconocer en Eso a la deidad eterna
no lloró porque los ángeles no lloran jamás
no murió porque los ángeles son inmortales
pero temblando como una llama porque eso sí
los ángeles se estremecen como el fuego puro
del fondo de su espíritu puro sacó temblando
una hostia del cielo una luminosa oblea
y la puso en la boca entreabierta de su Dios
en las fauces sangrientas de su Adonai la puso
acto seguido como un relámpago desapareció
vagó como un relámpago por el éter
no daba con el cielo porque estaba fuera de sí
y cuando al fin recuperó la gloria
que daba por perdida ya para siempre
se ensimismó en la Faz que allí refulgía
y que allá se apagaba como un perro muerto.

De Libro de la pasión, de José Miguel Ibáñez-Langlois
"La oración del Huerto", de El Greco, en la iglesia de Santa María la Mayor, en Andújar

lunes, 6 de abril de 2020

Pasión, muerte y resurrección

Aquí os enlazo el cuaderno de bitácora que mi compañero Fernando Moral ha abierto para cada día de la Semana Santa. Hoy tengo el honor de compartir cartel con un soneto de mi hermano Daniel con el que ganó el concurso de la Hermandad de la Veracruz de Sevilla y con Juan Antonio González Romano.

Las fotos son del fotógrafo y poeta Ramón Simón.

Colaboran buenos poetas, cada uno con su perspectiva y su estilo, porque pasión, muerte y resurrección suceden de muchas maneras distintas dentro y fuera de cada uno, y más que nunca en estos días de confinamiento para todos y de sufrimiento para muchos.

Que gracias a esta página la Semana Santa sea para quien guste un poco más bella y más santa.

Y este es mi soneto, de mi libro Menos la luna y yo

Aunque es de noche
Cuando me niegas lo que pido a gritos,
lo que sabes que siempre he deseado,
 me entregas abundante e inesperado
 regalos que no sé que necesito.

Me asombras como el mar; y lo bonito
es que no sé quién eres. Te he buscado
donde dicen que estás y no he encontrado
más que esta sed rabiosa de infinito.

Tan solo te he encontrado aquí en lo oscuro
combatiendo con ángeles mis miedos
cuando tengo que entrar en la maleza.

No puedo verte. Pero estoy seguro
de Ti, aunque es de noche, porque puedo
reclinar en tu pecho la cabeza.

domingo, 5 de abril de 2020

Feliz Domingo de Ramos

No puedo salir, pero el sol sí que ha salido y por las calles de Sevilla también Jesús en una borriquita, así que he adornado la puerta de mi casa con una palma y me he enchaquetado para ir a aclamarlo. Cierro los ojos y todo eso ocurre en este magnífico cuadro de Giotto.

lunes, 30 de marzo de 2020

Contando sílabas

Ayer soñé que contaba sílabas para medir unos versos que estaba componiendo y entonces un poeta cuyo nombre me reservo me afeó eso de contar sílabas, con un gesto que venía a decir: "¿De veras un poeta que ha publicado ya tres libros cuenta los versos?".

Y el caso es que los cuento, con los dedos, igual que cuando chico tenía que sumar. ¡Con lo mal que se me dieron siempre las matemáticas y ahora me paso la vida escandiendo!

Aquí me pilló mi hermano David en su jardín contándolos.

Y aquí en su blog mi amigo Diego ha puesto precisamente uno de los poemas de mis Niños al hombro

miércoles, 25 de marzo de 2020

García Lorca y el día de la Anunciación

Fragmentos de su maravilloso poema "SAN GABRIEL", de Romancero gitano

Dios te salve, Anunciación.
Morena de maravilla.
Tendrás un niño más bello
que los tallos de la brisa.
...
Dios te salve, Anunciación,
bien lunada y mal vestida.
Tu niño tendrá en el pecho
un lunar y tres heridas.
...
Dios te salve, Anunciación.
Madre de cien dinastías.
...
El niño canta en el seno
de Anunciación sorprendida.
Tres balas de almendra verde
tiemblan en su vocecita.
Ya San Gabriel en el aire
por una escala subía.
Las estrellas de la noche
se volvieron siemprevivas.

martes, 24 de marzo de 2020

Campanas de Sevilla durante la cuarentena

Benditas campanas de Sevilla tocando para el Ángelus en estos días de cuarentena. Me subo a la terraza, llueva o no, y dejo que me empapen del amor del cielo con sus tañidos.

Ellas me recuerdan que la Tierra no ha sido abandonada por el cielo, porque el autor de cielos y tierra le preguntó a una muchacha si podía nacer de ella y ella dijo que sí, y desde entonces vivimos en la perla del cosmos, en la favorita de Dios.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Niños al hombro y Menos la luna y yo

Queridos amigos:

Dos cosillas me han alegrado hoy este confinamiento. La primera es la elogiosa reseña que el poeta Jorge de Arco ha hecho aquí de mi libro Niños al hombro. Jorge de Arco ha dado en la tecla de mi poesía, que yo no sabía cuál era.

Y la segunda es un soneto de mi libro Menos la luna y yo que ha escogido para su canal de videopoemas el poeta coetáneo mío Carlos Javier Morales. En sus labios ese poema suena más vital y alegre aún.

Gracias a los dos por amar la poesía.

lunes, 16 de marzo de 2020

José Jiménez Lozano

Ha muerto un poeta que admiro.

Mi contacto con él fue epistolar. La primera vez le escribí fue en 2010 para pedirle unos poemas para Poesía para niños de cuatro a ciento veinte años, y me llamó entonces "mi estimado y desconocido amigo" y me envió unos poemas preciosos.

Luego, por carambolas del destino, salió a relucir en su diario una anécdota de la que yo fui testigo y protagonista.

En su última carta ya me consideraba amigo y así me llamaba, "mi querido amigo". Fue a propósito de una entrevista que le hice para la revista Numen, aquí. En esa carta recuerdo que me habló de las tres etapas de la humanidad según Flaubert: paganismo, cristianismo, estupidismo.

Me alegro mucho de haber citado un poemita suyo en mi colaboración al manual de filosofía de primero de bachillerato de la editorial Algaida, un poema sobre la libertad, que es nuestro más preciado tesoro, aquello que nos asemeja al Logos y nos eleva sobre el resto del cosmos, aquello que las ideologías precisamente nos quieren arrebatar con mil subterfugios.

Porque sí, el agua
echó a correr, saltándose el regato.
¿Hacia dónde?
¿Y qué le importa al agua?


Amigo José, disfruta de los Campos Elíseos con Homero, Virgilio, Garcilaso, Camoens... Espero conversar con vosotros algún día.

lunes, 9 de marzo de 2020

El cántaro a la fuente

Tengo el honor y el placer de figurar como autor entre aforistas que leo y admiroen esta antología de aforistas realizada por los editores José Luis Trullo y Manuel Neila en THÉMATA Apeadero de aforistas.

Es una buena lectura para quienes quieran no solo conocer qué se escribe y se publica del aforismo hoy en España, sino también para quienes quieran darse el gusto de leer quintaesencias en vez de fárragos.

La relación entre dos o tres ideas se puede expresar de muchas maneras. El buen aforismo escoge la mejor. Y lo hace del modo más sencillo, que no es lo mismo que del modo más simple.

"Si lo vemos todo en términos de todo o nada, entonces no sabremos qué hacer con este mundo: no es todo, pero tampoco es nada", de Gabriel Insausti.

"Si el precio de ser feliz es que los tristes piensen que eres tonto, es bastante barato", de Enrique García-Máiquez.

"Mira el árbol aquí descortezándose para subir un poco más a él", de Lorenzo Oliván.

"Un verso es un cristal que se mancha mientras pones la mano", de Javier Sánchez Menéndez

"El alma que agradece, ¿qué podrá mancharla?", de José Mateos

"Dada su ambición, la vida del hombre es la más corta", de Emilio López Medina.

"Igual que a una mosca la música le parece ruido, al hombre le parece azar el cosmos", de Jesús Cotta.

"El poema es el rodeo que dan las palabras para volver al canto"; de Jesús Montiel.

Y muchos más


lunes, 2 de marzo de 2020

Donde el poeta conoció el edén

Recuerdo exactamente una tarde en que se me concedió vivir en mis propias carnes el tópico del locus amoenus. Tendría yo unos dieciséis años, y fue en buena compañía y en la margen de un río que pasaba cerca de Marbella. Yo me tumbaba en la orilla y el agua era lo bastante profunda como para cubrirme el torso pero no la cara y lo bastante fresca como para que resultara un agradable contraste con el aire tibio de la tarde. Sobre mí caían entre pámpanos unos racimos de uva que yo, como un Adán recién hecho, iba comiéndome mientras bizqueaba de gusto. El agua corría a no sé dónde desde no sé dónde, sin saber quién era yo ni ella, pero yo sí que sabía quiénes éramos ella y yo. Recuerdo exactamente que pensé que ese momento no podía ser solo un momento, sino un hito en mi vida, una conjunción astral de todos los elementos cósmicos que yo había tenido la fortuna de disfrutar y que, si por algo tenía sentido hacerse poeta, era para encarecer con las palabras más altas tan alta experiencia. Me he puesto a pensar por qué aquella tarde me sentí tan en mi sitio cósmico, tan bien pagado del universo, tan agradecido y afortunado de ser yo quien era en ese momento y lugar y qué factores contribuyen a que una experiencia tan sumamente sencilla como echarse al agua y comer uvas en un río sea tan sumamente enriquecedora y acuda a mi mente una y otra vez como confirmación constante de que todo está bien hecho, como decía Guillén, y creo que he llegado a la conclusión de que la razón es doble: una digamos inmanente y otra trascendente. La inmanente consiste en que aquella tarde me sentí en armonía con la naturaleza: fui una gemación de ella, el renacuajo que le sale de un charco por generación espontánea: mi cuerpo había emergido de aquellos elementos como el musgo le sale a la piedra… yo era un elemento más del paisaje, una gota de agua en el agua. Y la trascendente fue que algo de mí, algo profundo y sorprendente de mí, precisamente aquella parte que me permitía disfrutar más de todo aquello, no se sentía explicado por todo lo que me rodeaba, sino que se sentía conectado con algo que, como mi yo más profundo, no se veía ni se bebía ni se comía; esa parte de mí no pertenecía a todo aquello, sino a algo más alto y superior y anterior y esa parte de mí era la que no dejaba de dar las gracias a la persona, porque tenía que ser una persona, que me había regalado todo el inconmensurable cosmos y tenía que ser una persona porque solo una persona puede hacer regalos y recibir mi agradecimiento. Yo fui afortunado y dichoso en dos planos: no solo disfruté como un pez en el agua, sino que me sabía bendecido por el creador de todas las aguas y todos los peces que había puesto en el pez no sé qué loco deseo de sacar la cabeza fuera del agua para contemplar las estrellas.

lunes, 24 de febrero de 2020

El amor es ahora, de Pedro Sevilla

He terminado de leer estas memorias del poeta Pedro Sevilla, bendecidas de sinceridad, emoción y transparencia por lo que cuenta y el modo de contarlo. He tocado con su lectura un poco la gracia y el amor que sostiene el mundo, porque no hay ni un solo momento en todo el libro, ni siquiera cuando se cuenta lo peor que le puede pasar a alguien, en que no haya una mirada amable sobre todas las cosas y todas las personas: la simpatía de las vecinas, del cura, la ternura incondicional de Josefa, los poetas, etc...

Siempre he pensado que la poesía es la manera más elegante de desnudarse, como en estas memorias ha hecho Pedro Sevilla, que da la sensación de abrirnos la puerta de su corazón desde luego no para exhibirse sino con la libertad de los niños, bajo la luz directa de unas vidrieras catedralicias, como san Agustín en sus Confesiones.

Y lo hace sin caer en el tópico ni en el rebuscamiento. Su don es sorprender desde la naturalidad.

La poesía, como Dios y el amor, nos salva del olvido y de la muerte. Y ese alto cometido ilumina este libro desde la primera palabra hasta su final.

Siempre me ha sobrecogido la indiferencia del mundo ante la muerte de lo más importante del mundo: una persona. Con razón mi padre, cuando lloraba de niño en el funeral de su madre, no entendía que a unos metros de él un hombre se estuviera riendo con no sé qué cosas.

Qué bien lo expresa Pedro Sevilla en estas líneas, con las que recomiendo encarecidamente su lectura

"El sol, la luna, las estrellas, el río, no saben que mi madre ha muerto y siguen con sus brillos y sus matemáticas, con sus aguas abajo. Solo cuando los miro o los evoco, se ponen tristes."

lunes, 17 de febrero de 2020

José Antonio y Federico, de Jacobo Roger

Felicito a Jacobo Roger por su José Antonio y Federico, aquí, recién estrenada por Francachela en Valencia y premiada por la SGAE. Se trata de una obra de teatro que recrea la amistad de ambos hombres poco antes del inicio de la guerra que los mató a los dos.

No son contrarias sus personas sino los mitos en que los bandos contrarios los convirtieron. A ambos hombres los unía el amor a la poesía, al Siglo de Oro, a España, a los desfavorecidos, y un sincero deseo de elevar el pueblo a la poesía, frente a quienes pretendían utilizar la poesía como arma de la lucha social. Coincidían además en los gustos estéticos: no solo en sus gustos y sus maneras de vestir, sino también en su veneración por la tradición española a la vez que conectaban con las vanguardias del momento.

La poesía hace más amigos, y mejores, que la política.

Sea bienvenida, pues, esta obra con la compañía de la Francachela, en una España de nuevo dividida en bandos que nos hacen creer que lo más importante de una persona es su opinión política cuando en realidad esta es, al menos en mi caso, menos del cinco por ciento de todo lo que yo soy: poeta, profesor, amigo, hijo, padre, compañero, deportista, traductor, profesor de griego y un sinfín de cosas mucho más interesantes.

Te felicito, Jacobo Roger, por desenvolverte con desparpajo, imaginación, simpatía y sin despropósitos por este terreno minado que es la amistad que tanta gente hay empeñada en negar para que no se les hundan los mitos de sus garitos ideológicos. Viva el tango de la cocaína y todo lo que tus dos personajes tengan a bien bailar.

Si mis Rosas de plomo han inspirado a obras como esta, me doy más que por satisfecho.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Unas liras de Beatriz Villacañas

Tengo el honor de que la poeta Beatriz Villacañas me haya dedicado estas liras. Estoy tan agradecido, que allí donde vaya las voy a llevar puestas, como el niño al que le regalan unos patines nuevos.

Cuando era adolescente me aprendí de memoria las liras de san Juan de la Cruz, y desde entonces es para mí un metro muy querido.

Gracias de nuevo, Beatriz, por regalo tan delicado.

CON LIRAS CELEBRANDO A JESÚS COTTA LOBATO
Por ti van estas liras,
Jesús Cotta Lobato, sabiamente
tú ves siempre que miras,
y la verdad, presente,
habita en tu palabra, que es valiente.

 Sabes de trascendencia,
de la vuelta al Origen del camino,
conoces bien la esencia
de lo grecolatino,
de su arraigada unión a lo divino.

Belleza con verdad
en tu palabra habitan, son mensaje
de la inmortalidad:
esencial equipaje
en nuestra humana vida y su viaje.

lunes, 10 de febrero de 2020

Cuando me lo explicó mi padre

Los hombres se dividen entre los que no recuerdan cuándo y los marcados por el momento exacto en que nuestro padre, por ciertas preguntas nuestras, nos tomó la mano y nos lo explicó, sin ironía, sin tecnicismos ni palabras soeces, sonriente, y quedamos desde entonces estupefactos y bendecidos.

lunes, 3 de febrero de 2020

Oración a Federico García Lorca

Federico García Lorca, tú,
el niño grande que al final del cuento
ya no viste el cañón que te apuntaba
ni sentiste patadas en el pecho
ni estrellas que miraban a otro sitio
ni el insondable foso de tu miedo;
sino a la Virgen con sus siete espadas
a hombros de sarasas y toreros
que lloraban por ti, novio de España,
y un ángel te bordaba en su pañuelo
con gorriones saliendo de tu boca
y arrastrando tu alma contra el viento.

Federico García Lorca, tú
que fuiste todo para todo el pueblo,
tú, que lidiaste bestias ideológicas
y no les revelaste tu secreto;
que en labios de mi madre me has mecido
y hoy bendices mi barba con un beso,
que escribes óperas de estrellas por
los siglos de los siglos y los versos;
tú, ruega por nosotros, los poetas
para que hablemos sin bozal ni miedos
contra la oscuridad que acecha al mundo
y a favor de lo bello e indefenso
ahora y en la hora de la muerte,
así en la tierra como en el cielo.
Así sea.

De mi libro Niños al hombro

lunes, 27 de enero de 2020

La santidad de la vida humana

Me acabo de enterar de que han declarado el 22 de enero como día de la santidad de la vida humana. Y celebro esa iniciativa.

¿Qué es lo santo? Hay muchas maneras de abordar su definición. Pero se me ocurre esta: aquello sobre lo cual uno no admite bromas ni burlas y que está dispuesto a defender a costa de su prestigio y, llegado el caso, de su vida.

No conozco absolutamente a nadie que, según esa definición de santidad, no considere como santo algo en su vida.

¿Y qué es esa cosa que ciertos demonios disfrazados de dioses de la América prehispánica apetecían en sus altares? La vida humana. Porque es lo más valioso que había en la tierra. Más que las flores y los demás animales. Los demonios querían la carne de los niños.

Yo soy de los que celebra todos los días la santidad de la vida humana.  Deploro la matanza de seres humanos en el templo del vientre materno. Me avergüenza ese gran holocausto de nuestro siglo.

martes, 21 de enero de 2020

Rehumanismo

Aquí tenéis el tercer monográfico de la revista Numen, acerca del hombre, del humanismo y del rehumanismo.

Desde Numen queremos reivindicar, con humildad y con orgullo, la belleza de un concepto, el de rehumanismo, que conduce no solo a la libertad y la igualdad de todos los miembros de nuestra especie, sino sobre todo a la fraternidad. Esta es la cumbre de las otras dos, porque si el amor al hermano no es libre no es amor y si el hermano no es igual a mí, no es hermano. Igual que a los romanos les cautivó no el mensaje de los cristianos sino el amor que dispensaban, el mayor atractivo de este rehumanismo es su canto a la belleza y excepcionalidad de este hombre que Homero cantó y Cristo declaró más valioso que todos los lirios y pájaros del campo, para salvarlo no solo de la ignorancia y la oscuridad, sino sobre todo del desamor.

Reunimos un conjunto de textos, de diversa vocación y naturaleza, y también de poemas, con un ánimo común: el de invitar a reinventar el valor de lo humano a través del amor.

Para quien guste, aquí: https://www.revistanumen.es/

jueves, 16 de enero de 2020

Mayakovski en un poema de Aquilino Duque

Siempre me ha sobrecogido el suicidio de los poetas. Si algún poder sobrenatural deseo en esta tierra, es el de impedirlos. Y en especial siempre me ha conmovido el suicidio de Mayakovski, que pocos años antes había reprochado a Esenin el haberse suicidado.

La poesía es más grande que todas las grandes causas. Y si la poesía de Mayakovski era buena no era por ser social, sino por suya. Los grandes hacen grande lo que tocan.

Creo que Aquilino Duque da, como tantas veces, en la tecla.

Mayakovski en Liliput
Tu voz ronca, rayada,
que aún gotea plomo derretido,
el sombrero en que cupo tu cabeza,
acreditan tu ausencia de gigante
en estos cuartos diminutos...
¡Tú tan grande y tu casa tan pequeña!
Volvías contra ti la furia inútil,
el martillo implacable, el haz de espigas,
la estrella de rubíes,
y tu patria de pronto iba llenándose
de enanos, de gusanos que te ataban
manos y pies con hilos de saliva.
Hágase el aire libre, corra
la luz por los jardines,
entre por la ventana el cotidiano
ramo de flores, prevalezca
la libertad sin adjetivos...
¡Cuántas brigadas harían falta
de camaradas alfabetizados
para mover tu enorme estilográfica!
Sobre esa mesa descargaste el puño
y en la vida murada se estamparon
hilos de sangre y tintas de colores.

martes, 7 de enero de 2020

Las tres estrategias del poeta



En este segundo vídeo de mi canal de youtube, para los que sientan la vocación de la poesía,  propongo a partir de mi definición de poesía cuál es la misión del poeta, cuáles son los dos principales escollos y cuáles las  tres estrategias para sortearlos y lograr presentar la realidad del modo más poético posible. Y acabo con cuatro consejillos.

Una misión, dos escollos, tres estrategias y cuatro consejos.

Un, dos, tres, cuatro, en un café se rifa un gato.

Y para ejemplificarlo todo he hecho un poema a la mandarina más buena que me he comido jamás.

Mandarina
inflamada
del invierno,
estrellita
escarchada
del incendio.

¿Quién te hizo
unos gajos
tan risueños?
¿En qué niño
se ha inspirado?
¿En qué cuento?

¿Qué meteoro
te ha traído
de tan lejos
su yang de oro
y ese yin con
caramelo?

Rojo sol
que me ciegas
cuando muerdo,
tu explosión
me proyecta
para un beso.

Para quien guste.

Ex corde,
Jesús Cotta, Magister Calvus