martes, 21 de abril de 2020

Niños al hombro

El crítico Rafael Roblas Caride ha publicado aquí una reseña muy elogiosa de mi libro Niños al hombro, en la página de Estado Crítico.

La enlazo porque me parece muy certera. Ocurre casi siempre que los buenos lectores saben de la obra del poeta más que el poeta mismo.

Para quien guste.

lunes, 20 de abril de 2020

Un poema de Carmelo Guillén

Cuando murió mi padre, tuve un sueño angustioso: yo llevaba su cuerpo desnudo y devorado de metástasis por las calles de una ciudad vacía durante un amanecer que no acababa de romper a día. Me desperté angustiado y con desesperanza.

Pero quince años después he tenido un sueño muy distinto. En una celebración familiar vi de pronto a mi padre que nos servía a todos el vino, pero solo yo lo reconocí. Y estaba joven, como cuando yo era niño y escalaba por sus piernas interminables. Me dio un abrazo tan cálido y tan fragante, tan real, que salí del sueño bendecido y curado del otro sueño para siempre.

Desde entonces le rezo como a un santo y, cuando me angustia el temor de que seamos tan solo átomos, vacío y miedo a la muerte, rememoro ese sueño y su abrazo.

Por eso me ha conmovido tanto este poema que he leído en un libro delicado, íntimo y misterioso de Carmelo Guillén: La vida es lo secreto.

EL TIEMPO QUE HE VIVIDO
El tiempo que he vivido a su lado me basta
para saber que todo: cada cosa que palpo,
o huelo, o miro viva, no tiene consistencia,
que si existe la vida, es después de la vida,
y que la muerte viene a morir hasta aquí,
en las cosas que palpo, o huelo, o miro vivas.

miércoles, 15 de abril de 2020

Ventanas abiertas

Queridos amigos:

El grupo de teatro Almudeyne, dirigido por Antonio Cabello y donde actúo, ha montado este vídeo, con texto de Antonio Cabello, acerca del confinamiento. Y como salgo en una de las tomas ahí lo dejo, con mi ventana abierta, para poder hablar de vecino a vecino.

lunes, 13 de abril de 2020

Herbario de sombras, de José María Jurado






La primavera canta en los balcones, 
pero arriba los astros están mudos. 

Estos versos son de Herbario de sombras (Los Papeles del Sitio), de José María Jurado. Es un libro de cuidadosa edición y con mucha variedad de metros y rimas. Aplaudo que buenos poetas echen mano de la riquísima tradición métrica española.

En todos los poemas de José María Jurado hay majestad, pero sin grandilocuencia. Cada poema es una danza. Y esto está muy bien. Pero mis poemas favoritos son precisamente los menos majestuosos, los que son más bien un río, los que parecen compuestos para decirse sentado en un prado y no subido a un árbol.

"Última canción de junio", "Cerrar una casa" y "Primer himno de Pascua" tienen ese estilo transparente y ese tono sencillo que, a mi juicio, los hace más emotivos que los demás.

Pero mi preferido es "Ma petite ballerine", que reúne muchos de los rasgos, a mi parecer, esenciales de José María Jurado: una vibrante belleza sostenida en cada verso del poema, unas imágenes potentes, plásticas y originales, normalmente inspiradas en el mundo de las artes, la historia y la cultura; un decir majestuoso y memorable.




domingo, 12 de abril de 2020

Última voluntad

Quien guste puede leer un poema mío que me han publicado aquí en un blog que trata precisamente de la Resurrección, junto con el texto de  José Manuel Gömez y fotografías de Ramón Simón y Alonso Coca.

Que de este confinamiento salgamos todos más agradecidos a este regalo que el cielo nos ha dado: la vida.

Ex corde, Jesús Cotta

ÚLTIMA VOLUNTAD
Ni ying ni yan
Ni Pachamamas
Ni luchas de contrarios
Ni el karma y la sinergia,
Ni Epicuro en sus ínfimos placeres,
Ni todos los psicólogos del mundo,
Ni siquiera el aikido, el tao y el yoga
Ni Zaratustra el de las luengas barbas
Escapan con sus Torres de Babel
Del abismo profundo de la muerte.

Quedar en la memoria de mis deudos,
en un álbum de fotos,
en una antología de mediocres
O en los genes de miles de criaturas;
yacer en un pomposo mausoleo
Y dar nombre a un cometa o a un bacilo
O a un hospital para enfermos incurables
No es nada comparado con perder
Los besos y las flores para siempre.

No quiero ser ceniza
Esparcida en una playa
Ni quiero convertirme en un diamante
En el dedo del nieto más excéntrico.
Y nada de formoles y criogenias.

Yo solo quiero convertirme en lágrima
Rodando por tu rostro bienamado
Y en ella un lucerito que te anuncie
Que vestido de novio yo te espero
Muy joven y sin prisas, vida mía.
(de Menos la luna y yo)