sábado, 3 de octubre de 2015

El primer poema de la semana de este curso

Amigos, ahora que comienza el otoño, comienzo con nuestra serie de poemas semanales.

Disculpadme si el tema del poema de hoy es triste. Pero hay en él toda la esperanza y la alegría que puede haber en un trance como ese. Es un poema otoñal que me ha enviado un amigo.

Recientemente discutía yo con unos amigos si era mejor morir consciente o inconsciente. Yo me pido morir como en este poema.

Se lo encontraron muerto una mañana
de principios de otoño. Sonreía
dando gracias al sol, que aún lamía
su piel tras el cristal de la ventana.

Dijeron que sonaba una campana
y que él, desde la muerte, todavía
la quería escuchar y que tendía
las muertas manos a la voz lejana.

Dicen que el cuerpo estaba acurrucado
como el de un pequeño que quisiera
regresar hasta el punto de partida.

Aseguran que no estaba asustado
y jugaba a morir, como si fuera
el último recreo de su vida.

(José Luis Martín Descalzo)

Por cierto, tengo el honor de haber salido en la Contra de La Vanguardia a propósito de Rosas de plomo. Amistad y muerte de Federico y José Antonio.

Aquí.

Papá, en el cielo puedes leer el artículo completo.




miércoles, 30 de septiembre de 2015

Conversación con mi compañero Daniel Lebrato acerca de la religión

A propósito de esta interesante entrada de Daniel Lebrato:

Carissime:

Para empezar, veo que en tu entrada te diriges a los católicos como “vosotros”, como si todos los católicos tuvieran una unánime actitud respecto a modas, política, sociedad… Igual que hay muchos tipos de socialistas, hay muchos tipos de católicos.

En segundo lugar, compruebo en muchas tertulias, libros y entradas como la tuya que los cristianos y, especialmente, los católicos ocupamos hoy el papel del malo de la película, igual que antes lo eran los judíos o los homosexuales. No pretendo, por supuesto, que uno cambie su aversión al cristianismo sólo para no incurrir en cristianofobia; solo quiero decir que, desde luego, lo cristiano ya no es lo políticamente correcto. Esto no es propiamente una refutación de tus argumentos, sino tan solo la sensación que tengo en casi todos los foros cuando se habla de estos temas.

En tercer lugar, para mí lo importante no es que una sociedad sea laica, sino que sea libre. Por eso, me parece muy bien que, puesto que pagamos la escuela con nuestros impuestos, podamos exigir que también se dé enseñanza religiosa a nuestros hijos, ya sean musulmanes, cristianos o hindúes. Si la enseñanza la pagase otro, me tendría que callar. Pero la pago yo. Así que exijo tanto como los laicistas que la quieren fuera de los colegios. La diferencia entre mi postura y la de los laicistas es que yo no quiero prohibir nada a nadie, mientras que los laicistas sí.

En cuarto lugar, la iglesia que describes no es exactamente la que yo conozco. Te puedo decir que mi parroquia acoge a una asociación de drogadictos anónimos, una comunidad de emigrantes ucranianos que tienen allí su lugar de encuentro y sus ceremonias, los voluntarios de cáritas, conferencias, conciertos y grupos de música, grupos religiosos que ayudan a mucha gente a ser mejor persona y, además, tiene abiertas sus puertas a todos y muestra gratis sus obras de arte centenarias. No hay partido ni sindicato ni voluntario que haga tantas cosas por los demás. Esa es la iglesia que yo conozco, no la otra que tienen los demás en la boca como la mala de la peli.

Por último, cuando dices (y creo que lo lamentas) que la gente ya desconfía cuando ve a un cura en el parque con una niña, lamentablemente es un tópico que está haciendo mucho daño a los curas, igual que en el pasado se decía de los homosexuales que eran todos unos viciosos que metían manoa los alumnos. Recuerdo haber oído eso mil veces cuando era adolescente. Más que desconfiar de los curas, habría en todo caso que desconfiar de los padres de familia, porque ahí es donde se dan casi todos los casos de pederastia.

A calvo ad calvum, un abrazo fuerte

lunes, 28 de septiembre de 2015

Prejuicios contra los jóvenes

Cuento a menudo en clase que, una vez, en un autobús de línea el único que se levantó para ceder el asiento a un anciano no fueron varias chicas guapas que iban charlando animadamente de ropa ni varios estudiantes con sus auriculares, sino un tipo con una pinta de macarra que echaba para atrás. Si de noche lo veo por la calle, me cambio de acera.

El caso es que a mis alumnos les encanta esa anécdota y la semana pasada una alumna me hizo comprender por qué.

Me dijo:

-De mí recelan muchas personas mayores porque visto de negro y tengo piercing y luego se sorprenden cuando ven que soy amable con ellos.

Abundan esos alumnos que no identifican su manera de vestir o su alegría de vivir con las malas maneras y el desprecio por los usos sociales. Los estereotipos y el prejuicio de siempre según el cual la juventud está cada vez peor impiden ver que esos jóvenes son muchos más de lo que pensamos.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Quién de los dos tiene razón?

Llega la mujer a casa de hacer unas gestiones.

MARIDO: Te he barrido la casa con la aspiradora.

MUJER: ¿Cómo que "te he barrido"? Será "he barrido", porque no es una tarea que me corresponda solo a mí y de la que tú, graciosamente, hayas decidido hoy librarme

MARIDO: Lo correcto en nuestro caso es "te he barrido" porque yo no considero que haya que barrer la casa cada dos días como tú quieres. Me basta con seis días. Así que, si hoy he barrido, ha sido para ti, porque sabía que, si no lo hacía yo, lo ibas a hacer tú aunque a mí no me parece necesario.

MUJER: ¿Cómo es que no es necesario? En una casa como la nuestra, con tres hijos varones adolescentes, si no se barre todo cada dos días, nadamos en suciedad. ¿Te gusta eso?

MARIDO: Mi descripción de nadar en la suciedad es otra que a ti te abrumaría. Lo que quieres es que yo acepte que la frecuencia correcta de barrido es la que propones y no la que propongo yo. Eso es lo que pongo en duda. En vez de agradecerme que "te" haya barrido la casa porque te quiero y no porque crea que sea necesario, te dedicas a echar por tierra mi regalo afirmando que no es un regalo.

MUJER: Vale. Ya hemos llegado al punto de desencuentro: la frecuencia del barrido. ¿Por qué nunca has considerado que mi barrido tan frecuente haya sido un regalo para ti? Te has limitado a disfrutar de mi "frecuencia de barrido" sin considerarla un regalo, con la excusa de que no es necesario barrer tantas veces a la semana.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Teresa, mon amour

Circulan por ahí dos imágenes tópicas de santa Teresa de Jesús: la Teresa conventual del cuadro con aureola y en papel de Biblia, y, como reacción, la Teresa histérica o epiléptica o sexualmente reprimida. Son dos tópicos típicamente masculinos.

Pero santa Teresa no era una mujer al uso. Es difícil encasillarla y por eso todos lo intentan, porque no saben qué hacer con ella: o feminista o beatona o fanática o loca o empresaria o visionaria. Pero Teresa es tan difícil de encuadrar como Frida Kahlo o Juana de Arco. Me atrevería a decir que en algunos aspectos es una mezcla de las dos, pero sin el horror de Frida ni la espada de Juana. Como Frida, hace un retrato íntimo de sí misma y, como Juana, propaga un incendio por el mundo.

Teresa es un torrente femenino atemporal, un grito de las grandezas desconocidas. Fue una escritora original, elegante y salvajemente sincera, que incluso escribió en su juventud una novela de caballería; fue fundadora de una orden centrada en el amor, la contemplación y el gusto por la naturaleza y las cosas pequeñas; y, sobre todo, fue una mujer audaz y enamorada del Dios de las Caballerías, del águila caudalosa, y todo eso con su gracia, su belleza y su fascinante sencillez. Eso es Teresa.

Para poder ser esas tres cosas tuvo que convertirse en una mujer de acción que luchó contra gigantes y malandrines, como los caballeros andantes que a ella tanto le fascinaban, antes de que Cervantes se los cargara con su realismo. Mientras que los hombres fundaban ejércitos, como san Ignacio con sus jesuitas, o revoluciones fanáticas, como Calvino con la hoguera donde quemó a Miguel Servet, santa Teresa creó algo más bello, femenino y delicado. Tuvo en su contra el ser mujer, pero si no hubiera sido mujer, no lo habría hecho.

A santa Teresa no la entendieron en su época ni después. En su época achacaban sus visiones al demonio y en la nuestra las achacan algunos a la enfermedad o el sexo. Ha tenido mala suerte nuestra Teresa, porque en su época se veía la cola del demonio en todas partes y en la nuestra la del sexo y la enfermedad.

Santa Teresa era una loca de Dios, del amor y de la libertad. En su época no entendían esa libertad y en la nuestra no entendemos a Dios. Y la suya y la nuestra no entienden el amor. Pero eso es Teresa.

Me enorgullece que hace unos años Jabo H. Pizarroso, el editor de Mono Azul, cuando aún no era el cuarto centenario de la santa, me encargase realizar esta antología.

A él y a ella mi gratitud y mi amistad.