martes, 23 de febrero de 2010

La parábola de los talentos

Otra parábola que yo antes no entendía era la de ese rey que confía a un siervo diez talentos, a otro cinco y a otro uno y los despide con la obligación de sacarles ganancia. Al cabo del tiempo el que había recibido diez le entrega veinte y el que había recibido cinco le entrega diez, pero el que había recibido uno le dijo que había tenido el talento bien enterradito y se lo devolvía tal cual. Muy honrado él. El rey (que no sé si en la parábola es un rey o sólo un señor con poder) lo castiga y lo envía a las tinieblas exteriores y le quita su talento y se lo da al que tiene veinte, a pesar de las protestas de algunos.
Eso me parecía el colmo de la arbitrariedad y de la injusticia, pero, al fin, lo he entendido: nuestras capacidades no son nuestras, porque no las hemos comprado, sino que nos han sido dadas y, por tanto, uno les debe sacar partido para alumbrar al mundo, en vez de enterrarlas o guardárselas para sí. Y cuantas menos tiene uno, menos se puede permitir el enterrarlas. El genio popular lo expresa muy bien cuando dice: Oye, si eres feo, al menos sé simpático.
Enterrar el talento es dedicarse a la envidia, al resentimiento, a señalar defectos ajenos, a estropearse el cuerpo con drogas, en vez de cultivar la amistad, el amor, la belleza, la elegancia, la cultura.Queda la cuestión de averiguar cuál es el talento o los talentos de cada uno. Cuando uno lo averigua, hala, a resplandecer.

21 comentarios:

Er Tato dijo...

Me ha sorprendido que a esta entrada le hayas colgado una sóla etiqueta: Religión. Eso es darle argumentos a quienes piensan que el esfuerzo no merece la pena y que el hombre puede igualar por abajo lo que la naturaleza hizo desigual, apagando las estrellas de unos y otros y manteniéndolos en la oscuridad boba.

A esa magnífica parábola -y a esta magnífica entrada-, le caben algunas etiquetas más.

Un abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Tato, tienes razón. Por si acaso le he colgado otra etiqueta, porque esta parábola es universal. Un abrazo.

Olga B. dijo...

Me parece una de las parábolas más impactantes de todas, para mí es una invitación clara a la superación, a hacerlo lo mejor posible -cada uno con "lo que Dios le ha dao"-, como una forma de agradecimiento sincero. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, al que guarda el dinero amparándose en una honestidad plana es menos humilde que el que lo multiplica. Ahí está patente el tema del libre albedrío: tenemos una responsabilidad como "administradores" de los dones recibidos, sean muchos o pocos.
Hala, a resplandecer;-)

Ramón Simón dijo...

"Po ya sabes, Jesús, a desparramar talento por er mundo, que tu tienes musho".
Un abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Olga, esa reflexión tuya acerca de la poca humildad del que entierra su talento es todo un hallazgo. Me comentaba hace poco una amiga que intentar publicar no es soberbia. La soberbia es más bien no enviar nada a las editoriales por miedo a que te digan que no. Un beso, amiga.

Ramón, me temo que tengo sólo medio talentín, pero, eso sí, no me gusta enterrarlo. Un abrazo.

Dyhego dijo...

Había mando un comentario pero no ha salid. ¡Mejor!
1 neutonio.

El Africanito dijo...

Leyendo esta parabola me ha hecho recordar este poema de Neruda que me gusta mucho.
Muere lentamente quien se trasforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no habla a quién no conoce.
Muere lentamente quién hace de la tù un gurú.
muere lentamente quién evita una pasión, quién prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las íes a un remolino de pasiones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones de los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quién no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quién no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quién no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quién no viaja, quién no lee, quién no oye mùsica, quién no encuentra gracia en si mismo.
Muere lentamente quién destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quién pasa los día quejandose de su mala suerte o la lluvia incesante.
Muere lentamente, quién abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exije un esfuerzo mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia harà que conquistemos una esplendida felicidad.

A lo mejor me he pasado escribiendo, pero a que estas palabras hacen resplandecer?


un abrazo mu apretao para todos

mangeles dijo...

Bueno veamos...este rey actua sin tener en cuenta la negociación previa sindical....

¿por qué a unos tanto y otro tan poco?

¿tendremos el mismo trato y la misma recompensa, si realizamos un esfuerzo semejante, aunque tengamos menos talentos?

¿dependerá nuestra recompensa, de la eficacia y productividad, y no del esfuerzo?

¿los que han duplicado sus talentos, deberán seguir duplicándolos el resto de su vida?

¿Es suficiente castigo quitarle al perezoso su talento?....al fin y al cabo, si ha podido vivir sin él, enterrándolo, tampoco le hará falta en el futuro ¿no?...

BEsossssss


Pd. Ya sé que soy un poco "chinche" jejeje

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, vaya, me he quedado con las ganas. Tranquilo, habrá más parábolas y entonces podrás comentar. Un neutonio.

Africanito, es un poema muy hermoso y suscribo todas sus palabras. Viene bien que nos lo recuerden. Un abrazo resplandeciente.

Mangeles, la verdad es que si los siervos del rey hubieran sido sindicalistas, la parábola se habría venido abajo, como tan bien demuestras con todas esas preguntas. Supongo que el rey, enfadado, no les habría dado los talentos. Un beso.

Las hojas del roble dijo...

Cultivemos la elegancia, Cotta.

Un abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Hojas del roble, la elegancia no se ha de perder ni aun cuando uno pierde el honor. Un abrazo.

Máster en Nubes dijo...

A mi esta parábola me fastidia un poco. Lo explico, la entiendo a efectos de vida pública porque creo en el mérito, ahí me parece que soy protestante, con permiso. Pero en cambio me parece un horror a efectos de la vida privada, donde me gustaría no ser protestante sino católica, creer más en la Gracia y en eso del "quiéreme cuando menos lo merezco que será cuando más lo necesito" del otro día, en fin... porque me conviene, claro...

Así que he llegado a pensar que los talentos pueden ser a veces los que no pensamos, las desgracias, los defectos, las limitaciones... eso que Dios hace fructificar de algún modo misterioso y nosotros despreciamos. Y que los talentos que nosotros pensamos quizá no lo son tantos.

Pero ya digo que me preocupa ser protestante en la vida pública y querer ser católica en la privada, porque en la pública lo de pagar si no hay mérito y todos iguales no funciona, me parece. Qué lío, necesito sol, eso es todo, perdón, D. Jesús, sin sol no pienso nada y me hago un lío.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
¡Esta parábola tampoco me gusta!
Imagínese un ser tímido y, por ende, con baja estima. Se le da un talento. Esa persona valora el talento pero no cree poseerlo y no sabe en qué proporción lo tiene. Le cuesta mostrarlo a los demás. No confía ni en sí mismo ni en la validez de sus méritos. Es más, quiere ocultarlo por su propia timidez, por respeto a sí mismo y a los demás. Por eso prefiere esconderlo. Y está en su derecho. ¿O no? ¿Por qué tendría que mostrar sus encantos a un grupo de gorrinos que no sabrían apreciarlo? ¿Y si su mérito es tan imperfecto que no resistiría la comparación ni con lo mediocre¿? ¿Cobardía? Puede que sí y puede que no. Pero no hace daño a nadie. No engaña. No estafa. No finge.
Quizás el que recibió 5 talentos y los dobló lo hico con alevosía y malas artes.

Siempre he "empatizado" con el hijo "responsable" hermano del hijo(puta) pródigo y con el que recibíó un talento y lo guardó.

ültimamento estoy hablando de cosas bíblicas más que en toda mi vida junta ( y eso que sólo tengo treintaiún añitos).
1 neutonio.

lolo dijo...

Creo que el de un solo talento tenía miedo y por eso lo enterró. Era un pardillo y le entiendo.

Lo de quitárselo a él y dárselo al de veinte...eso ya me cuesta más. Pero siempre podemos protestar, como los de la parábola.

Hoy al leerte me lo has recordado. Tengo que pensarlo más. ¿Eso será enterrarlo?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Máster, me has hecho reflexionar con todo esto: quizá los talentos sean los que juzgamos defectos. Dios escribe recto con renglones torcidos. En cuanto a lo de protestante y católico, no sé, yo creo que Dios valora los esfuerzos teniendo en cuenta los talentos que se le dieron a uno, tanto en la vida privdada como en la pública. La gracia interviene para que esos esfuerzos fructifiquen. Pero me estoy haciendo también un lío. Me falta también el sol.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Don Dyhego, qué joven es usted. Puede que el que recibió cinco actuase con alevosía y puede que no. También puede que el que enterró su talento actuara con soberbia, por miedo a que le saliera mal la operación y prefiriera no arriesgarse. Es más soberbio el que no estudia por temor al suspenso que el que estudia arriesgándose a que aun así lo suspendan. Y, por último, el tímido no tiene por qué mostrar su talento a los cuatro vientos. A lo mejor su talento no es de exhibición, sino algo más íntimo y personal, como sonreír al que está triste. Un neutonio.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, pensar nunca es enterrar, sino profundizar. Lo de darle el talento al que tiene veinte se explica porque fue un hombre generoso: recibió mucho y dio mucho. El que recibe poco y no da nada es, más que un pardillo, un poco miserable. Pero reconozco que a mí también me sale la vena contestataria porque me identifico más con el que recibió un talento que con el que recibió diez.

El alegre "opinador" dijo...

De pequeño, que tampoco entendía por qué le quitaban el talento al de uno, me lo explicó mi madre tal cual lo escribes tú aquí y me abrió los ojos.
Un saludo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Alegre opinador, ¿qué habría sido de nosotros sin nuestras madres?

JuanMa dijo...

La parábola sirve para que nuestro examen de conciencia sea:
¿dejo el mundo algo mejor que lo encontré? ¿lo ilumino algo?

Jesús Cotta Lobato dijo...

JuanMa, sí, creo que ese resumen es el mejor que he leído de la parábola. Gracias.