jueves, 10 de septiembre de 2026

El misterio del mandarino

Almendral, naranjal, zarzal, pero manzanar, limonar, encinar. Si el nombre de la planta o del árbol tiene r, la terminación es en -al, y si no, en -al. Si no, probad a inventaros con el sufijo -al y -ar los correspondientes derivados, sin pensarlo mucho, de amapola, azucena, margarita y lirio y azucena, y seguro que os salen los dos primeros en -ar y los dos segundos en -al. 

Sin embargo, hay un fruto que me estropea la norma: el de mi fruta favorita. Debería ser mandarinal, pero lo que me pide el cuerpo es mandarinar. Espero en la otra vida conocer la verdadera razón.

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Las cosas como fueron

Con qué versos tan sencillos nos interpela Eloy Sánchez Rosillo al final de su libro de poesía completa LAS COSAS COMO FUERON 

Mirad y oled la lluvia, 
disfrutad de esta tarde en la que no 
podremos estar juntos. 
Sabed que la escribí con regocijo. 
Y que pensé en vosotros.

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Seguidillla con bordón

El universo va 
por todos lados 
haciéndose más grande 
buscando algo. 

Y lanza estrellas 
a la busca y captura 
y no lo encuentra.

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Diez aforismos estupendos de Ricardo Virtanen

¿Cuántas golondrinas hacen falta para alegrar un corazón? 
¿Cómo saben esos perros que ladran a lo lejos que estoy solo? 
Algo que late siempre está naciendo. 
El tiempo, ese caracol que nos adelanta. 
Qué profundo es ser y qué liviano estar. 
El mar parece solitario, pero el solitario eres tú. 
Wilde, Wilde, Wilde, ¿por qué no me has abandonado? 
La luz no sabe entretenerse sola. 
El futuro llega antes que el destino. 
Vivir, resucitar a cada instante en los claros de un bosque. 

de  El vigilante de la luna,  Ricardo Virtanen, edit. Thémata 

domingo, 26 de julio de 2026

Odiseo

Esta noche de invierno y de sosiego, 
Telémaco, recuerdo la nobleza 
de Alcínoo, aquel rey que oyó mi ruego 
y sin saber quién era, con alteza 

me acogió. Ya en la mesa, un bardo ciego 
-Demódoco es su nombre- con destreza 
cantó mi historia. Y yo sentí tal fuego 
que cubrí con un velo mi cabeza. 

Nadie veía en mí más que un extraño 
y tan sólo aquel ciego me veía 
con cantos que llegaron un buen día 

antes que yo a mi patria. ¡Cuánto daño 
para los náufragos que desesperan 
si los aedos ciegos no existieran!
(de A merced de los pájaros, Jesús Cotta)