domingo, 18 de septiembre de 2011

La cascada

Subí al río Chíllar con más de treinta personas. Hay que hacerlo con calzado y con los pies en el agua. El río es amable al principio, pero se vuelve agreste a medida que uno asciende, y cada vez son más los caminantes que deciden quedarse a mitad de camino dándose un chapuzón en los remansos y en las pozas, frías y transparentes. Ocurre como en la vida: que algunos picotean ciertos placeres y otros se quedan enganchados a ellos para siempre, con las alas mojadas. Pero yo dejé atrás a los demás y me fui con mi hermano David a zancada limpia río arriba. Mil veces me doblé los tobillos intentando seguirlo. Mil veces resbalé. Mil veces el sol me daba en la cara. Pero el río nos iba recompensando por nuestra audacia mostrándonos rincones y rocas cada vez más hermosos. Violenti rapiunt. Las paredes de la garganta eran altas, frescas y musgosas. Por algunos sitios nunca había dado el sol. A ratos un tronco procuraba detenernos en el camino, pero no lo conseguía, hasta que al cabo de una buena caminata conseguimos llegar a la gran Cascada, donde todo es fragor de aguas saltadoras, donde todo es espuma, frescor y Dios celebrando una fiesta, y allí nos metimos los dos y la cascada nos hundió en el suelo y nosotros alzamos nuestro grito y nuestras manos. Y salimos de allí echando vapor y calor y ganas de comernos el mundo y dando gracias al cielo por poner la recompensa de tan largo camino allí al final, tan alto, tan alto.

Y en esta entrada Juan Antonio González Romano me ha alegrado el día asignándome un parecido con un actor que reverencio y a cuya apostura no puedo aspirar a no ser por la amistad que me une a Romano.

12 comentarios:

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
Si ha hecho usted esa gesta, un día de éstos me lo veo a usted escalando al Olimpo de los Dioses.
25 neutonios.

Fernando Moral dijo...

Me ha encantado ese tan alto, tan alto que le diste a la cascada alcance ;)

Un abrazo místico.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, me temo que el Olimpo es demasiado para mí. Me contento con el Torrecilla. 25 neutonios.

Fernando, a los místicos se lo debo casi todo. Y tu abrazo místico me ha sentado de maravilla. Recibe el mío.

Varenka dijo...

Yo tambien daba gracias hoy a Dios por el agua helada del Pacifico, el sol, los amigos, los delfines que iban y venian, mi amiga de cinco anyos que me ha dejado ser princesa, un ratito, del castillo de arena que hemos hecho.

Aunque no nos lo hemos ganado como vosotros. Llegamos en coche. Bueno... la hielera que cargabamos con las cervezas si pesaba un poquito.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Varenka, esos regalos que has recibido son tan grandes y tan altos, que no me extraña que des las gracias al cielo, que es lo más grande y lo más alto. Un beso.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Qué gozada, Jesús. Os veo a los dos hermanos. Y lo de Yul es cierto, pero tú eres el original, vamos, el otro es una mala copia con mala leche (el mal genio resta atractivo, me parece...)

lolo dijo...

Este verano vivimos algo parecido en el nacimiento del Bidasoa. Pena no haber recordado a San Juan aquel día. Ahora me llenas de altura el recuerdo. Gracias, Cotta.

¿Quién es el Yul éste?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Aurora, es que me miras con muy buenos ojos. Lo del río Chíllar fue impresionante. Y David da zancadas más grandes y rápidas que yo. Un beso.

Aurora, el nacimiento del Bidasoa debe ser de cuento de hadas. Me lo imagino saltando entre robles que llegan hasta el cielo. Y, en fin, gracias por el piropo.

Vicente dijo...

Mil veces -habría añadido yo-, me sacudí un tábano de la espalda, alguna vez demasiado tarde.

Bonito, evocador. Un saludo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Vicente, no recuerdo tábanos. Lo que sí recuerdo es que más de una vez estuve a punto de romperme la crisma con las piedras, que resbalaban una barbaridad. Recibe tú también mi saludo.

El Naranjito dijo...

Maestro Cotta, hace unos años "escalé" hasta las cascadas del Hueznar, me fastidió ver a tanta gente "disfrutando". Pero bueno, al final, solo eres tú y lo que quieras sentir, aunque estés rodeado de domingueros, (y yo era uno de ellos).
Un abrazo, y tú no te pareces nada al calvo ese de la foto. !que más quisiera el Yul!

Jesús Cotta Lobato dijo...

Naranjito, eso es lo malo: que todos queremos disfrutar de la naturaleza como si fuéramos Adán y Eva en el paraíso. Y somos muchos adanes y muchas evas. Por eso está bien lo que dices: lo importante es cómo viviste aquella experiencia tú, hubiese o no mucha gente. Y me han entrado muchas ganas de ir a esas cascadas, pero, claro, como tú solo puedo en domingo. Un abrazo, amigo.