lunes, 11 de octubre de 2021

La vida solitaria, de Petrarca

Estaba yo en octavo de EGB cuando el profesor de lengua española, don Marcelino, de quien aprendí el amor a la poesía, nos habló de Petrarca. Y a mí aquel nombre se me quedó grabado para siempre. 

Pero ¿quién me iba a decir a mí que cuarenta años después la editorial Cypress me iba a encargar la traducción de una obra de Petrarca desde el latín?

A veces siento que Petrarca, a través de agentes suyos aquí en el siglo XXI, como José Luis Trullo, ha contactado conmigo para que lo traduzca. Y he acabado siendo amigo suyo y me identifico con todas sus luchas interiores, que son exactamente las mías. En este libro, vibra un Petrarca dividido entre su amor a la soledad y su deber de amor al prójimo; entre su profunda fe en Cristo y su veneración descomunal hacia la Roma pagana que no Lo conocía; entre su amor a la verdad y su respeto a la opinión individual y al derecho a equivocarse; etc.

Para los amantes del humanismo, de la dignidad humana, de la Cristiandad, de Roma, de la independencia individual, de la tradición, de 
la belleza, he aquí a Petrarca traducido al español bastantes siglos después por un servidor.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Dos microrrelatos sobre la justicia

1. Un rey quería regalar un códice muy valioso, pero no sabía a qué súbdito. "Al más pobre", dijo el ministro de Igualdad. "Al más culto", dijo el de Cultura. "Al más trabajador", dijo el de Trabajo. "Al que te dé la gana", dijo su padre el rey emérito. "Al más guapo", le dijo la hija. "Al más feo, para que tenga alguna alegría", dijo la otra hija. Al final, para no cometer una injusticia, lo echó a suertes y le tocó a uno que estaba en la cárcel por haber atentado contra la vida del rey.


2. Según el positivismo jurídico, lo justo es solo la ley, y no los valores de cada cual. Por ejemplo: “Vengo a devolver el libro con tres días de retraso”, dice usted. El bibliotecario se ajusta las gafas y replica: “Según la ley", y lee con la voz engolada, "cada día de retraso es un año a pan y agua limpiando la celda con la lengua”. Y llama a la policía si usted se niega. ¿No lo dice la ley? Pues, hala, eso es lo justo.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Cura de humildad

 

Cuando me presenté por vez primera a las oposiciones, un miembro del tribunal se durmió durante parte de mi exposición, lo que me escoció especialmente.  Aprobé el curso siguiente las oposiciones y solo un año después me llamaron para formar parte de un tribunal de oposiciones. Y he aquí que durante la exposición oral de un opositor me dormí y un compañero me tuvo que dar un par de legitimísimos codazos y, pellizcándome a mí mismo y bebiendo agua, logré mantenerme despierto. 

Todo el resentimiento que guardaba hacia aquel miembro del tribunal que se me durmió cayó sobre mi cabeza como una mancha indeleble de betún que aún no he logrado limpiarme. Igual que los generales romanos en el desfile de la victoria tenían al lado a un esclavo recordándole que era mortal mientras la multitud lo bañaba de vítores, voy a decirle a mi ángel que, cada vez que considere intolerable un defecto ajeno, me recuerde que me dormí durante aquella exposición de un opositor que se estaba jugando su futuro.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Digno del barro, en una fuente

Diego, compañero mío en este mester de cuadernos de bitácora, habla de mi libro de poesía Digno del barro con la sabiduría y el vocabulario transparente de quien no es crítico de poesía, sino lector de poesía y buscador de lo poético. Soy seguidor de sus fotografías, llenas de encanto y εὐτραπελία (esa mezcla de buen humor y donaire que los medievales consideraban una virtud) y ha proyectado sobre mí la misma mirada amable que proyecta sobre tantas cosas.

Gracias, compañero de muchas cosas.

Aquí sus palabras.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Un mensaje mío desde el más allá

 

Estoy buscando un código de comunicación con los que se queden aquí cuando yo me muera. Pero no sé cuál. Tiene que ser algo que pasa o se ve y que no es muy frecuente pero sí lo bastante como para que se lo puedan encontrar los míos. Pero también tiene que ser algo lo bastante raro e infrecuente como para que los míos lo puedan tomar como una señal mía desde el más allá. Por ejemplo, no puede ser una aurora boreal, porque para verlas hay que irse al norte. Tampoco puede ser una estrella fugaz, porque para verlas hay que irse al campo y allí verán tantas que no sabrán cuál es la mía. Tampoco puede ser un delfín saltando en el horizonte, porque para verlo hay que irse al mar. Y tampoco cosas tan normales como la lluvia, porque no es plan de que los que me quieren se pasen el día pensando que les habla su padre del más allá cada vez que llueve en el más acá. ¿Qué señal rara y a la vez posible puedo concertar aquí con los míos para que la tomen por mía cuando yo se la envíe desde el más allá? ¿Un petirrojo? ¿Una frase en la Biblia abierta al azar? Yo quiero que sea un símbolo que les dé esperanza y les haga saber que no he desaparecido, que hay otra vida y que es mejor que esta. Todo eso les quiero decir, pero ¿cómo? Lo mejor es que sea a través de un sueño, porque, aun siendo frecuentísimos los sueños, casi todos son absurdos y por tanto un sueño que yo mande lo percibirán los míos como distinto. Ahora solo falta que exista un más allá, que allí me dejen mandar mensajes al más acá, que ese medio sean los sueños y que los míos sean capaces de darse cuenta de que me estoy comunicando con ellos.