lunes, 19 de diciembre de 2011

Ex corde

1. Una vez mi hermano Alfonso se peleó con otro para defender mi honor. Los recuerdo a los dos enzarzados y en tablas. Creo que esa ha sido la única vez que mi  hermano se ha peleado, y lo hizo por mí. Recurrió al último recurso de la violencia por una palabra ofensiva que contra mí se dijo. Gracias, Alfonso.


2. Un domingo por la noche necesitaba yo entregar un dibujo con acuarela para el cole y no había pinceles en toda la casa. ¡Lo que lloré! Mi madre me cortó un mechoncito de pelo, lo sujetó, creo recordar, con hilo entre varios palillos de dientes y me hizo el pincel más original y bueno del mundo. Gracias, mamá.


3. En tercero de carrera suspendí el examen de indoeuropeo. Aquel fue mi primer suspenso y me hundió en la miseria. Me armé de valor y fui a llorarle a don Alberto Díaz Tejera, el catedrático, que Dios tenga en su gloria, aunque me merecía el suspenso sin duda. Y entonces, contra toda esperanza, ¡me aprobó! Gracias, don Alberto.


4. Entre los papeles que iba a tirar este verano he salvado una misteriosa tarjeta blanca que me dice: "Gracias, Jesús, por estas rosas tan frescas". Y no recuerdo quién pudo escribirme eso, cuándo ni por qué. Pero me ha llenado de orgullo que alguien me agradezca algo tan hermoso. Gracias a la persona que me agradeció las rosas, sean estas lo que sean.


5. Cuando era estudiante y me hacía falta dinero, el director de mi colegio mayor me rogó que le tradujera ciertos artículos de biología del alemán, lengua que yo estudiaba en la fácul. Yo dije que sí con tal de ganar un dinerillo. Mi traducción fue penosa, porque resulta que, mientras que todas las lenguas europeas utilizan en las ciencias palabras de origen latino y griego, ¡el alemán no!, porque las pasa a raíces germánicas que hay que buscar en un diccionario de los que un estudiante no se puede pagar. Aun así el director me pagó la, digamos, traducción. Gracias, director.


Ex corde. En su momento no me di cuenta del gran favor que me hacían y no lo agradecí o bien no lo agradecí lo bastante. Nunca es tarde para dar las gracias, aunque no le lleguen a nadie.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Patricio va a ser padre

Será varón y se llamará C. Wisdom. Patricio me ha pedido para él un carrito de bebé. Y en mi parroquia, Nieves, que es un sol, ya me ha encontrado uno y quizá una cuna y ropita de bebé. Cuando se lo dije a Patricio, me regaló un rosario y un God bless you. Pero yo estoy más feliz que él, porque me he sentido como un rey mago llevándole un regalo a un niño que va a nacer en diciembre o enero, según me ha dicho el padre.

C. Wisdom, que los Reyes Magos te traigan una España próspera y generosa, donde puedas encontrar amigos, amor y trabajo; que heredes la simpatía y la bondad de tu padre; y que te quieran mucho los tuyos y los no tan tuyos para que tú los quieras más.

Y si alguien vive por aquí en Sevilla y tiene en casa cosas de bebé con las que no sabe qué hacer, que me lo diga, que Patricio lo necesita todo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La tonadilla que se te mete en la cabeza

Hay mañanas en que me despierto con el estribillo de la canción más tonta en la cabeza y no se me va de ella en todo el día. A lo mejor estoy dándole vueltas a las clases que voy a dar ese día, y sale Massiel con todo su coro cantándome:

Vamos al Noa, Noa, Noa....
Noa vamos a bailar.

El estribillo del día podía haber sido el Aleluya de Haendel o el Ave, verum corpus de Mozart. Pero no. Resulta que es el Noa Noa o el I wanna dance with somebody who loves me, que son además dos canciones que ni oigo a menudo ni me gustan. Y las neuronas se me ponen a tararearlas mientras friego los platos o cuando voy en bici o incluso cuando filosofo con los amigos.

Digo yo que, con la cantidad de versos de buenos poetas y la cantidad de máximas latinas que me sé de memoria, ya podía ser un verso de san Juan de la Cruz o una máxima de Séneca la que me acompañase el resto del día, y no el éxito del verano.

Yo creo que este martilleo musical tiene que cumplir alguna función vital. A lo mejor las neuronas se dicen entre sí: "¡Chicas, a ver qué nos ponemos a cantar hoy para que nuestro patrón, que es obsesivo, compulsivo, depresivo, no nos salga por los cerros de Úbeda!" Y, hala, se me ponen flamencas.

Por favor, neuronas de mi alma, de mi corazón y de mis entretelas, hoy deposito en vuestra ara bioquímica unas rosas frescas para que mañana, si lo tenéis a bien, me despertéis con la música de las esferas o con un verso maravilloso, que hace meses que no escribo poesía.

martes, 6 de diciembre de 2011

Aforismos de colores (XXXI)

MORALES
1. El malo prefiere ser temido a amado, porque las demostraciones de fuerza le cuestan menos que las de amor.
2. Cuando el río suena, alguien lo está removiendo.

POLÍTICOS
3. El poder es propio en Dios e impropio en el hombre, que tarde o temprano tendrá que rendir cuentas de su uso.
4. En una sociedad libre, la rebeldía contra el sistema es el disfraz de la violencia o del resentimiento.

EXISTENCIALES
5. Vivir consiste en pedirle demasiado a la vida.
6. Hay cosas que de puro bonitas nadie cree que sean verdad.

VERDERONES
7. Muchos quieren divorciarse para acostarse con muchas; y muchas se acuestan con ellos para convertirlos en maridos.
8. Lo malo del culturismo es que uno crece por todas partes menos por el pito y por la inteligencia, que son las partes más importantes de un varón.


LITERARIOS
9. En las malas novelas cabe todo. En las buenas, también, pero todo encaja.
10. Aprende a escribir bien, para estar a la altura de la belleza o de la verdad que nos quieres confiar.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

De la infancia a Eros

La felicidad de la niñez es intensa, plena, inconsciente, misteriosa, como un poema de amor feliz, una hoguera que, si ardió bien, nos acompaña viva en el corazón hasta la muerte, donde aflora.

Muchas veces me pregunto qué fue lo que acabó con ella y, entonces, surge en mi recuerdo como respuesta la irrupción de lo sexual en mi niñez. Eros es la manzana prohibida que a la entrada de un bosque oscuro tuvimos que morder para que abandonáramos el jardín de aquella dichosa “fábula de fuentes”.

Los amigos de mi pandilla, más adelantaíllos que yo, comenzaron,a interesarse por las niñas no para jugar al mate o al pilla pilla, sino para jugar a los médicos. Me di cuenta el día en que vinieron las Pepis al pasaje donde nosotros jugábamos. Mi recuerdo las hace trillizas, porque eran igual de altas, de nuestra edad, tirando a rubias y poco agraciadas y, según me dijeron, muy “putas”, cosa que, por lo visto, significaba que, a diferencia de nuestras amigas, se dejaban tocar por todos los niños. Las recuerdo allí, en medio de nosotros, sonriéndonos mientras las mirábamos con curiosidad. Se sentían deseadas, valoradas, pero eran solo fáciles. Y los cuatro o cinco más audaces o con más ganas se metieron con ellas en un local abandonado y oscuro del pasaje.

Desde entonces Eros se adueñó de casi todos los amigos del pasaje, menos de mí y de dos o tres más, que aún éramos impúberes. Del blanco pasaron al rojo. Ya no les interesaba bajar a jugar a lo de siempre, sino que ahora les gustaba jugar a las prendecitas, para tontear con las niñas, a un juego que se llamaba “atrevimiento, beso, verdad” y, sobre todo, a pedirnos el tocadiscos portátil de mi casa para bailar música lenta con las niñas en el pasaje. Ya no eran niños libres y despreocupados, sino adolescentes que se enamoraban, sentían la soledad del cuerpo y la necesidad de la unión, reían por enamoriscamientos y lloraban por desenamoramientos. La edad del juego feliz había terminado.

Eros fue una gran ganancia que me hace tocar las estrellas. Pero también fue una gran pérdida, porque antes de él no las tocaba: las tenía todas en el bolsillo.