Surjo del agua tan recién nacido,
tan goteando en ella el cielo entero,
que agradecido echo a correr, y espanto
peces y alondras.
Cuando en la palma de tu césped caigo,
qué sacramento verde eres, río.
Y tú, discreta brisa, qué bien besas
y abres mis brazos.
Al son de un tigre, corazón, bombeas.
No os cabe luz más grácil, ojos míos.
Y tú, deseo, ¿de dónde habrás sacado
tanta amapola?
En cuanto a Ti, ¿por qué te escondes, Dios,
tan sumamente bien en estos dones?
Vistes de azar tu amor y en él olvido
qué tuyo es todo.
Acogido a sagrado, Jesús Cotta, Cuadernos de Númenor
4 comentarios:
Las tres primeras estrofas me parecieron excelentes hasta que leí la cuarta, tan magistral que obliga a releer las tres otras con menos entusiasmo. No sé si me explico. Difícil escribir una "introducción" a la misma altura que la extraordinaria conclusión.
Don Epifanio:
las tres primeras estrofas nos invitan al placer terrenal. La cuarta lo cambia todo...
25 neutonios paradisíacos.
Esa última estrofa es la menos mía, porque es la más inspirada. Es una cura de humildad para un poeta cuando le alaban la estrofa donde hay más gracia e inspiración que talento y trabajo. Muchas gracias, de corazón
Exacto. Me ha calado usted, don Diego. 25 neutonios estrofísticos
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