viernes, 8 de octubre de 2010

El negro del semáforo

Yo quiero ser como el negro del semáforo al que le compro los rosarios de plástico. Desprende alegría por los cuatro costados, llueva, truene o arda el sol, venda o no, lo miren  o no a los ojos.

En el reparto de semáforos, si lo hay, le ha tocado uno sin demasiados carriles, con lo cual supongo que no vende tanto como otros. Y cuando me ve cruzar la calle, me saluda en la distancia y me llama hermano. Y lo bueno es que nunca me dice: Cómprame. Yo le compro si quiero. Y quiero muchas veces, precisamente por eso, porque no insiste. Tengo muchos rosarios y siempre llevo alguno encima y los voy regalando por ahí.

Si alguien me ve por Sevilla, que me pida uno: está bendecido por la mano blanca del negro del semáforo.

Y, en fin, hoy la poesía de Tomás Rodríguez Reyes en la librería Luces de Málaga. Buen fin de semana a todos.

16 comentarios:

Sombras Chinescas dijo...

Bonita redundancia la de ir dejando por Sevilla un rosario de rosarios.

Saludos.

Menalcas dijo...

Señor, mira que me gusta leerte, pero muchas veces no coincido contigo y no me basta un recuadro de estos para exponer mi punto de vista. ahora bien en esta entrada me has ganado, y si un día voy a sevilla te pedire un rosario. para mi hay ciudades con brujeria una es sevilla, otra es toledo y la mia claro santiago, un abrazo

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
Lo veo a usted cantando:
"Por la calle de Alcalá
con las mangas arremangás
y un puñao de rosarios
pa regalar a amigos varios,
el Jesús viene y va
regalando rosarios por la calle de Alcalá..."

Feliz fin de semana y que el acontencimiento deje huella.
50 neutonios

Jesús Cotta Lobato dijo...

Sombras, lo curioso es que los rosarios los vende un negro. Un abrazo.

Menalcas, para mí es un honor, y no te imaginas cuánto, que te guste leerme a pesar de las discrepancias. Me alegro de que el negro del semáforo nos una.

Dyhego, me encanta que me pongas las mangas arremangás en vez de la falda almidoná. Es usted todo un caballero. Hoy le mando sólo erotones, para el fin de semana.

Olga Bernad dijo...

Guárdame uno para cuando vaya (yo no olvidaré pedírtelo;-) que no están los tiempos como para no apreciar las bendiciones.
Mucha suerte hoy, qué disfrutéis.
Un beso.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Olga, guardado queda. Y a ver si nos vemos otra vez juntos en la misma mesa. Y nos queda pendiente el grito orgásmico.

Olga Bernad dijo...

¡Estoy con tal lío de trabajo y estudio y cosas por entregar que creo que el grito orgásmico me saldría desesperado! Igual es lo suyo;-)
No me olvido, pero vamos a dejarlo para algún momento más placentero, jejej. (Que nadie piense que hacemos cosas raras juntos: se trata de un texto mil veces aplazado)
Creo que voy a Sevilla para marzo, hazme un lugar en alguna de tus muchas mesas.
Abrazos.

Laura dijo...

Hola Jesús! No se si te acordarás de mi. Fui alumna tuya en el IES Cristóbal de Monroy, me llamo Laura Vera Manchón. Yo soy la loca con la que te peleabas todos los días en Filosofía y en HPP! :)
Navegando por internet me encontré con esto y me dio mucha alegría! Espero que todo te vaya muy bien. Yo ahora estoy ya en 4º de carrera, y la verdad es que no me puedo quejar. Al final acabé estudiando lo que quería, Publicidad y RRPP.
Bueno, pues decirte que me ha encantado tu blog, y que a partir de ahora me pasaré a menudo para leerte!

Un saludo!

El Naranjito dijo...

Maestro Cotta, llevo unos días sin leerte ( que conste que por culpa mía), y hoy me encuentro con que estás regalando rosarios a to quisqui. Guardame uno por favor. El señor negro de mi semaforo solo vende pañuelitos y ambientadores de pino. Regalar ambientadores de pino no es lo mismo. ?verdad?
Un saludo.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Me has dado otra visión del negro del semáforo.
También muchas veces me he preguntado como aparecen tan alegre.
Un abrazo y que te vaya bien por Málaga

E. G-Máiquez dijo...

A mí, si no es mucho pedir, también me gustaría un rosario de plástico bendicido a dos manos (la del negro y la de Cotta).

lolo dijo...

Bendecido por la mano blanca del negro... a lo mejor eso es lo que lo hace tan alegre.
Las personas mejores que nosotros nos dan ganas de parecernos a ellas.
Gracias, Cotta.

TROYA dijo...

Me encanta su capacidad para transmitir,emocionar y conmover a sus lectores...yo también quierooo.Un rosario,digo ,lo otro por desgracia no me lo puede regalar.Pero si lo puedo disfrutar. Gracias.

Anónimo E dijo...

La mayoría de los negros del semáforo tienen detrás unas historias tan dramáticas...Mi madre, en su ruta matutina contra el colesterol ,saluda a uno muy simpático que la llama, "mami",y le pregunta que tal está, sonriendo con sus dientes blanquísimos,pero unos ojos tristísimos. Por cierto, mi madre colecciona rosarios.Te encargo y te "pago" uno.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Olga, mejor así. Yo también ando liado. Y te esperamos en marzo.

Laura, claro que me acuerdo de ti. En esas clases me lo pasaba bomba con vosotros y me dabais caña y eras muy buena debatiendo. No te imaginas la alegría que me da tu saludo, porque eso significa que la energía personal que yo invertía en clase ha dejado en ti un buen recuerdo. Me parece increíble que ya estés en cuarto y que el tiempo haya pasado tan rápido. Y me encantará que pases por aquí cada vez que te dé la gana. Estás en tu casa. Un beso.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Naranjito, el negro del semáforo que digo vende rosarios y pañuelos de papel. Pero como los pañuelos son para los mocos y el rosario para rezar o colgárselo al cuello o llevarlo guardado en la maleta para que te proteja, prefiero comprarle rosarios. Te guardo uno.

No cogé ventaja, esa alegría además no parece una puesta en escena, al menos en el caso del negro del que hablo. Es una alegría interior que lo ilumina.

Enrique, te guardo uno. Siempre que le pido alguno, él alza la mano con la ristra de rosarios para que yo elija. Te pediré uno de colores para tu hija.

Lolo, sí, eso es lo que me pasa: quiero ir al trabajo con la misma alegría con que él se pasa horas y horas de coche en coche.

Troya, te guardo uno. La capacidad de emocionar no la tengo yo: me he limitado a contar lo que veo todos los días en ese hombre: su alegría.

Anónimo E, el negro que saluda a tu madre es todo un caballero. Y ya me parezco en algo a tu madre: yo también colecciono rosarios.