viernes, 8 de marzo de 2013

¿Lo castigo o no lo castigo?

Pillé ayer a varios alumnos fumando en los servicios de mi insti. Pero solo vi a uno claramente tirando la colilla. Le dije: "Te he visto fumando y te voy a poner un parte de amonestación". 

Normalmente, ante esta amenaza, los alumnos juran por sus padres y toda su parentela que es mentira. Pero este alumno me desarmó:

-Sí, profesor, es cierto. No lo puedo negar. Haga lo que considere oportuno.

Así que me debato entre:

a) No ponerle el parte y decirle que lo pasaré por alto en la esperanza de que, igual que ha sido noble al reconocer su error y estar dispuesto al castigo, sea también noble para mantener el compromiso de no fumar más en los servicios donde el humo molesta a los demás, entre los cuales hay muchos niños.

b) Ponerle el parte a pesar de todo, porque, si ve que no lo castigan a pesar de haber sido descubierto, volverá a fumar en los servicios.

c) Olvidarme del asunto.

Si alguien lee esto y tiene a bien darme un consejo, se lo agradecería infinito.

Por cierto, he adoptado un cardenal aquí, para quien quiera participar en el cónclave.

17 comentarios:

Dyhego dijo...

Don Epifanio:
Puesto que lo ha reconocido y no se ha puesto gallito, déjalo correr. Dile que la próxima vez no te quedará más remedio que ponerle el parte porque, de lo contrario, el que comete una infracción será usted.
25 neutonios.
La verdad es que me da igual quien sea el próximo papa. ¡Ojalá le dé con la mitra a todo cura que se lo merezca!
25 neutonios fumateros.

Enrique Barrero dijo...

Jesús, yo lo tengo claro. Si tú no has fumado nunca en ningún lugar donde imperara la prohibición castígalo y pon el parte. Si lo has hecho, déjalo correr, como dice el anterior comentarista. Un abrazo.

El Africanito dijo...

Si no te contestó con tono irónico déjalo correr.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, pensaba que usted, por eso de ser ex fumador, iba a ser más duro. Me gusta su capacidad de empatía. 25 neutonios cardenalicios.

Enrique, yo he sido de los que alguna vez ha cometido alguna infracción por esto de fumar. Tú lo sabes bien. Pero a la vez pensaba que la norma se tiene que cumplir, me guste o no, sea yo o no cumplidor de la norma. Pero os haré caso porque para mí lo más cómodo, además, y lo que me sale del corazón es dejarlo pasar. Un abrazo.

Africanito, me contestó con nobleza, sin ironía. Así que ya sois tres los que coincidís en que sea indulgente. Los tres, me consta, sois personas de buen corazón. A no ser que venga alguien y me convenza con una batería de argumentos de lo contrario, os haré caso.

lolo dijo...

Jesús, creo que no necesitas consejo. No creo que tu corazón te pida indulgencia sino magnanimidad.

lolo dijo...

Adoptar es una palabra muy grandre que se está trivializando, a mi entender. Por eso y porque algo me chirrió no me apunté en la cadena de la que hablas. ¿Prejuicios? Es muy posible, sí.
Buen fin de semana.

Blimunda dijo...

Yo creo que una vez que tú le dijiste que ibas a ponerle un parte tienes que ponérselo. Su nobleza a la hora de admitir su falta no lo exime del castigo, que él ya conocía. Además no caerá en saco roto porque ese gesto lo honra y tú has sabido ya reconocerlo.

Muchos besos Cotta, no sé si te servirá de algo mi apreciación.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, me debato entre la magnanimidad para con el infractor o para con los afectados por sus humos. Y, bueno, no creo que tu renuencia a adoptar obedezca a un prejucio, sino sencillamente a una manera de sentir y de pensar. Un abrazo.

Blimunda, reconsideraré mi decisión. Me estoy debatiendo entre ponerle el parte, a pesar de todo, o hablarle en privado. Besos para tus príncipes y un abrazo para tu rey. Y en tus manos un beso.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Yo optaría por la propuesta A. Al menos así le das una segunda oportunidad y comprenderá que siempre es bueno reconocer los errores.
Saludos

Jesús Cotta Lobato dijo...

No cogé ventaja, ya sois mayoría los que me dais ese consejo. Seguramente es lo que haré. Muchas gracias por el consejo.

Menalcas dijo...

Yo creo que habría que castigarlo, si no, se va a prender el papel de victima y cuando mate a alguien dirá: castigueme señor juez y el juez lo soltará. bueno es por llevar la contraria, realmente pienso que lo importante es educar. un saludo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Menalcas, mañana lo veo y ya os contaré. Por lo pronto voy a hablar con él, a ver por dónde respira.

Anónimo dijo...

Hola, hemos agregado un trackback (enlace hacia este artículo) en el nuestro ya que nos pareció muy interesante la información detallada pero no quisimos copiarla, sino que nuestros lectores vengan directamente a la fuente. Gracias... datacredito bogota

Marisa dijo...

He pasado por aquí por casualidad, y te escribo porque soy también profesora, jefa de estudios en un centro pequeño (somos 21 profesores) y estoy intrigada con lo que el alumno te respondió.
Hace X tiempo, por la nobleza (virtud que caracteriza a muchos de mis alumnos) perdonaba faltas de este estilo. Hace menos tiempo, descubrí que de cada diez que "perdonaba" solo uno me correspondía a ese pacto individual que hacía con ellos por perdonarles un parte. Así que comprendí, otra vez, que trabajamos con humanos, y que lo que a uno le surte efecto, a otros no. Es la empatía con ese alumno en concreto, el conocerlo lo que nos dará la clave.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Marisa, tienes más experiencia que yo. Lástima que ya he tomado la decisión, antes de saber tu opinión. Le he dicho al alumno que confiaré en su responsabilidad y él me lo ha agradecido. Pero me temo que tenía que haberle puesto el parte sin más. Gracias por tu consejo. Lo tendré en cuenta la próxima vez. Mi problema es que me ablando con facilidad.

Amparo dijo...

He llegado tarde a este debate pero me parece muy interesante este dilema ético que se suscita. Yo veo buenos argumentos de uno y otro lado. La nobleza se contempla aquí de las dos partes, la del chico al admitir su falta y la del profe al perdonar el error y eso es bueno, pero como dice alguien ¿es lícito perdonar a alguien sólo por admitir la culpa? ¿tan acostumbrados estamos a la mentira que el hecho de decir la verdad ya nos parece que de por sí exime del castigo? Yo sí pondría el parte porque creo que esa es la lección que el chico debe aprender: hay que cumplir las normas y hay que sufrir las consecuencias de no haberlas cumplido y si alguna vez nos pillan, como es el caso, asumirlo. Bien se ve que es el profe el que tiene un corazón de oro, pensando que el perdón hará al chico asumir sus compromisos...

Jesús Cotta Lobato dijo...

Amparo, más que un corazón de oro, es un corazón demasiado blando, porque leyéndote me he dado cuenta de que tienes toda la razón. Dado que estoy tan acostumbrado a la falsedad en tantos sitios, me gusta la nobleza, pero eso no quita que sea aún más noble hacerle ver al chico que ha de ser castigado por llenar de humo un servicio donde acuden menores de incluso doce años. La próxima vez seré más justo. Gracias por tu consejo.