sábado, 27 de febrero de 2021
sábado, 20 de febrero de 2021
"Todo tiene un fin", de María Ostiz
sábado, 13 de febrero de 2021
ALUMBRAMIENTO, de Daniel Cotta, en Adonáis
jueves, 4 de febrero de 2021
Diferenciación sexual en el trabajo
Ayer vi a los empleados municipales cosechando las naranjas que inundan en esta estación las calles de Sevilla. Eran entre unos quince o veinte. Y observé que, subidos a la escalera para varear el árbol, había solo hombres, y las mujeres estaban abajo recogiendo las naranjas. Y me pareció revelador del poder de la naturaleza el hecho de que, aunque el ayuntamiento no distingue entre trabajos femeninos y masculinos (aunque supongo que a la hora de contratar habrá una paridad o algo así), los trabajadores acaban diferenciando tareas según los sexos, y no solo porque los hombres tengan más potencia física, sino porque les gusta más la tarea de subirse y varear que la de agacharse y recoger. Debe ser una mezcla de actitud, educación y testosterona.
Esa diferenciación por sexos no ocurre en mi trabajo, porque en él no se requiere para casi nada el esfuerzo físico. Por eso soy tan sensible a estas distinciones cuando las encuentro. Y ya he visto esta diferenciación de tareas por sexo en más de una ocasión en los trabajadores municipales.
Tengo que confesar que, cuando vi a los varones encaramados a los árboles, y a las mujeres recogiendo las naranjas en canastas, me pareció que las cosas no habían cambiado nada desde que el homo sapiens pisa la tierra. Y me parece muy bien. Yo amo la libertad y la naturaleza.
jueves, 28 de enero de 2021
Homero y lo primero que haré cuando me muera
Ayer, explicando a mis alumnos el episodio de Ulises y las sirenas, me di cuenta de que aliño la historia con datos que Homero no aporta, y me ha entrado el escrúpulo de que estoy grabando en sus corazones impresionables invenciones mías haciéndolas pasar por homéricas (luego me he tranquilizado pensando que, total, como luego van a tener leer el episodio en Homero mismo, se les quedará la versión oficial). Pero es que Homero nos pone tan fácil añadir detalles de nuestra propia cosecha...
Por ejemplo, les digo que Ulises nunca en su vida olvidó el cautivador canto de las sirenas y que cuando cerraba los ojos para descansar lo atormentaban aquellas voces en el fondo de su corazón y anhelaba más que nada en el mundo volver a oírlas.
Una de las primeras cosas que quiero hacer cuando me muera es, aparte de pilotar algún cometa, es visitar a Homero. Supongo que estará en los Campos Elíseos o en la Isla de los Bienaventurados, conversando con Virgilio, Garcilaso y Camoens. Allí me presentaré a mostrarle mis respetos. Ojalá él no me tenga en cuenta mis invenciones sino que me ponga la mano en la calva y me bendiga y me deje sentarme a un lado mientras oigo a los grandes departir en los prados perdurables.
