lunes, 5 de octubre de 2015

El laicismo y el Islam

Valorando como estamos el papel del catolicismo en la actualidad, mi compañero Daniel Lebrato ha escrito esta interesantísima entrada que podemos resumir en en estas frases suyas:

"Al catolicismo, que atravesó el Renacimiento y la Ilustración con éxito, se le pide que se neutralice de buena gana, para poder entre todos neutralizar al Islam, una religión a la que llevábamos 622 años de ventaja y que a laicos y creyentes, tal como éramos y a nuestra manera, nos está comiendo la moral".

En estos tiempos cobardes y políticamente tan correctos, uno agradece leer a personas como Daniel que, con valentía y sin miedo a una fatua, digan claro que el Islam supone un desafío para Occidente. Con él coincido en el diagnóstico y casi en el pronóstico, pero no en la solución que propone.

El Islam es peligroso para nosotros no por lo que tiene de religión, sino por lo que tiene de ideología. Es religión creer en un solo Dios al que hay que honrar rezando varias veces al día y dando limosna. El sufismo es religión y muy hermosa. Pero es ideología afirmar que toda la Tierra se someterá a un califato sin naciones, que los infieles deben ser convertidos o sometidos como ciudadanos de segunda, que el testimonio de la mujer vale menos que el del hombre. El yihadismo es ideología.

El problema es que en el Islam es difícil separar en la práctica religión de ideología (por ejemplo, la doctrina llamada Taqiya permite al fiel mentir si es para extender el Islam, lo que obedece más bien a un programa político). Por todo ello, convertirse al Islam no es, como sería deseable, creer en un solo Dios providente y amar al enemigo, sino cambiar de cultura, de vestimenta, de hábitos culinarios, asumir un programa político, una utopía islamista para el futuro...

Dicho esto, creo que para Europa el peligro no es la religiosidad del Islam, sino la ideología política que lleva hoy aparejada y que predica la guerra constante contra Occidente y sus valores; y, por ello, el laicismo, que considera que el peligro está en la religión y no en la ideología, no es la mejor manera de afrontar los desafíos del Islam, que son ideológicos. No es peligroso que una persona rece a Dios en la calle como hacen con admirable naturalidad los musulmanes, sino que una persona piense que pegar a su mujer está bien porque lo permite el Corán. Por tanto, no hay que impedir a nadie rezar en la calle, sea quien sea, pero sí que hay que impedir que alguien, sea quien sea, le pegue a su mujer. Esa es mi postura.

Tan inexacto es decir que el Islam no entraña peligro alguno para los valores de Occidente como decir que todo él es incompatible con la modernidad.

El laicismo es un falso camino que solo nos conduce a la pérdida de la libertad y los derechos humanos, que son los valores insignia de Europa. No cuenten conmigo si para que nadie lleve pañuelos en la cabeza hay que prohibir que los europeos lleven cruces al pecho y tañan campanas y pongan belenes y estampas de la Macarena donde les plazca cuando les plazca. No me gusta la lógica laicista: la prohibición en aras de la neutralidad, una supuesta tolerancia que no consiste en admitir las diferencias, sino en eliminarlas para que nadie se ofenda.

Entonces, ¿cuál podría ser la solución ante el desafío del Islam? No lo tengo muy claro, pero lo que sí sé es que la solución exige muchas medidas de diferente tipo. Por ejemplo:

a) En vez de rasgarse farisaicamente las vestiduras cada vez que alguien señala una incompatibilidad del Islam con nuestra cultural, hay que decirla alto y claro y apoyar sin fisuras a las pocas pero valientes voces de musulmanes que, sobre todo en Europa, claman por un Islam moderado y libre de esclavitudes ideológicas.

b) Alentar en los países musulmanes la idea de un representante de todos los fieles con el que sea posible dialogar para llevar a cabo la tarea (paulatina y seductora, nunca militar) de empapar los países musulmanes de los valores de libertad, igualdad y fraternidad.

c) Exigir una condena clara y unánime de todas las autoridades musulmanas contra los actos de terrorismo, sean quienes sean las víctimas. Para ello, los países occidentales deben ser los primeros en condenar y combatir el terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones.

d) Dejar de pactar y negociar con países que, como Arabia Saudí, alientan y costean el radicalismo y el odio a Occidente en todos los rincones del planeta.

e) No renunciar, en aras de una supuesta neutralidad, a nuestras costumbres y tradiciones, porque con ellas estamos más capacitados como anfitriones para integrar en nuestra cultura a los inmigrantes.En vez de laicismo, más libertad y derechos humanos a toda costa y como sea. No podemos evitar que una mujer se ponga velo en la cabeza, pero sí que podemos castigar y erradicar la ablación, los matrimonios obligados, los asesinatos por honor...

Tengo confianza en que el tiempo y la experiencia harán a los musulmanes conscientes de que objetivamente la mejor manera de vivir, y la que produce más prosperidad, es aquella que blinda los derechos humanos de todos en todo momento, lo que acabará desinflando el yihadismo. Y creo que al Islam le ha faltado Jesucristo, que exaltó las figuras del niño y la mujer y los valores de amor, misericordia, fraternidad, conversión interior y dignidad de la persona, la cual no se hizo para el sábado (es decir, la ley, la tradición, la disciplina, la clase social, las instituciones, el Estado, la verdad, etc), sino al revés. Los derechos humanos han venido de esos valores. Defenderlos dogmáticamente a toda costa es la única esperanza y el mejor servicio que les podemos prestar a nuestros hermanos musulmanes aquí y en sus respectivos países. Y tales derechos no se defienden prohibiendo cosas, sino garantizando que todo lo que hagamos sea libre y respetuoso con la libertad de los demás.

8 comentarios:

Dyhego dijo...

Don Epifanio:
Coincido en la idea de que en el Islam se confunde la religión con las ideología (costumbres, usos, creencias, mitos, etc) y que es difícil para ellos, los musulmanes, poner orden. A occidente le ha costado sudor y sangre, y todavía andamos en ello.
El laicismo es importante como punto neutral, pero, claro, ha de ser respetado por todas las partes.
Está el peligro, también, del contagio. Cuando se convive de cerca con alguien radical, uno se va radicalizando aunque no se quiera.
25 neutonios abiertos.

Anónimo dijo...

En la entrada del 30 de Setiembre está mi comentario al texto de Daniel Lebrato, y las razones de mi desacuerdo con él. Aquí me limitaré a copiar la definición que el Diccionario de la Academia da de "laico",sin cambiar una coma: "Independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica". "Independiente" no quiere decir "contrario"; sólo que el Estado laico no se somete a ninguna confesión religiosa, justamente porque hacer lo contrario significaría inevitablemente que quienes no la comparten se vieran en situación de inferioridad, convertidos, ellos sí, en "ciudadanos de segunda". Y los casos, tristes casos, de pederastia y abuso dentro de la Iglesia católica nada tienen que ver con el laicismo, sino justamente con su contrario. Porque el problema no es, o no es sólo, el abuso en sí, sino la posición de poder que ha permitido que esas atrocidades, que debieran ser perseguidas por la ley con el máximo rigor (como merecen), hayan permanecido ocultas e impunes en tantos sitios y durante tantos años. El laicismo, contrario a ese poder en la esfera pública, habría facilitado el descubrimiento y la persecución de esas conductas en su momento. ¿La prueba? Allí donde más se han dado ha sido justamente donde el laicismo es menor: en Irlanda, por ejemplo, no en Francia.

Benjamín Gomollón dijo...

Aplausos. Sin más. Gracias, Jesús.

anonimous dijo...

He tenido la suerte de ser alumno de Don Jesus Cotta, magnifico como siempre, lleno de sabiduria y mejor persona! pionero de la enseñanza del siglo 21, todavia recuerdo sus peliculas en clase de griego. Perdon por comentar fuera de tema pero por casualidad tropeze con su libro Don Jesus y he sentido nostalgia y ganas de poder agradecer todo el conocimiento que usted me transmitio, muchas gracias por todo y le deseo mucha suerte y exito en la vida, se lo merece.

Un saludo, Manuel.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Amigos, mi intención era no comentar en esta entrada, porque ando mal de tiempo y me temo que cada comentario merece una entrada tan larga como esa. Pero el comentario de este antiguo alumno mío me ha llegado al corazón y me salto, pues, la norma, porque quiero que este alumno sepa que la bondad y la nobleza de muchos alumnos míos es lo que más me empuja a enseñarles todo lo que sé del mejor modo que sé. Soy yo, pues, quien le está muy agradecido y quien lo lleva en el recuerdo y en el corazón.

Y a los demás, gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Respecto al tema del laicismo, pongo aquí enlace a una entrevista, interesantísima, con el filósofo canadiense Charles Taylor, que he leído (no la conocía) por la cita que hoy hace de ella, en su blog, Álvaro Valverde: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/06/actualidad/1438877393_088926.html. Y copio un párrafo de la misma: "El laicismo dirigido a contener la religión tiene sentido cuando hay una iglesia hegemónica, pero en Francia, Canadá, Estados Unidos, Alemania, se da una diversidad sin hegemonía posible por parte de una iglesia. Si España no está ahí, el laicismo contra una iglesia hegemónica es todavía pertinente".

Daniel Lebrato dijo...

Como el frío es la ausencia de calor, el laicismo es la ausencia de religión. Quítense ustedes, la Iglesia y las religiones, de nuestra vida, y se acabó el laicismo, qué tontería. Artículo completo:

https://daniellebrato.wordpress.com/2015/10/07/los-creyentes-y-la-bola-de-cristal-2/

Anónimo dijo...

De nuevo en desacuerdo con Daniel Lebrato, que nos propone un enlace, pero al parecer no se toma el trabajo de leer los que propongo yo, o simplemente mis notas. Copiaba, en mi primera nota, la definición que de "laico" da la Academia en su Diccionario. Vuelvo a hacerlo aquí: "Independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica". Y añadía por mi cuenta que "Independiente" no quiere decir "contrario"; sólo que el Estado laico no se somete a ninguna confesión religiosa, justamente porque hacer lo contrario significaría inevitablemente que quienes no la comparten se vieran en situación de inferioridad, convertidos, ellos sí, en "ciudadanos de segunda".

En la entrevista a Charles Taylor, que proponía yo en mi último enlace, podrá ver si quiere que, en su opinión (y en la mía), "El desafío es entender a las dos partes, creyentes y no creyentes, y que convivan". No que "se quiten de nuestra vida"; yo, que no soy creyente, no tengo ningún deseo de que lo que a ella aportan San Juan de la Cruz, Gerard Manley Hopkins, Dante o la Biblia, por poner sólo unos pocos ejemplos (y podría seguir con Bach o cien mil más) "se quiten de mi vida", que con ello se empobrecería (y la de Daniel Lebrato también, aunque no lo crea) de modo irreparable. QUE CONVIVAN, repito, no que lo uno predomine sobre lo otro, y no digamos que lo excluya.

Eso, no otra cosa, es el laicismo (que quiere a la vida pública, en cuanto es de todos, creyentes y no creyentes, no sometida a ningún poder o confesión religiosos, "independiente" de ellos, pero no (al modo, según parece, de DL) EXCLUYENTE de lo religioso, que tiene su propia esfera y su valor, importantísimo, en ella. Ni "el laicismo es un falso camino que solo nos conduce a la pérdida de la libertad y los derechos humanos", ya que lo que se propone es que distintas sensibilidades y convicciones religiosas puedan convivir pacíficamente (ergo no conspira contra la libertad de nadie, sino que la defiende), ni "quítense ustedes, la Iglesia y las religiones, de nuestra vida".