sábado, 16 de enero de 2010

Una foto de la presentación






Aquí me señala Cabanillas, de cuya poesía os hablaré pronto. Y ahora cuelgo este poema de A merced de los pájaros, porque le gustó al editor, que se extrañó de que nadie lo hubiera señalado en una reseña. Es uno de mis favoritos. Y para dar ambiente, una foto.







En una playa desierta de Huelva
Hoy se me han despertado tus delfines
y me han hecho montar en tus caballos,
aunque eres alta y honda y me das miedo.
                Luego he dado tu llama a una mujer
y tu arena y tu nácar a unas niñas.
Yo me voy a quedar con los delfines.
                De todas las mercedes recibidas
eres tú la más rubia,
soledumbre de dunas y de soles
que aún me están ardiendo entre los brazos.
                

viernes, 15 de enero de 2010

Argumentum Ritahayworthlogicum


Demócrito decía que sólo existen átomos y vacío y ¿qué van a hacer los átomos en el vacío, sino chocar entre sí y producir seres? En ese mundo azaroso no hacía falta un Motor Inmóvil que lo pusiera en marcha: era un mundo que producía seres él solito. Sin embargo, a Anaxágoras le extrañaba que de unos elementos inertes y en perpetuo caos brotara de pronto Rita Hayworth, ¡con lo poco caótica y lo proporcionadísima que es nuestra Rita! Y por eso postuló la existencia de un Entendimiento divino responsable de poner orden en un mundo incapaz de orden por sí mismo.

Ellos sentaron la base de la discusión y en ella seguimos.

Aunque la cuestión jamás podrá ser resuelta, permitidme que Rita Hayworth sea para mí la sexta vía para demostrar la existencia de Dios.

El próximo día pondré alguna foto de la presentación de A merced de los pájaros. Un abrazo a todos.

jueves, 14 de enero de 2010

Día de mi alternativa

Ayer cayeron varios chaparrones y llegué empapado a la presentación. Pero me daba igual, porque era el día de mi alternativa, de manos de José Julio Cabanillas, que me dedicó palabras tan elogiosas, que sigo sin creérmelas, porque me puso el listón muy alto. Dijo cosas muy bellas que no perderé de vista cuando escriba y me advirtió del peligro de descuidar la poesía por mi afición a la charlatanería dialéctica y al ensayo, que reconozco que me pierde.
Guardo un recuerdo entrañable de ese día. El público tuvo que vencer la lluvia y el partido del Sevilla para venir a oírme y entre los conocidos y los desconocidos me sentí arropado y estimado. Incluso vino un hermano mío desde Córdoba para oírme. Si algo sirve para curar la depresión, es escribir poesía, verla publicada, leída y apreciada.
Incluso me reencontré con una antigua alumna que recordaba con mucho cariño mis clases. ¡Cuántas inyecciones de autoestima!
Luego la tertulia entre copa y copa. Javier Sánchez, espléndido y dadivoso. Y mis amigos mercuriales, chispeantes y divertidos como siempre. Me sentí como un torero con una magnífica cuadrilla.
Gracias a todos.

miércoles, 13 de enero de 2010

La poesía

Iba a hablar de los átomos, como prometí, pero tengo en la cabeza la presentación de A merced de los pájaros de esta tarde en La Casa del Libro.

Dejo los átomos para otro día y hoy sólo apunto una idea que se me ha ocurrido: el mejor premio para un poeta es que en el futuro se recuerde un poema suyo, pero no su nombre, porque eso significa que el poema es tan bueno que, sin un nombre que lo mantenga y lo defienda, el poema se defiende sólo por su calidad. El poeta auténtico, el que no busca gloria sino belleza, sería, pues, el que está dispuesto a desaparecer de la memoria con tal de que el poema que conquistó en las cumbres con esfuerzo y soledad quede como una estrella para guía de caminantes en la oscuridad.

martes, 12 de enero de 2010

Mis átomos

Siempre me ha sorprendido que las cosas inertes y los seres vivos estemos hechos de los mismos átomos, pero que ellas estén muertas y nosotros vivos. Cuando me dijeron que había empresas que incineraban el cadáver y lo convertían en diamante, me quedé atónito. ¿Cómo es posible que el carbono que me compone y que me hace pensar y anhelar pueda ser luego una gema muerta para siempre?
Más aún me sorprende que mi cuerpo tenga la capacidad de desechar materia muerta y reponerla mediante la comida. Yo lo traduzco así: me desprendo de unos átomos y me hago con otros nuevos. Y lleno de angustiosa curiosidad me pregunto: ¿mantengo aún conmigo algunos de los átomos con que nací? ¿Qué probabilidades hay de que algún átomo que algún día compuso el cuerpo de Calígula o Atila esté ahora en mi cuerpo? ¿Tendré yo alguna mota de polvo que algún día llegó aquí gracias a un lejano meteorito?
Si tuviera tiempo, dinero, ciencia y ganas montaría una empresa que vendiese comprimidos de carbono que pertenecieron a personajes ilustres e idolatrados y los vendería a un millón de euros cada uno para quien tenga el capricho de tragarse un poco de la esencia de Marylin o de Gandhi. Lanzo la idea.