jueves, 22 de junio de 2017

Lo que pasó en una clase de latín

Lo que ha pasado en la clase de latín de un compañero.

Dice el profesor de latín, para probar a los alumnos:

-El plato favorito de los romanos eran las patatas con tomate.

Silencio absoluto, de indiferencia o de aprobación ante la indiscutible autoridad del profesor.

-¿No tenéis nada que decirme al respecto?

Otro silencio.

Al final una alumna dice:

-Eso es imposible, profesor. ¿Y con qué lo iban a freír?

lunes, 19 de junio de 2017

La belleza de lo masculino

Quejábase hace poco una mujer de lo mal que ponía sobre el sofá las telas su marido y otra dijo encantada que prefería que su marido las pusiera regular, porque llevaría muy mal que su marido fuera más femenino que ella.

Me gustó a mí aquella mujer.

El otro día en clase, Calipso, una chica, por una bajada de tensión o algo, empezó a dar señales de ir a perder el sentido y ninguno atinaba cómo ayudarla a incorporarse para llevarla al baño y, entonces, Hermes, corpulento, grande, de brazos grandes y generosos, la tomó en brazos como si fuera una pluma y la sacó con elegancia y presteza fuera de clase. Era aquella una imagen muy poderosa y caballeresca.

San Jorge siempre matará al dragón para salvar a la princesa.

sábado, 17 de junio de 2017

El poema de la semana

Desde el homérico “Como las hojas de los árboles, las generaciones de los hombres”, el tempus fugit preside la literatura de todas las épocas y lugares, porque parece que no pasa, pero pasa. Este poema lo hace sacándole todo el jugo a una sola palabra.

CANCIÓN DE LOS ADIOSES
Adiós, amigos, que os marcháis de pronto.
Adiós, amigos, si soy yo quien parte.

Adiós, también, por cada vez que vuelve
-ignoro desde dónde- este lenguaje.

Y adiós, adiós por cada vez que olvido,
de tanta luz, las fechas y aun mi sombra.

 Adiós es la palabra irremediable
en medio de nosotros y las cosas.
(Antonio Moreno)

jueves, 15 de junio de 2017

Cuando me operaron de lo que yo no quería que se supiera

Cuando yo era jovencito, me operaron de un varicocele. Mis compañeros del colegio mayor bromeaban si me habían puesto o no escayola y dónde. Aún convaleciente, fui a que me firmaran no sé qué papel del seguro escolar en no sé qué oficina, porque fue el seguro escolar el que se había hecho cargo de la operación. Tenía yo aún la cabeza adornada de rizos, mucha timidez y un miedo horrible de verme obligado a decir al funcionario de turno la índole de mi mal. Cuando llega mi turno, me pregunta una funcionaria (¡si al menos hubiera sido un funcionario!) delante de un montón de gente dónde me habían operado y yo, maldiciendo mi suerte, balbucí, colorado como un tomate: “En un testículo”. “¡No, hombre!”, me dijo ella, “que te pregunto que en qué hospital te operaron”. Y así fue como todo el mundo supo lo que yo no quería que se supiera. ¡Lo que lamenté aquel día haber metido la pata por mi culpa culpita precisamente donde menos quería meterla!

lunes, 12 de junio de 2017

Con poetas y Daniel Cotta en Jerez de la Frontera

Estuve el sábado pasado en Jerez de la Frontera en la presentación del maravilloso Como si nada, de mi hermano Daniel Cotta, en la colección DKV, de José Mateos, espléndido en su acogida con nosotros. Fuimos José Julio Cabanillas, mi hermano Daniel y yo. Allí pasé una velada poética maravillosa que incluyó sesión de foto de honor con El Chule y oda al Huevo Frito.

Conocí en persona a poetas como Raúl Pizarro, Pilar Pardo, Antonio Apresa, Ricardo Rodríguez, Margarita Bermudo, Julia Bellido... Enrique García-Máiquez no estuvo, pero véase aquí que se leyó el libro a la misma hora en que nosotros lo oíamos recitar.

Vi la iglesia de San Miguel, con el magnífico retablo de Martínez Montañés. No pude verla con detalle, porque se celebraba allí una boda. Una soprano cantaba el Ave María guaraní de Ennio Morricone. Un invitado a la boda, enchaquetado, se tomaba un café fuera de la iglesia, móvil en mano y torrándose al sol. Me dieron ganas de decirle:

-Oiga, invitado a la boda, sea digno de los novios. ¿Qué hace usted esclavo de la inmediatez, leyendo mensajes seguramente irrelevantes, sudando la gota gorda, en vez de darse un sublime baño de música, Dios y belleza en ese magnífico templo donde además hace mucho fresco?

Os dejo con este soberbio poema de Daniel Cotta:

¿Qué ojos me pongo para ver la luna?
Es que se me ha posado en la ventana
y yo no sé qué hacer,
ni qué decirle.
¿La miro o no la miro?
¿La cojo con la mano o con un verso?
Mejor quedarse mudo,
no asustarla,
que cante su canción de plata y sueño
y dejarla brotar de su crisálida.
¡Silencio, está en mis ojos!
¡Si se quedara en mi ventana, quieta!
¡Si durase!
¡Si pudiera no irse para siempre!

domingo, 11 de junio de 2017

El poema de la semana

Este poema me gusta porque revela que cada costumbre revela un profundo pensamiento, una perspectiva vital, porque es mucho más que una costumbre. Lo grandioso del hombre es que lo que hace va más allá de sí mismo.

ALGUNAS COSTUMBRES
Siempre que paseamos por la playa
andamos por el borde donde rompe la espuma:
¡que tierra y mar se abracen
y rieguen nuestros pies con su alegría!

Y siempre que salimos por una ciudad nueva
nos gusta ver su iglesia más antigua:
allí donde más hombres, a lo largo del tiempo,
han sentido los límites del mundo
y han llamado a las puertas de la gloria más alta.

Y siempre que acabamos de limpiar nuestra casa
tenemos que encender todas las luces,
para que quede claro
que empezamos de nuevo nuestra vida.

Y siempre que nos vamos a la cama
nos gusta asegurarnos de que todo está a oscuras
y que nos vamos juntos al abismo.

De Una luz en el tiempo de Carlos Javier Morales Alonso.

lunes, 5 de junio de 2017

El caballero criticado por serlo

El otro día en el bar, mientras tomaba un café, me llega esta conversación de tres hombres y dos mujeres, con pinta todos de funcionarios en su descanso.

Uno de los hombres hizo un comentario subido de tono referente a la fisiología masculina y, abundando en el tema, interpeló a uno de los varones. Pero este, con un gesto y un comentario, rehusó hablar del asunto porque había damas delante. Y he aquí que una de las mujeres lo llamó machista y, para mi sorpresa, el supuesto machista se calló.

¿Desde cuándo son machismo las formas?

Me dieron ganas de decirle al caballero tildado de machista lo elogiosísimo que era que los vulgares lo llamaran machista por eso.