domingo, 1 de junio de 2008

Cuchibambo

Cuando veo que se me pierden los alumnos con mis explicaciones de filosofía, me esfuerzo por poner ejemplos y, cuando no se me ocurre ninguno, recurro al cuchibambo. Me lo inspiraron unas Musas muy poco creativas cierta vez que no sabía cómo explicar la crítica de Hume al principio de causalidad. Supongamos que en cierta ocasión nos regalan una mascota de la especie del cuchibambo. Durante ese día le damos un paseo, un baño, le damos de comer... y de madrugada le da un síncope. Vamos, pues, al veterinario y éste nos pide un informe pormenorizado de lo que hemos hecho con el cuchibambo a lo largo del día. Cuando le detallo la dieta que le he dado a la infeliz criatura, el veterinario se indigna: "¿Tomate? ¿A quién se le ocurre darle tomate a un cuchibambo? El tomate para él es mortal".
Si antes no veíamos la conexión causal entre el tomate y el síncope del cuchibambo, después de ir al veterinario nos parece tan evidente como la que existe entre el cianuro y la muerte, lo que muestra, según Hume, que la conexión causal no corresponde a ninguna impresión sensible, sino que es creada por nuestra mente.
El cuchibambo me saca de muchos apuros, pues no sólo puede ser una mascota, sino una dimensión del espacio desconocida aún por nuestros sentidos, la cuchibambez; los cuchibambos han sido a veces unos indígenas de la selva o el nombre que se da en ciertas lenguas a un número a un mueble. En fin.
Todo esto viene a que unas alumnas mías, encantadas con mis cuchibambos, me han solicitado solemnemente que les dibuje uno antes de fin de curso. Y ahora estoy en un terrible aprieto: ¿cómo puedo dibujar la Cuchibambez en Sí, con lo mal que dibujo y con lo inaprensibles que son los cuchibambos? Si algún alma imaginativa puede sacarme del apuro, se lo pagaré en cuchibambos.