miércoles, 19 de agosto de 2009

¡Vivan los cuerpos! Contra el racismo selectivo


¿Se imaginan ustedes un anuncio diciéndole a un negro que se opere esos labios gordos o a un chino que se occidentalice esos ojos porque, como dice el hijo de la reina madre de Inglaterra, son como ranuras, o a un blanco que se minimice esa nariz aguileña? ¿No, verdad? Sería un anuncio racista. No se preocupe: ningún anuncio osará despreciar su color de piel. Pero, ay, si se encuentra usted en el grupo de los calvos, los velludos, los panzudos, las pechugonas, las sin pecho, las estriadas, las entradas en carnes, ay, entonces, usted, tenga el color que tenga, será objeto de vilipendio masivo, legal y descarado en la tele, en la calle y en las tribunas.

El racismo se ha desplazado de la raza a ciertos genes y características físicas. Pero sigue siendo racismo: despreciar a alguien por su físico. ¿Puede haber algo más vulgar que despreciar a alguien por sus quilos? ¿Por qué nadie se lleva las manos a la cabeza por eso?

Recuerdo en concreto un anuncio que mostraba a las tres Gracias de Rubens y una voz decía: "¿Te gustaría parecerte a ésas?". Y entonces un coro de mujeres respondía que no, por Diossss.

A mí, sin embargo, me gustaría estar desnudito entre esas tres Gracias.

15 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Pues ¡qué vivan los cuerpos! (dicho así como con acento mexicano y dando un par de pistoletazos al aire ;-)
Qué razón, Jesús, tienes.
El culto a la belleza y al cuerpo hoy no es tal, yo creo que lo que hay es otra cosa, rara, estilizada, vacía, cursi de morir las más de las veces. Una pesadez, además.
Se ha matado la afición, que diría mi abuelo, por un lado.
Por otro, leyes más estrictas y detallistas que la mosaica.
Y luego como pa'na, pa mirarse una, uno, narcisitos (como dice la canción, qué guapa soy, qué tipo tengo, etc.).
En fin, un abrazo.
Aurora

Jesús Cotta Lobato dijo...

Has dado en la clave, Aurora. El amor actual al cuerpo acaba siendo odio al cuerpo real, en aras de un cuerpo ideal, de un superhombre. Al final, por ese cuerpo inalcanzable, uno acaba haciendo más sacrificios que si fuera un cartujo. Lo de la ley mosaica me ha encantado.

Tomás Salas dijo...

Es cierto que esa pretensión de tener un cuerpo de "diseño" es una moda ridícula y perniciosa. Cada cual tiene que aceptar el suyo. Además, en todos los cuerpos puede haber una belleza más evidente u oculta. Todos tienen su encanto. Esa moda del cuerpo perfecto es un ejemplo más de algo que caracteriza a nuestro tiempo: cosas que parecen liberarnos y que, en el fondo, crean nuevos prejuicios y servidumbres.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Tomás, deberíamos llamar a una cruzada a favor de los cuerpos mortales. Un abrazo.

Ranzzionger dijo...

Ahí le has dao, Jesús. Aquí nada más que el consumo. Le damos importancia a lo accesorio, porque lo esencial es más difícil de adquirir con tarjeta de crédito. Creamos modas, aparatos como sustitutos de la felicidad, pero, muchas veces, nos acaban aportando más angustia que satisfacciones. Ah, eso sí, a lo mejor contemplar la imagen de las Tres Gracias, también provocaba angustia en alguna delgada del siglo XVII, que Rubens también fue un magnífico publicista. Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Ranzzionger, no se me había ocurrido que las Gracias de Rubens pudieran causar angustia en su época. La carne siempre altera. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Mira que excelente poema Jesús:

"AGUA PARA TODOS"

Mi tierra tiene sed y nadie escucha
su ruego secular de labios secos,
ni el grito del almendro cuando lucha,
ni el llanto del olivo, ni sus ecos.

Mi tierra eleva un canto de cigarras
al sol demoledor de mediodía,
que hiere como ardientes cimitarras
en rayos de perpetua tiranía.

Mi tierra busca el cielo con sus dedos
de troncos retorcidos y abrasados,
y crujen, despojados de sus credos,
higueras, algarrobos y granados.

Mi tierra es un solar de lagartijas,
de piedras castigadas y de espinos,
de manos que a otras manos fueran lijas
brotando de sus brazos campesinos.

Mi tierra es de sudor y de trabajo;
de sal, de sol, de espuma y piedras rotas.
Mi tierra llora en polvo cabizbajo
el cerco al agua impuesto por idiotas.

Mi tierra tiene el cuello perseguido
por manos de Aragón, por Labordetas.
La estirpe de Caín alza su aullido.
Mi tierra escupe fuego por las grietas.

¡Levanta el corazón de los espartos
y avéntalo sangrante en la garganta!
¡Levanta ya, terruño de lagartos!
¡Ay! ¡Levanta ya, Almería, levanta!


(de El paso herido) Diego Jerez.

Anónimo dijo...

Poema de hojas secas


Otoño ceniciento y quebradizo,
otoño de calor desalentado,
me traes la rendición del sol plomizo;
augurio de un ocaso adelantado.

Otoño de asechanzas y temores,
la muerte va cantándote en las hojas
caídas, desplomados ruiseñores,
que erguido en tu rigor del cielo arrojas.

Lamentos de un verano moribundo
te pueblan marchitándose en la aurora,
con gritos de dolor y adiós rotundo,
con voz de soledad triste y sonora.

Otoño que me trepas por el alma,
de parra son tus manos hojas secas.
Tus ojos de ataúd dictan en calma
miradas funerariamente huecas.

Tu baile de cadáveres marchitos,
de pájaros sin nido, de rastrojos,
sujeto está al vigor de antiguos ritos
que habrán de retirarte de mis ojos.

Y habrás de claudicar ante la vida,
pasado ya el invierno, en primavera.
Cantando llegará la prometida
venganza de los brotes de la higuera.


(de El paso herido) Diego Jerez.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Anónimo, sí, son dos poemas rotundos, viriles y elegantes. Se nota que son de alguien que conoce bien el campo y la poesía. Me recuerdan a Miguel Hernández. Estoy seguro de que cuanto más se lean poemas como estos dos más lloverá y más brotarán las higueras gracias al otoño. Saludos.

Montse Viver dijo...

La tele, la calle y las tribunas, no son nadie para dictar normas estéticas, en el bien entendido que esas reglas no se fundamentan en ningún modelo esterotipado.
Rubens probablemente, eligió unas modelos corrientes y molientes de la sociedad de su época, que le facilitaron una concreción corpórea para pergeñar la pintura que quería hacer.
Lo que más importa, segun Antoine de Saint Exupery en su "Pequeño príncipe", no se acostumbra a ver, está oculto, velado. Por eso también "conocer", en el sentido bíblico del término, equivale a conocimiento carnal íntimo.
El coro de mujeres alienadas por la propaganda interesada, tampoco tienen nada que decir en esto...
Dios mio! cómo está el patio tan desnortado?, es evidente que estamos todavia por civilizar.

Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me temo, Montse, que los hombres siempre estaremos sin civilizar. Es una pena que en las Gracias de Rubens hoy sólo veamos carne. Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Que vivan las carnes, Jesús.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Eso, Javier, que ya tendremos tiempo de tener sólo huesos.

Bucan dijo...

La naturaleza es profundamente injusta. Cada persona, al nacer, es bella o fea. Y no nos engañemos, la belleza es un valor en sí. La gente guapa es tratada de otra forma que la gente fea hasta en las cosas más nimias de la vida. Por supuesto que los canones de belleza han cambiado con las épocas, pero siempre existe una atracción hacia la armonía. Como dice el dicho, "todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde". Es la dura realidad. La belleza abre muchísimas puertas en éste mundo. Casi diría que es la que más puertas abre.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Bucan, coincido en todo contigo. Propongo, pues, que el canon de belleza no sea tan exigente, para que quepa más gente en la belleza. Si el canon exige tener un tórax ejercitado en el gimnasio o unos pechos que apunten permanentemente arriba, las mujeres se perderán muchos hombres guapos que no van al gimnasio y los hombres se perderán muchos pechos hermosos que no apuntan hacia arriba. Bienvenido.