martes, 25 de noviembre de 2008

¿Por qué los toros no violan a las vacas?



Cuando mi cabeza estaba aún poblada de negros rizos, me parecía que la violación era un acto más animal que humano y no entendía por qué los toros, con lo bravos que son, no violaban a las mansas vacas, mientras que los hombres, tan inteligentes, sí violaban a veces a las mujeres.
Estudiando filosofía, me quedé calvo y comprendí que los animales tienen unos instintos programados para actuar siempre del mismo modo ante ciertos estímulos. Si la vaca levanta la cola, al toro se le dispara el dispositivo: para él la vaca es una tentación irresistible. Pero si a la vaca le duele la cabeza, no hay tutía: o el toro se busca una vaca receptiva o no dice ni mu. Como el toro no programa nada, sino que se deja programar, no viola ni aun cuando parezca que está violando, ni ama ni le da por decir a la vaca Romualda que se ponga un picardías. Con dejarse arrastrar le basta. El hombre, en cambio, el único bicho con seso y con sexo, tiene que administrar el potencial de su sexualidad con programas elaborados por él mismo. Por eso, sus desmanes sexuales no los puede justificar con sus instintos, pues él es responsable del programa con que los administra. La fidelidad es uno de esos programas. Es, por así decir, un antivirus.

6 comentarios:

Lopera in the nest dijo...

O un "firewall"!

Jesús Cotta Lobato dijo...

Si un firewall es un cortafuegos (que de informática no tengo ni idea), esa imagen es más apropiada que la del antivirus. Un abrazo

espe-laveletavarada dijo...

¿Para que nos dio Dios la inteligencia? ¿si no es para usarla?,
el ser humano tiene reprimir sus instintos,por que si no, se convierte en depredador,sea sexual o no.
Muchas veces, el hombre debía tomar ejemplo de los animales,¿no te parece?...Besitosss

Jesús Cotta Lobato dijo...

Besos para ti también.

Anónimo dijo...

Hay una diferencia puramente biológica que es casi exclusiva de los humanos: la hembra puede estar en celo en cualquier día del año, pero no hay nada externo que lo señalice. Es más, en principio, la propia hembra humana no suele ser consciente (... aunque algunas sí) de que está ovulando.

En los animales que tienen períodos de celo bien definidos, lo normal es que el macho no tenga ningún interés por aparearse con hembras que en ese momento son estériles: sería un absurdo derroche de recursos. En los animales (como es nuestro caso) en los que no se puede saber 'a priori' si la hembra está o no en celo, lo "biológicamente rentable" para el macho (es decir, lo que aumenta sus posibilidades de dejar descendecia) es aparearse la mayor cantidad de veces posibles con la mayor cantidad de hembras posible.

¿Puede explicarse desde una perspectiva evolucionista esta extraña característica de las hembras humanas? Las explicaciones que he leído desde tal perspectiva, por desgracia, son políticamente muy incorrectas, y hoy podría ser hasta peligroso recordarlas. La evolución de la hembra humana se correspondería con la de una perfecta hipócrita, especializada en conseguir contrapartidas del macho a cambio de acceder a aparearse con él: para maximizar sus beneficios, debe aparentar que está disponible el máximo tiempo posible, y, para aparentarlo perfectamente bien, lo ideal es que ni ella misma sepa cuándo está realmente en celo.

Por cierto, me consta que existen auténticas violaciones entre los gorilas. Las hembras de gorila sólo quieren aparearse con los machos dominantes: con los que son capaces de dominar en un determinado territorio, expulsando de allí a los otros machos adultos y disfrutando así en exclusiva de todas las hembras de la zona. Sin embargo, no hace mucho se ha descubierto que algunos machos son capaces de llegar a la madurez sexual conservando la apariencia de las crías. Así, el macho dominante, pensando que efectivamente son crías, no los expulsa de su territorio..., y ellos, a poco que se descuida el jefe del harén, violan a las hembras (que, en efecto, se resisten a aparearse con ellos).

Jesús Cotta Lobato dijo...

Buena y clara exposición. No sabía eso yo de los gorilas. Mi reflexión, por si acaso, se limitaba a los toros. En cualquier caso, lo de esos gorilas no es propiamente violación, porque su violencia no es voluntaria.
Se me ocurre otra explicación para explicar por qué no hay época de celo en el ser humano: igual que las manos no están especializadas en nada, sino que son más bien un instrumento para todo, el sexo no está especializado en la procreación, sino también y sobre todo en el amor y el placer. Es como si el hombre tuviese un destino distinto del de los demás animales y por tanto interpretar su biología como hacemos con la de los demás bichos no me convence. Un abrazo, querido anónimo (no sé por qué, esta vez intuyo que no es anónima)