miércoles, 16 de marzo de 2011

De damas y caballeros a machos y hembras

Siempre estuvo mal visto el hombre que pegaba a su mujer. Ese era un mal hombre, porque no era un caballero, que era precisamente el modelo en el que se educaba al hombre. Caballero era quien defendía a la mujer y la trataba como a una dama. Pegarle a una mujer nunca ha sido cosa de hombres.

Por eso, no es cierto el tópico que relaciona la violencia doméstica de hoy con el machismo de ayer, porque el machismo de antaño no consistía en misoginia y violencia, sino en asignar al hombre el papel de la vida profesional y pública y a la mujer el papel de la vida privada y familiar.

Yo creo más bien que hoy hay más violencia en general que antes y en esa violencia también se incluye la del hombre contra la mujer. Antes la frenaban los principios morales de cada cual, pero hoy, como los principios morales se están hundiendo, la frena sólo el miedo a la ley.

Hoy en día, los modelos de dama y caballero están de capa caída, porque el feminismo los ha tachado de machistas. Y así la mujer ha ido conquistando por fortuna su papel en la vida profesional y pública, pero, por desgracia, ha ido perdiendo la deferencia con que antes la trataba el varón.

Antes, según mi impresión, hasta los hombres más rudos se esforzaban por portarse como caballeros ante las damas. Pero ahora que esto de ser caballero y dama, príncipe y princesa, está siendo atacado por varios flancos y por la cansina ideología de género, veo que muchos chicos de ahora se portan no como caballeros, sino sólo como machos, y que tratan a las chicas como a hembras.

Qué lástima, de caballeros y damas a machos y hembras. ¡No saben que para cosas más altas han nacido!

18 comentarios:

La UmpaLumpa dijo...

Querido amigo Cotta, no son sólo los chicos de ahora los que se comportan como machos. Bien es cierto que lo de ser un caballero está totalmente extinguido, pero hay mucho bruto por ahí suelto de edad avanzada que además no se esfuerza.

Hay comportamientos que son intolerables y hay cuestiones de dignidad y en este caso no establecería diferencias entre machistas y feministas.

Yo, particularmente quiero que me traten como a una dama y me da absolutamente lo mismo que me disparen con un bazoka por manifestarlo algunos hombres carentes de sensibilidad y que paradójicamente están en contra del feminismo y, por supuesto, aquellas mujeres que han 'perdido el norte' por completo.

Que pase Vd. un buen día. :-)

Aurora Pimentel Igea dijo...

Estoy de acuerdo, Jesus, con algún matiz.

Junto al machismo de antaño que asignaba un rol público al hombre y privado a la mujer hay otro más "malo" que valoraba a la mujer con distinto rasero, moralmente (también como persona), y derivaba en algún caso en una visión un poco extraña, idealizadas las mujeres o, por el contrario, machacadas. Tenía que ver con la religión y con otros temas, pero en fin, sería largo.

Como tú creo que hay una gran diferencia sustantiva entre un abuelo que estaba en su casa como un rey y no daba un palo al agua y alguien que zurra a su mujer. No es de recibo compararlos.

Por otro lado creo que habitualmente un maltratador es un hombre emocionalmente incapaz, muchas veces acomplejado, inseguro e insatisfecho. Y, siento decir esto pero lo pienso, junto a ese perfil hay otro de mujeres que -y ahí te doy toda la razón- están sorprendentemente acostumbradas hoy a que los hombres las traten fatal, hay dependencia afectiva insana, el "sin ti no soy nada" (y esto hoy lo alimenta lo que tú apuntas: las mujeres piden menos de un hombre que antes, hay que estar liberadas...) (o sea, corrección política pero poco respeto y educación en el trato, la que es más importante)

En cualquier caso creo que antes había una mayor permisividad social con el maltrato conyugal, era un asunto privado. Ahí no estoy de acuerdo contigo.

Pero en resumen: como a ti me espanta el modo en que los chicos tratan a las chicas hoy y viceversa también, es un caldo de cultivo muy bueno para el maltrato y en general para cosas muy malas.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querida amiga Umpa, es cierto que siempre ha habido gentuza y yo también conozco gente mayor que tiene poquísimo de caballero. Pero antes eso estaba mal visto y ahora empieza a ser normal. Por fortuna, aún hay mujeres que no quieren renunciar a la caballerosidad y hombres que se comportan como caballeros, sin ser machistas. Lo mejor para ti en el día de hoy.

Mi querida Aurora, tienes toda la razón en que antes había mayor tolerancia respecto al maltrato del hombre hacia la mujer y lo ideal sería que, volviendo a lo bueno del pasado(la deferencia del caballero hacia la dama), mantengamos la intolerancia que hoy tenemos contra la violencia, sea machista o no. Y es cierto también que la idealización de la mujer era un error. No lo era sin embargo la idea profundamente marcada en el varón de que lo más cobarde en un hombre era pegarle a una mujer y tratarla como a una fulana. Recibe mi beso y mi felicidad por ti.

Olga Bernad dijo...

Hay algo que se olvida en estas cuestiones, Jesús. Mucho caballero que solo está dispuesto a tratar como a una dama a una mujer mientras la dama hace lo que él cree que debe hacer. Pero, si se mueve de la foto...
Por eso la actual violencia se debe también, entre otras cosas, a que la mujer no asume con naturalidad cosas que antes aguantaba. La violencia es la reacción. No olvidemos que las cifras sangrantes de violencia doméstica o machista o de género o como queramos llamarlo (mujeres muertas se llama) son demasiadas como para dejarlo en una cuestión de estilo.
Yo no quiero olvidar a la hembra que llevo dentro, y me gusta que me traten como a una dama. Sin embargo, no podemos ser las damas que otros esperan simplemente para que nos traten bien.
Digo esto por matizar, que conste, pues a grandes rasgos pienso que los hombres son una ayuda para las mujeres y viceversa, no creo que nuestras relaciones sean tan malas en general y me parece que van ganando en autenticidad (la pérdida de educación en el trato personal es un mal generalizado, no una cuestión específica de la relación entre sexos) , pero por desgracia también ocurren estas tragedias. Se asumen con una naturalidad increíble, pero producen más muertes que el terrorismo.
Triste tema, pero apasionante y necesario.
Un placer hablarlo contigo, como siempre.

lolo dijo...

Tan mal me suena macho como hembra. Dama y caballero, no sé muy bien. Me gusta que me traten con deferencia, respeten mis elecciones y poder vivir libremente como mujer. Creo que ellos son más violentos por una cuestión de afectividad sin resolver. Han cambiado mucho las cosas y aunque esto pasaba también hace años ahora hay más visibilidad. La tolerancia debe ser cero, es verdad, pero en otros ámbitos se impele precisamente a la tolerancia total. Es difícil cambiar de código cuando además el hombre ha creído durante siglos en su superioridad sobre la mujer.

El hombre que pega a una mujer no es que deje de ser caballero, es que como persona ha dejado de entender quién es. Para que la mujer entienda lo mismo queda mucha, mucha tarea por hacer.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Olga y Lolo, hoy os respondo a las dos juntas porque me habéis dejado KO con vuestros argumentos. Me descubro. Sí, tenéis razón. Tengo que matizar más. No se me había ocurrido nada de lo que habíais dicho. Obsesionado como estaba por abatir ciertos prejuicios, no he caído en la cuenta de que los míos me han hecho errar un poco el camino. Esto es un asunto complejo y me encantaría hablarlo con vosotras con cervezas de por medio.

ReyVindiko dijo...

El hombre considera lícito y normal llegar a las manos por muchos tipos de cuestiones. Que Levante la mano el que no haya tenido alguna refriega en el colegio. Si ahora nos adoctrinan en que somos iguales, en que no debe haber deferencia ni diferencia por cuestiones de sexo, pues llega aquel que lo confunde todo y se parte la cara con quien sea, hombre o mujer.
Soy tradicional, un poco radical quizá (esta parte del comentario es un exabrupto y puedes borrarlo todo él, Jesús): hay que ser muy hombre para enfrentarse a una mujer y no partidos la cara. Si se llega a eso a mí me enseñaban que eras maricón.
No sé quién ha perdido su sitio: el hombre masculino, la mujer femenina o que los dos han perdido el norte por buscar un centro que no es el suyo.

ReyVindiko dijo...

Donde pone "partidos" quería decir "partirse". El corrector del móvil que voy a tener que desactivar de una vez.
Se es caballero cuando, teniendo las de ganar, se cede ante el débil, ante el que va con desventaja.

En una discusión me parece mucho más temible una mujer. A la hora de las tortas el temible es el hombre. La habilidad lingüística y dialéctica de la mujer es prácticamente biológica. La mayor fuerza en los brazos (hasta un 50% mayor en el macho humano) también es tenazmente biológica.

Caballerosidad es tener el poder y no utilizarlo. ¿Existe la "damisidad"?

Olga Bernad dijo...

Uf. Qué buena pregunta, Reyvindiko.
Debería existir. Y deberíamos (intentar) ejercerla.

lolo dijo...

¿Caballero el que tiene "poder" y no lo utiliza, dama la que "teniéndolo" hace creer que lo tiene él? No sé, no sé.

Olga Bernad dijo...

Yo lo entiendo más bien como nobleza por ambas partes, y una intención de no abusar de aquellas cosas en las que cada cual tenga superioridad (si realmente la tiene).
Bueno, creo que estaría bien...

Bruja Truca dijo...

Yo creo que no hay que ser tan extremista, ni una cosa ni la otra. Yo no quiero ni que me abran la puerta ni que me digan una burrada como a un animal de establo. Para abrir la puerta ya tengo yo dos manos. Es más, cuando me la abren entro, pero me siento incómoda. Siempre he creido que la caballerosidad está sobrevalorada.

En los países del Norte de Europa, a un hombre no se le ocurre abrirle la puerta a una mujer.

Dejemonos de caballerosidad si o caballerosidad no, sólo hace falta respeto.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Reyvindiko, tu definición de la caballerosidad es estupenda y yo la comparto. Según tu definición de mujer, la damisidad sería tener la capacidad verbal de destruir a un hombre y no utilizarla. Un abrazo muy fuerte.

Y ahora que leo los comentarios de Lolo y Olga sobre la damisidad, creo que los tres hemos apuntado al mismo sitio: la nobleza de no utilizar el poder destructivo que tenga cada cual. Ah, interesante debate.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Bruja, en una cosa sí estoy de acuerdo contigo: el respeto es lo primero. Pero fíjate: cuando me abren la puerta para que yo pase primero, yo me siento respetado y tratado con una deferencia que agradezco con una sonrisa. En eso somos diferentes. Y, por último, habría que preguntarles a las mujeres del norte si prefieren que los caballeros les abran las puertas o que pasen ellos primero. Un saludo.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Pues a mí me encanta que me abran la puerta. Qué distintas podemos ser ¿no?

Lo del poder me ha dejado pensando, el masculino y el femenino. Ya tengo para una tarde.

lolo dijo...

Que me abran la puerta y sonreir. Si me abren la del coche (qué pena los cierres automáticos)también, que se levanten cuando entra una señora... no es que se inclinen ante "mi poder", que lo tengo, ni que estén sublimando "el suyo", que también; esas cosas me hacen sentir no dama, sino mujer.
No creo que las relaciones humanas deban basarse en ningún tipo de poder. Creo más bien que somos muy diferentes; a un hombre le gusta "dejar pasar" y a una mujer "acoger". Es una base biológica, humana y natural. Podría ser...

Jesús Cotta Lobato dijo...

Aurora, Lolo creo que ha dado en la tecla de tu meditación para esta tarde: el hombre deja pasar y elimina obstáculos, libera a la mujer de lo más duro, y la mujer acoge. Esto último me ha encantado.

tomae dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.