Fui ayer con dos filósofos y una filósofa a ver en el cine una película danesa que recomiendo vivamente y que trata en toda su crudeza y desde muchas perspectivas distintas el asunto de la decisión personal de poner fin a la propia vida cuando el deterioro es implacable, inminente y sin posibilidad alguna de curación. ¿Tienen derecho los deudos a impedir que el suicidando acabe con su vida? ¿Y este a exigirles que respeten su decisión? ¿Cómo sabemos que quienes lo apoyan no tienen intereses ocultos? ¿Quién quiere más al suicidando: el que lo ayuda a morir o el que se niega a ello? ¿Debe la ley permitir que cada cual decida con quiénes se quiere suicidar o eso se presta a abusos?
Corazón silencioso, de Bille August, trata todas estas cuestiones con delicadeza y demostrando que ninguna de las opciones que uno elija está libre de objeciones y más en esos casos extremos. Los actores actúan tan bien, es tan intensa la acción, el asunto toca tan de lleno el corazón, que, arrastrados por la catarsis, la filósofa y yo nos hartamos de llorar. Al principio yo intentaba disimular, pero ella lo notó y me dio un pañuelo.
Nunca fue caballero de damas tan bien servido.
Gracias.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
domingo, 13 de septiembre de 2015
Señora, de Serrat
Esta es una canción bien hecha y con un claro mensaje. Es una versión del bíblico "Dejarán el hombre y la mujer a su padre y a su madre y serán una sola carne", pero no puedo evitar que el que habla en esta canción me caiga antipático por la manera que tiene de dirigirse a la madre de la chica que lo ama. Su mensaje se reduce en un "¿Que no le gusto? Pues fastídiese, señora, a su hija sí".
Sí, ya sé que es ley de vida, pero ahora estoy en la edad en que empiezo a simpatizar más con la madre que con el melenudo fresco por el que se pirra la niña.
Si la canción hubiera dicho algo de esto:
"Gracias, señora, por haber tenido una hija tan guapa, tan bien educada por las monjas, porque es de esa muchacha, que ustedes han hecho posible, de la que yo me he enamorado y no de otra. ¿Cómo podré agradecerles lo que me está haciendo tan feliz? El amor que le tengo es tan grande, que contagia a todo cuanto la rodea: la tierra en que nació, el aire que respira, su pueblo, y a usted, señora, a quien beso la mano. Yo soy una buena persona y, aunque tenga melena y no sea el yerno con que usted ha soñado, aunque yo no tengo por qué pedirle permiso a usted para amar a su hija, quiero que sepa que seré digno del esfuerzo y del amor que usted ha invertido en ella. Si felicidad es lo que quiere usted para su hija, yo estoy dispuesta a dársela toda hasta el final".
me habría gustado más. Pero no; nada parecido a eso le dice, nada parecido a un agradecimiento. Tan solo se limita a regodearse en el hecho de que, a pesar de que ella ha dado la vida por su hija, él, con sus pintas y melenas, la tiene en la palma de la mano.
Me parece un tipo ingrato. .
Eso sí, la canción es bonita.
Sí, ya sé que es ley de vida, pero ahora estoy en la edad en que empiezo a simpatizar más con la madre que con el melenudo fresco por el que se pirra la niña.
Si la canción hubiera dicho algo de esto:
"Gracias, señora, por haber tenido una hija tan guapa, tan bien educada por las monjas, porque es de esa muchacha, que ustedes han hecho posible, de la que yo me he enamorado y no de otra. ¿Cómo podré agradecerles lo que me está haciendo tan feliz? El amor que le tengo es tan grande, que contagia a todo cuanto la rodea: la tierra en que nació, el aire que respira, su pueblo, y a usted, señora, a quien beso la mano. Yo soy una buena persona y, aunque tenga melena y no sea el yerno con que usted ha soñado, aunque yo no tengo por qué pedirle permiso a usted para amar a su hija, quiero que sepa que seré digno del esfuerzo y del amor que usted ha invertido en ella. Si felicidad es lo que quiere usted para su hija, yo estoy dispuesta a dársela toda hasta el final".
me habría gustado más. Pero no; nada parecido a eso le dice, nada parecido a un agradecimiento. Tan solo se limita a regodearse en el hecho de que, a pesar de que ella ha dado la vida por su hija, él, con sus pintas y melenas, la tiene en la palma de la mano.
Me parece un tipo ingrato. .
Eso sí, la canción es bonita.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Un vídeo que debería dar la vuelta al mundo
Tras la aceptación social del aborto, nadie se pregunta qué hacen con los fetos humanos. Es un asunto que la gente prefiere no plantearse. Pues bien, en este vídeo la directora médica de Planned Parenthood, la gran empresa abortera de Estados Unidos, es cazada en un vídeo, mientras come ensalada, explicando por cuánto vende las partes del feto.
Hay más vídeos como este de otras personalidades de esa poderosa empresa explicando cómo se debe matar a un bebé para mantener intactos los órganos que más interesa vender.
Si trivializamos al nasciturus considerándolo un trozo de carne, nadie debería extrañarse de que, en vez de tirarlo, lo vendan. Y, puestos a trivializar, ¿por qué no trivializamos también a los seres humanos como trozos de carne un poco más grandes? La gran diferencia entre los trozos de carne adultos es que tienen con qué defenderse.
Si lo que escribo en esta página va a perdurar unos cuantos años, quiero gritar a los cuatro vientos, para que lo sepan quienes tengan a bien leerme, que las personas moralmente sanas nunca podrán aceptar la matanza de niños en el vientre de sus madres; que nunca dejarán de denunciarlo; que nunca los considerarán trozos de carne o espumarajos, como dicen algunos; que siempre sentirán horror por los carniceros de las empresas aborteras; que el aborto les parece una de las lacras más feas que está ocurriendo en el siglo XXI; que es una canallada que los que sí han podido nacer no dejen nacer a otros; que el escándalo no es que las empresas aborteras comercien con fetos humanos, sino que matar al nasciturus sea un derecho.
Hay más vídeos como este de otras personalidades de esa poderosa empresa explicando cómo se debe matar a un bebé para mantener intactos los órganos que más interesa vender.
Si trivializamos al nasciturus considerándolo un trozo de carne, nadie debería extrañarse de que, en vez de tirarlo, lo vendan. Y, puestos a trivializar, ¿por qué no trivializamos también a los seres humanos como trozos de carne un poco más grandes? La gran diferencia entre los trozos de carne adultos es que tienen con qué defenderse.
Si lo que escribo en esta página va a perdurar unos cuantos años, quiero gritar a los cuatro vientos, para que lo sepan quienes tengan a bien leerme, que las personas moralmente sanas nunca podrán aceptar la matanza de niños en el vientre de sus madres; que nunca dejarán de denunciarlo; que nunca los considerarán trozos de carne o espumarajos, como dicen algunos; que siempre sentirán horror por los carniceros de las empresas aborteras; que el aborto les parece una de las lacras más feas que está ocurriendo en el siglo XXI; que es una canallada que los que sí han podido nacer no dejen nacer a otros; que el escándalo no es que las empresas aborteras comercien con fetos humanos, sino que matar al nasciturus sea un derecho.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Raphael y la Virgen
Me gusta Raphael en esta canción.
Por entonces una canción de tema religioso sonaba natural.
Me emociona la incoherencia de la letra cuando dice que las flores que le ponía a la Virgen en su altar "eran mías, solo mías; las robaba cada noche para ti".
Estoy seguro de que robar flores para la Virgen no es pecado.
Esto de reírse de la gente religiosa, de considerarla pacata, anticuada o tonta, es algo que siempre se ha estilado en estos lares, incluso en épocas oficialmente católicas. A ver si ustedes averiguan en qué momento de la canción se refiere Raphael a eso.
Pues eso, con ustedes, el gran Raphael.
Por entonces una canción de tema religioso sonaba natural.
Me emociona la incoherencia de la letra cuando dice que las flores que le ponía a la Virgen en su altar "eran mías, solo mías; las robaba cada noche para ti".
Estoy seguro de que robar flores para la Virgen no es pecado.
Esto de reírse de la gente religiosa, de considerarla pacata, anticuada o tonta, es algo que siempre se ha estilado en estos lares, incluso en épocas oficialmente católicas. A ver si ustedes averiguan en qué momento de la canción se refiere Raphael a eso.
Pues eso, con ustedes, el gran Raphael.
martes, 1 de septiembre de 2015
Que te pego con mi espadita mala
Amigos, ¿qué tal?
Empiezo septiembre con una lista de diez propósitos (morales, deportivos, profesionales, literarios, familiares y espirituales).
Uno es hacer 45 minutos de deporte tres veces a la semana en casa, para darle no solo a la cabeza sino al cuerpo; y otro es acabar una novela que me tiene absorto. Es curioso que esa novela surgió de pronto el verano pasado, pero nutriéndose de elementos, personajes, situaciones y emociones que llevaba años rumiando y que de pronto han tomado cuerpo. Cuando la inspiración viene, viene y, si hubiera decidido no venir, esos elementos dispersos habrían estado dándome vueltas en la cabeza hasta la tumba sin convertirse en novela. Así que estoy contentísimo, pero agobiadísimo, porque la novela, mientras se va escribiendo, se encuentra con escollos, cruces de caminos imposibles, incoherencias que no sé cómo resolver, asuntos en los que me tengo que asesorar y, para colmo, cualquier cosa interesante que me dicen u oigo, cualquier nombre o frase que oigo al azar, me sirve para algo de la novela, me cubre un hueco, me aparta un árbol que me permite por fin ver un claro en el bosque...
Y, en fin, para que os riáis un poco, este año he enseñado a un grupo de chicas adolescentes a jugar a la brisca; las vi jugar tanto con la baraja inglesa, que me propuse enseñarles a jugar con la española, pero tuve la mala fortuna de contar con una baraja que parece fabricada por los chinos. Mirad, si no, a la sota de espadas, que parece que nos está diciendo:

"Huy, que te pego con mi espadita mala".
Así que las chicas prefirieron el parchís. Por cierto, perdí en todas las partidas.
Me alegro mucho de volver a estar aquí con quien tenga a bien entrar en esta casa.
Empiezo septiembre con una lista de diez propósitos (morales, deportivos, profesionales, literarios, familiares y espirituales).
Uno es hacer 45 minutos de deporte tres veces a la semana en casa, para darle no solo a la cabeza sino al cuerpo; y otro es acabar una novela que me tiene absorto. Es curioso que esa novela surgió de pronto el verano pasado, pero nutriéndose de elementos, personajes, situaciones y emociones que llevaba años rumiando y que de pronto han tomado cuerpo. Cuando la inspiración viene, viene y, si hubiera decidido no venir, esos elementos dispersos habrían estado dándome vueltas en la cabeza hasta la tumba sin convertirse en novela. Así que estoy contentísimo, pero agobiadísimo, porque la novela, mientras se va escribiendo, se encuentra con escollos, cruces de caminos imposibles, incoherencias que no sé cómo resolver, asuntos en los que me tengo que asesorar y, para colmo, cualquier cosa interesante que me dicen u oigo, cualquier nombre o frase que oigo al azar, me sirve para algo de la novela, me cubre un hueco, me aparta un árbol que me permite por fin ver un claro en el bosque...
Y, en fin, para que os riáis un poco, este año he enseñado a un grupo de chicas adolescentes a jugar a la brisca; las vi jugar tanto con la baraja inglesa, que me propuse enseñarles a jugar con la española, pero tuve la mala fortuna de contar con una baraja que parece fabricada por los chinos. Mirad, si no, a la sota de espadas, que parece que nos está diciendo:

"Huy, que te pego con mi espadita mala".
Así que las chicas prefirieron el parchís. Por cierto, perdí en todas las partidas.
Me alegro mucho de volver a estar aquí con quien tenga a bien entrar en esta casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)