miércoles, 13 de mayo de 2009

Mi adolescencia en diez pinceladas

1. Tantas oscuras golondrinas como Ignacios Sánchez Mejías en las profundas cavernas de mis sentidos.
2. Una fascinación secreta hacia algunas personas.
3. Cuando la pelusa me salió en el pecho, me daba un poco de miedo aquello en que me estaba convirtiendo.
4. El sexo fue un descubrimiento demasiado grande para mis neuronas. Fue como caerme de un caballo.
5. Por primera vez me pasaban cosas que no podía contar a mis padres.
6. Me gustaba tocar la guitarra bajo las estrellas.
7. Dejé de ser un niño feliz y despreocupado.
8. Por primera vez no estaba de acuerdo con mi padre en algunas cosas en las que ahora creo a pie juntillas.
9. Comencé a odiar las matemáticas que ahora empiezan a interesarme.
10. Y dejé de pedirle a mi madre pastillas para crecer.

16 comentarios:

Julio dijo...

Cierto es , amigo Jesús, que en la juventud se produce un alejamiento de los padres que se neutraliza cuando crecemos, y aún más cuando nosotros nos convertimos en progenitores.
Saludos

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Ah, cómo pudimos ser tan jóvenes...

Gerardo V. dijo...

un buen retrato de adolescencia querido Cotta, y que bien que hagas el ejercicio de acordarte o te acuerdas del tirón? yo solo a retazos. En algunos coincidimos.
Saludos
Gerardo

maite mangas dijo...

Jesús, también coincido en casi todas. Lo de la la pelusa en el pecho yo no lo recuerdo.
No está tan lejos la adolescencia, ¿o sí?. Qué vertigo.

Ranzzionger dijo...

Me ha encantado este retrato. describes muy bien esos cambios "terribles" que te llevan a replantearte las "verdades" hasta entonces aceptadas, las opiniones que eran dogmas y hasta tu propio cuerpo y rostro. Todavía recuerdo cuánto me costaba reconocer ese rostro que se iba poblando de granos y esa narizota que empezó a crecer sin medida.

Antónimo dijo...

Eres tan plástico y al mismo tiempo tan exacto al describir algunos estados del alma que leerte es siempre una hermosura.

José María JURADO dijo...

Muy poética la 1, Jesús.

Ángeles dijo...

Y sigue igual, no hay manera de hacer más llevadero el cambio.
Un Saludo

Eutherpe dijo...

Me encanta siempre sobre las cosas que escribes. Pero esta vez me siento tan identificada con cada una de las pinceladas de tu adolescencia... Supongo que las cosas, en general, se ven de una manera muy diferente con el paso de los años... Yo misma me doy cuenta de la diferencia que existe a cuando yo tenía 15 años a ahora que tengo 18. La importancia que se le dan a cosas que antes no las tenían... y así todo. Gracias por esta entrada, que como siempre, me ha hecho reflexionar.
Un saludo =)

Jesús Cotta Lobato dijo...

Sí, Julio, y uno defiende esas mismas cosas con la misma vehemencia con que antes las criticaba.

Juan Antonio, gran parte de lo que somos ahora se forjó entonces y se mantiene.

No me acordé, Gerardo, del tirón. Me senté diez minutos y cerré los ojos. Y salieron las pinceladas.

Maite, la adolescencia sigue en nosotros en muchos aspectos. Menos mal que no recuerdas lo de la pelusa.

Ah, Ranzzionger, los granos. Qué época. Cuántos complejos y a la vez cuántos anhelos. En cuanto a las narices, imprimen carácter al rostro y son viriles.

Mi querido Antónimo, seguro que, si te sientas, te saldrán pinceladas mucho más plásticas que las mías. Un abrazo siempre.

José María, aún recuerdo las horas que pasaba leyendo y releyendo hasta aprenderme de memoria esos versos y luego recitarlos en la oscuridad.

Me temo que tienes razón, Ángeles. Es como pasar de gusano a mariposa. O al revés.

Querida Eutherpe, seguro que la música ha sido constante y salvadora desde tus quince a tus dieciocho. La música eleva y es terapéutica. Cuida ese don que posees.

Miradme al menos dijo...

Hay quien dice que la adolescencia es una edad muy mala. ¡Envidia cochina!
Sin duda la 1. La 6 me hubiera gustado mucho.
Un saludo, Jesús.

Anónimo dijo...

Pues yo me alegro profundamente de haber dejado atras la adolescencia, que en mi caso fue como una especie de purgatorio entre dos etapas más felices de mi vida: la infancia con su inocencia y ausencia de responsabilidades y la edad adulta, en la que me siento más libre y dueña de mis actos. Muchos besos querido tío. PD: es curioso esto de que te llame tío sólo en el mundo virtual.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Miradme, si te gusta la uno, es porque también tú estabas lleno de poetas.

Mi queridísima sobrina anónima: a mí me pasa exactamente igual que a ti. Lo único hermoso de mi adolescencia fue un redescubrimiento del mundo.

La gata Roma dijo...

Podría ssuscribir el comentario de su sobrina anónima…
Leía a Neruda con la compulsividad de querer creer que el amor eran XIX poemas, cuando el mas auténtico era mi favorito, el que no quería tomar como cierto, el XX. Vestía de negro rollo muy grounch, y al final de la adolescencia exploté en un hipismo hortera lleno de flores…
La ira contra el mundo habría podido destruir algún edificio si hubiera sabido canalizarla…
En fin, me ha hecho recordar tanto, que me voy a seguir con mi memoria a otro lado, que aquí ya me alargué mucho…
Kisses

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querida Gata, con la ropa uno buscaba y sigue buscando su identidad. Yo también me hice hippy.

Rosna dijo...

Adolescencia , que etapa díficil ,siempre me acompañará la rebeldía .
Gracias por estas pinceladas
Yuriko