jueves, 10 de marzo de 2011

Obras de misericordia

En las caras de muchos alumnos míos se dibuja un asombro puro y total cuando les transmito el tesoro de sabiduría acumulada durante miles de años. Me miran como si les acabara de mostrar las fuentes del Nilo. Sin querer los contamino de mí, para bien o para mal. Me gusta pensar que, por muy mal que lo haga, se me perdonarán mis pecadillos al final de mis días, porque he dedicado mi vida a una de las obras de misericordia que aprendíamos en el catecismo: enseñar al que no sabe y, lo que es aún más meritorio, enseñar a veces al que el Estado obliga a aprender contra su voluntad.

Las otras obras de misericordia (vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, de beber al sediento, visitar al preso...) las tengo un poco descuidadas. Me conformo con tranquilizar mi conciencia como buenamente puedo. Pero a veces pienso que quizá debería escribir menos y salir a las calles, irme a las Tres Mil Viviendas todas las tardes a enseñar a los gitanillos a escribir poesía o a las casas de los sidosos desesperados o a acompañar en el último momento a los que, si no voy, van a morir a solas. El dolor del mundo es mucho y escribir me parece muy poquita cosa para erradicarlo.

Por eso hoy quiero rendir un homenaje para los que no tienen, como yo, sólo remordimientos y buenas intenciones, sino que hacen mucho mucho por los demás, discretamente y con una sonrisa.

martes, 8 de marzo de 2011

Cómo quitarle los complejos a un calvo

Me he enterado de que algunos varones, con tal de detener su galopante alopecia, se someten a todo tipo de tratamientos, algunos de los cuales tienen el efecto secundario de arrebatarles la libido. Eso es, nunca mejor dicho, perder la cabeza por los pelos.

Si conocéis un varón acomplejado por la calva y es buena persona y limpito y apañado, os propongo una obra de caridad que lo dejará más feliz que un ocho y le quitará los complejos para siempre. A Popeye se lo hicieron.

Consiste en que una mujer guapa y con los labios pintados de un carmín muy intenso lo aborde en medio de la calle y, sonriéndole como una mujer sabe sonreír, le estampe un beso sonoro en el reluciente cráneo, le guiñe un ojo y, tan bella como apareció, desaparezca por la esquina de la calle.

No falla: ese hombre habrá encontrado su lugar en el universo, se reconciliará con su cuerpo, con su edad, con sus genes y hará más feliz a la gente que lo rodea. Y eso sólo por un beso. Os lo digo por experiencia. En la foto que encabeza este cuaderno no se nota, pero reluce en ella un beso rojo y salvador.

Ya hay una obra de misericordia más: besar al calvo.

sábado, 5 de marzo de 2011

De hombre a hombre

Me di cuenta el otro día. Un amigo me comentaba que había discutido con su mujer por culpa del césped del jardín, que si había que cortarlo o no. Pero él no quería discutir con ella sobre el césped, sino amarla sobre él.

Por eso, macho, si ves que la rutina te devora, si eres un aguafiestas y ella una tiquismiquis o al revés, no tires la toalla. Hazme caso y, si hace buen tiempo, llévatela a la playa antes de que la invadan los turistas. Como un porteador, acarrea sobre tus espaldas unas fresas, un termo con café, su golosina favorita, unos buenos bocatas, un libro de poesía. No vayáis a cualquier playa. La vuestra es esa donde no hay nadie. Hay que andar unos quilómetros para estar completamente solos.

Quedaos como os parió vuestra madre. Allí seréis Adán y Eva. Te dolerá la costilla que te falta. Allí la rubia arena es todo lecho para vuestro amor y no hay otra cosa que hacer que amaros bajo el sol, para que sólo Dios lo vea. Allí su cuerpo será una fiesta y el tuyo será lo que ella quiera que sea. Hazle caso. Haz piruetas. Regálale un collar de caracolas. Que sepa ella la verdad: que, a pesar de que se te hagan chiribitas los ojos con el fútbol, con los amigotes o con el ordenata, no hay en todo el universo nada comparable con ella, que reina en tu corazón y te levanta el ánimo, la moral y todo lo que por amor se levanta.

Regresarás de allí más alto, más fuerte, más guapo, con la picha más grande. Y estaréis como mínimo un mes sin discutir acerca del césped. Y cuando otra vez os invada la rutina, ¡a la playa otra vez! Pero no se lo digáis a nadie. Ese es vuestro secreto.

viernes, 4 de marzo de 2011

Mis alumnos me entrevistan

Amigos, mis alumnos me han hecho una entrevista para la revista del Instituto, que lleva adelante el profesor de religión. Los entrevistadores fueron alumnos míos en cuarto de ESO, en clase de ética. Y eran los alumnos más educados, simpáticos y listos que he tenido en mi vida. Entraba yo en clase y me aplaudían y me decían que ellos eran cottianos hasta la muerte. Su clase no era para mí un trabajo, sino un premio.

Uno de los entrevistadores, Jaime, mantiene un blog que tengo enlazado y que recomiendo: Diario de un pollo cualquiera.

Son ellos mucho mejores como entrevistadores que yo como entrevistado y me sacan más partido del que tengo y en la revista han resaltado unos titulares muy bien puestos que yo ni siquiera recordaba haber dicho, pero que ellos han sabido escoger de entre el montón de tonterías que dije:

"Leer embellece y dignifica la vida"

"Encontré la belleza de las mates, pero tuve que quedarme calvo antes".

En la entrevista me atropello y no vocalizo y a veces hablo como un profesor más que como un escritor, porque más que decir mis cosas no puedo evitar enseñar. Pero ese también soy yo.

Lo han colgado en youtube. Y yo me dejo colgar por ellos donde sea.

Por alumnos como ellos sigue uno adelante.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Animalito, pobrecito, angelito

No sé en otros lugares, pero en Andalucía, cuando nos da lástima un animal maltratado o desamparado, decimos como exclamación, y no como apelación: "¡Animalito", que es como decir: qué lástima. Si se trata de una persona, se dice: "¡Pobrecito!". Y si es un niño, "¡Angelito!".

Pero últimamente se empieza a decir "pobrecito" también de los animales. Cada vez es más frecuente hablar de ellos con términos reservados a personas. En ciertos documentales del canal Natura, la elefanta está "embarazada" de un "bebé" y lo "da a luz", mientras que la mujer "gesta un feto" y a veces sufre "cáncer de mama", y no de pecho. Sólo les falta decir que el macho humano monta a la hembra humana y la preña y ésta pare luego un cachorro.

No digo yo que los documentales manipulen el lenguaje, sino que son víctimas de este afán de humanizar al animal hablando de él como si fuera humano, y de animalizar al ser humano hablando de él como si fuera una bestia.

Yo sólo veo justificado utilizar términos de animales para el hombre cuando un  hombre en cuestión es una mala bestia por su culpa culpita. Por ejemplo, si tiene las uñas sucias, no tiene manos, sino garras y si pone los pies en la mesa, no tiene pies, sino patas.  Pero la gran diferencia es que el perro siempre tendrá patas, mientras que el hombre las tiene sólo si es sucio y bruto, pero, si se redime con la educación y la elegancia, tendrá pies que lo elevan como un árbol sobre la superficie de la tierra para estar un poco más cerca de las estrellas.