domingo, 13 de septiembre de 2009

A la mujer del poeta

(Piscolabis tras la presentación de un libro de poemas. Una periodista charla con el poeta laureado)

MUJER: Mi marido es poeta, como usted. Me considero afortunada de estar casada con él. ¡Las cosas que me escribe!

POETA: No las escribe para ti. Te miente si te ha hecho creer que eres su musa. Los poetas son pájaros libres y escriben de lo que les da la gana, incluso aunque uno los enjaule.

(Dedicado, con amor, a las mujeres de los poetas o a los maridos de las poetas, porque aman a los pájaros libres)

jueves, 10 de septiembre de 2009

El miedo al lector

En el blog la presencia del lector es abrumadora para mí. Me siento obligado a corresponderle. A veces me muerdo la lengua para que no tenga que leer cosas que le disgusten. Y otras veces abundo en un tema porque él me lo pide.

Un ejemplo fue Canora. Comenzó como una entrada que aspiraba a ser una más, pero Canora provocó entusiasmo y me sentí obligado a desarrollarla. Y a medida que la desarrollaba, se me fue desvirtuando. Por un lado, mi yo más espontáneo me pedía que Canora fuera una isla totalmente libre, una sociedad de cazadores, piratas y poetas peleones, donde habría sexo, toros y vida, pero, claro, tenía miedo de mis lectores. Así que la fue endulzando. Y cuando dije que en las milicias poéticas el uniforme de las mujeres sería un pareo y el de los hombres un taparrabos, José María Jurado, con su laconismo y elegancia habituales, me dijo que Canora se parecía cada día más al día del Orgullo Gay. Y nada más leer ese comentario, comprendí que Canora se me había descafeinado.

Así que ahora seré un poco más libre. Eso es lo que yo busco en las bitácoras de otros. Seguro que los otros también lo buscan en la mía.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La deserción de los padres

La Junta de Andalucía ha decidido porque sí adelantar el curso cinco días. Casi ningún padre se ha alzado contra esta intromisión del Estado que ha decidido arrebatar a hijos y padres días de vacaciones para torturarlos más días aún entre las cuatro paredes con profesores, compañeros y asignaturas que otros han elegido para ellos.

Como a la sociedad no le gustan los niños, los quiere encerraditos en clase; y como las clases no sirven para educarlos si los padres no los educan antes, los niños son cada vez más mal educados y, vuelta a empezar, la sociedad los quiere más tiempo aún en las clases.

Definitivamente, este es el siglo de la tortura de los niños. Mucha nintendo y mucho capricho, pero demasiada milicia escolar. A los niños no les gusta el colegio y es un hecho evidente que para aprender lo que aprenden no es necesario tanto colegio: con la mitad de horas, pero bien aprovechadas, podrían aprender el doble.

Los niños deberían pasar más tiempo con su familia, incluso en horario de trabajo. Debería ser normal ver piruletas en el despacho del abogado y un niño escondido tras la pierna del carnicero. Así las relaciones humanas se endulzarían un poco. A mí me costaría mucho decir palabrotas y ser desagradable con la pescadera si la veo con un churumbel bajo el brazo y a ella le costaría más venderme pescado en mal estado si llevo de la manita a la niña que se lo va a comer.

Menos escuela y más educación. Más familia y menos milicia infantil.

martes, 8 de septiembre de 2009

Aforismos

1. En los vicios el término medio es una gran virtud.
2. Los héroes prefieren morir pronto porque no se pueden mantener en la virtud demasiado tiempo.
3. Los gusanos de los muertos no surgen por generación espontánea. Pululan por el aire olisqueándonos con impaciencia (nota: según mi sobrina médico, no pululan, pero es que me gusta a mí eso de pulular).
4. Los gusanos no podrán con nuestras prótesis porque no son realmente nuestras.
5. Sólo son buenos los que lo siguen siendo cuando se lo ponen muy difícil.
6. Damos caza a un león, pero nos persigue un lobo. En fin, la vida.
7. Sin bigote, Hitler y Stalin serían todavía más feos.
8. En novela el aforismo da un toque; en el ensayo, redondea; y en la poesía, sobra.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Mata y come

Mi padre tenía fama de cristiano en mi pueblo (que, por cierto, es la Estación de Cártama, donde tenemos muy buenas morcillas).

Su conversión se produjo ante un crucifijo en un cursillo de cristiandad que allí realizaron los padres misioneros. Desde entonces, mi padre no paró: ayudó a las monjas a construir el colegio del pueblo, les dio casa y trabajo a varios pobres, hacía obras de caridad por todas partes... Eso le acarreó algunos problemas.

Un día estaba en casa matando un pollo para que nos lo comiéramos sus churumbeles cuando entró por la puerta un perote (aclaro que en Málaga llamamos perotes a los naturales de Álora, la bien cercada, que por allí gozan de la misma fama que aquí los leperos).

-Miguel, ¿tú, tan santo, matas pollos? –le dijo el perote con toda la retranca de que era capaz su simpleza.

Entonces mi padre le relató el episodio de san Pedro: un ángel le mostraba un mantel cargado de cerdos, ovejas, terneras... y le decía "Mata y come" y así tres veces.

-¡No vea cómo se tuvo que poner san Pedro cuando le abrieron la veda! –comentó el perote.