viernes, 20 de junio de 2008

Tatuaje y piercing

Y ya que estoy hablando del cuerpo, ahora le toca el turno al piercing y al tatuaje. Esto tiene que ver con la concepción que el hombre tiene de sí mismo. Cada hombre se percibe como un sujeto, no como un objeto. Por eso los hombres no se decoran, sino que se visten. Los objetos se decoran porque su masa no tiene derecho a decidir qué es: eso lo decidimos nosotros. Pero los sujetos se visten porque su masa es su cuerpo, la manifestación material de nuestro yo, algo digno que no es objeto ni decorativo: pertenece al yo y por eso se cubre. Por eso, resulta extraño en Occidente convertir la piel en un cuadro, en un tapiz, en plumas de pavo real. Ver una piel tatuada y horadada produce el espejismo de estar viendo una cosa, no una persona. Hay que reconocer que el espejismo es interesante, pero también inquietante.