lunes, 5 de diciembre de 2016

Gracias, Homero

Tengo un gran cariño a la traducción que de la Ilíada hizo Segalá y Estalella. Suya es la versión que mi amigo Felipe me regaló para inaugurar nuestra amistad y, gracias a ellos dos, serán siempre para mí Homero esos segalianos “Héctor de tremolante casco”, “Aquiles de pies ligeros” o “su alma salió de sus miembros llorando porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven”.

De Segalá es el Homero que leo con mis alumnos subido a la mesa. Lo hago en honor a Homero, que admira a los hombres concretos y no a los bandos, y a Segalá, que murió en una guerra de dos bandos fratricidas, durante un bombardeo en la Guerra Civil, en Barcelona.

Homero mejora con los años. Cada milenio destaca más su belleza entre los Grandes. Y cuantas más vueltas doy al sol, más maestría e inspiración le descubro. Esos héroes que saltan del carro “sin soltar las armas” o que, cuando mueren, caen “como el alto pino en el bosque” o que pelean como en una cima un león y un jabalí; ese desconocimiento de los partidismos y los maniqueísmos, esa admiración por la belleza y la valentía allí donde estén, esa afinidad entre dioses y hombres, ese respeto exquisito por el cuerpo del caído… todo eso es una buena guía para la literatura y para la vida.

En esta época donde no está de moda ser valiente ni magnánimo ni noble, sino original, guay, enrollado, auténtico, moderno y demás tontadas, creo que hago un favor muy grande a mis alumnos cuando les muestro allí arriba la estrella homérica pasando de modas y poses y alumbrando lo real, objetiva y perennemente bello.

Cuando muera, antes de partir a algún confín a montar una galaxia en torno a un agujero negro para hacer más grande e incomprensible el universo, que me encanta, haré algo que me gusta más aún: demostraré con una encuesta celeste que Homero es el autor más leído en el Cielo y viajaré luego en la cola de algún cometa hasta la República de Poetas donde Homero departa con Virgilio, Dante, san Juan de la Cruz, Camoens y otros grandes. Entonces, me quitaré el sombrero y les besaré a todos las manos, pero, ante Homero, haré una reverencia por todas las veces que me ha salvado a mí y a cuantos se lo he leído, de la fealdad, la vulgaridad, la cobardía, la insolencia. Y le entregaré, dentro de un anillo de purísimo diamante, una galaxia entera.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Poema de la semana

La vida no es tanto lo que es comoo la manera que tiene cada uno de vivirla. Os ofrezco esta de este poeta que en lo trivial descubre lo maravilloso.

Orden del día
Dime si hay una taza de café más sabrosa
que estos pequeños verbos regulares:
levantarse y que la luz se te eche encima
como un baño de jugo de naranja,
sentarse al desayuno partiendo en rebanadas el otoño
dar al teléfono eficaz respiración de boca a boca
picotear la máquina de escribir por si cruza un ala
llevar a mano el encendedor, la fogata amistosa
enviar un telegrama de felicitaciones a la lluvia
poner girasoles a los ojos para seguir más cielo
cerrarlos por ver su azul cristalizarse dentro
ir por la calle con unos pies sismógrafos
registrando la ternura de la tierra,
pasar de largo bancos, estatuas, cuarteles
pararse donde estalle un silencio o un quejido
dar cuerda al corazón para que marche aprisa
decir adiós, el último
como decir los buenos días.

Joaquín Peñalosa

lunes, 28 de noviembre de 2016

Adolescente y Biblia satánica

La víspera del uno de noviembre, un alumno me vio salir de clase de latín y me dijo:

-Tengo en mi casa un libro con muchas partes en latín.
-¿Te gusta el latín?
-Es una Biblia satánica. Es que a mí me encantan las cosas de fantasmas y espectros.
-Yo prefiero a los ángeles. Son buenos y poderosos y, en vez de oscurecer el mundo, lo llenan de luz.
-Me gustan más los demonios.
-¿Y no te interesa una Biblia normal?
-No. Yo no creo en nada.

Estuve a punto de decirle: “Bueno, hombre, en algo sí que crees cuando tienes una Biblia satánica en casa”, pero le dije:

-Mi consejo es que te dejes de rollos satánicos: o son un timo o, si no lo son, es lo peor que te puede ocurrir.

Pero me di cuenta de que mis palabras le sonaban a monserga. Yo tenía en mi contra al espíritu de los tiempos, que en libros y películas presenta como simpáticas a las brujas, como interesante y transgresor lo oscuro, y que ha conseguido que colegios y madres no vistan a los niños de pastores y ángeles en Navidad, sino de demonios y vampiros el Día de los Difuntos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

El poema de la semana

No se puede expresar sino con poesía el hecho de que el momento precioso de la Anunciación, protagonizado por una muchacha y pintado de modo sublime por tantos pintores, ha marcado la esperanza, la vida y la sensibilidad de dos milenios.

A mi amigo Antonio Montes debo el descubrimiento de este poema.

AVE, LLENA DE GRACIA
Fraude es el oro, drogas el incienso y la mirra.
El pan es sólo un pan, no una fiesta de panes.
El pez es sólo un pez, no una fiesta de peces.
Quien ande sobre el agua del lago, se hundirá.
Ni el ciego ve, ni escribe el manco, ni habla el mudo.
Del templo nadie puede echar a los ladrones.
Un esqueleto es Lázaro y plañen sus hermanas.
En la aurora de Pascua, María Magdalena
con todos sus demonios en la cama fornica.

Tal sería la historia —cruda, vulgar, pequeña—
si después de escuchar al arcángel Gabriel
aquella adolescente hubiera dicho «no».

Manuel Mantero

Si vos dijérades no.
Lope de Vega

lunes, 21 de noviembre de 2016

La desilusión del cuerpo

En mi casa nos tenían dicho que era mejor ducharse que bañarse, porque se ahorraba tiempo y agua, y que, si uno se bañaba, no había que llenar la bañera hasta el borde.

Total, que yo siempre pensé que, cuando me independizara, llenaría la bañera hasta el borde y me tumbaría allí para relajarme, como veía en las películas. Era un deseo recurrente en mí.

La oportunidad se me presentó una vez que me contrataron como miembro de un tribunal de oposiciones y me pagaron un hotel. Allí llené la bañera y allí me metí con toda mi ilusión. Pero he aquí que tuve que salirme en seguida. Me sentí debilitado, acalorado, agobiado, necesitaba agua fresca y aire.

Me pareció que por un gusto de mi cuerpo no estaba bien ensuciar tantísima agua. Hay placeres que, cuando uno los prueba, arrebatan, sobre todo si uno no sabe qué esperar de ellos (eso me pasó con el placer sexual la primera vez que tuve ese precioso conocimiento), pero casi todos los demás son normalitos. Y los que no lo son, gustan más si uno no los espera.

Y doy gracias a Antonio Barnés por lo que aquí dice  de mi libro de poesía.