Dafne:
Fitorrea: fluido vegetal. "Niña, has despachurrado las frutas. Menuda fitorrea has armado".
Grafónimo: nombre escrito. "Me llaman todos Currito, pero mi grafónimo es Francisco"
Andrómaca:
Autónimo: nombre que se da uno a sí mismo. "Me llamo Robustiano, pero como no me gusta ese nombre, me he puesto un autónimo: Ro"
Metafobia: miedo a lo que viene después. "No tengo miedo a la muerte, sino al más allá. ¿Y si voy al infierno? Estoy metafóbica del todo."
Cleopatra:
Psicoscopio: aparato para observar el alma. "Tengo implantado en el iris un psicoscopio, así que, cuidado, porque, si mientes, me daré cuenta"
Anticacoagonista: especializado en luchar contra el malo de la película. "Bruce Willis es mi anticacoagonista favorito"
Zeus
Pragmatólogo: estudio del lado práctico de todo lo que existe. "Como pragmatólogo te digo que la desaparición de los piojos del ser humano provocaría una catástrofe ecológica inimaginable"
Selene:
Psicotorio: lugar para las almas. "Este claro de bosque es un psicotorio donde se congregan las almas de los suicidas a contarse sus penas"
Teotanasia: morir entre los dioses. "Si pudiera elegir mi género de muerte, elegiría una teotanasia, para morir en brazos de los dioses, como un predilecto"
Atalanta
Cronobio: tiempo de vida. "Doctor, ¿cuánto cronobio me queda?
Anfiteísmo: dioses a ambos lados. "Voy muy animado al combate porque tengo a un lado una valquiria y al otro un ángel que me protegen"
lunes, 11 de mayo de 2015
jueves, 7 de mayo de 2015
La desnudez y los hombres primitivos
Hace unos días leí aquí que el hombre de Cromagnon seguramente no se tapaba los genitales y que, si lo hacía, no era por pudor, sino por protegerse del frío.
Ideas como esa (que el pudor, entendido como el sentimiento que nos lleva a taparnos, no es natural en el ser humano, sino cultural; que antes del cristianismo se vivía en una feliz desnudez; que la gente se tapa para protegerse del entorno y no por pudor...)las he leído y oído con frecuencia. Pero pregunto: ¿qué pruebas hay de que eso sea así?
Yo no me atrevo a afirmar que los hombres de hace cien mil años se taparan por pudor y, entonces, ¿cómo se atreven tantos a afirmar que o bien no se tapaban o lo hacían solo por protección?
Creo que hay dos prejuicios subyacentes en ese tipo de ideas: el primero es que el pudor no es natural ni sano, sino una represión de origen religioso; y el segundo es que los hombres primitivos no eran como los de ahora, sino más sencillos o más brutos o menos complicados o qué sé yo.
El segundo prejuicio se viene al suelo si pensamos que los hombres, desde que lo eran, han sido igual que los de ahora: había espíritus delicados y poéticos, había asesinos en serie, había aprovechones, había fanfarrones, risueños... Y todos los comportamientos que hoy se nos puedan ocurrir se daban también entonces, mutatis mutandis.
Entonces, si los hombres primitivos son iguales que nosotros, el primer prejuicio también se viene al suelo: ¿la única razón por la que nos tapamos es para protegernos del medio ambiente y porque es una imposición cultural? Sin negar que esas razones también cuentan, ¿no hay también en el hecho de cubrir nuestro exterior un legítimo deseo de no mostrar nuestro interior? ¿Taparse no es también una manera de decir que las partes de uno mismo que uno va a usar en su relación con los demás son las que están sin tapar? ¿No es el pudor una consecuencia del hecho misterioso de que en cada cuerpo habita una presencia íntima que no se agota en la visión del cuerpo? ¿No es el pudor, en fin, un rasgo exclusiva y finamente humano que dignifica nuestro cuerpo y lo libra de ser meramente un objeto?
Ideas como esa (que el pudor, entendido como el sentimiento que nos lleva a taparnos, no es natural en el ser humano, sino cultural; que antes del cristianismo se vivía en una feliz desnudez; que la gente se tapa para protegerse del entorno y no por pudor...)las he leído y oído con frecuencia. Pero pregunto: ¿qué pruebas hay de que eso sea así?
Yo no me atrevo a afirmar que los hombres de hace cien mil años se taparan por pudor y, entonces, ¿cómo se atreven tantos a afirmar que o bien no se tapaban o lo hacían solo por protección?
Creo que hay dos prejuicios subyacentes en ese tipo de ideas: el primero es que el pudor no es natural ni sano, sino una represión de origen religioso; y el segundo es que los hombres primitivos no eran como los de ahora, sino más sencillos o más brutos o menos complicados o qué sé yo.
El segundo prejuicio se viene al suelo si pensamos que los hombres, desde que lo eran, han sido igual que los de ahora: había espíritus delicados y poéticos, había asesinos en serie, había aprovechones, había fanfarrones, risueños... Y todos los comportamientos que hoy se nos puedan ocurrir se daban también entonces, mutatis mutandis.
Entonces, si los hombres primitivos son iguales que nosotros, el primer prejuicio también se viene al suelo: ¿la única razón por la que nos tapamos es para protegernos del medio ambiente y porque es una imposición cultural? Sin negar que esas razones también cuentan, ¿no hay también en el hecho de cubrir nuestro exterior un legítimo deseo de no mostrar nuestro interior? ¿Taparse no es también una manera de decir que las partes de uno mismo que uno va a usar en su relación con los demás son las que están sin tapar? ¿No es el pudor una consecuencia del hecho misterioso de que en cada cuerpo habita una presencia íntima que no se agota en la visión del cuerpo? ¿No es el pudor, en fin, un rasgo exclusiva y finamente humano que dignifica nuestro cuerpo y lo libra de ser meramente un objeto?
lunes, 4 de mayo de 2015
Hombres, perros y cipreses en una discusión
En cierta ocasión una persona me dijo:
-Yo creo que en el mundo habría que hacer dos países: los que no quieran poner freno a la superpoblación, que se queden superapretaditos en su país. Y los que queramos vivir con poca gente y muchos arbolitos, en otro.
Y yo le dije:
-Si somos muchos en mi país, nos iremos al tuyo.
-Pero no os dejaremos entrar.
-Entonces habrá guerra.
Y creo de verdad que la habría, porque, a partir de ese momento, nuestra conversación dejó de ser conversación y pasó a ser una discusión, a la que se añadió alguien a quien no le gustaba mi defensa de la gente hasta el punto de no impedirles la tremenda facultad de engendrar libremente a otra persona.
-Es que tú das por hecho -me dijo- que todos tenemos que compartir tu visión según la cual el ser humano es más importante que, por ejemplo, mi perro o un ciprés.
La verdad es que sí, esa es exactamente mi visión. Sentí la tentación de responderle algo así como: "Oye, no me insultes diciendo que yo valgo lo mismo que tu perro". Pero, para no personalizar, dije algo así como:
-Existir sabiendo que se existe, como el ser humano, es un grado de existencia superior a existir sin saberlo.
Y entonces otra persona intervino en la conversación y me soltó la siguiente perla:
-¡Qué bien estáis los creyentes viviendo entre verdades absolutas!
Me pilló tan de improviso su velada acusación de fundamentalismo, que no supe qué responder. Para empezar, no estábamos allí hablando de religión. Es habitual entre algunos el creer que cualquier opinión emitida por un creyente es válida solo para los creyentes, mientras que las suyas son objetivas y universalizables.
Por otra parte, creo que el fundamentalismo estaba en esa persona, porque tenía la completa seguridad de estar en lo cierto y, por eso, me acusaba, mientras que yo tengo que sostener mis creencias religiosas mediante un acto de fe, sin seguridad alguna de estar en lo cierto.
Hace tiempo habría sido descabellado igualar en valor a un perro y a un ser humano, pero ya no solo empiezan a oírse afirmaciones tales en gente cultivada, sino que, además, muchos de los que sostienen, insultándome, que valgo lo mismo que un perro son más fanáticos que los que defendemos que ser humano es lo más grande que se puede ser en el universo.
Y aquí, en El imparcial, hablan de Rosas de plomo
Y aquí, en El imparcial, hablan de Rosas de plomo
miércoles, 29 de abril de 2015
Noticias
1. Ya están floreciendo los jacarandás en Sevilla. Las musas están más generosas y hay que tener la casa limpia para que se animen a visitarla con su cortejo de faunos, ángeles y valquirias.2. Hoy el poeta Juan Andivia presenta Hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas aquí. En este mundo de prisas y agobios, recomiendo reservar un buen rato para su poesía y para la música con que nos agasajará.
3. Alejandro Luque me ha entrevistado a propósito de Rosas de plomo aquí y el fotógrafo tuvo una buena idea
4. Me dice mi Detector Onírico (una aplicación que me he bajado en el móvil) que ha aumentado el número de sueños erótico-poéticos, y que es muy probable que más de una persona haya soñado con usted algo que no le puede decir, pero que le dejó buen sabor de boca.
5. Por último, no olviden ustedes que hoy es el día de santa Catalina de Siena, una mujer valiente y buena cuya tumba he tenido el gusto de visitar y honrar. Tuvo el valor de cantarle las cuarenta al papa y llevárselo de Aviñón a Roma.
domingo, 26 de abril de 2015
Notas atenienses
He estado en Atenas y la he encontrado muy cambiada y para bien. Las nuevas líneas de metro y las nuevas calles peatonales han hecho fácil y cómodo moverse por la ciudad. No me he encontrado con la miseria que los medios a veces han cacareado para que los españoles no nos sintamos los últimos de la cola.
Por desgracia, Atenas es el paraíso de los graffiteros. En vez de pintarse lo que yo me sé, se dedican a afear todas las fachadas de la ciudad. Según una amiga griega, Tsipras los ha envalentonado.
Pregunto a mis amigos griegos qué opinan de la reclamación de una indemnización a los alemanes por el daño causado por los nazis. He aquí tres opiniones distintas:
-"Nos lo deben y, ahora que ellos nos reclaman lo que no podemos pagar, es el momento de hacerles ver que no están en condiciones de exigir·"
-"La indemnización no la pidió el gobierno griego en su momento y ahora ya es tarde"
-"No me parece inteligente cabrear a los alemanes en un asunto en el que son tan sensibles, ahora que necesitamos que nos den unas condiciones más ventajosas".
Los turistas no siempre muestran el decoro suficiente cuando se fotografían con los soldados (¡y qué soldados!) que hacen guardia ante la Tumba al Soldado Desconocido. Uno echa en falta en España algo similar, sin alardes ni complejos.
El nuevo museo de la Acrópolis es impresionante. Ahora el Museo Británico no tiene excusas para no devolver a Atenas lo que le pertenece.
Tomar en la terraza del museo un frapé con esas vistas es un auténtico lujo.
Me parecieron caros los supermercados y baratos los restaurantes. No entiendo muy bien esa contradicción.
Para vuestra información, el mar Egeo sigue siendo tan cristalino y manso como siempre.
Allí hemos visto a viejos amigos y he heredado una colección de sellos magnífica. Los sellos de los países árabes que ahora sufren la bota del fundamentalismo eran bastante alegres y occidentales el siglo pasado.
Eso sí, en el aeropuerto de Atenas un policía me debió ver cara de sospechoso terrorista (y eso que tuve la precaución de ir bien afeitado y bien vestido) porque me escogió de entre una multitud para pedirme la documentación.
Y aquí me entrevista Pedro Ingelmo para el Diario de Sevilla sobre Rosas de plomo.
Y aquí me entrevista Pedro Ingelmo para el Diario de Sevilla sobre Rosas de plomo.
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