sábado, 13 de febrero de 2016

Gusanos de seda, de José María Jurado

Lo mejor de la poesía de José María Jurado son sus imágenes, su elegante majestad y su contundencia, puestas al servicio de una atmósfera atemporal en medio de la que una voz de sacerdote convoca a elementos naturales y personajes de tiempos y espacios diversos a construir el poema como una catedral gótica apuntando al infinito. Esa atmósfera traslada al que recibe los poemas a una región más alta y envuelve su sensibilidad.

Buen ejemplo de ello es “Luna llena en Piazza Navona”, donde la luna llena “alumbrando los ojos de los muertos/ viene a pasar revista a sus legiones”; o “Folías de España”, donde la vida y la muerte danzan con el tiempo inexorable.

Mis poemas favoritos son “Bulbos”, que es la transfiguración de las flores en el Tabor de la poesía; “Miércoles de Ceniza”, cuya fabulosa descripción tiene lo mejor del Apocalipsis y del microrrelato con sorpresa final; “Spaghetti Western”, por la virilidad que rezuma; “Let it be”, por la magnífica manera de contar una historia magnífica; “Ya Rabbi Yasou”, un sentido y hermoso homenaje a los ventiún cristianos coptos asesinados por los islamistas en las playas de Libia o, quizá, más que un homenaje es un himno, tal como los del Peristephanon de nuestro Prudencio; y el poema final, el número 33, que termina abriendo los cielos.

Aquí os dejo con "Heideggeriana", un hermoso poema que es a la vez filosofía viva y plegaria profunda.

Viento del ser, condúceme hasta el claro
del bosque por senderos de palabras y hojas
tamizadas de luz y de conciencia pura.

Viento del ser, concédeme el lenguaje
ligero de los pájaros, la rama
donde mirar al sol para aguardar la noche
y hundirme en el crepúsculo de Dios.

Derriba la caña del pensar,
viento del ser, que todo sea acción,
acción y voluntad fundadora del mundo.

Tú que agitas las copas de los árboles
sacude nuestra angustia al filo de la muerte
y extiende nuestro tiempo más allá del abismo.

Así sea.

Gracias, José María, por aumentar con tu libro el número de cosas hermosas en el universo y porque labras una poesía de luz, no de la oscuridad.