martes, 16 de marzo de 2010

Tra sesso e castitá

Yo no sé qué tiene la castidad que a nadie deja indiferente. Conozco gente que no sólo la desprecia sino que incluso la odia. Pero la mayoría, al menos eso creo, ve en ella algo admirable. Lo he comprobado varias veces, cuando leo el Hipólito de Eurípides con mis alumnos. Hipólito es un muchacho que aborrece los placeres de alcoba. Él mismo dice: "Ninguno de los dioses venerados por la noche me agradan. Y no conozco esas prácticas, a no ser de verlas en pinturas. Y ni siquiera soy proclive a mirarlas".. Encima, es guapo.

Cuando entra en escena y pone a los pies de la diosa una corona trenzada con flores traídas de un prado intacto, mis alumnos se quedan atónitos, maravillados, sin entender muy bien qué les pasa.
Yo tampoco lo entiendo, pero algo ocurre.

En fin, la eterna lucha entre el sexo y la castidad. Battiato lo explica mejor que yo. Compensa escucharlo con auriculares.
http://www.youtube.com/watch?v=AgqiajFUvfs

18 comentarios:

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
La castidad... pa quien la quiera.
1 neutonio

Jesús Cotta Lobato dijo...

Don Dyhego, como todo. Un casto neutonio para usted.

El alegre "opinador" dijo...

El problema, Jesús, suele ser el que comenta Dyhego... Las castidades impuestas son las que suelen ser más peligrosas que un saco de bombas.
Un saludo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Alegre opinador, lo impuesto, sea la castidad o la promiscuidad, siempre es una caja de bombas. Un saludo.

AdP dijo...

Se podría diferenciar entre la castidad de origen biológico y la castidad de origen cultural.

De la primera poco se puede decir. Si el cuerpo no te lo ha pedido nunca... pues nada.

Sobre la segunda sí se podría hablar más. Estemos donde estemos, nos encontramos inmersos en varias capas culturales que se solapan y entrecruzan. Si, hoy en día, alguien opta por la castidad libremente, normalmente suele hacerlo bajo las influencias de uno de esos estratos culturales.

En fin, que nunca llegué a entender por qué los curas nos amenazaban con el infierno si no éramos capaces de reprimir nuestros instintos. Tampoco es que haya que dejarlos a rienda suelta, basta con dominarlos a ellos mientras esperamos la llegada de los momentos en los que lo mejor que podemos hacer es dejar que los mismos nos dominen.

Saludos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

AdP, yo no conocí ni conozco curas que amenacen con el infierno al que no domine sus instintos, lo que no quita que usted sí los haya conocido. En cualquier caso, en este asunto, tan válido es decir que esos instintos hay que dominarlos como decir que no o que a veces sí o a veces no. Cada cual gestiona esos asuntos personales como buenamente puede y no soy capaz de decir cuál es mejor. Lo que sí sé es que mientras que la falta de castidad no suscita admiración ninguna, la castidad sí la suscita. Un saludo.

Las hojas del roble dijo...

Me quedo con el sexo...

gomez de lesaca dijo...

Honor y gloria a la castidad enamorada como vía caballeresca: Bohort, Galaad, Perceval...y Don Quijote.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me temo que con el sexo nos quedamos casi todos, querido Julio.

Gómez de Lesaca, se me olvidaban esos caballeros, mucho más admirables que nuestro Hipólito, que no dejaba de tener su toque de soberbia. Un abrazo.

reyvindiko dijo...

Cuando entro en un segundo de la ESO, admiro la castidad más que nunca. Primero, porque en algunos la falta de castidad aparece a las claras en sus rostros espinillados; segundo, porque me acuerdo de la falta de castidad de sus padres.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Reyvindiko, me he hartado de reír con tu comentario. Desde luego, cuando uno piensa en la falta de castidad de gente un poco indeseable, ¡le entran a uno unas ganas de hacerse monje!

Máster en Nubes dijo...

De acuerdo con el señor Gómez de Lesaca y, como ya se habló en el blog de JM Ridao hace meses y luego en algún otro:-), yo creo que la castidad es una virtud aunque tenga muy mala prensa.

No sé, me parece que señala suelos sagrados que hay que respetar no por decencia -que no es el tema la decencia- sino, por ejemplo, porque a veces está en juego algo muy importante. Habitualmente niños pequeños y dos personas educándoles que es mejor que estén juntas y a ello... Y conviene no ponerlo en riesgo aunque te apetezca. Como para meterse de por medio, francamente, no sé, me parece... Un abrazo fuerte, Jesús.

elpiyayo dijo...

Ser casto es una grandeza de seres humanos superiores, ser casto no quiere decir que no se pueda follar, sino que se haga en su momento, y de acuerdo a unas normas y una ética personal. Un ganso, una cogujada(dos animales), son dos animales que follan, pero son castos, asi que para mi la castidad es digna de admirar y prefiero a personas castas que a "putones verbeneros".Además pocos conozco y reniego de elllos, que no quieran que su esposa o esposo sena castos.
Si Lula lee tu blog, lo borras, que yo hablo román paladino.
Ojito, pichita, que he mirado el DRAE, asi que no confundas casto con capado,eúnuco,remilgado,impotente, etc.. ¿o te referias al celibato?, que por cierto se puede ser célibe y no casto, pero se puede ser muy macho y casto y muy mujer y casta y casi pura.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
Me ha llamado mucho la atención la frase en la que dices que "sabes que la castidad suscita admiración".
1 neutonio

lolo dijo...

Si uno puede sujetarse para no atacar a alguien que le ofende, también podrá esperarse un rato para estar con quien quiere. Y mientras tanto, es muy bonito lo de las coronas de flores.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Máster, eso del suelo sagrado me gusta. De eso suelo sagrado sólo pueden venir cosas buenas. Gracias por tu abrazo fuerte.

Piyayo, es precioso eso que dices que las cogujadas son castas. En cuanto a tu pregunta, me refería, sí, a la castidad, no al celibato. Tú lo has explicado muy bien.

Dyhego, Juana de Arco me interesa más que la Bernarda. Pero ahora que lo dices, no sé si a todo el mundo le pasa lo mismo. Un neutonio.

Lolo, ¡has entendido mi entrada! Eso es lo que quería decir, pero no ha salido tan bonito como a ti.

Emilio Quintana dijo...

Las castas damas de Britania, ¿qué se hicieron?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Emilio, se las llevó el mar y ahora sólo quedan en la literatura. Un saludo.