Antes de fin de curso vino a mi instituto la antigua consejera de educación de la Junta a presentar unos vídeos sobre el acoso escolar. Cantó las excelencias de una enseñanza igualitarista en un lenguaje plagado de hombres y mujeres, padres y madres, concienciados y concienciadas y un cansino etcétera.
Poco después de su visita anunció que retiraría la dotación económica al Bachillerato Internacional que mi instituto tiene el honor de impartir para los alumnos más estudiosos que yo he conocido jamás.
El consejero Imbroda (aquí) ha venido también a mi instituto, pero para hacer lo contrario: anunciar que apoyaba el Bachillerato Internacional y que lo quería extender a toda Andalucía.
En un gesto que lo honra y que la anterior consejera no tuvo, entró a la sala de profesores a saludarnos y atender nuestras peticiones. Yo, por miedo a que se fuera, fui el primero en hacer una (desde aquí le pido otra vez disculpas por el asalto). Le dije que los profesores, sobre todo los que elaborábamos manuales educativos, estábamos un poco cansados de la obligación de utilizar ese lenguaje supuestamente inclusivo que, además de cansino e introducir una diglosia absurda e ideológica, va contra el principio de economía del lenguaje, no enriquece el discurso ni es elegante; le dije que el lenguaje que nos enseñaron con todo cariño nuestros padres era ya de por sí inclusivísimo y que las "recomendaciones" que la Junta imponía en el lenguaje a los profesores, manuales de enseñanza y documentos oficiales era en la práctica una censura previa, porque el texto no pasaba la aprobación si el lenguaje no se adecuaba a esa obligación ideológica de utilizar un lenguaje tan feo.
Y el consejero aseguró ante todos que esa obligación iba a desaparecer y que él era el primero en considerarla absurda. Así que, amigos del idioma, ¡os doy la gran noticia!: desde la máxima instancia educativa de Andalucía existe el compromiso y la voluntad de dejarnos hablar a cada uno como quiera, como ocurre en las auténticas democracias.
Gracias, consejero Imbroda, por devolvernos la libertad de expresión.
martes, 19 de febrero de 2019
lunes, 11 de febrero de 2019
Mejor aceptar el cuerpo que transformarlo en otra cosa
Está claro que la ablación del clítoris que se practica en algunos países islámicos es abominable. Pero ¿solo lo es porque es involuntaria? Si una mujer libremente y con mayoría de edad, por sus ideas religiosas, quiere realizarse esa horrible e irreversible amputación, ¿debe la ley facultar a los médicos para hacerlo? ¿No es más sano ayudar a la mente a aceptar el cuerpo que cambiar el cuerpo para que la mente lo acepte?
A mí me parece que la mutilación de un miembro sano, sea por razones culturales o de disforia de género o de cualquier otro tipo, es reprobable en sí misma, y me horroriza que la sociedad y la ley bendigan esas prácticas quirúrgicas en vez de poner todo su empeño en ayudar a esas personas a resolver sus problemas de identidad sin autodestruirse a sí mismas, sin infligir tales castigos a su propia condición humana, sin verse abocadas a construir su propia personalidad a costa de negar y deformar el cuerpo con que la vida los ha bendecido.
Aquí os pongo un vídeo de un caso menor, pero ilustrativo de lo que digo: una mujer que era rubia y que se operó no sé cuántas veces para parecerse a Pamela Anderson decidió luego gastarse la fortuna, la salud y la belleza que le quedaban en ser negra. El resultado es desastroso.
A mí me parece que la mutilación de un miembro sano, sea por razones culturales o de disforia de género o de cualquier otro tipo, es reprobable en sí misma, y me horroriza que la sociedad y la ley bendigan esas prácticas quirúrgicas en vez de poner todo su empeño en ayudar a esas personas a resolver sus problemas de identidad sin autodestruirse a sí mismas, sin infligir tales castigos a su propia condición humana, sin verse abocadas a construir su propia personalidad a costa de negar y deformar el cuerpo con que la vida los ha bendecido.
Aquí os pongo un vídeo de un caso menor, pero ilustrativo de lo que digo: una mujer que era rubia y que se operó no sé cuántas veces para parecerse a Pamela Anderson decidió luego gastarse la fortuna, la salud y la belleza que le quedaban en ser negra. El resultado es desastroso.
lunes, 4 de febrero de 2019
Gimnasio con nombres en inglés
Estuve el curso pasado en un gimnasio y les hice la sugerencia de cambiar los nombres ingleses que daban a muchas de sus zonas y actividades por otros en español, no solo porque es más fácil pronunciarlos y entenderlos para los que no saben inglés, que son legión, sino porque el español lo hablamos muchísimos millones de personas y ya es hora de que sea una lengua que genere prestigio, riqueza y contenidos de valor. Un producto no es de menos calidad porque esté en español. Ya es hora de librarse de complejos tontorrones.
En vez de "Zona Kids", ¿por qué no "zona infantil" o "Sala para niños" o algo así? ¿Por qué "Go fit" y no "Ponte en forma"? Y daba risa oír a algunas bocas decir que iban a clase de "body strength". ¿Tan descabellado habría sido decir "Fuerza corporal" o "Cuerpo y fuerza" o, si nos ponemos imaginativos, "Chicha y brío" o clases "Vigorízate", etc? ¿Por qué pull-up en vez de dominada y squat en vez de sentadilla? ¿Qué demonios les pasa en el oído a los que prefieren decirlo en inglés cuando en español todos lo entendemos mejor?
El día en que nazca un gimnasio con buenas instalaciones y buenos monitores donde todo esté en español, decídmelo, que me vuelvo a apuntar.
En vez de "Zona Kids", ¿por qué no "zona infantil" o "Sala para niños" o algo así? ¿Por qué "Go fit" y no "Ponte en forma"? Y daba risa oír a algunas bocas decir que iban a clase de "body strength". ¿Tan descabellado habría sido decir "Fuerza corporal" o "Cuerpo y fuerza" o, si nos ponemos imaginativos, "Chicha y brío" o clases "Vigorízate", etc? ¿Por qué pull-up en vez de dominada y squat en vez de sentadilla? ¿Qué demonios les pasa en el oído a los que prefieren decirlo en inglés cuando en español todos lo entendemos mejor?
El día en que nazca un gimnasio con buenas instalaciones y buenos monitores donde todo esté en español, decídmelo, que me vuelvo a apuntar.
jueves, 31 de enero de 2019
La revista Speculum
Doy la bienvenida y mis felicitaciones a la revista Speculum, memorial de cultura cristiana, donde se recoge mucha y buena creación literaria e intelectual de inspiración cristiana y donde me han hecho el honor de publicarme un artículo (aquí).
Cada época es cautiva de sus modas y eso la hace sensible a unas cosas e indiferente o reacia a otras. Lo cristiano no es precisamente lo que está de moda. Veo que entre los jóvenes está de moda creer en el karma, la reencarnación, la ouija, las energías positivas y negativas, los horóscopos, el destino... pero no en un Dios que los ame y haga innecesario todo eso.
Por eso he disfrutado en la revista Speculum los poemas sobre Dios que ha escrito la poeta María José Vidal Prado. Aquí podéis leerlos. Me han dado ganas de conocer más poemas de ella. Especialmente el poema tercero me parece revelador y muy hermoso. Gracias, María José, por escribirlos.
Cada época es cautiva de sus modas y eso la hace sensible a unas cosas e indiferente o reacia a otras. Lo cristiano no es precisamente lo que está de moda. Veo que entre los jóvenes está de moda creer en el karma, la reencarnación, la ouija, las energías positivas y negativas, los horóscopos, el destino... pero no en un Dios que los ame y haga innecesario todo eso.
Por eso he disfrutado en la revista Speculum los poemas sobre Dios que ha escrito la poeta María José Vidal Prado. Aquí podéis leerlos. Me han dado ganas de conocer más poemas de ella. Especialmente el poema tercero me parece revelador y muy hermoso. Gracias, María José, por escribirlos.
domingo, 27 de enero de 2019
Abajo la calvofobia y arriba el sinsombrerismo. Stop baldophobia
Camaradas calvos, hoy he tenido una revelación: ¡vivimos en un tricarcado!, es decir, una sociedad donde gente con pelo en la cabeza tiene la supremacía y el prestigio y domina el canon de belleza. Tener pelo en la cabeza es una fuente de poder: se ríen menos de un hombre si es melenudo, lo escogen antes para un trabajo o un anuncio de dentífrico, liga más Los calvos estamos oprimidos, somos ridiculizados, se nos llama calvorotas. El otro día el conductor del autobús me dejó en tierra y al día siguiente en la misma situación frenó para recoger una a una persona con pelo rubio y rizado y minifalda... ¡Esto es intolerable! La melenudez pesa mucho a la hora de tomar decisiones.
Si niegas que vivimos en un tricarcado, ¡eres un negacionista, un típico representante del tricarcado que quiere que los calvos sigamos siendo víctimas! ¿Y qué decir del despliegue capilar o hairspreading? Las personas dotadas de pelo en la cabeza despliegan sus melenas al viento, en los autobuses, los gimnasios... sin importarles si sueltan o no pelo o si le dan con él en la cara a los demás. Deberían recogérselo en una redecilla.
Nos han hecho creer que lo importante de una persona es su tendencia sexual o su sexo biológico, cuando en realidad lo más definitorio de un hombre es su calvicie. Como dice un amigo mío poeta, estar calvo es como estar circuncidado: las ideas están más frescas, las airea más el aire, las dora más el sol, las empapa la lluvia. Sin embargo, muchos la esconden o la tratan en clínicas de Turquía como si fuera una tara o una enfermedad; otros no salen del armario y la cubren con el flequillo o con sombreros e indignos pañuelos; y hay quienes minan su salud echándose potingues en la cabeza en la idea de que perder pelos es perder belleza y poder.
¡Calvos del mundo, unámonos! ¡Stop calvofobia! ¡Abajo el tricarcado! Camarada calvo, ¡no estás enfermo! ¡No es un fallo genético tu alopecia, sino una condición que deberías airear! ¡Luzca el sol en nuestros cráneos limpios! ¡Estámpense besos luminosos en la coronilla! ¡Avance el género humano hacia una alopecia feliz! ¡Vuelva el sinsombrerismo!
Si niegas que vivimos en un tricarcado, ¡eres un negacionista, un típico representante del tricarcado que quiere que los calvos sigamos siendo víctimas! ¿Y qué decir del despliegue capilar o hairspreading? Las personas dotadas de pelo en la cabeza despliegan sus melenas al viento, en los autobuses, los gimnasios... sin importarles si sueltan o no pelo o si le dan con él en la cara a los demás. Deberían recogérselo en una redecilla.
Nos han hecho creer que lo importante de una persona es su tendencia sexual o su sexo biológico, cuando en realidad lo más definitorio de un hombre es su calvicie. Como dice un amigo mío poeta, estar calvo es como estar circuncidado: las ideas están más frescas, las airea más el aire, las dora más el sol, las empapa la lluvia. Sin embargo, muchos la esconden o la tratan en clínicas de Turquía como si fuera una tara o una enfermedad; otros no salen del armario y la cubren con el flequillo o con sombreros e indignos pañuelos; y hay quienes minan su salud echándose potingues en la cabeza en la idea de que perder pelos es perder belleza y poder.
¡Calvos del mundo, unámonos! ¡Stop calvofobia! ¡Abajo el tricarcado! Camarada calvo, ¡no estás enfermo! ¡No es un fallo genético tu alopecia, sino una condición que deberías airear! ¡Luzca el sol en nuestros cráneos limpios! ¡Estámpense besos luminosos en la coronilla! ¡Avance el género humano hacia una alopecia feliz! ¡Vuelva el sinsombrerismo!
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