ISA (Iniciativa Sevilla Abierta) nació hace un par de años para pedir una Sevilla abierta a algo que no fuese sólo lo folclórico y tradicional. De sus dos años de vida y de letargo la ha despertado Juan Pablo II: ISA nos escribe pidiendo dinero dinero para poder difundir en la prensa escrita su oposición a que los sevillanos, con su propio dinero, levanten una estatua a Juan Pablo II. Su argumento es que Juan Pablo II puede herir sensibilidades de una sociedad plural y que se opuso a grandes logros sociales (entiéndase condón) y científicos (entiéndase el uso de embriones como medicamento).
Desde aquí les respondo:
a) Los partidarios de la libertad siempre tienen razón. Así que ISA, en vez de fastidiar a los demás, erija, con su dinero y en otro sitio, otra estatua y así todos tan libres y contentos. Por erecciones, que no quede. Proponer es más elegante y abierto que oponerse.
b) Si sólo pudiéramos levantar estatuas que no hirieran sensibilidades, los homenajeados sólo podrían ser el inventor del hilo dental y el sintagma nominal (y aun así, alguien se podría ofender). En vez de prohibir erecciones, lo mejor es no ser tan susceptible ni sentirse herido con tanta facilidad.
c) La tolerancia no consiste en prohibir las erecciones de estatuas, sino en permitirlas.
d) La sociedad es muy plural, pero los individuos no. Y como lo real son los individuos y la sociedad es sólo una entelequia, demos libertad a las erecciones de los individuos. Así que prohibir iniciativas de los individuos en nombre de la sociedad, es como prohibir a los pájaros volar en nombre de la pajaridad.
No recuerdo si yo fui en su día firmante de la declaración de ISA, pero, claro, por entonces yo creía que no nos oponíamos a las erecciones.