jueves, 3 de febrero de 2011

Tartamudos

Siempre me han caído simpatiquísimos los tartamudos. Me identifico con ellos. Yo mismo tartamudeo. No he conocido ni un solo tartamudo cabrón. Supongo que haberlos habrálos, pero, por fortuna, yo sólo me he encontrado con los buenos.

En concreto, recuerdo a la esposa tartamuda del zapatero donde mi madre me mandaba a cada dos por tres a remendar los zapatos de sus siete churumbeles. Era encantadora. Y siempre hablaba conmigo. Me dijo, para que no me acomplejara, que los tartamudos éramos unos privilegiados, porque nuestro pensamiento iba a la velocidad de la luz y por eso queríamos hablar como mínimo a la velocidad del sonido y, claro, el resultado es el tartamudeo. Que si hubiera un lenguaje tan rápido como nuestro pensamiento, no tartamudearíamos, sino que nuestro lenguaje sería el de los ángeles. "Así que, cuando tu madre te diga por las noches que sueñes con los angelitos, estáte atento, por si te lo enseñan". Que ella no tartamudeaba cuando hablaba con su perro, pero sí con la gente muy importante (y entonces yo me sentí muy importante, porque ella tartamudeaba conmigo), pero que Dios era una excepción: con Él no tartamudeaba.  Y que era tan sumamente tartamuda, que, incluso cuando hablaba pensando sin pronunciar palabras, las palabras pensadas también salían tartamudas, las pobres, sobre todo la palabra "que", que se le encasquillaba más que ninguna y que no había ninguna manera de evitar (de hecho, !cuántos "que" he soltado en esta entrada!), que habría sido mucho mejor encasquillarse con la w, que apenas se utiliza.

Cuando volvía a mi casa, mi madre me preguntaba por qué había tardado tanto. Y yo le contestaba: "Es que he estado hablando con la tartamuda."

Pues eso, amigos: si alguien tartamudea con vosotros, no lo consideréis un engorro, sino todo un honor. Significa que sois muy importantes para él.

16 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Es un tic típico de escritores, sostengo. Acostumbrados a sopesar cada palabra, luego no sabemos hablar de un tirón. Claro que lo de los ángeles es lo mismo, pero mucho mejor dicho por la zapatera tartamuda, que qué querible te ha quedado aquí, y que lo sería.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
El tartamudeo es comprensible y lo explica usted muy bien: querer hablar a la velocidad del pensamiento. Si a veces me pongo "nervioso" ante un tartamudo es porque creo que esa persona lo puede estar pasando mal. Pero después de leerlo, creo que no es así.
Lo que sí me resulta desesperante es el silabeo de los políticos.
25 neutonios.

Rocío Márquez dijo...

Mi mejor amigo tartamudeó hasta prácticamente la mayoría de edad cuando, de repente, un día esos ángeles que dices le guiñarían un ojo y dejó de hacerlo. Si te digo la verdad, a veces echo de menos eso en él, le hacía distinto y especial de alguna manera.
Preciosa entrada, Jesús.
Un beso.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Enrique, ¡ya entiendo eso del "no sé qué que quedan balbuciendo". "El poeta tartamudo" sería un buen título. Estaré atento a esa observación tuya y ando a la caza de escritores tartamudos y haremos una simpática lista. Un abrazo.

Dyhego, ese nerviosismo suyo le honra a usted. En cuanto al silabeo de los políticos, otra vez coincidimos. Hoy 50 neutonios y un grito hipohuracanado energético.

Rocío,¡qué bien que lo que para todos era un defecto fuese para ti un encanto! Con amigas como tú, tu amigo debe estar la mar de contento.

lolo dijo...

¿Y será verdad que los tartamudos suelen ser zurdos? Sea como sea creo que todos tartamudeamos alguna vez.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Jesús, ahora me dejas pensando que si los que hablan seguido, sin dudar y rápido serán mucho menos inteligentes (y peores escritores, o menos buenos... a tenor del comentario primero). Un abrazo fuerte.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, conozco bien a una persona tartamuda que es diestra. Pero haré un estudio y te lo pasaré.

Aurora, creo que los que además de escribir bien hablan bien y rápido son mucho más inteligentes. Yo siempre he admirado tu capacidad para hablar con oraciones subordinadas largas y sin anacolutos y con soltura. Eso es inteligencia.

Alejandro dijo...

Entrañable, Jesús. Y desde que te conozco considero que es un honor tenerte como amigo... y que sería así incluso si no tartamudearas un poquito.

La verdad es que los tartamudos son unos privilegiados. En esta época en la que nadie atiende a nadie, todo el mundo pone atención de su parte y esfuerzo para escucharlos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Alejandro, pues tienes razón. Todo el mundo tiene esa deferencia con ellos. Y el honor de ser tu amigo es mío.

Granito dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Granito dijo...

Tengo un familiar que tartamudea, más bien diría que se atasca, como el protagonista de la película "El discurso del rey", pero lo que me resulta más curioso es que al comentarlo alguna vez con el resto de la familia algunos decían "pero si no lo hace ya". Lo mismo pasa con la gente que tiene pequeños tics, que los que están a su alrededor se acostumbran y llega un momento en que directamente "no los ven".
Yo creo que ocurre algo similar que con la primera impresión al conocer a alguien que después tratas mucho, que cuando empiezas a conocerlo y amarlo de verdad es su verdadero espíritu el que prevalece, todo lo demás, mucho más superficial, sencillamente desaparece.
Saludos.

P.D.: Disculpas por borrar el anterior comentario, era el mismo con un par de errores al teclear, han sido las traicioneras prisas.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Granito, eso que dices es una verdad como un templo y yo no había caído en la cuenta. Pero ahora sí que entiendo por qué algunos amigos míos me decían que tal o cual familiar mío era así o asá y yo me dedicaba a negarlo, porque yo no reparaba en ese tic o defecto en que ellos reparaban. Un abrazo.

Miradme al menos dijo...

Doy fe. La velocidad de pensamiento es muy superior a la expresión oral. Sin ser tartamudo, en muchos momentos de mi vida me he comportado como si lo fuera, hasta el punto de salirme en alguan curva y quedarme callado.
Me solidarizo contigo, aunque he de reconocer que a veces resulta violento tanto para el que habla como para el que escucha.

Un abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Miradmealmenos, yo tengo experiencia en eso que dices y casi siempre me he encontrado con gente amable que te trata como si hablaras como todo el mundo. Y eso es lo que yo hago cuando hablo con un tartamudo. Un abrazo.

mariajesusparadela dijo...

Qué hermosura de historia.

(Yo conozco a un tartamudo cabrón, pero no te preocupes, él es la excepción para confirmar la regla)

Jesús Cotta Lobato dijo...

María Jesús, me tranquiliza saber que ése es la excepción. Bienvenida.