miércoles, 11 de mayo de 2011

Poeta

¿Cómo puede suscitar tantas pasiones, tantas lágrimas, tantos entusiasmos, envidias, zancadillas, duelos y celebraciones la poesía, si no da dinero ni fama, si nos lee poquita gente, si nos ocupa el corazón, la cabeza y el tiempo como una amante posesiva e ingrata, si nos aísla del mundo, del amor, de la amistad, si, en fin, uno no arregla el mundo aunque se pase encerrado un año en una torre porque tiene que acabar no sé qué gran poema vital que no cambiará ni un solo átomo en el universo?

Y luego de toda una vida dedicada a ella, los críticos llegan y dicen: no dio la talla, no evolucionó su estilo, quiso ser el primero de su generación y no lo consiguió, aspiraba a ser el Dante de la poesía española y se quedó en imitador barato de Papini, este poeta no ha dado aún lo que tiene que dar, este poeta aspira a mucho y consigue poco...

¿Qué quedará de ti, poeta, después de vivir para ella? Si acaso, un poema o dos, que serán recordados entre los cientos que escribiste, y quizá ni esos, porque cuantos más poetas va habiendo en la historia, con tantos más versos tendrán que competir los tuyos.

Y puede que ni ese consuelo te depare el tiempo, porque es difícil que, a pesar de todos tus esfuerzos, a pesar de ser poeta hasta la médula y pensar en poesía, llegues al alto lecho de la fama y seas un Novalis o un Cavafis, y en el casi imposible caso de que lo fueras, tu obra podría pasarse siglos despreciada y cubierta de polvo, porque es muy probable que las generaciones futuras no valoren precisamente el tipo de poesía que tú escribiste, como le pasó durante siglos a nuestro Góngora. No siempre pone el tiempo las cosas en su sitio. Durante siglos seguidos y quizá para siempre las generaciones futuras pueden despreciar escuelas y épocas enteras de poesía, hasta que estas acumulan tanto polvo en el olvido, que a fuerza de no ser leídas de nadie, desaparecen en la noche de los tiempos.

Y, a pesar de todo, ahí sigues emborronando versos, poeta, amante incondicional de la belleza, forjador de astros que iluminen esta oscuridad, domador de fieras palabras, héroe de la soledad.

lunes, 9 de mayo de 2011

Buscando al matador de dragones que llevo dentro

Lolo me dice que los gimnasios son lugares de hormona y narcisismo; un alumno mío, que hacer pesas es de presos; y  José María Jurado, que no compensa sufrir la gota gorda en un gimnasio si tu objetivo es tan solo sacar musculito para lucirte en la playa y ante el espejo; que ese es un fin fatuo y solo compensa sufrir en el gimnasio si eres matador de toros o de dragones, un rescatador de doncellas, un samurái.

La verdad es que yo voy mucho a la piscina y subo poco a la sala de máquinas, porque me siento un poco ridículo haciendo un esfuerzo que no genera electricidad ni corta madera ni le lleva comida a los pobres, sino que solo revierte en el hinchamiento de mis musculitos. Pero si alguna vez me animo a subir, será para consagrar ese sufrimiento no a mi fatuidad, sino a algo más importante que yo mismo. No voy a convertirme en torero ni me voy a hacer el seppuku como Mishima. Mi objetivo es ejercitarme hasta que pueda levantar de la silla de ruedas a un enfermo para dejarlo en la cama sin que me tiemble el pulso y poder alzar a una mujer por la cintura, con toda la gracia que ella merece, para que esté un poco más cerca de las estrellas y, luego, de mí.

Por esas dos cosas la sala de máquinas tiene más sentido.

viernes, 6 de mayo de 2011

¿He pecado?

Amigos,  necesito vuestro veredicto. He tenido una flaqueza. Ayer por la noche, después de una cena entre amigos poetas y poetas amigos, en la terraza de un bar, le pedí un cigarro al autor de La vida al filo de la espada. Estuve aguantando las ganas toda la tarde, pero eran las dos de la madrugada y yo tenía una copa de whisky en las manos y estaba hablando de poesía y confidencias. Pero no me tragué el humo, sino que tuve el cigarro en la mano y el humo no entró en mis pulmones. Luego lo apagué y me quedé tranquilo porque no había entrado la nicotina en mi cuerpo. Pero ahora me pregunto si, en verdad, no estuve jugando con fuego y metí la pata hasta el corvejón, porque ahora estoy más cerca de caer que ayer. En fin, que necesito vuestro consejo y veredicto si lo tenéis a bien.

miércoles, 4 de mayo de 2011

En torno al fuego

Yo rodé con unos amigos por una ladera verde e interminable, una primavera. La falda de la montaña era blanda como una cama. La naturaleza nos ofrecía la parte más fresca y amable de su seno.

Ese mismo día alborotamos el río y nos comimos entre todos una sandía gigante. Desparramados como faunos en la linfa, nos bastaba alzar un poco la mano para comer las uvas que pendían de parras medio silvestres.

Por la noche, después de la cena, cantamos alrededor del fuego y entonces nos sobrevino una especie de locura.

Ahora entiendo por qué las tribus danzaban en torno al fuego. Nos recuerdo a todos eufóricos, a voz en grito, coreando canciones y agarrados de la mano, saltando por las llamas y gritando a las estrellas.

No recuerdo ni una sola de las canciones, pero sí que fue una locura larga y amable, una fraternidad, una comunión con las estrellas allí arriba.

Debe haber en nosotros algo atávico, algo de la época en que los ángeles creaban las estrellas lanzando bolas de fuego, algo preanimal que nos hacía en aquel momento inmortales y dichosos.

Esta noche quedáis todos convocados al fuego en la orilla del río. Allí reiremos, cantaremos y bailaremos.

Lo pasaremos bien.

domingo, 1 de mayo de 2011

Aforismos XXIX

1. Ser hombre consiste en no saber vivir nuestra naturaleza con naturalidad.
2. Tener al perro en casa y al padre en un asilo: eso es el pecado.
3. Los derechos no se crean ni se destruyen. Se tienen o no se tienen.
4. Lema del existencialismo: no sabemos qué somos; sólo sabemos que somos.
5. La función del Estado no es dirigir la vida de la gente, sino impedir que la gente dirija la vida de la gente
6. Morir, que es lo feo, es inevitable, pero nacer, que es lo bonito, no. Deja, pues, nacer.
7. Si alguien te cae mal, el problema es tuyo
8. Sin afecto no hay erotismo, sino obscenidad
9. Quizá no seamos libres, pero eso importa poco, porque nos comportamos como si lo fuéramos.
10. Si el hombre hubiese sido diseñado por el hombre, sería un monstruo.

Por cierto, ¿no es absurdo que sea festivo el día del trabajo, que es una maldición, mientras que para el de la madre, que es una bendición, elijan un domingo? Propongo que el trabajo no se celebre y la maternidad sí.