viernes, 14 de octubre de 2011

Polonia

En mi último viaje a la città eterna, subí de rodillas por la Escala Santa. Asegura la tradición que es la escalera, traída de Jerusalén por santa Helena, por la que subió Jesús cuando se presentó en el prefectorio ante Poncio Pilato.

Éramos muchas personas de muchos países subiéndola de rodillas. Era una metáfora hermosa de la vida: cierto sufrimiento para llegar a la belleza de la cima. Hay algo en mí que me asegura que el dolor da fruto si es por amor. Si la santa escala consistiera en darse un baño en un jacuzzi, seguro que no habría reconfortado tanto mi espíritu.

Me impresionó especialmente la devoción (¡y la belleza!) de los polacos.

Desde niño me impresionaba en el atlas histórico de mi hermana lo mucho que cambiaba la frontera polaca y yo me llenaba de un orgullo especial cuando Polonia y Lituania se unieron y su país era casi tan grande como Rusia. Sin saber nada de ese país, lo sentía como propio.

Luego, cuando llegó el primer papa polaco y lo vi en directo, a menos de un metro de mí, alto, fuerte, guapo y viril, mi fascinación por Polonia alcanzó su techo y ahí sigue, incólume.

Polonia, latina entre los eslavos y eslava entre los latinos.

7 comentarios:

Dyhego dijo...

Don Epifanio, lo voy a juntar a usted con mi hijo, que desde que hizo un intercambio con unos alumnos de Polonia anda a partir un piñón con ellos. Hasta chapurrea un poco el idioma y todo.

Por otro lado, no termino yo de ver claro eso de sufrir por sufrir...

25 neutonios sin hacerle a usted sufrir.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Don Dyhego, qué alegría me da tener algo tan bonito en común con su hijo, señal de que usted los educa muy bien. Por otra parte, subir la Scala Santa no es sufrir por sufrir. Eso no les gusta ni a los tontos. 25 neutonios.

lolo dijo...

Sufrir por sufrir es absurdo. Otra cosa es que el amor duela. Aunque a veces no vemos el fruto purifica casi siempre, tan lejos nos queda la idea de pureza.

Y sí, son guapos los polacos. Suelen tener bonitos cogotes y cuellos. En lo que conozco, claro.

Rubén Muñoz Martínez dijo...

Jesús, me ha gustado mucho lo que apuntas del dolor... desarróllalo más... si quieres, claro está.

Un abrazo,
Rubén.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Comparto tu admiración por la piedad polaca. Verles rezar a muchos de ellos es impresionante. Están dentro, no fuera.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, me fijaré a partir de ahora en los cogotes y en los cuello. Y creo que la sutileza esa de que el amor duele es la respuesta que Rubén pide.

Rubén, Lolo da en la tecla en la relación del amor con el dolor. No sé quién decía: Si no quieres sufrir, no ames. Pero, claro,no sé si entonces merece la pena vivir. En la próxima entrada hablaré del dolor. Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Aurora, espero que a ellos la piedad les dure más que a nosotros los españoles, que, a la mínima dificultad, han dado la estampida y han abandonado las iglesias.