domingo, 19 de marzo de 2017

A mi padre, Miguel Cotta Rebollo, en su día

Nunca daré bastantes gracias por el hecho de que el varón que, junto con mi madre, ha sido causa de mi existencia no se limitase a algo tan grande y maravilloso como darme la existencia, sino que además me haya acompañado durante ella hasta que el cielo nos lo arrebató y me haya querido tanto y llevado a hombros e inspirado y hablado de padre a hijo y luego de hombre a hombre y me haya besado la frente y llorado y reído conmigo.

Mi padre me comprendía mejor que yo a mí mismo y me sigue comprendiendo. Y no puedo evitar seguir acudiendo a él para pedirle guía y consejo.

Recuerdo con horror un pecado mío que aún me abre las carnes. Me enfrenté a él con una tremenda discusión, en su propia casa, y me creía tan cargado de razón, que lo humillé. Él me intentó explicar, con argumentos luminosos, que no eran tan simples las cosas, que lo que para unos valía, para otros no, que… Pero yo, obcecado, arrojaba anatemas sin dejarlo terminar. Sólo me faltaba girar el cuello como la niña de El Exorcista. Ay, mi padre tendría que haberme cruzado la cara a bofetadas. Pero no; se fue a su cuarto dando un portazo y, al día siguiente, me dio un beso en la frente y un abrazo que me desarmó.

Resolvía los problemas con amor, sonrisas y determinación. Y esa mezcla tan suya de libertad individual, humor, reverencia ante Dios y amor al bien y la belleza ha sido su legado.

Lo último que poco antes de morir nos dijo fue un chascarrillo que hizo reír al médico y a todos nosotros en medio de las lágrimas.

En mis momentos oscuros, cierro los ojos y reclino en su pecho la cabeza. Aún lo recuerdo con sus imperecederos rizos negros, que no heredé, y su sonrisa iluminándole el rostro, mirándome atento para contarme las cosas importantes y bellas de la vida. Desde entonces, el amor, las estrellas, los ríos huelen a su mano y sus palabras de poeta.

Gracias, padre, por mi madre, mis hermanos y la Tierra y el cielo que con la vida me has regalado. Aún sigo recibiendo aquí abajo tu bendición.

10 comentarios:

Dyhego dijo...

Don Epifanio:
entrañable homenaje a su padre.
No cabe duda de que si usted es buena persona, en parte, es gracias a él.

Por cierto, el segundo apellido de mi madre también era Rebollo.
¡A ver si vamos a estar emparentados y todo! No conozco yo muchos Rebollos.

25 neutonios paternales.

Daniel Cotta dijo...

Como tú, cada vez me doy más cuenta de que papá era un hombre extraordinario. ¡Ojalá hubiera salido a él!

Jesus Cotta Lobato dijo...

Don Dyhego, ¡con razón me cae usted tan simpático!
25 neutonios rebolludos.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Daniel, otro regalo suyo es que somos hermanos. Un beso.

Rosna dijo...

Sentido homenaje a su padre , pero el final es increíblemente bello mencionando a su madre , hermanos . Que alma noble tenía su padre y lo precioso es que supo transmitir a sus hijos ,todos esos valores .
Son esos recuerdos , esas enseñanzas de vida que nos hacen , nos incentivan a seguir en este camino y nos hacen querer " ser mejores personas " honrandolos ,inmortalizado sus almas .
Cómo siempre un abrazo a su alma

David Cotta dijo...

Pues sí que hay que dar muchas gracias por nuestro padre. Y por ti, que sabes recordarlo tan bien.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Rosna, a usted, estoy seguro, le habría encantado conocerlo. Reciba también usted mi abrazo.

Jesus Cotta Lobato dijo...

David, él nos lo puso muy fácil.

Rosna dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rosna dijo...

Sr Cotta muchas gracias por compartir recuerdos tan importantes que es parte de su vida .