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martes, 2 de septiembre de 2025
Vita flumen
El río nace en las alturas con saltos de niño, y luego se convierte en un mozo que avanza a zancadas y rápidos por los barrancos mientras grita a las nubes y espanta a los ciervos, y luego se hace grande y adulto y en torno suyo surgen árboles y pueblos y huertos, hasta que su paso se hace lento y empieza a oscilar de un lado a otro y a hacer meandros porque no puede andar recto, y ya solo puede hacer para avanzar dejarse llevar por el peso de sus aguas, hasta que al final desemboca en la grandeza.
sábado, 28 de mayo de 2022
A una jacaranda de Sevilla, por ser tan realmente inverosímil
FLORACIÓN
Y de repente tú, floración instantánea,
fractal arrollador, ensueño del geómetra,
réplica vegetal de una nueva galaxia,
oceánica esencia con crías de delfines,
frescor en las pupilas, mil ojos de dragón,
glorieta surrealista circular y flotante
en medio del cemento donde nadie te espera,
insuperable reto del pincel más sutil,
fantasía de un numen lanzador de bengalas,
que conviertes en rey al gañán que te mira,
instante detenido de la Gran Explosión
con concierto de mirlos que interpretan a Verdi,
oh tú, jacaranda.
viernes, 30 de junio de 2017
Feliz verano
Me hace mucha ilusión este verano porque voy a:
a) Componer la letra y la música de una canción que he soñado que tengo que componer a mi ángel para colgarla en youtube. Fue un sueño numinoso que me reveló incluso algunos versos. He vuelto a tocar el teclado y la guitarra a ver si se me ocurre alguna música digna. Pero he comprobado que, dedicado a la escritura, he olvidado lo poco que sabía de música. Si alguien me regala una buena música para octosílabos, yo pregonaría su autoría y se lo agradecería.
b) Disfrutar más conscientemente de los dos crepúsculos del día: el primero, cuando reboso de ilusión, ideas y energía, y el segundo, cuando me siento en la terraza a contemplar el paisaje y a beber una cerveza fría.
c) Subir una mañana muy temprano a la cumbre del Jabalcuza. Llevaré unos prismáticos y una libreta y alguna fruta. Me sentaré en la cima a hablar con Dios y a darle gracias por haberme regalado el universo y hacerme similar a él, que es anterior a todo. Es un regalo más grande que yo mismo.
d) Escribir poemas frescos y frondosos, donde sean protagonistas los árboles, el agua y, si cuadra, yo en buena compañía.
e) Acabar mi novela.
f) Disfrutar de todas las piscinas donde me inviten y bañarme en todas las playas y brindar en todas las barbacoas y acabarlas todas con un nescafé frappé.
g) Y, en fin, celebrar la vida cada vez que me acuerde de la muerte. Me acuerdo tanto de esta que me paso el día celebrando aquella.
Os deseo a todos un feliz verano. Rezaré por vosotros. Y espero encontraros en algún sueño de noche de verano.
Os dejo con una foto que me hizo mi hermano David en una cascada de Cucayo.
a) Componer la letra y la música de una canción que he soñado que tengo que componer a mi ángel para colgarla en youtube. Fue un sueño numinoso que me reveló incluso algunos versos. He vuelto a tocar el teclado y la guitarra a ver si se me ocurre alguna música digna. Pero he comprobado que, dedicado a la escritura, he olvidado lo poco que sabía de música. Si alguien me regala una buena música para octosílabos, yo pregonaría su autoría y se lo agradecería.
b) Disfrutar más conscientemente de los dos crepúsculos del día: el primero, cuando reboso de ilusión, ideas y energía, y el segundo, cuando me siento en la terraza a contemplar el paisaje y a beber una cerveza fría.
c) Subir una mañana muy temprano a la cumbre del Jabalcuza. Llevaré unos prismáticos y una libreta y alguna fruta. Me sentaré en la cima a hablar con Dios y a darle gracias por haberme regalado el universo y hacerme similar a él, que es anterior a todo. Es un regalo más grande que yo mismo.
d) Escribir poemas frescos y frondosos, donde sean protagonistas los árboles, el agua y, si cuadra, yo en buena compañía.
e) Acabar mi novela.
f) Disfrutar de todas las piscinas donde me inviten y bañarme en todas las playas y brindar en todas las barbacoas y acabarlas todas con un nescafé frappé.
g) Y, en fin, celebrar la vida cada vez que me acuerde de la muerte. Me acuerdo tanto de esta que me paso el día celebrando aquella.
Os deseo a todos un feliz verano. Rezaré por vosotros. Y espero encontraros en algún sueño de noche de verano.
Os dejo con una foto que me hizo mi hermano David en una cascada de Cucayo.
lunes, 3 de abril de 2017
Llegó, llegó la golondrina
Aún recuerdo con horror al padre de un amigo mío en mi pueblo destrozando a pedradas un nido de vencejos que había anidado en el alero de su casa. ¡Lo que yo lloré! Todavía me apenan sus polluelos caídos al suelo y la delicada arquitectura del nido destrozada, mientras él celebraba a risotadas su puntería.
Yo había heredado de mi familia el cariño por las golondrinas . En la casa solariega de mi madre anidaban y sé que mi abuelo alguna vez les reparó el nido para que pudieran anidar el año próximo. Era tradición decir que en tierra de moros las mataban, pero que Dios las amaba porque le habían quitado a Cristo las espinas. Por ser monógamas, insecticidas naturales, bonitas y elegantes y traer en sus alas negras la primavera, bendecir la casa en que anidan, por todo eso, las protegemos y agradecemos.
Ellas y la poesía se llevan muy bien. No sería mala idea hacer una antología de poemas dedicadas a los pájaros.
Ya los antiguos griegos las celebraban:
ἦλθ᾽ ἦλθε χελιδών καλὰς ὥρας ἄγουσα, καλοὺς ἐνιαυτούς, ἐπὶ γαστέρα λευκά, ἐπὶ νῶτα μέλαινα ...
"Llegó, llegó la golondrina, trayendo las buenas estaciones, los buenos años, de blanco vientre, de negra espalda…"
Recuerdo que, hace ya varios lustros, me enamoré de una pelirroja que musicó este poema griego en la facultad de Filología Clásica de Málaga. Lo cantó respetando las cantidades de las vocales y el ritmo del verso. A las golondrinas y a mí nos encantó.
Con ellas nos bendice la primavera.
Bendigámoslas nosotros a ellas.
Yo había heredado de mi familia el cariño por las golondrinas . En la casa solariega de mi madre anidaban y sé que mi abuelo alguna vez les reparó el nido para que pudieran anidar el año próximo. Era tradición decir que en tierra de moros las mataban, pero que Dios las amaba porque le habían quitado a Cristo las espinas. Por ser monógamas, insecticidas naturales, bonitas y elegantes y traer en sus alas negras la primavera, bendecir la casa en que anidan, por todo eso, las protegemos y agradecemos.
Ellas y la poesía se llevan muy bien. No sería mala idea hacer una antología de poemas dedicadas a los pájaros.
Ya los antiguos griegos las celebraban:
ἦλθ᾽ ἦλθε χελιδών καλὰς ὥρας ἄγουσα, καλοὺς ἐνιαυτούς, ἐπὶ γαστέρα λευκά, ἐπὶ νῶτα μέλαινα ...
"Llegó, llegó la golondrina, trayendo las buenas estaciones, los buenos años, de blanco vientre, de negra espalda…"
Recuerdo que, hace ya varios lustros, me enamoré de una pelirroja que musicó este poema griego en la facultad de Filología Clásica de Málaga. Lo cantó respetando las cantidades de las vocales y el ritmo del verso. A las golondrinas y a mí nos encantó.
Con ellas nos bendice la primavera.
Bendigámoslas nosotros a ellas.
domingo, 18 de septiembre de 2011
La cascada
Subí al río Chíllar con más de treinta personas. Hay que hacerlo con calzado y con los pies en el agua. El río es amable al principio, pero se vuelve agreste a medida que uno asciende, y cada vez son más los caminantes que deciden quedarse a mitad de camino dándose un chapuzón en los remansos y en las pozas, frías y transparentes. Ocurre como en la vida: que algunos picotean ciertos placeres y otros se quedan enganchados a ellos para siempre, con las alas mojadas. Pero yo dejé atrás a los demás y me fui con mi hermano David a zancada limpia río arriba. Mil veces me doblé los tobillos intentando seguirlo. Mil veces resbalé. Mil veces el sol me daba en la cara. Pero el río nos iba recompensando por nuestra audacia mostrándonos rincones y rocas cada vez más hermosos. Violenti rapiunt. Las paredes de la garganta eran altas, frescas y musgosas. Por algunos sitios nunca había dado el sol. A ratos un tronco procuraba detenernos en el camino, pero no lo conseguía, hasta que al cabo de una buena caminata conseguimos llegar a la gran Cascada, donde todo es fragor de aguas saltadoras, donde todo es espuma, frescor y Dios celebrando una fiesta, y allí nos metimos los dos y la cascada nos hundió en el suelo y nosotros alzamos nuestro grito y nuestras manos. Y salimos de allí echando vapor y calor y ganas de comernos el mundo y dando gracias al cielo por poner la recompensa de tan largo camino allí al final, tan alto, tan alto.
Y en esta entrada Juan Antonio González Romano me ha alegrado el día asignándome un parecido con un actor que reverencio y a cuya apostura no puedo aspirar a no ser por la amistad que me une a Romano.
Y en esta entrada Juan Antonio González Romano me ha alegrado el día asignándome un parecido con un actor que reverencio y a cuya apostura no puedo aspirar a no ser por la amistad que me une a Romano.
miércoles, 4 de mayo de 2011
En torno al fuego
Yo rodé con unos amigos por una ladera verde e interminable, una primavera. La falda de la montaña era blanda como una cama. La naturaleza nos ofrecía la parte más fresca y amable de su seno.
Ese mismo día alborotamos el río y nos comimos entre todos una sandía gigante. Desparramados como faunos en la linfa, nos bastaba alzar un poco la mano para comer las uvas que pendían de parras medio silvestres.
Por la noche, después de la cena, cantamos alrededor del fuego y entonces nos sobrevino una especie de locura.
Ahora entiendo por qué las tribus danzaban en torno al fuego. Nos recuerdo a todos eufóricos, a voz en grito, coreando canciones y agarrados de la mano, saltando por las llamas y gritando a las estrellas.
No recuerdo ni una sola de las canciones, pero sí que fue una locura larga y amable, una fraternidad, una comunión con las estrellas allí arriba.
Debe haber en nosotros algo atávico, algo de la época en que los ángeles creaban las estrellas lanzando bolas de fuego, algo preanimal que nos hacía en aquel momento inmortales y dichosos.
Esta noche quedáis todos convocados al fuego en la orilla del río. Allí reiremos, cantaremos y bailaremos.
Lo pasaremos bien.
Ese mismo día alborotamos el río y nos comimos entre todos una sandía gigante. Desparramados como faunos en la linfa, nos bastaba alzar un poco la mano para comer las uvas que pendían de parras medio silvestres.
Por la noche, después de la cena, cantamos alrededor del fuego y entonces nos sobrevino una especie de locura.
Ahora entiendo por qué las tribus danzaban en torno al fuego. Nos recuerdo a todos eufóricos, a voz en grito, coreando canciones y agarrados de la mano, saltando por las llamas y gritando a las estrellas.
No recuerdo ni una sola de las canciones, pero sí que fue una locura larga y amable, una fraternidad, una comunión con las estrellas allí arriba.
Debe haber en nosotros algo atávico, algo de la época en que los ángeles creaban las estrellas lanzando bolas de fuego, algo preanimal que nos hacía en aquel momento inmortales y dichosos.
Esta noche quedáis todos convocados al fuego en la orilla del río. Allí reiremos, cantaremos y bailaremos.
Lo pasaremos bien.
sábado, 16 de abril de 2011
Te deseo la primavera
¡No os preocupéis! Hay motivos para la esperanza: la ciudad está cuajada de azahar y, con esta explosión primaveral, las mujeres se parecen un poco más a las flores y los hombres a los árboles. Y yo ya puedo correr más de veinte minutos sin que se me salga el corazón por la boca.
Que sea primavera también en tu corazón. Por eso, esta noche, cuando te vayas a la cama, túmbate con los brazos en cruz, cierra los ojos, llénate la cabeza de nubes, el pecho de pétalos y la boca de poesía, rueda por la rubia arena o la verde grama, mete estrellas en el cesto, salpícanos con un poco de agua y duérmete con mis bendiciones. Yo te envío toda la salud, toda la alegría, toda la fuerza que Dios me permita darte desde donde estoy, para que despiertes con más alegría que hoy.
Así sea.
miércoles, 12 de enero de 2011
Una ramita de mirto
En mi instituto, una persona me ha regalado una ramita de mirto porque la diosa Afrodita así se lo ha comunicado en sueños. Es una rama con hojas menudas de un verde intenso, generosamente cargada de unos frutos violáceos muy parecidos a los arándanos.
La he paseado por todo el instituto y, de vuelta a casa, por toda la calle. Y todo el mundo me ha preguntado por ella, porque tiene cierto poder de atracción. Una alumna incluso me ha dicho que elegirá esa planta como ramo de novia. Y sólo dos personas han sabido decirme que lo que llevaba en la mano era mirto o arrayán.
El primer nombre viene del latín y el segundo del árabe. Una planta tan humilde tiene dos nombres tan bonitos y de tanta tradición literaria porque se lo merece: es la planta del amor. De hecho, desde que la tengo, Eros me ha puesto en la espalda dos alas más grandes que yo.
La tengo aquí en un jarrón. Y os envío sus efluvios.
Contra política y crisis, nada mejor que Eros y mirto.
La he paseado por todo el instituto y, de vuelta a casa, por toda la calle. Y todo el mundo me ha preguntado por ella, porque tiene cierto poder de atracción. Una alumna incluso me ha dicho que elegirá esa planta como ramo de novia. Y sólo dos personas han sabido decirme que lo que llevaba en la mano era mirto o arrayán.
El primer nombre viene del latín y el segundo del árabe. Una planta tan humilde tiene dos nombres tan bonitos y de tanta tradición literaria porque se lo merece: es la planta del amor. De hecho, desde que la tengo, Eros me ha puesto en la espalda dos alas más grandes que yo.
La tengo aquí en un jarrón. Y os envío sus efluvios.
Contra política y crisis, nada mejor que Eros y mirto.
lunes, 20 de abril de 2009
Los lirios

En la Casa del Campo se yerguen los lirios. Lo que sorprende de ellos es que reúnen, en sumo grado y a la vez, cualidades normalmente incompatibles: toda la intensidad del violeta y un aroma tenue, pero delicado e inconfundible; un despliegue femenino de pétalos, pero un talle viril; una delicadeza de formas en un suelo duro y agreste.
Como dice mi hermano David, sólo cuando uno los contempla comprende aquellas palabras del Gran Poeta:
"Mirad los lirios del campo. No trabajan ni hilan. Pero ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos".
Los lirios silvestres fueron testigos de mi nacimiento al amor.
Por eso, ojalá cuando muera me entierren sin ataúd bajo un mantillo de tierra y nazcan de mí esos lirios.
domingo, 29 de marzo de 2009
Los árboles (y mi foto con pelo)
Mi ventana da a unos árboles que casi puedo tocar con la mano. En otoño e invierno son un esqueleto desnudo, pero les están creciendo las hojas y en Pascua de Resurrección serán tan grandes como mi espalda.Cuando entro por mi calle, me saludan con su fronda refrescante y, si no pasan coches por la calle, los oigo hablar con el viento.
Sin duda, lo mejor de las ciudades son sus árboles, ángeles vegetales. Quizá dentro de dos siglos, cuando las ciudades sean más arbóreas, se preguntarán los nietos de nuestros nietos:
-¿Cómo pudieron los abuelos de nuestros abuelos vivir entre cemento?
Y como hubo un clamor pidiéndome una foto mía con pelo, ahí la pongo. No he encontrado en casa nada mejor. Es la primera vez que cuelgo una foto mía en la red: ¡lo hago por vosotros!
-¿Cómo pudieron los abuelos de nuestros abuelos vivir entre cemento?
Y como hubo un clamor pidiéndome una foto mía con pelo, ahí la pongo. No he encontrado en casa nada mejor. Es la primera vez que cuelgo una foto mía en la red: ¡lo hago por vosotros!
miércoles, 4 de marzo de 2009
Antoterapia (curación con flores)
Están los almendros en flor; las higueras, aún desnudas, pero con los brotes verdes y prietos en las puntas; y el campo todo, alfombrado de jaramagos, espliego, tomillo, campanillas y margaritas de todos los colores. Sólo falta el contrapunto rojo de las amapolas.
Por esos campos me llevé el sábado a seis niños de excursión, dos de ellos mellizos: no tienen ni tres años y son más ágiles que yo entre riscos y peñas. Los niños se inventaron entre todos una aventura: unos autómatas muy malos nos perseguían para robarnos el elixir de la naturaleza. Ha sido la aventura con más vueltas de tuerca que he vivido jamás. Y, como tiene que ser, tuvo un final feliz: destruimos a los autómatas.
Al regreso, volvimos cargados de flores para las mujeres de la casa.
¿Así que la felicidad estaba al alcance de la mano, en el campo, en las flores, en los niños? ¡Y yo tanto tiempo sin saberlo!
Que no se me olvide nunca.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Yo soy el río

Yo soy el río, adiós, yo soy el río
monte abajo y reboso de la tierra.
He aquí los olmos y éstas son las ranas.
Ya mismo pasaremos bajo el puente.
monte abajo y reboso de la tierra.
He aquí los olmos y éstas son las ranas.
Ya mismo pasaremos bajo el puente.
Yo soy el río, adiós, yo soy el río.
Contempla mis sombrías cañaveras.
Una cierva murió donde ahora estamos
y aquí apagó su sed no sé qué incendio.
¿Te gustan mis cascadas y mis aves?
¿Alguna vez te hirieron mis guijarros?
Yo soy el río, adiós, yo soy el río.
sábado, 27 de diciembre de 2008
¡Ay las playas!
No sé por qué me gustan tanto las playas. Cuanto más frío hace, más las echo de menos. Cuanto más rubias, salvajes y solitarias, mejor. En la playa no se puede hacer nada más que disfrutar de ella y hacer el bestia y pelearte con las olas o dejarte arrastrar por ellas o hacer un collar de conchas y embadurnarte de arena calentita cuando tienes frío. En la playa disfrutamos más los hombres que sabemos jugar como niños sin dejar de ser hombres.
Si alguna vez estás triste o aburrido, dile a quien más te guste que te lleve a la playa, a una playa sin chiringuitos ni accesos fáciles: que os cueste un poco gozar de su belleza. Allí el sol os dirá qué es lo que tenéis que hacer.
Si alguna vez estás triste o aburrido, dile a quien más te guste que te lleve a la playa, a una playa sin chiringuitos ni accesos fáciles: que os cueste un poco gozar de su belleza. Allí el sol os dirá qué es lo que tenéis que hacer.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Visita a las secuoyas
Se encuentra usted en la absoluta sombra.
El sol no llega al suelo desde siglos.
No lo quiere la hierba sombreada,
que es como el musgo de la cara oculta.
Ya estaban las secuoyas cuando Dafne
no era laurel aún ni Cristo un hombre.
Y hay aves que no alcanzan tal altura,
los hombres entre ellas todavía.
¿Para qué ir a ver los rascacielos
temblones que además se resquebrajan
si hay secuoyas que llegan hasta el sol?
Abrácese a sus troncos cuando llueva,
mas no se enoje si ellas no hacen caso.
Está prohibido hacer fotografías.
El sol no llega al suelo desde siglos.
No lo quiere la hierba sombreada,
que es como el musgo de la cara oculta.
Ya estaban las secuoyas cuando Dafne
no era laurel aún ni Cristo un hombre.
Y hay aves que no alcanzan tal altura,
los hombres entre ellas todavía.
¿Para qué ir a ver los rascacielos
temblones que además se resquebrajan
si hay secuoyas que llegan hasta el sol?
Abrácese a sus troncos cuando llueva,
mas no se enoje si ellas no hacen caso.
Está prohibido hacer fotografías.
lunes, 8 de diciembre de 2008
Bucólicas
He estado cogiendo naranjas, limones y mandarinas en un huerto. Estaban los árboles tan cargados como árboles de navidad. El limonero me ha pinchado, pero es justo que le pague el tributo de un poco de sangre a cambio de tantos limones tan gordos, tan prietos, tan aromáticos. Y las mandarinas han hecho hoy las delicias en una mesa con más de dieciocho comensales. En cuanto a las naranjas, ay, las naranjas... Las naranjas están hechas para la boca del hombre. Se pelan bien, perfuman las manos y sus gajos no son ni muy grandes ni muy pequeños. Cuando uno se come una naranja madurada en el árbol, cierra los ojos sin querer. Es una sensación fuerte y dulce. Lo mejor de la Tierra negra y parda está en ese sol líquido y refrescante.
Siempre que me meto entre naranjos y limoneros, me ocurre lo mismo: me dan unas ganas locas de abandonar el mundanal ruido, de retirarme al campo a vivir de lo que labro y de escribir poemas sólo cuando los frutos maduren.
Siempre que me meto entre naranjos y limoneros, me ocurre lo mismo: me dan unas ganas locas de abandonar el mundanal ruido, de retirarme al campo a vivir de lo que labro y de escribir poemas sólo cuando los frutos maduren.
domingo, 26 de octubre de 2008
Las estrellas

A vosotras, aurigas de la noche,
las admirables, el simpar rebaño,
ciegas de luz, ajenas a la hierba,
hoy os tengo cautivas en el agua.
La brisa riza vuestro noble curso
y el toro de la vida y de la muerte
os podría beber sin más de un sorbo.
¿Quién no os quiere engarzar en un anillo?
¿Qué dirá de vosotras un jilguero
que no pueda cazaros con el pico?
¿Y quién no fue feliz en el engaño
de tener al alcance de los dedos
la más indiferente lejanía?
las admirables, el simpar rebaño,
ciegas de luz, ajenas a la hierba,
hoy os tengo cautivas en el agua.
La brisa riza vuestro noble curso
y el toro de la vida y de la muerte
os podría beber sin más de un sorbo.
¿Quién no os quiere engarzar en un anillo?
¿Qué dirá de vosotras un jilguero
que no pueda cazaros con el pico?
¿Y quién no fue feliz en el engaño
de tener al alcance de los dedos
la más indiferente lejanía?
martes, 23 de septiembre de 2008
La planta espacial
Les compré en Burgos a mis hijas el año pasado lo que me vendieron por una planta espacial. Es un gurruño de estopa más seco y muerto que una piedra, pero cuando lo pusimos en agua, se abrió al cielo, se puso verde como un ciprés y contento como un prado tras la lluvia y comenzó a echar raíces. Luego lo pasé a una tierra que sólo ha regado Dios durante todo el año. Este verano volví a poner el gurruño en el agua y dado que parecía más muerto y seco que antes, pensé que le había llegado la muerte definitiva. Pero la planta espacial volvió a abrirse y a reverdecer. Para mí es casi tan asombroso como la resurrección de un muerto. Aun cuando en la Tierra sólo lloviera una vez cada milenio y el único ser vivo fuese esa planta seca que sólo resucita con esa lluvia, la vida no deja por ello de ser un milagro sorprendente: casi todo en el universo está muerto y por eso lo vivo me impresiona tanto.
jueves, 28 de agosto de 2008
Foto de una chumbera
Mi primo Alfonso le ha hecho esta foto a esta chumbera. A pesar de tener tantas espinas, es hasta maternal. Como él dice, un magnífico ejemplo de organización en la naturaleza. Me parece increíble que una planta que el hombre no ha modificado, que crece sola en los secarrales, produzca un fruto tan apetitoso y de un naranja tan apetecible. Me trae recuerdos de la infancia, de la casa de mi madre en el campo, donde ella nació, donde iba mi padre a verla cuando eran novios.
martes, 5 de agosto de 2008
Alcaparras y Geórgicas
He ido con mi madre a coger alcaparras. He pagado mi cuota de pinchazos (porque ellas se defienden con sus espinas) y ahora tengo en mi casa dos pedazos de tarros a rebosar de capullitos de alcaparra. En media hora mi madre recogió el doble que yo y eso que tiene setenta y dos años. Se desenvuelve en el campo con mucha más ligereza que yo, que tengo sólo taypico años.
Aunque soy un urbanita, vengo de labradores y por eso, cuando voy al campo, me pongo muy geórgico con los pájaros, las mariposas, las cigarras y los grillos. A veces un zorro y una perdiz. En el campo uno puede ensuciarse los zapatos, meter la mano en una higuera y zamparse varios higos, beber de un botijo, meter la cabeza en el agua y sacudirse como los perros (eso cuando yo tenía pelo) y, sobre todo, puede uno mear donde le apetezca y juzgar a hacer parábolas en el aire, como cuando uno era niño.
Ayer además las nubes eran grandiosas. Parecían haber explotado en el horizonte y desde allí se desplegaban en rayos gigantescos hacia el otro horizonte. Si un pintor las hubiese pintado, lo habrían tachado de poco natural y fantasioso.
Me ha venido muy bien hacer el bestia en la campiña. En esta semana apenas he podido escribir dos folios de mi novela, por más que me he retorcido los sesos, pero mi hermano, en su campo, ha levantado en siete días un cobertizo más sólido que el Partenón. Mis literarios castillos en el aire se derrumbaron ante la materialidad y contundencia del cobertizo.
En fin, amigos, que estoy muy bucólico. ¿No os entran tentaciones periódicas de venderlo todo y arrastrar a toda la familia al campo y comenzar de cero, sacarle el fruto a la tierra con el sudor de la frente, hacer uno mismo el pan que van a comer sus hijos y, cuando llega la noche, sacar la guitarra a la luz de la luna y cantar unas coplillas?
Aunque soy un urbanita, vengo de labradores y por eso, cuando voy al campo, me pongo muy geórgico con los pájaros, las mariposas, las cigarras y los grillos. A veces un zorro y una perdiz. En el campo uno puede ensuciarse los zapatos, meter la mano en una higuera y zamparse varios higos, beber de un botijo, meter la cabeza en el agua y sacudirse como los perros (eso cuando yo tenía pelo) y, sobre todo, puede uno mear donde le apetezca y juzgar a hacer parábolas en el aire, como cuando uno era niño.
Ayer además las nubes eran grandiosas. Parecían haber explotado en el horizonte y desde allí se desplegaban en rayos gigantescos hacia el otro horizonte. Si un pintor las hubiese pintado, lo habrían tachado de poco natural y fantasioso.
Me ha venido muy bien hacer el bestia en la campiña. En esta semana apenas he podido escribir dos folios de mi novela, por más que me he retorcido los sesos, pero mi hermano, en su campo, ha levantado en siete días un cobertizo más sólido que el Partenón. Mis literarios castillos en el aire se derrumbaron ante la materialidad y contundencia del cobertizo.
En fin, amigos, que estoy muy bucólico. ¿No os entran tentaciones periódicas de venderlo todo y arrastrar a toda la familia al campo y comenzar de cero, sacarle el fruto a la tierra con el sudor de la frente, hacer uno mismo el pan que van a comer sus hijos y, cuando llega la noche, sacar la guitarra a la luz de la luna y cantar unas coplillas?
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