miércoles, 25 de marzo de 2009

Contra el feísmo

¿Qué enfermedad es ésta? ¿Por qué está de moda lo feo? ¿Por qué me envían por internet los cuentos clásicos pero en estilo feísta: que si el príncipe no era azul, sino tonto, lascivo y violento, que si Cenicienta odiaba los zapatos de tacón y no le gustaban las perdices? ¿Por qué empieza a verse como cursi lo cortés? ¿Por qué se pueden decir tantas palabrotas, pero no atentar contra el lenguaje políticamente correcto? ¿Por qué en algunos dibujos animados los niños son tan puercos y los padres tan malhablados y los profesores tan estúpidos?

El año pasado, en plena feria de abril, cuando más guapas se ponen las mujeres y más apuestos están los hombres, oigo a una pareja de simios mal vestidos y peor peinados decir lo siguiente:

-Puta feria. Ya están todos los pijos con sus coches de caballos. Ojalá los reviente una bomba.

¡Lo que hacen la envidia y la estupidez!

23 comentarios:

Gerardo V. dijo...

Querido Jesús los conceptos, la manera de vivir varía a lo largo de la historia y menos mal que lo hacen. En este mudar, el concepto de la elegancia y la moda también varía y menos mal porque hemos ganado en practicidad y comodidad. Cambian tambien los modos, los estilos literarios, el lenguaje de la calle y eso debe sentar bien. Pero debes reconocerme (este deber es voluntario, por supuesto) que a veces la elegancia se confundi con lo cursi, lo bonito con lo amanerado, lo tierno con lo ñoño, lo bonito con el merengazo. Quizá debemos reivindicar la inteligencia y la reflexión contra el purismo extremos en todos los sentidos.
Un saludo matutino de miercoles
Gerardo

Dyhego dijo...

Don Jesús:
El cuento al que hace referencia usted me lo enseñaron hace unos días. Es el cuento tardofeminista que mandan los del Departamento de Orientación para seguir Desorientando.
En cuanto a lo de la fealdad, creo que cuando no se puede competir por lo alto, se compite por lo bajo. Cuando una mujer no puede conseguir el grado de elegancia de una Ava Gardner, se apunta a la moda de una petarda como la Madonna.
Sigo con regularidad su bitácora pero no participo porque veo que formáis un grupo con vuestros códigos, guiños y complicidades.
Un cordial saludo

Olga B. dijo...

"¿Por qué empieza a verse como cursi lo cortés?" Quizá porque primero, mucho cursi confundió la cursilería con la cortesía y eso produce un hartazgo y una reacción. Para diferenciarte de lo anterior, se pasa al otro extremo. Pero esa suele ser una actitud de los muy jóvenes. Es cuestión de tiempo que se reconcilien con la feria, todas las generaciones lo hacen, por eso perviven las tradiciones hermosas, como la feria y el cuento de la Cenicienta.
Se me ocurre.
Pero este tema da para mucho más.
Saludos tempranos.

José Miguel Ridao dijo...

Es verdad lo que dices, Jesús, pero a ver si la moda se extiende al culto a la belleza, la cirujía estética, las modelos anoréxicas... y se reivindica lo natural, que nadie busque de manera artificial la belleza canónica. Eso sí sería bueno, y haría que dejaran de sufrir feos y feas, gordos y gordas.

Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Estoy con José Miguel, viva la naturalidad.
La belleza natural es la mejor, y si no que bellezas salen del agua del mar, recien bañadas.
Un abrazo.
Buena entrada.
Desgraciadamente ahora, lo feo es moderno. O tal vez acertadamente, ya que algunos no somos muy agraciados.

Juanma dijo...

Yo, como soy tela de guapo y tela de elegante, estoy vacunado contra esta enfermedad.

Un abrazo, querido Jesús.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Anda que no; a mí me pasa lo mismo que a Juanma y me resulta difícil opinar sobre este asunto...
Tienes toda la razón, Jesús: lo feo está de moda; tal vez sea una moda impuesta por los mismos feos, para así no quedar en evidencia.
Lo de las perdices en los finales felices de los cuentos tiene una explicación entre mítico-medieval y freuidiana que ya daré algún día en mi blog...

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Bueno bueno, habrá que ver a los guapos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Gerardo, es cierto que hubo una época cursi que tú has definido muy bien y, como dice Olga, como reacción nos hemos pasado a veces al otro extremo. Reconozco que a mí no me gusta la feria, pero me gusta que exista. Sin embargo, estos dos tipos que digo, que eran de mi edad, no unos adolescentes, en vez de admirar la belleza de los trajes y los colores, se dedicaban a escupir sobre lo que ellos jamás podrían alcanzar.

Dyhego, supongo que un cuento como ése tendría yo en mente cuando dije lo de la Cenicienta. Has dado en la tecla con eso de competir por lo bajo. Pero ¡que no sea ése nuestro estilo! Yo no soy una persona elegante, pero admiro la elegancia, en vez de cultivar el feísmo en mi atuendo. Y participa en esta bitácora cada vez que te dé la gana, sin complejos. Aquí no formamos ningún grupo cerrado: el grupo lo forman los que leen esto cuando les da la gana.

Olga, tú siempre tan mesurada y lúcida. Sí, reconozco que escribí la entrada en uno de mis arranques. Es una cosa fea que tengo. Se me vienen ahora a la memoria ciertas películas del antiguo régimen, acarameladas hasta la náusea. Luego vinieron nuevos tiempos con todo lo contrario. ¡A ver si por fin ahora encontramos el justo medio!

Bueno, José Miguel, me temo que la invitación a la cirugía afecta a todo el mundo, no sólo a feos y gordos, como dices. Por lo demás, yo no conozco ningún feo. A mí sólo me parecen feos los malos. NO lo puedo evitar.

Javier, no diría yo de ti que no eres agraciado, según te recuerdo. En realidad, con el feísmo yo me refería al feísmo de las formas, de los comportamientos, no de los cuerpos.

Juanma, tú te puedes permitir de vestirte como quieras, que tu belleza lo compensa todo.

Juan Antonio, no te guardes para mucho tiempo la explicación perdicera. Me gustan las perdices y los finales felcies.

Jesús Cotta Lobato dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mirna dijo...

Pues qué quieres que te diga, Jesús, yo estoy totalmente de acuerdo contigo. Recuerdo que cuando yo era adolescente, el peor insulto que se nos podía decir era "merdellón" o "merdellona" (por lo menos así se llamaba en Málaga a ese estilo más o menos cani, que lo llaman ahora). En cambio, si te decían "pijo" pues no importaba tanto. Hoy, cualquier chaval prefiere parecer lo primero antes que lo segundo. Ha vencido el mal gusto. Tenemos mucho trabajo por delante.
Un besazo.

Dyhego dijo...

Gracias, don Jesús.
Le he mandado un correo electrónico a la cuenta que aparece en el apartado "perfil".
Sobre el "feísmo" habría mucho que añadir y profundizar, pero como aperitivo queda muy bien todo lo que ha escrito usted y los demás participantes.
Recuerdo un cuento que leí en un libro de texto de EGB (¿3º, 4º, 5º? no recuerdo bien). Matrimonio acomodado -médico él- sin hijos. Matrimonio vecino misérrimo con hijos. La hija de los pobres juega con una rama -su muñeca- que lleva un trocito de tela roja -vestido-.La señora rica ve a la niña jugar. El hermano de la niña pobre le esconde la "muñeca". La niña pobre cae enferma y la señora rica la vista. La niña le cuenta que no tiene a su "muñeca". La señora rica le lleva una muñeca de verdad pero la niña la mira extrañada y empieza a llorar porque no es su "muñeca". La señora rica se queda muy pesarosa. La niña rica muere. Un buen día la señora rica encuentra por su jardín la ramita con la tira de tela roja. La reconoce, la mira detenidamente y exclama: "¡realmente qué cara más preciosa tiene esta muñeca!".
Este cuentecillo me impactó sobremanera y me viene ahora a las mientes con este asunto de la fealdad.
Salu2.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Don Jesús, sus palabras son órdenes. Mañana habrá historia perdicera en mi blog. A mandar.

Dyhego dijo...

Eso me pasa por escribir rápido. Corrija usted cuando digo: "murió la niña rica", evidentemente, sólo hay una niña en el cuento y era muy, muy pobre. Perdone usted el resumen tan mal hecho.
Salu2

Jesús Cotta Lobato dijo...

¡Ay qué época aquella, Mirna, cuando lo peor era ser un cani! A los que no éramos ni pijos ni merdellones, o sea, canis de ahora, nos gustaban más las niñas pijas que las merdellonas.

Hermoso cuento, Dyhego. La belleza es algo más que una cara bonita. El amor lo embellece todo (por cierto, no me ha llegado el correo ese que dices, a no ser que sea el comentario que has publicado aquí). Un abrazo

Juan Antonio, eres el bloguero más lanzado y dispuesto de la red.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, ¡que sí me ha llegado!

Dyhego dijo...

¿Tiene usted la amabilidad, don Jesús, de traducirnos los términos "cani" y "merdellón"?
Por lo que deduzco, deben de ser "sevillanismos".
Gracias

Ranzzionger dijo...

Muy interesante tu reflexión de hoy, Jesús. A mí me preocupa casi más el feísmo que se camufla de belleza, por ejemplo esos desfiles de modelos, donde modelos y ropa dan grima. Es cierto que la evolución estética es pendular y que en el arte se ha conseguido hacer belleza de lo desproporcionado, expresivo y grotesco, por ejemplo, los maravillososo capiteles de un claustro románico, o la belleza de lo miserable en algunas pinturas barrocas. Pero, lo que nunca entenderé es esa postura que narras de los que, como no les gustaba la Feria, despotrican participando en ella. ¿No es más sencillo no acercarse por allí?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, merdellón es un malagueñismo, que según algunos viene de merde de gens. Los malagueños llaman merdellón y merdellona a la persona arrabalera, gritona, vulgar, verdulera... Lo de cani sí es un sevillanismo. En Sevilla llaman canis a esa pandillas de adolescentes, cargados de oro, con chándales blancos y zapatillas de deporte caras.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Ranzzionger, quizá no me expliqué bien en la entrada. Esos dos tipos no estaban participando en la feria, sino que vieron coches de caballos pasar por la calle y fue entonces cuando despotricaron. Un abrazo

Dyhego dijo...

Gracias por tu aclaración semántica, Jesús (nótese que te he bajado del altar del usted a la peana del tú,jejeje.
No sé si en Murcia tenemos alguna palabra para los "verduleros" (investigaré). A los "canis" los llamamos aquí "lolailos" porque o son gitanos o hispanoamericanos. Tengo un compañero de trabajo, malagueño de Coín, y cuenta que allí llaman al hijo pequeño de una casa el "maji" o algo así. Pero no sabe exactamente la etimología. Si la sabes, dímelo y le doy un sorpresón a mi amigo.
Un saludo.

Mery dijo...

La frasecita gloriosa de esa pareja es típica de un resentimiento social carente del mínimo sentido común.
Me horroriza que existan pensamientos de tal calibre.

Es verdad, estamos en las décadas del feísmo. Mirando atrás hace daño este extremo: por ejemplo la delicadeza de los años 40, 50...qué elegancia en los modales y la vestimenta. Hasta los feos parecían guapos.
Un beso y buenas noches

Jesús Cotta Lobato dijo...

No sé de dónde lo de maji. Como no sea una especie de diminutivo de majo.

Ay qué época aquella en la que todos se esforzaban por ser elegantes, Mery.