lunes, 11 de febrero de 2019

Mejor aceptar el cuerpo que transformarlo en otra cosa

Está claro que la ablación del clítoris que se practica en algunos países islámicos es abominable. Pero ¿solo lo es porque es involuntaria? Si una mujer libremente y con mayoría de edad, por sus ideas religiosas, quiere realizarse esa horrible e irreversible amputación, ¿debe la ley facultar a los médicos para hacerlo? ¿No es más sano ayudar a la mente a aceptar el cuerpo que cambiar el cuerpo para que la mente lo acepte?

A mí me parece que la mutilación de un miembro sano, sea por razones culturales o de disforia de género o de cualquier otro tipo, es reprobable en sí misma, y me horroriza que la sociedad y la ley bendigan esas prácticas quirúrgicas en vez de poner todo su empeño en ayudar a esas personas a resolver sus problemas de identidad sin autodestruirse a sí mismas, sin infligir tales castigos a su propia condición humana, sin verse abocadas a construir su propia personalidad a costa de negar y deformar el cuerpo con que la vida los ha bendecido.

Aquí os pongo un vídeo de un caso menor, pero ilustrativo de lo que digo: una mujer que era rubia y que se operó no sé cuántas veces para parecerse a Pamela Anderson decidió luego gastarse la fortuna, la salud y la belleza que le quedaban en ser negra. El resultado es desastroso.


lunes, 4 de febrero de 2019

Gimnasio con nombres en inglés

Estuve el curso pasado en un gimnasio y les hice la sugerencia de cambiar los nombres ingleses que daban a muchas de sus zonas y actividades por otros en español, no solo porque es más fácil pronunciarlos y entenderlos para los que no saben inglés, que son legión, sino porque el español lo hablamos muchísimos millones de personas y ya es hora de que sea una lengua que genere prestigio, riqueza y contenidos de valor. Un producto no es de menos calidad porque esté en español. Ya es hora de librarse de complejos tontorrones.

En vez de "Zona Kids", ¿por qué no "zona infantil" o "Sala para niños" o algo así? ¿Por qué "Go fit" y no "Ponte en forma"? Y daba risa oír a algunas bocas decir que iban a clase de "body strength". ¿Tan descabellado habría sido decir "Fuerza corporal" o "Cuerpo y fuerza" o, si nos ponemos imaginativos, "Chicha y brío" o clases "Vigorízate", etc? ¿Por qué pull-up en vez de dominada y squat en vez de sentadilla? ¿Qué demonios les pasa en el oído a los que prefieren decirlo en inglés cuando en español todos lo entendemos mejor?

El día en que nazca un gimnasio con buenas instalaciones y buenos monitores donde todo esté en español, decídmelo, que me vuelvo a apuntar.


jueves, 31 de enero de 2019

La revista Speculum

Doy la bienvenida y mis felicitaciones a la revista Speculum, memorial de cultura cristiana, donde se recoge mucha y buena creación literaria e intelectual de inspiración cristiana y donde me han hecho el honor de publicarme un artículo (aquí).

Cada época es cautiva de sus modas y eso la hace sensible a unas cosas e indiferente o reacia a otras. Lo cristiano no es precisamente lo que está de moda. Veo que entre los jóvenes está de moda creer en el karma, la reencarnación, la ouija, las energías positivas y negativas, los horóscopos, el destino... pero no en un Dios que los ame y haga innecesario todo eso.

Por eso he disfrutado en la revista Speculum los poemas sobre Dios que ha escrito la poeta María José Vidal PradoAquí podéis leerlos. Me han dado ganas de conocer más poemas de ella. Especialmente el poema tercero me parece revelador y muy hermoso. Gracias, María José, por escribirlos.

domingo, 27 de enero de 2019

Abajo la calvofobia y arriba el sinsombrerismo. Stop baldophobia

Camaradas calvos, hoy he tenido una revelación: ¡vivimos en un tricarcado!, es decir, una sociedad donde gente con pelo en la cabeza tiene la supremacía y el prestigio y domina el canon de belleza. Tener pelo en la cabeza es una fuente de poder: se ríen menos de un hombre si es melenudo, lo escogen antes para un trabajo o un anuncio de dentífrico, liga más Los calvos estamos oprimidos, somos ridiculizados, se nos llama calvorotas. El otro día el conductor del autobús me dejó en tierra y al día siguiente en la misma situación frenó para recoger una a una persona con pelo rubio y rizado y minifalda... ¡Esto es intolerable! La melenudez pesa mucho a la hora de tomar decisiones.

Si niegas que vivimos en un tricarcado, ¡eres un negacionista, un típico representante del tricarcado que quiere que los calvos sigamos siendo víctimas! ¿Y qué decir del despliegue capilar o hairspreading? Las personas dotadas de pelo en la cabeza despliegan sus melenas al viento, en los autobuses, los gimnasios... sin importarles si sueltan o no pelo o si le dan con él en la cara a los demás. Deberían recogérselo en una redecilla.

Nos han hecho creer que lo importante de una persona es su tendencia sexual o su sexo biológico, cuando en realidad lo más definitorio de un hombre es su calvicie. Como dice un amigo mío poeta, estar calvo es como estar circuncidado: las ideas están más frescas, las airea más el aire, las dora más el sol, las empapa la lluvia. Sin embargo, muchos la esconden o la tratan en clínicas de Turquía como si fuera una tara o una enfermedad; otros no salen del armario y la cubren con el flequillo o con sombreros e indignos pañuelos; y hay quienes minan su salud echándose potingues en la cabeza en la idea de que perder pelos es perder belleza y poder.

¡Calvos del mundo, unámonos! ¡Stop calvofobia! ¡Abajo el tricarcado! Camarada calvo, ¡no estás enfermo! ¡No es un fallo genético tu alopecia, sino una condición que deberías airear! ¡Luzca el sol en nuestros cráneos limpios! ¡Estámpense besos luminosos en la coronilla! ¡Avance el género humano hacia una alopecia feliz! ¡Vuelva el sinsombrerismo!


sábado, 19 de enero de 2019

La manta voladora

Mis hermanos han sido seis soles en mi infancia que aún me deslumbran con su luz. Tener hermanos es una suerte y tenerlos muchos y buenos un don del cielo. Recuerdo a uno de los mayores poner en el suelo una manta, que por cierto era negra con rayas de color naranja,  sentarnos en ella cuatro o cinco niños (entre hermanos y amigos nuestros) y mi hermano más fuerte tiraba de ella a toda mecha. Era como volar sobre una centella para encerar el suelo. Como además la disposición de las habitaciones permitía dar una vuelta por la casa, el paseo era infinito. Los amigos venían a mi casa porque en ella había vida y alegría y estaba todo presidido por mi madre y sus ángeles. Nos recuerdo a los niños agarrados los unos a los otros para no salirnos de la escueta y maravillosa superficie deslizante, vibrando de puro gozo y jaleando a carcajada limpia al dorado arrastrador que nos proporcionaba ese increíble regalo de sus músculos juveniles y que gracias a nosotros se iba poniendo cada vez más fuerte y más guapo. Había una esquina peligrosa, donde se alzaba un jarrón de barro pintado en azul y gris, que tenía de las asas colgando unos aros enormes. Los que íbamos a la cola de la manta solíamos darle con tan mala fortuna, que el jarrón entero se caía y se partía y, entonces, el primogénito, lo recomponía con pegamento. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que era el jarrón más recompuesto del mundo. No había parte por donde no se hubiera partido. Era la viva imagen de las gracias que a mí se me concedieron y por las que nunca daré suficientes gracias, porque me armaron contra las tristezas que también tiene la vida.

Anda, si hay niños en casa, móntalos en la manta mágica y rompe un jarrón.

(Y hablando de hermanos, ¿queréis ver aquí un anticipo de los maravillosos poemas que le han premiado a Daniel Cotta, el Benjamín de mi familia?