lunes, 12 de marzo de 2018

Censuras encubiertas

Una vez me entrevistaron en una televisión local por un libro mío y aprovecharon para que yo abriera el siguiente programa, que consistía, entre otras cosas, en preguntar a los viandantes qué hacían cuando estaban agobiados. Hubo de todo: yoga, sexo, alcohol, llamar a la madre… pero una señora dijo “rezar”. Al final televisaron todas las respuestas, menos la de rezar, supongo que porque no les pareció interesante o laica o políticamente correcta. Me pareció muy triste que aquellos periodistas jóvenes comenzaran a censurar con tanta naturalidad y que no tuvieran reparo alguno en decírmelo, como si dieran por hecho que yo iba a participar de sus prejuicios.

3 comentarios:

Dyhego dijo...

La censura nunca ha dejado de existir, creo yo, don Epifanio.
25 neutonios sin censuras ni cesuras.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Ingenuo de mí, yo creía que no.
25 neutonios libres.

Anónimo dijo...

Que la censura nunca ha dejado de existir, es probable que sea tristemente cierto. Pero también lo es que hay censuras y censuras. La de Franco es de otro nivel, del todo imposible de comparar con ésta. La cantidad de libros que no pudieron publicarse en España mientras el Ínclito vivió, o las gravísimas mutilaciones que hubieron de sufrir los que sí se publicaron, son bien conocidas. Como recuerda (y es sólo un ejemplo entre miles) Sabina de la Cruz, en su prólogo a la antología de Blas de Otero titulada "Expresión y reunión", explicando la representación amplia que en ella se incluye del libro "Que trata de España", la edición española hubo de aparecer con MÁS DE CIEN POEMAS suprimidos, con respecto a la edición original, publicada (obligadamente) en Francia.
Y eso, a fin de cuentas, sólo supone el retraso de unos años en poder conocer en su integridad la poesía de Blas, y de tanta otra gente. Las películas que nunca pudieron rodarse, porque la censura no lo permitió en su día, y cuando ya fue posible habían muerto el productor que la hubiese financiado, o el director o los actores que hubieran debido rodarlas, de eso para qué hablar. Y tantísimas publicaciones secuestradas, hasta culminar en 1973 con la voladura del edificio que albergaba el diario "Madrid"... Estos tiempos, con todos sus problemas, son muy otros, y la diferencia, inmensa; conviene no olvidarlo.