martes, 14 de febrero de 2012

De la insatisfacción de vivir

Si tuviera que definir con una palabra mi relación con el mundo, la definiría como insatisfacción, pero no en el sentido de frustración o descontento por mi modo de ser. Es más bien la sensación de que todo lo que me prometía dar la felicidad, la plenitud o el sosiego que ando buscando acaba siendo al final insuficiente.

Mira que me gustan los amigos, la poesía, el amor, la familia, la naturaleza, el amanecer y tantas otras cosas..., pero ninguna de ellas me colma del todo. Siempre que las disfruto, una voz interior, que soy yo, me dice: "¿Ves? Esto tampoco es lo que buscas." Hay en mi corazón un anhelo excesivo con el que no sé qué hacer.

Alguien podría decirme que mi error es pedirle demasiado a la vida, desear algo infinito cuando nada lo es. Pero no soy yo quien voluntariamente pide todo eso, sino que es todo mi ser quien involuntariamente tiende a ser tan excesivo en sus anhelos.

Me di cuenta de todo esto oyendo música. Siendo la música de las cosas del mundo que más me gustan, hay días en que no puedo soportar ni una sola canción. Ni Falla ni Mozart ni la música griega siquiera, ¡con lo que me gusta!

Hay gente que parece feliz con todos esos pequeños placeres de la vida. Y la admiro. Yo no puedo. A mí todo me acaba cansando.

Lo único que no me cansa es Dios. Por eso, aunque no existiera, tendría que creer en Él, para no desesperarme.

44 comentarios:

ReyVindiko dijo...

¡Toma ya! Más claro, agua.
Dile a tus alumnos que se vayan buscando un palabro griego que signifique "Demostración de la existencia de Dios por los anhelos". Me recuerda a la de San Anselmo: si el deseo existe, existe lo deseado.
El corazón es un colador.
Por sus agujeritos se ve a Dios.

L.N.J. dijo...

Muy buena entrada Jesús, te felicito por ser tan claro, expresivo y sincero.
Me gusta vivir pero la insatisfacción está ahí, de alguna manera. No sé a ti, pero a mí a veces, me duele mucho.

Lourdes.

maria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
maria dijo...

Eres simplemente increible. Yo te admire siempre, y lo hago tambien ahora. Para un genio nunca nada es suficiente :)
Gracia Rodriguez.

Sefa Cusí dijo...

Que preciosidad, sinceridad, claridad. Enhorabuena.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Reyvindiko, ese palabro bien podría ser el título de la entrada. Me has calado. Y qué buena la frase de san Anselmo. Siempre lo he intuido, pero no sabía decirlo con tanta claridad. Un beso.

LNJ, pues sí que duele a veces. Por eso nos hemos hecho poetas, ¿no?

Mi querida Gracia, mi alumna magnífica, que defendió ante una mayoría en un debate una posición impopular y los dejaste a todos planchados sin cabrearte, y siempre con la sonrisa que hace honor a tu nombre. Un beso.

Sefa, recibe mi saludo y mi gratitud.

ReyVindiko dijo...

No es por falta de humildad, pero San Anselmo no lo dijo así, que quede claro (http://es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ontológico).
Lo mío es una versión muy breve.

Dyhego dijo...

Don Epifanio:
Me siento identificado con usted cuando dice sentirse a veces harto de todo.
Pongo verdadero empeño en disfrutar del presente pero me cuesta muchísimo, y todo por culpa de las malditas preocupaciones.
25 neutonios.

L.N.J. dijo...

Sí, quizás por eso nos hayamos echo poetas y no nacido poetas. En realidad no sé si lo soy o no, tengo mis dudas pero lo único que sé es que no puedo dejar de escribir. Es mi droga favorita, mi veneno, mi dulzura, mi vicio..., de todo un poco y en ese poco, está mi vida.

Gracias.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Reyvindiko, pues entonces me alegro de que la frase esa tan bonita sea tuya.

Dyhego, pues siga usted poniendo empeño, porque, si no lo hiciera, las preocupaciones lo acabarían devorando, y usted vale mucho más que todas sus preocupaciones. 25 neutonios.

LNJ, en eso somos iguales. Sin la poesía, ¿qué sería de nosotros?

Anónimo dijo...

Quizás todos le pedimos demasiado a la vida...me viene a la mente aquelo,tan hermoso de J.A. "No es tan dificil vivir/pero todo se complica/si pretendes ser feliz."Paso por momentos muy duros,y daría lo que fuera por recuperar el peor de los momentos...pero con él.Me vuelves a tocar el corazón Lna.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lna, rezaré por que así sea. Y haces bien: el amor y la poesía te harán menos penoso el mal trago. Por cierto, qué hermosos esos versos suyos. Qué sencillos y qué densos. Recibe mi beso.

Isabel Mena dijo...

Mi insatisfacción es vivir poco tiempo para todo lo que hubiera querido y quiero hacer y aprender.
Creo que es diferente, no?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Isabel, sí, esa insatisfacción tuya es mucho mejor que la mía, porque tu problema no consiste en no encontrar lo que estás buscando, sino en que has encontrado demasiadas cosas que te gustan. Un beso.

Anónimo dijo...

No son míos los versos...son de él.Todo lo hermoso es de él(J.A.)Gracias por tus oraciones,me harán bien ? o eso espero y deseo.Lna.

Mery dijo...

¿No es como un "Vivo sin vivir en mí/ y tan alta vida espero..."?

Te entiendo muy bien, Jesús. El corazón humano tiende a algo inmenso que no acaba de encontrar aquí.
Un beso

Anónima dijo...

Jesús, entiendo lo que dices, pero no veo motivo para deprimirse, por lo que he visto en tu blog, eres una persona que sabe apreciar todas esas pequeñas cosas como la poesía, la música y los pequeños placeres de la vida pero que no pierde la cabeza con ellos, sino que sabes que Dios es lo único que no cansa ni aburre.
Esa insatisfacción que mencionas, a mí me parece un regalo, porque quienes se conforman con poco se pierden al ser más maravilloso del Universo, en cambio, los buscadores y aventureros incansables acabarán encontrando el tesoro más increíble de todos.

Miguel Ángel dijo...

¡Esta entrada está repetida! Lo sé porque la original me encantó ;)

Enrique Barrero dijo...

Jesús, no se puede expresar un sentimiento que, en el fondo, tantas y tantas personas comparten (como bien muestran los comentarios) con mayor sencillez, claridad y belleza. Insatisfacción de vivir, amsiedad, snsación de que hay algo más allá de cada gozo y cada conquista, por intenso que sea, que impide la satisfacción y la felicidad completa... Qué espéndida tu entrada.

Blimunda dijo...

Creo que ese anhelo excesivo lo da el estar vivo en sí y ya en el hecho de sentirlo está la fortuna.

Yo también lo siento y para mí es como si la inmanencia te taladrara.

lolo dijo...

Da gracias porque en esa búsqueda no hallas toda la satisfacción. Te deseo anhelos siempre en exceso para poder llegar al "solo basta".

De todas formas a veces, y en lo más pequeño, está impreso el anhelo mayor, el excesivo; solo un segundo, o dos.

Me guardo esta entrada, Cotta. Gracias.

Y a Reyvindiko gracias por lo de los agujeritos del colador.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lna, lo hermoso también es tuyo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Mery, entonces es que tú sientes lo mismo. Un beso.

Anónima, tienes razón. Quizá en lo que he escrito se trasluce cierta tristeza, pero esa tristeza es el arranque para la alegría. Gracias por darle la vuelta a la tortilla.

Miguel Ángel, ¡pues ya me conoces a mí mejor que yo! NO tenía ni idea de que estuviese repetida. ¡Me estoy haciendo viejo! Un abrazo.

Enrique, quizá ese empeño nuestro por escribir poesía venga a cubrir el vacío que uno encuentra dentro de sí mismo después de que ha puesto la esperanza en cosas que prometían mucho y luego no eran tanto como uno hubiera querido. No sé. Me alegro de haber llegado a un corazón de poeta como el tuyo. Ex corde.

Blimunda, me gusta eso de que sentir ese anhelo insatisfecho sea una fortuna y una señal de vitalidad. Qué buena manera la tuya de espantar sombras.

Blimunda, y yo me quedo con eso de que en lo más pequeño está el anhelo mayor. Y, bueno, Reyvindiko es, entre otras muchas cosas buenas, también poeta.

Rosna dijo...

Sr Cotta no es fácil vivir insatisfecho con el mundo ... lo increíble es encontrar en el camino pedacitos de satisfacción ... para mí la insatisfacción no es mala ,ni negativa me ayuda a corregir errores y seguir la búsqueda al final del camino nos espera la "Felicidad " .
Le envio un abrazo feliz .

Rosna dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rosna dijo...

Uhy disculpe , publique dos veces lo mismo .

Jesús Cotta Lobato dijo...

Rosna, tiene usted razón. Desde ese punto de vista la insatisfacción es buena, si nos lleva a la búsqueda de lo más grande. Un beso.

lolo dijo...

Con permiso, Cotta.

Ayer en una reunión de ésas de "buscar", saqué tu entrada y la leí. Que sepas que les gustó mucho y nos ayudó.

Quería decirtelo, por si Sinde, ¿no?.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, me alegro mucho. Para eso la escribí. Tú le has dado a la entrada más vida que yo escribiéndola. Y como los de la reunión eran buscadores como yo, me entendieron. Buen fin de semana.

gatoflauta dijo...

A mí me parece que el error puede estar en eso de "pedir" (demasiado, o poco, según gustos) a la vida. ¿Qué obligaciones tiene ella con nosotros? Yo procuro no considerarme acreedor de entrada; lo que la vida, o el tiempo, vayan trayendo, son cosas que ni pido ni rechazo (o eso procuro); sólo las vivo lo mejor que sé. Yo creo que en Occidente, donde hay no poca gente que tiene muchas cosas, hay esa misma y mucha más que aspira a tenerlas, que siempre quiere más, como si Algo o Alguien (¿quién, y sobre todo por qué?) se las debiera. No sé si pasa lo mismo en otros sitios, en particular en lo que se llama "Tercer Mundo", aunque me parece que no, o que no tanto. En todo caso, la pregunta es si, más que en la misma vida, el problema no estará en nuestras exigencias (conscientes o no) respecto a ella. Dice Joubert (cito de memoria): "Dios no nos debe lo que nos da, y a menudo nos da lo que no nos debe". Yo creo que lo mismo puede decirse (especialmente para los agnósticos, como yo lo soy) de la vida.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querido Gatoflauta: muy sabrosa la reflexión. En la entrada reconozco que puede haber un error original por mi parte por pedir tanto, como tú bien argumentas. Pero hay algo en lo que discrepo de ti: tenga o no la vida obligaciones para conmigo, yo no puedo evitar pedirle mucho. No es una petición voluntaria: es un instinto de todo mi ser. Creo que un caballo, si tuviera inteligencia, no se contentaría con el heno y el prado, es decir, creo que la inteligencia nos da derecho a no contentarnos con lo dado, a que haya cosas del mundo que no nos gusten. Si no tuviéramos inteligencia, nos tendríamos que conformar con lo que hay. Pero la tenemos y eso nos hace aspirar a lo más alto. Puede que esto sea un error vital, pero, dado que no hay mal que por bien no venga, tiene también su lado bueno: ese anhelo excesivo ha llevado a muchos a construir catedrales, a escribir poemas, a buscar la belleza que se oculta, en fin, a muchas cosas que, si nos dedicáramos a recibir de la vida o de Dios sin buscar, no conoceríamos. En fin, amigo, encantado de hablar contigo.

gatoflauta dijo...

Gracias. Pero desde luego no estoy de acuerdo con que el no pedir, o esperar, mucho de la vida sea incompatible con la inteligencia. Se pueden compatiblizar perfectamente ambas cosas. Chamfort, que no era tonto, dejó esta reflexión sobre el "lasciate ogni speranza" dantesco:

"La esperanza no es más que un charlatán que nos engaña sin tregua: la felicidad no empieza para mí sino cuando la he perdido. Yo pondría de buen grado a la puerta del paraíso el verso que Dante colocó sobre la del infierno:
Lasciate ogni Speranza, voi ch'entrate".

No la cito aquí porque yo esté enteramente de acuerdo (la discutiría, pero no es el lugar), sino sólo como ejemplo de que una actitud así es compatible con la inteligencia. Y, desde luego, tampoco estoy de acuerdo con que esa actitud equivalga a renunciar a la búsqueda. Son, me parece, cosas enteramente distintas, y yo desde luego no lo he hecho.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gatoflauta, si he dado a entender que el no esperar nada del mundo o de la vida es renunciar a la inteligencia, reconozco mi error, porque es evidente que la actitud que citas de Chamfort procede de la inteligencia, no de lo contrario. Digamos, pues, que dos actitudes procedentes de la inteligencia son las que tú y yo defendemos: la primera sería no esperar mucho de la vida, puesto que la esperanza suele ser un engañabobos; y la segunda sería esperar mucho de la vida o de Dios o del mundo porque uno se siente llamado a algo más grande que uno. Pero sí creo que la primera actitud produce una vida más chata, más trivial, sin demasiada grandeza, con pocos héroes. Y, desde luego, me parece que Chamfort se equivoca de cabo a rabo cambiando el cartelito de Dante, porque precisamente la desesperación, la tristeza más absoluta, es pensar que no hay esperanza, que lo que nos mata y deprime y debilita triunfará hagamos lo que hagamos. Yo asocio al felicidad a la fe y a la esperanza, no a la actitud de no esperar nada, y por tanto el Cielo del Todo y Más aún final me produce más esperanza que la Nada y el Menos aún final. Encantado de hablar contigo.

gatoflauta dijo...

"No esperar nada", o esperar poco, no significa "no interesarse por nada", sino (en mi caso, y en el de muchos otros) todo lo contrario: aceptar cada cosa que viene, sea buena o mala, como un don, y sacar de ella todo lo que se pueda; tratar de estar a la altura de ese don. Intentaré explicarlo con un ejemplo, el de la codicia: hay quien, por mucho que tenga materialmente (y no sólo materialmente) nunca estará satisfecho, porque está enteramente volcado hacia el futuro, hacia lo que espera y desea tener. Y hay quien, incluso teniendo poco, valora ese poco y goza de él, porque vive en el presente. Quien "no goza de lo que tiene, por ansia de lo que espera" (Machado, "La tierra de Alvargonzález"), y quien ha sabido curarse de esa ansiedad inútil, o por lo menos sabe tenerla a raya. Tú pareces pensar que sin ella no puede irse muy lejos. Yo no estoy de acuerdo; como se dice en el mismo poema, codiciar no es trabajar, es otra cosa, y tanto puede ser un estímulo como un impedimento.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querido Gatoflauta, si yo he dado a entender que no esperar nada es no interesarse por nada (¡gran error por mi parte!), tú das a entender que buscar algo grande es ansiedad y codicia con desprecio al presente y lo concreto. Y ese sería otro error. Si no me equivoco, no estamos aquí contraponiendo la visión de un creyente y la de un agnóstico, sino la de un buscador y la de un disfrutador sin más. Eso tiene que ver más con el temperamento de la persona que con las creencias, según me parece, porque puede haber agnósticos buscadores insatisfechos y creyentes disfrutadores dando gracias al Cielo por los dones recibidos cada día (es más, si me apuras, la actitud de recibir lo de cada día como un don es más cristiana que la otra). Pero además creo que la actitud que tú defiendes es perfectamente compatible con la que yo he expuesto en la entrada, porque si, por un lado, no puedo evitar que todo lo que la vida me depara me resulte siempre insuficiente, por otro lo recibo todo como un regalo de Dios y no como un derecho mío o como algo insuficiente. Te lo diré con un ejemplo: mientras voy en busca del Hacedor de estrellas al que nunca llegaré en vida, me entretengo en contemplar las estrellas: es más, las estrellas las valoro más porque sé que son obra suya. Recibe mi abrazo.

gatoflauta dijo...

Yo también sospecho que, en el fondo, estamos bastante de acuerdo. La diferencia, creo, está más en el punto de vista. Yo lo resumiría diciendo que quien siente la vida como insuficiente puede pensar que eso se debe a la misma vida (y, por ejemplo, creer en una trascendencia donde esos anhelos aquí insatisfechos se verán colmados), o que el problema no está en la vida sino en el deseo mismo; que el problema es nuestra actitud frente a ella. Yo me inclino más a esta segunda posibilidad: la vida me parece inagotablemente rica y compleja, y el deseo insaciado (e insaciable), una enfermedad, o por lo menos exceso o desviación, de la voluntad. No podemos, o muy difícilmente, cambiar el mundo, pero sí a nosotros mismos. Y una actitud de cierta humildad frente a lo real ("la humildad es inagotable", decía Eliot, yo creo que con razón), me parece tan justa como sensata. Que en el deseo, y no en la realidad misma, sea donde está el problema acaso resulte una actitud más filiable con el budismo que con el cristianismo; me es igual. Yo no me considero ni una cosa ni otra, aunque culturalmente, por razones obvias, esté más cerca de la actitud cristiana. Pero el resumen práctico es que mi tendencia, cuando me parece percibir ese déficit del que hablas, no es preguntarme qué le pasa a la realidad (y buscar una respuesta para eso, sea trascendente o no), sino en primer lugar qué me pasa a mí, qué espero y por qué lo espero, y de dónde he sacado la idea de que alguien o algo está en deuda conmigo, y que por tanto hay algo que esperar. Decía una comunicante, al principio de esta charla, que "la insatisfacción está ahí". Yo creo que más bien está aquí, dentro de uno, y no ahí, fuera. Y que es en el interior donde hay que buscar las posibles respuestas, preguntándose no sólo "¿qué me falta?" sino también "y esa sensación de falta, ¿no será un error mío?". Mi inclinación, ya digo, va más bien por el lado de esa segunda posibilidad.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gatoflauta, interesante tu punto de vista. A la pregunta final tuya sobre esa sensación de falta, mi respuesta es: sea o no error mío, sea o no un error de mi actitud ante la vida, espero conseguir que esa sensación de falta me guíe a lo más alto que pueda existir y ese ser puede ser solo Dios. Y si Él existe, entonces todo cobra un sentido especial, todo queda más iluminado de lo que ya lo está (y lo está mucho). Y, en fin, me han dado ganas de escribir una entrada más a fondo sobre el asunto. Un abrazo y buenas noches.

Simeón dijo...

Síntesis:
Me ilusiono sin hacerme ilusiones.
(Creo que es de Julián Marías, un optimista inteligente)

gatoflauta dijo...

Me alegro de que mis tonterías te sirvan de estímulo para seguir meditando el tema, que sin duda lo merece. El riesgo que yo veo en una postura como la tuya, y en general la del creyente (que respeto y admiro, aunque no sea la mía), es el de que la idea de Dios, o en general la de una vida futura donde esos anhelos puedan verse satisfechos, funcione no propiamente como una idea, sino como un límite a partir del cual uno no está dispuesto ya a atormentarse más pensando, sino que abandona esa incómoda tarea en brazos de la creencia; que Dios sea en último término, más que un fin o una coronación posibles, una comodidad del pensamiento. No digo, desde luego, que sólo pueda ocurrir eso, sino que ese riesgo existe, y que uno, si es creyente, debería también preguntarse sobre las raíces de esa creencia, sus motivaciones y su sentido. Como puedes ver, y termino, yo no aconsejo el quietismo sicológico o la dimisión del pensar, sino todo lo contrario.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gatoflauta, ese riesgo que dices también se puede aplicar al ateo. Igual que puede haber creyentes que lo sean, como dices, por comodidad, también hay motivaciones indignas en algunos ateos, como el resentimiento contra la posibilidad de un Dios que a él lo ha hecho feo o deforme. Creo que es Juan Antonio Marina quien dice que se puede ser ateo de modo inteligente y de modo estúpido, del mismo modo que se puede ser creyente de modo inteligente y de modo estúpido. No creo, como te dije, que ser creyente o no sea algo que dependa de la inteligencia, sino, en todo caso, del temperamento, de la actitud ante la vida. Ahí tienes a Chesterton, que decía que lo que llevaba peor de su antiguo ateísmo era no tener a nadie a quien darle las gracias por todos los dones recibidos. Un abrazo y, por cierto, felicidades por el pseudónimo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Simeón, ¡qué buena cita! Él sí que lo ha dicho bien. Un abrazo.

gatoflauta dijo...

Sin duda, y aquí termino (esto se está convirtiendo en un diálogo, y no es éste el sitio), el egoísmo y la tentación de la comodidad acechan por igual al creyente y al que no lo es. La motivación para mi agnosticismo es compleja, y tampoco es cosa de explicarla aquí; pero desde luego es ajena a cualquier creencia por mi parte en la inferioridad de los que tienen fe, entre los cuales hay y ha habido siempre gente admirable. Es más bien el creyente tipo, me parece, el que tiende a pensar de quien no lo es que, por excelente que sea como persona, le falta algo, es incompleto. Idea que yo desde luego no tengo acerca de quienes creen; sólo piensan de un modo distinto (respetable, y no pocas veces admirablemente distinto) a mí.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gatoflauta, esta vez suscribo tus palabras de pe a pa. Encantado de charlar contigo.

gatoflrauta dijo...

Gracias. Sólo ahora leo tu respuesta; por enfermedad de un familiar, estoy fuera de casa y (hasta ahora) sin acceso a internet. Espero recuperarlo, y mi vida normal, a partir del lunes, ya que afortunadamente está mejor. Un saludo.