lunes, 28 de octubre de 2013

Dios nos libre de los ideólogos

El otro día, en un bar, un hombre entró a vender unos periódicos por un euro. Cuando llegó a mí, me dijo que me uniese a él, comprándoselo, para protestar por esto y lo otro del gobierno. Yo le dije que estaba de acuerdo con esto, pero no con lo otro y que no quería dar dinero para la ideología defendida por el periódico, pero que le agradecía tanto que me valorase lo suficiente como para intentar convencerme de lo que él consideraba bueno, que nada más que por eso lo invitaba a un café. Me miró muy mal y se fue sin despedirse.

Los que me acompañaban me dijeron que, al decirle que se tomara un café a mi salud, acaso se había sentido tratado como un pordiosero y que por eso me había lanzado esa mirada. Ojalá fuera eso. Pero yo recuerdo perfectamente haber hecho esfuerzos para que mis palabras no resultaran hirientes, sino agradables. Mi mensaje era: «Hay algo más importante que las diferencias ideológicas que nos separan: tú y yo».


Más bien creo que, si me miró mal, fue no solo por sentirse tratado como un mendigo y por no haber podido vender ni un solo ejemplar en aquel bar, sino sobre todo por la frescura con que le dije que no estaba de acuerdo con su ideología política, cosa a la que creo que no estaba acostumbrado.

Me da por pensar que es de esas personas que se hace solo amiga de otra si vota al mismo partido. Un aburrimiento. En época de paz, esas personas se contentan con mirarte mal o retirarte la palabra. En época de guerra, puede que te señalen con un dedo que es como una pistola para que te fusilen en la tapia del cementerio y, encima, creen haber cumplido con un deber.

Eso es lo malo de la ideología: que convierte en subhumano al que no está de acuerdo con ella.




10 comentarios:

Er Tato dijo...

Una definción, larga pero certera, de sectarismo. Mal camino traemos...

Saludos

Dyhego dijo...

Don Epifanio:
Cuanto más tenaz es uno al defender su ideología, más intransigente se vuelve el otro con la suya.
Lo ideal sería poner en primer lugar a la persona y después su ideología.
En general, nos cuesta llevar a cabo esta actitud.
Pasa algo parecido con la hoja de firmas que nos presentan todos los días. Si no estoy de acuerdo totalmente con lo expuesto, no firmo. A veces lo entienden y a veces no, pero ya no es problema mío ("mi" problema, dirían los más "moernos" en lenguaje superactual).
25 neutonios supreideológicos.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Tato, el sectario es un hincha de su idea que no se contenta con considerar que estamos equivocados, sino que además considera que somos malos. Esta definición es más corta. Un abrazo, amigo.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Dyhego, yo sé, aunque no siempre lo consigo, que en las discusiones es mejor exponer en un tono de voz sosegado que imponer a gritos, pero con los hinchas no sirve de nada ningún sistema. POr cierto, es usted de los pocos que sabe que lo que siempre se ha dicho en español es "problema mío". Olé por usted.

Menalcas dijo...

Hasta donde hay que llegar en no firmar y por lo tanto en que no nos firmen?, es la mejor forma de nunca tengamos acuerdos en nada y así nos va. Cuando nuestra ideología es la buena para nosotros y no sabemos o no queremos aceptar otra, la solidaridad se resquebraja. un saludo

Jesus Cotta Lobato dijo...

Menalcas, hay que aceptar a las personas, no a las ideologías. Además, creo que una cosa es tener opiniones políticas sobre asuntos concretos y otra distinta es tener una ideología, que es más bien una visión cerrada y completa del Todo y que arroja un tabú contra todas aquellas ideas que la contradicen. Un abrazo y encantado de saludarte.

Varenka dijo...

Dos cosas: De mayor quiero ser como tú. Me chifla tu blog.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Varenka, esas dos cosas son dos piropos que voy a enmarcar en mi cuarto para cuando me desanime. ¡Muchas gracias! Me voy al curro en bici y lanzaré varios vivas a tu favor.

RETABLO dijo...

Su poema, publicado por EG-M en su blog, es excelente y recio. Coincido con usted.

Mis saludos.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Retablo, gracias por esos dos adjetivos. Los considero más que un elogio.
Y además me encanta que usted coincida conmigo en esta entrada. Con la gente que me cae bien me gusta especialmente coincidir en las actitudes. Un abrazo.