viernes, 29 de mayo de 2009

Catedrático de indoeuropeo

Los dos primeros años de carrera los pasé en un colegio mayor. Y mi amigo Antonio, filólogo como yo, invitó al catedrático de indoeuropeo de la Hispalense, el señor Díaz Tejera, a impartir una charla al que pusimos un título arrebatador y fascinante: “Concepto y función de la Filología"
Como no asistieron muchas personas, nos encargamos de reclutar asistentes entre otros estudiantes que eran de ingeniería, química, económicas.... Los que pensaban dormirse durante la charla se sentaron en los rincones más oscuros de la sala. Cuando llegó el turno de preguntas, el catedrático preguntó a los asistentes por qué habían decidido estudiar Filología. Oyó respuestas como éstas:
-Yo soy de Económicas, pero me interesan mucho el concepto y la función de la Filología.
Otras preguntas que se le hicieron eran de este tenor:
-¿Cuándo hay que entregar las becas?
El catedrático le respondió que eso era mejor preguntarlo en la secretaría de la facultad.
El señor Díaz Tejera, que en paz descanse, todo un caballero. Sólo ahora me doy cuenta de la paciencia que tuvo con nosotros. Gracias.

13 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Recuerdos eternos, muy eternos.

¡Cuantas gilipolleces se escuchaban!

Siempre estaban los que hacían preguntas absurdas para que el invitado tuviera conversación.

Un abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Los caballeros se demuestran en circunstancias como estas.

Me da algo de añoranza. No sé si, hoy por hoy, podríamos convencer a compañeros de matemáticas o física o... para que escuchasen una conferencia de Filología.

Un abrazo, don Jesús.

moderato_Dos_josef dijo...

No, mucha atención no se le prestó jejeje!

eres_mi_cruz dijo...

el mayor placer para un esnob siempre será constatar que lo que hace o dice no está al alcance de un masa que además es completamente indigna... un auditorio vacío es un regodeo como un albornoz de Julian Schnabel...

Ranzzionger dijo...

Magnífica anécdota. Es el problema del relleno de los espacios vacíos, que sólo se combate con el wonderbrá de los canapés como reclamo de un auditorio ávido de saber.

Anónimo dijo...

Oh, Díaz Tejero, qué recuerdos! aún recuerdo que por mucho que lo intentaba no me enteraba de nada porque la voz se apagaba en las aulas y cuánto estudié para aprobar en septiembre indoeuropeo... También recuerdo a Antonio, su seriedad y aplomo, frente a tus sempiternos nervios, corriendo siempre de un lado a otro.¡Qué buenos años! En fin, como dicen las sevillanas "pasa la vida, pasa la vida..."

Jesús Cotta Lobato dijo...

Sí, Javier, yo guardo un ramillete de esas preguntas.

Me temo, Juan Antonio, que tienes toda la razón.

Moderato, el caso es que creo que se le prestó atención, pero no se le entendió.

Eresmicruz, ahora mismo voy y busco quién es Julian Schnabel. En cuanto al catedrático, hizo lo que pudo. El fallo fue nuestro por imponerle un tema tan árido y esdrújulo.

Ranzzionger, por eso digo que era un caballero. Se entregó a pesar del escaso auditorio.

¡Vaya, un anónimo que nos conoce a Antonio y a mí! Sigo siendo nervioso, aunque no tanto. Por si te sirve de consuelo, yo también suspendí indoeuropeo, pero en septiembre hablé con él ¡y me aprobó! Agradable reencuentro, Anónimo.

Gerardo V. dijo...

Parece ser que no es nuevo esto de que el alumnado esté despistado, que le importe un pimiento la excelencia,que salga por peteneras, que interprete el personaje oídos de corcho. Parece que el alumnado a en esas edades está más interesado en las juergas, las pivas y los pivos en lo que sucede con las pivas y los pivos... Y es que, amigo cotta, para pensar, para morir, para aburrirse hay tiempo después, que el tren de la juventud corre que vuela y después queda mucho tiempo para lo que venga y que lo que venga no sea el lamento ni la nostalgia. ahh, que reñido esta el seso con el sexo, que reñidos los intereses con las edades, los alumnos con los profesores, la fiebre y la efervescencia de la juventud con el sedentarismo postumo.
Un abrazo
Gerardo.

Anónimo dijo...

Diamantes en bruto que al tallarlos se rompen, no porque el maestro no ha sabido, sino que todo su empeño fue sacar lo mejor, de siete diamantes solo se rompió el más bruto, pero lejos de arrojarlo a la basura el tallador, lo trató con el mismo mimo que las demás piedras preciosas que sabian de su valía.
Agradecido quedo

Alejandro Muñoz dijo...

Todo un señor por lo que cuentas. Estoy seguro que se percató de la situación desde que entró y tuvo la amabilidad de contentaros.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gerardo, ¡qué bien has expresado con tus antítesis lo complicado quee es para la juventud lidiar con la adultez y para la adultez la juventud! Lo tendré en cuendo briegue con adolescentes.

Los diamantes siempre son diamantes, aunque se partan en mil pedazos.


Alejandro, tenlo por seguro. En agradecimiento suyo he escrito esto. Un abrazo.

Gerardo V. dijo...

Jesús, me consta que tu lidia con la juventud, tu briega no la llevas mal del todo. Se que tus alumnos te aprecian, incluso los que no han sido tus alumnos, también te aprecian y eso debe ser por algo. Eres respetado en tu trabajo porque trabajas respetando, porque miras hacia tu trabajo con respeto, hacia tus alumnos con respeto, porque miras, respetas y amas el pensamiento como un lugar al que llegar y tu trabajo y actitud ante la vida como un gesto generoso con la vida. amigo Jesús, creo que estas aprendiendo a ser un Maestro y cuando uno aprende a serlo, va aprendiendo a enseñarlo.
Un abrazo
Gerardo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gerardo, me abrumas con tus elogios. No me pongas el listón tan alto, que luego no llego. Un abrazo muy fuerte.