lunes, 27 de julio de 2020

Érase una vez un hombre

Esto es un hombre de cuarenta años siervo de su trabajo y sus manías. Nadie lo invita a una barbacoa y pasa los domingos viendo porno.

No conoce su nombre la mujer que recibe su semen previo pago. Sus padres ya murieron. Y no sabe ganarse a su sobrino el día de Reyes.

Sin nadie que le diga si ese traje le queda bien o mal sube a su coche, que limpia cada día, y va al gimnasio; luego a tiendas de ropa y electrónica.

No cree en el amor ni en Dios ni en nada más que en su colección de minerales que llenan un vacío sin luz ni eco con cientos de cajitas en vitrinas.

No sabe aún que dentro de diez días entrará una mujer por esa puerta y él beberá los vientos y su boca y llegará por fin tarde al trabajo.

En vez de minerales habrá flores y sábanas muy limpias en su vida. Le mancharán de caramelo el coche dos niñas parecidas a su padre que en traje de primera comunión le pedirán a Dios un hermanito.

miércoles, 15 de julio de 2020

El concepto fatuo de heteropatriarcado

Para quienes quieran, me han publicado este artículo en Posmodernia:
https://posmodernia.com/el-concepto-fatuo-de-heteropatriarcado/

Siempre me ha sorprendido la facilidad con que reducimos a una idea simple y manejable que nos da la razón hechos complejísimos como religión, sociedad, amor... El de heteropatriarcado es en mi opinión uno de esos conceptos simples y simplificadores.

lunes, 22 de junio de 2020

Los extraños caminos de los libros

Un día, en una cena informal, salieron entre copa y copa temas delicados acerca de sexo y religión y, como yo creía estar entre gentes de bien que permiten la libertad de pensamiento, expuse el mío con la misma franqueza con que ellos exponían el suyo: nada del otro mundo. Y ese fue mi pecado: mi pensamiento les frunció las cejas y a uno de ellos en concreto lo alteró tanto que me mandó literalmente a la mierda.

Lo lamenté mucho Lo que son las cosas: seguramente no se habría comprado ese libro mío de haber tenido yo antes esa discusión con él.porque era una persona que yo apreciaba y que disfrutó mucho con mi novela de Las vírgenes prudentes y se la leyó con tal detalle que me corrigió un anacronismo en el que nadie había reparado.

Pero, un día, quizá para desprenderse de todo lo mío, le dio mi novela a un amigo suyo, que lo es también mío, y este amigo mío la disfrutó como un enano.

Le agradezco que no tirara el libro. Le dio una segunda oportunidad. Supo distinguir entre la obra y el autor.



lunes, 15 de junio de 2020

Un enemigo que podría haber sido mi amigo

Hace unos años, un anónimo se dedicó a insultarme grosera y reiteradamente en las redes, hasta que consiguió lo que quería, y hoy me han llegado tres noticias respecto a ese asunto.

La primera es la identidad de esa persona: alguien que traté en el mundillo literario, que me regaló y dedicó un libro suyo y que murió poco después del modo más inesperado. Recuerdo que me impactó la noticia de su muerte, porque era de mi misma edad, y que recé por él.

La segunda es que en una conversación entre escritores se dedicó por lo visto a ponerme de vuelta y media hasta que a un amigo mío, también escritor, se le hincharon las narices y lo agarró por la solapa y le calló la boca.

La tercera es que, buscando alguna esquela suya por las redes, me he enterado de que le encantaba Franco Battiato. ¡Con lo que a mí me gusta Battiato! ¡Lo que nos hubiéramos entendido de haberlo sabido los dos!

Ahora que me he enterado de esas tres cosas, no dejo de pensar qué frágil es nuestra vida, cuánta importancia le di yo a sus insultos y con qué ferocidad él se dedicó a ellos y con qué contundencia e indiferencia el tiempo echa tierra por encima y a él le ha quitado la vida y a mí el rencor. Es la maldita ideología la que nos hace creer que lo importante de cada uno es la mano con que vota cada cuatro años y no, por ejemplo, el cantante que llevo yo en el corazón y en los oídos casi todos los días de mi vida.

Allí donde estés, amigo, hazme un hueco en la tertulia, a ser posible, al lado de Homero, Novalis y san Juan de la Cruz.

lunes, 8 de junio de 2020

"Al chico de enfrente", una hermosa canción griega

No sé qué tiene esta canción que me fascina.

La cantante no se corta un pelo a la hora de manifestar su deseo de yacer con un chico al que no conoce sino de vista. Eso sí, lo hace con una elegancia con la que puede permitirse cualquier cosa.  La poesía es la única manera elegante de desnudarse.

El vídeo es de un fragmento de una película de cuando yo nací.


La música es de Πλέσσας Μίμης (Plesas Mimis) y la letra de Παπαδόπουλος Λευτέρης (Papadópoulos Lefteris). Aquí  la letra griega y abajo la traducción:

Του αγοριού απέναντι πείτε του πως πεθαίνω
για τα βαριά ματόκλαδα, ματόκλαδα
και τα βαριά τα χέρια
Πείτε του πως ξαγρύπνησα
και με τον πόνο δείπνησα
γυρεύοντας τα μάτια του, τα μάτια του
και τα ζεστά, και τα ζεστά του χέρια

Του αγοριού απέναντι πείτε του πως το θέλω
να μου `ρθει τα μεσάνυχτα, μεσάνυχτα
και δίπλα μου να πέσει
Και ως τα ξημερώματα να καίνε τα πατώματα
Μια θάλασσα τα χάδια του, τα χάδια του
κι εγώ φωτιά, κι εγώ φωτιά στη μέση

Al chico de enfrente decidle que me muero
por sus tremendas pestañas
y sus recias manos.
Decidle que estoy en vela
y he cenado con pena
buscando sus ojos
y sus manos cálidas.

Al chico de enfrente decidle que quiero
que venga a medianoche
y se acueste a mi lado
y que hasta el amanecer arda el suelo,
un mar sus caricias y yo como un fuego en medio.