A continuación, amigo lector, lectora querida, te doy cierto truco para construir frases interesantes. Te aconsejo que las atribuyas a personajes como Gandhi o Tagore. Si son tuyas o de tu abuela, la gente no las valora tanto.
Técnica A: Lo importante no es X, sino Y.
Por ejemplo, "Lo importante no es avanzar, sino andar".
Técnica B: Todo el mundo quiere X, pero todo el mundo olvida Y.
Por ejemplo, "Todos quieren ser amados, pero todos olvidan amar".
Técnica C: Si X en activa, recuerda cuando fuiste X en pasiva .
Por ejemplo, "Si odias, recuerda cuándo fuiste odiado".
Técnica D: No hay un camino para X (X debe ser cualquier cosa hermosa): X es el camino.
Por ejemplo, "No hay un camino para la belleza: la belleza es el camino".
Técnica E: ¿Por qué conformarte con X, si puedes Y?
Por ejemplo, "¿Por qué te conformas con ser bueno, si puedes ser mejor?"
Técnica F: Contri más me lo X, más Y.
Por ejemplo, "Contri más me lo digas, mecagüenla, más lo vihacé. Sin encambio, contri menos me lo digas, más caso te vihacé."
Ejercicio: Constrúyanse unos cuantos aforismos, cuélguense en un papel del despacho o en un powerpoint y la gente los leerá como si en ellos estuviese la solución de su vida. Nunca se sabe.
martes, 31 de marzo de 2009
lunes, 30 de marzo de 2009
Yo también confieso
Aunque me paso el día contando confidencias en esta bitácora, sigo la estela de José Miguel Ridao y, guardándome las peores, hago también mis diez confesiones, tras las cuales calculo que el mundo ya no podrá seguir su curso:
1. Llamo salchichón al chorizo y chorizo al salchichón. Sólo sé distinguirlos en el paladar.
2. Se me han olvidado las tablas de multiplicar del 6, 7, 8 y 9.
3. Voy a misa los domingos y fiestas de guardar, me confieso con cierta frecuencia y me emociono tanto con la música del órgano, que echo alguna lagrimita.
4. Mis pecadillos son casi siempre contra los mismos mandamientos.
5. Me he leído por lo menos cuatro veces El señor de los anillos.
6. Le prometí a mi padre en su lecho de muerte que dejaría el tabaco, como él quería, pero seguí fumando. Tengo clavada esa espina.
7. Tengo una relación de amor y odio con las mancuernas: me parecen un tormento estúpido, pero envidio tanto unos músculos bien esculpidos, que me acabé comprando unas, que no uso. Suelo hacer tonterías como ésa.
8. Soy de talante pacífico (de hecho, objeté en mi época para no hacer la mili, sino la prestación social sustitutoria), pero me encantan los guerreros y las hazañas épicas. De hecho, flipo con la Ilíada.
9. El marxismo me hace bostezar, pero con Silvio Rodríguez entro en trance.
10. El otro día fui a una feria hippy y estuve a punto de abandonarlo todo y llevarme a los míos para vivir en una comuna, vestirnos sólo de flores y cantar el Let's the sun shine.
Y los que aún no se crean lo del método de la aspiradora contra los piojos, que lea el comentario que hace mi amigo Felipe, el inventor del método, en La Luenga cabellera.
1. Llamo salchichón al chorizo y chorizo al salchichón. Sólo sé distinguirlos en el paladar.
2. Se me han olvidado las tablas de multiplicar del 6, 7, 8 y 9.
3. Voy a misa los domingos y fiestas de guardar, me confieso con cierta frecuencia y me emociono tanto con la música del órgano, que echo alguna lagrimita.
4. Mis pecadillos son casi siempre contra los mismos mandamientos.
5. Me he leído por lo menos cuatro veces El señor de los anillos.
6. Le prometí a mi padre en su lecho de muerte que dejaría el tabaco, como él quería, pero seguí fumando. Tengo clavada esa espina.
7. Tengo una relación de amor y odio con las mancuernas: me parecen un tormento estúpido, pero envidio tanto unos músculos bien esculpidos, que me acabé comprando unas, que no uso. Suelo hacer tonterías como ésa.
8. Soy de talante pacífico (de hecho, objeté en mi época para no hacer la mili, sino la prestación social sustitutoria), pero me encantan los guerreros y las hazañas épicas. De hecho, flipo con la Ilíada.
9. El marxismo me hace bostezar, pero con Silvio Rodríguez entro en trance.
10. El otro día fui a una feria hippy y estuve a punto de abandonarlo todo y llevarme a los míos para vivir en una comuna, vestirnos sólo de flores y cantar el Let's the sun shine.
Y los que aún no se crean lo del método de la aspiradora contra los piojos, que lea el comentario que hace mi amigo Felipe, el inventor del método, en La Luenga cabellera.
domingo, 29 de marzo de 2009
Los árboles (y mi foto con pelo)

Cuando entro por mi calle, me saludan con su fronda refrescante y, si no pasan coches por la calle, los oigo hablar con el viento.
Sin duda, lo mejor de las ciudades son sus árboles, ángeles vegetales. Quizá dentro de dos siglos, cuando las ciudades sean más arbóreas, se preguntarán los nietos de nuestros nietos:
-¿Cómo pudieron los abuelos de nuestros abuelos vivir entre cemento?
Y como hubo un clamor pidiéndome una foto mía con pelo, ahí la pongo. No he encontrado en casa nada mejor. Es la primera vez que cuelgo una foto mía en la red: ¡lo hago por vosotros!
-¿Cómo pudieron los abuelos de nuestros abuelos vivir entre cemento?
Y como hubo un clamor pidiéndome una foto mía con pelo, ahí la pongo. No he encontrado en casa nada mejor. Es la primera vez que cuelgo una foto mía en la red: ¡lo hago por vosotros!
sábado, 28 de marzo de 2009
Refranes contradictorios
La intención es lo que cuenta, pero de buenas intenciones está el infierno lleno.
Las apariencias engañan, pero la cara es el espejo del alma.
Más vale pájaro en mano que ciento volando, pero quien no se embarca no se marea (Audaces fortuna iuvat).
A quien madruga Dios le ayuda, pero no por mucho madrugar amanece más temprano.
Y está bien que así sea, porque así de contradictoria es la vida.
Las apariencias engañan, pero la cara es el espejo del alma.
Más vale pájaro en mano que ciento volando, pero quien no se embarca no se marea (Audaces fortuna iuvat).
A quien madruga Dios le ayuda, pero no por mucho madrugar amanece más temprano.
Y está bien que así sea, porque así de contradictoria es la vida.
viernes, 27 de marzo de 2009
La luenga cabellera
Por increíble que parezca, una hirsuta maraña de pelo negro, afro, crespo, brillante, impenetrable, recubría mi cráneo hoy reluciente. ¡Qué días aquellos en que me zambullía en el mar y el agua no lograba empapar la selva! Tan sólo la perlaba por fuera, como si el pelo fuera de plástico. Yo no podía decir aquello de "Mi pelo al viento", porque ni los vendavales podían revolvérmelo. Si uno me tocaba la cabeza, la mano le salía disparada por los muelles recios de mis rizos. Tan indomeñables eran, que peinarme y dar a aquella pelambre una forma presentable era un tormento matutino que yo sólo solucionaba pelándome a lo bestia.
Bueno, me pelaba mi madre y, cuando lo hacía, siempre decía que yo era el único de sus seis hijos varones que nunca se iba a quedar calvo. Tenía en la coronilla una islita de pelo rubio que nunca llegué a verme pero que todos me señalaban como una rareza.
Ahora esos pelos se han ido, allí, donde habiten los pelos, en los vastos jardines sin aurora. Ubi sunt? ¡Dalila se los llevó para siempre! Aún hoy, cuando me ducho cada mañana, conservo la costumbre de llevarme las manos a la cabeza para facilitarle el paso al agua en la maraña y sólo encuentro este cráneo, prefiguración de la muerte. Sólo me queda el consuelo de que mi cabeza no será nunca el locus amoenus de los piojos.
Y hablando de piojos, ¡atención, padres y madres!, mi amigo Felipe ha encontrado el remedio definitivo contra ellos: pasar la aspiradora por toda la cabeza durante quince días seguidos. Es infalible. Nada de lociones ni rapamientos.
Bueno, me pelaba mi madre y, cuando lo hacía, siempre decía que yo era el único de sus seis hijos varones que nunca se iba a quedar calvo. Tenía en la coronilla una islita de pelo rubio que nunca llegué a verme pero que todos me señalaban como una rareza.
Ahora esos pelos se han ido, allí, donde habiten los pelos, en los vastos jardines sin aurora. Ubi sunt? ¡Dalila se los llevó para siempre! Aún hoy, cuando me ducho cada mañana, conservo la costumbre de llevarme las manos a la cabeza para facilitarle el paso al agua en la maraña y sólo encuentro este cráneo, prefiguración de la muerte. Sólo me queda el consuelo de que mi cabeza no será nunca el locus amoenus de los piojos.
Y hablando de piojos, ¡atención, padres y madres!, mi amigo Felipe ha encontrado el remedio definitivo contra ellos: pasar la aspiradora por toda la cabeza durante quince días seguidos. Es infalible. Nada de lociones ni rapamientos.
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