En Torrejoncillo del Rey, organizaron el fin de semana pasado unas jornadas sobre Cultura y Religión y el organizador, Carlos Cuenca, que supo de mí por la lectura de Rosas de plomo, me invitó a dar una ponencia sobre Federico García Lorca y la eucaristía.
Torrejoncillo es uno de los pocos pueblos de España donde aún se celebra la procesión eucarística de la Minerva.
Me impresionó cómo un pueblo tan pequeño era capaz de convocar a tanta gente, pero más me impresionó lo mucho que se interesaron por mi ponencia y lo hospitalarios y corteses que eran todos.
Allí defendí, entre otras cosas, que, contra lo que opinan algunos estudiosos, lo que empujó a García Lorca a componer la "Oda al Santísimo Sacramento" de García Lorca (en concreto, en la parte de "Exposición", que es donde me centré) no fue un arranque pasajero de su vida, sino una devoción madura y total que lo acompaña desde niño y que se manifestó en un momento crítico de su vida; que no tuvo que fingir ortodoxia en el contenido de la oda para agradar al muy ortodoxo Manuel de Falla (a quien la oda va dedicada), porque su devoción eucarística era profundamente católica; y que Falla, como otros tantos, no caló en la hondura religiosa de la oda, porque se escandalizó con la osadía de las imágenes, que no son las propias de la tradición de los himnos eucarísticos, lo que le impidió reparar en que tales imágenes están al servicio de las dos nobles actitudes que presiden la oda: asombro y gratitud ante la grandeza del Todopoderoso que decide dignificar al hombre y la materia trabajada por él convirtiéndose en ella y exponiéndose así al olvido e incluso la profanación.
Qué portentosa y bella definición de la transustanciación es este verso:
“Cuerpo de luz humana con músculos de harina”.
Gracias, pues, a Carlos Cuenca por organizar esas jornadas de cultura y religión ahora que tantos hiperlaicistas quieren la religión fuera de la cultura.
domingo, 25 de octubre de 2015
jueves, 22 de octubre de 2015
Gloria van Aerssen
He lamentado mucho la muerte de Gloria van Aerssen, la componente que quedaba de Vainica doble, con cuyas canciones tanto he disfrutado.
Aquí os dejo con un villancico que compuso el dúo, donde le dicen al niño Jesús "Despiértame si en sueños lloro".
Eso le pido también para ellas al niño Jesús.
Que Dios la tenga en su gloria por haber embellecido el mundo un poco más con sus canciones.
Aquí os dejo con un villancico que compuso el dúo, donde le dicen al niño Jesús "Despiértame si en sueños lloro".
Eso le pido también para ellas al niño Jesús.
Que Dios la tenga en su gloria por haber embellecido el mundo un poco más con sus canciones.
lunes, 19 de octubre de 2015
¿Quién tiene razón ahora?
-Tengo mucha suerte con mi marido. Me ayuda mucho en casa -dice una mujer.
Y un compañero de trabajo le dice:
-Fíjate que has dicho "Me ayuda", como si las tareas del hogar fuesen naturalmente tuyas y él te hiciese la gracia de ayudarte. Pero no es así. Las tareas del hogar son cosa de dos, no de uno solo y de otro que le ayuda.
La mujer se quedó callada y un poco triste y la conversación tiró por otros derroteros.
Me pareció aquel comentario un poco aguafiestas. Con lo contenta que estaba ella de tener un buen marido y va ese hombre y le chafa la alegría diciéndole que ella es una explotada a la que el macho dominante de la casa tiene contenta echándole una manilla sin implicarse del todo.
Ese compañero de trabajo tiene muy claro qué es la justicia, el reparto de horarios, la igualdad entre sexos, pero no tanto qué es el amor, la intimidad, su alegría, la manera particular y cariñosa que un hombre y una mujer tienen de entenderse y favorecerse mutuamente
Así que, en un aparte, le dije a aquella compañera:
-No dejes que te amarguen la vida. Tienes mucha suerte con tu marido.
¿Qué le habríais dicho vosotros?
Y aquí en Documenta Mínima el autor ha destacado los siguientes cometas de mi Cometario.
Y un compañero de trabajo le dice:
-Fíjate que has dicho "Me ayuda", como si las tareas del hogar fuesen naturalmente tuyas y él te hiciese la gracia de ayudarte. Pero no es así. Las tareas del hogar son cosa de dos, no de uno solo y de otro que le ayuda.
La mujer se quedó callada y un poco triste y la conversación tiró por otros derroteros.
Me pareció aquel comentario un poco aguafiestas. Con lo contenta que estaba ella de tener un buen marido y va ese hombre y le chafa la alegría diciéndole que ella es una explotada a la que el macho dominante de la casa tiene contenta echándole una manilla sin implicarse del todo.
Ese compañero de trabajo tiene muy claro qué es la justicia, el reparto de horarios, la igualdad entre sexos, pero no tanto qué es el amor, la intimidad, su alegría, la manera particular y cariñosa que un hombre y una mujer tienen de entenderse y favorecerse mutuamente
Así que, en un aparte, le dije a aquella compañera:
-No dejes que te amarguen la vida. Tienes mucha suerte con tu marido.
¿Qué le habríais dicho vosotros?
Y aquí en Documenta Mínima el autor ha destacado los siguientes cometas de mi Cometario.
jueves, 15 de octubre de 2015
Día de santa Teresa de Jesús
Dos eran las mordazas que la mujer sufría en época de santa Teresa: la honra y el varón. Las dos mordazas las rompe Teresa con gracia y contundencia.
Al varón lo conoce bien. Tuvo siete hermanos varones que tuvieron muchos líos de faldas e hijos ilegítimos y todas esas desgracias no las sufrían ellos, sino ellas.
En cuanto a la honra, ella se rebeló siempre contra esa estupidez de que una persona dependiera de lo que dijesen de ella los demás, sobre todo teniendo en cuenta que la honra de la mujer era muchísimo más frágil que la del varón. Ella siempre critica esa negra honra que corta las alas e impide la acción. Siempre prefirió la virtud a la honra. Y se divierte pregonando sus defectos para librarse del amor a esa negra honra que le inculcaron de niña.
De ella dijeron de todo, incluso que la vieron liada en un carro con su fraile favorito. Hoy las revistas del corazón no habrían dejado de acosarla. Y su desprecio por la honra tiene en su caso mucho más mérito que ahora, porque ahora una habladuría te puede hacer vender más discos, pero antes te llevaba a la Inquisición.
A Teresa no la tragaban muchos varones de entonces ni la entienden muchos varones de ahora. Los de antes porque era más lista que ellos y los de ahora porque es monja. Por eso antes los varones relacionaban sus éxtasis con el demonio y los de ahora con el sexo.
Las mujeres, sin embargo, se llevan bien con ella.
Gracias, Teresa, por ser tan grande sin querer.
Al varón lo conoce bien. Tuvo siete hermanos varones que tuvieron muchos líos de faldas e hijos ilegítimos y todas esas desgracias no las sufrían ellos, sino ellas.
En cuanto a la honra, ella se rebeló siempre contra esa estupidez de que una persona dependiera de lo que dijesen de ella los demás, sobre todo teniendo en cuenta que la honra de la mujer era muchísimo más frágil que la del varón. Ella siempre critica esa negra honra que corta las alas e impide la acción. Siempre prefirió la virtud a la honra. Y se divierte pregonando sus defectos para librarse del amor a esa negra honra que le inculcaron de niña.
De ella dijeron de todo, incluso que la vieron liada en un carro con su fraile favorito. Hoy las revistas del corazón no habrían dejado de acosarla. Y su desprecio por la honra tiene en su caso mucho más mérito que ahora, porque ahora una habladuría te puede hacer vender más discos, pero antes te llevaba a la Inquisición.
A Teresa no la tragaban muchos varones de entonces ni la entienden muchos varones de ahora. Los de antes porque era más lista que ellos y los de ahora porque es monja. Por eso antes los varones relacionaban sus éxtasis con el demonio y los de ahora con el sexo.
Las mujeres, sin embargo, se llevan bien con ella.
Gracias, Teresa, por ser tan grande sin querer.
martes, 13 de octubre de 2015
Cometario
El título es arriesgado, porque la inercia lleva a muchos a leer Comentario. Pero no me he podido resistir a ese título. Quiero creer que mis aforismos son cometas de género masculino y femenino, porque, por un lado, surcan el cielo y nos alumbran en la oscuridad de la noche y, por otro, nos llevan de la mano por campos abiertos y soleados.
Ese es mi deseo y mi intención: abrir con cada aforismo una ventana en estos muros para que entren el agua, la luz y el aire. En ellos estoy yo sin componendas, con todos los riesgos.
Para quien guste, ahí suelto por el mundo mis cometas. Unos los escudriñarán en el cielo nocturno y otros las llevarán tomadas de la mano para que la brisa las eleve.
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