martes, 16 de febrero de 2010

La parábola del hijo pródigo


Gracias a las explicaciones de mi hermano David, he entendido por fin la parábola del hijo pródigo (por cierto, de niño yo creía que pródigo quería decir “hombre que se va de su casa”).

Antes yo me ponía siempre de parte del hijo leal que nunca abandonó a su padre y que se niega a participar en la fiesta de bienvenida a su hermano derrochón y putañero. Pero entonces mi hermano David me explicó que sólo se pone de parte del hermano menor quien no entiende el amor, sino sólo la justicia. Si el hijo leal hubiera amado a su hermano tanto como lo amaba su padre, habría sido el primero en acudir a la fiesta y no habría hecho recuentos de cuántos chivos había matado el padre para la ocasión cuando a él nunca le había dado ninguno para comérselo con sus amigos.
El hermano menor tiene ese toque de soberbia del que piensa que él nunca ha roto un plato y por tanto se le debe mucho. Por la cuenta que me trae, espero que me traten no en función de lo que me deben, sino en función de lo que me quieren.

Demasiados años he tardado en entenderlo.

46 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Nunca es tarde si la dicha es buena, Jesús.
Te quieren,te queremos, no tenga ninguna duda.
UN ABRAZO.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
Esa parábola me saca de mis casillas. Me morderé la lengua.
1 neutonio.

gomez de lesaca dijo...

Miguel d'Ors tiene un poema sobre el asunto que puede aclarar muchas cosas al respecto. Recuerdo que una vez se lo mostré a unos amigos y produjo cierto escándalo.

Reciban todos ustedes un cordial saludo.

Olga B. dijo...

Ay, creo que nos ha pasado a todos, yo sigo sintiendo una simpatía enorme por el hermano que se portó bien. No creo que el amor sea injusto, más bien es generoso más allá de lo que merezcamos. El que ama siente compasión en el mejor sentido de la palabra. Aunque esté feo autocitarse, de algo así hablé en una entrada muy antigua llamada "Belleza y compasión", que me gustaría mucho que leyeras.
Cierto eso de que ojalá nos traten en función de lo que nos quieren y no en función de lo que nos deben.
Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Lo malo es que seguro que el hijo pródigo volvió a las andadas al día siguiente, dejando con cara de tonto al padre y al hermano. Una cosa es querer a alguien y otra ser condescendiente con él. ¡Mano dura con los pródigos!

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
La parábola del hijo(puta) pródigo siempre me ha escandalizado, sulfurado y exasperado a partes iguales. El único que ama es el hijo bueno y acaba sodomizado por todo quisque. Toma la decisión de quedarse a vivir con el padre (seguro que tendría desavenencias con su esposa porque el casado casa quiere. Ella, santa mujer y amante esposa, que accede no sólo a ocuparse de su marido y de sus hijos, sino del suegro –no nos dicen nada de la suegra- y del cuñadito). El hijo bueno se encarga de su patrimonio y de la hacienda familiar (no sólo lleva p’alante las tierras y el ganadado sino ocuparse del padre, llevarlo al médico y todos los cuidados de una persona mayor). ¿Acaso pueden irse de vacaciones los jóvenes esposos? No. Siempre ocupados.
El padre es un egoísta porque sólo mira para el hijo putañero. Al hijo esclavo, como ya lo tiene bajo su yugo, lo puede sodomizar a pelo y sin vaselina.
¿Y qué decir del hijo putañero? To pa mí, que to me lo merezco; y si sobra algo bueno, también pa mí. Que trabaje él, que se ocupe del padre él, que se las apañe él con los impuestos, con los pagos, con las sequías, con las enfermedades,… Y si se agacha un poco… pues el niño putañero no pone reparos a la hora de la sodomía.
Y por si fuera poco para el hijo bueno, a cargar con el oprobio de la Biblia, de todas las Homilías y de la (mala) Fama: Se le sigue sodomizando cada vez que alguien le reprocha su “¿inquina?” contra el putañero, su desacuerdo con el padre; cuando se le dice que él eligió quedarse con el padre, que si no había hecho más banquetes es porque no le dio la gana. ¡Encima!
¡Se me “INRITA” la sangre cada vez que alguien alude a esta parábola!

(Perdone usted, Don EPIFANIO. No quería intervenir pero al final no me podido resistirme a la tentación. Si encuentra esta defensa poco apropiada, bórrela usted mismo o dígamelo y la borro yo para que no se le tilde de censor).
Atentamente reciba usted dos neutonios

Olga B. dijo...

Ostras.

Dyhego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Máster en Nubes dijo...

pues Jesús me pasa igual, cómo te entiendo, y es clave esa parábola, creo, no sé, me parece. A veces te da pena ser tan burra. Hay un libro precioso al respecto, "El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt" de Nouen, el fundador, creo de un movimiento de atención a discapacitados si mal no recuerdo.

En fin, la frase esa tan bonita y tan difícil a veces... de hacer, digo, cuando te hacen daño...: "quiéreme cuando menos lo merezco porque será cuando más lo necesito"

Jesús Cotta Lobato dijo...

Ramón Simón, gracias. ¡Y eso que nuestra amistad está recién comenzada!

Don Dyhego, le paso a responder después, pues veo que al final se ha decidido hablar.

Gómez de Lesaca, buscaré ese poema. Me interesa muchísimo.

Olga, por supuesto que leeré esa entrevista. Además el título me encanta. Mi simpatía por el hijo leal no se ha perdido, sólo que por fin he comprendido al padre. Un beso muy beso.

Jesús Cotta Lobato dijo...

José Miguel, eso que cuentas sería otra parábola distinta. Lo que la parábola cuenta es que el pródigo no se atrevía ni a subir a la casa y se puso a trabajar con los jornaleros de su padre, hasta que el padre fue a buscarlo y lo vistió con un rico manto. La parábola recalca el verdadero arrepentimiento del hijo pródigo. Si luego volvió a caer, ¿qué vamos a hacer: echarlo a palos de la casa?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Don Dyhego, no borraré nada de su comentario, porque escribí la entrada sabiendo que a muchos no le gustaría, como me pasaba a mí antes. Yo difiero de usted porque creo que usted hace una identificación, sin fisuras, consistente en: hijo pródigo = cara dura, ahí me las den todas, pido perdón y luego vuelvo a las andadas; y hijo leal= bueno der tó, paciente, sumiso. Pero ¿no se le ocurre a usted pensar que quizá el hijo pródigo se arrepintió de verdad y no volvió a las andada? La parábola enseña que nadie es perfecto y que si el arrepentimiento es sincero, merece el perdón. Si no, a todos nos tenían que majar a palos al primer error que cometamos. Hala, un neutonio.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Máster, en el fondo, el cristianismo sigue suscitando escándalo, incluso entre los que nos consideramos cristianos. De hecho, entiendo esa parábola, pero aún me cuesta aplicarla. Un beso.

LFU dijo...

Felicita a tu hermano David, pues la explicación es perfecta. Yo también leí en su día "El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt" de Nouen, una preciosa reflexión sobre el amor de un padre por un hijo, que no pede contemplarse desde la óptica de la razón y de la justicia, como pretende el amigo Dyhego. Un abrazo

Ramón Simón dijo...

Jesús no se trata de tiempo, se trata de estar en un mismo barco, sobre unas mismas aguas, ver más allá de donde la línea del horizonte termina. Sé bien de que hablo. Divorciado, padre de dos hijas, y apenas estan conmigo unas horas, unos días al mes (ahora sólo la pequeña, pues la mayor vive conmigo desde hace dos años, por desición propia).
Por otro lado en mi libro "Sombras pequeñas " hay un poema que lleva de nombre "el hijo pródigo".
Cuando llegue a casa , pues no recuerdo ahora todos y cada uno de sus versos, lo transcribo en los comentarios, si lo permites.Ese poema encierra lo que pienso al respecto. gracias.
Un abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Yo, en fin, paso por circunstancias muy similares a las tuyas, Jesús, a este respecto. Y me quedo con las palabras d Aurora, siempre tan sabia:
"quiéreme cuando menos lo merezco porque será cuando más lo necesito"
Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

El hijo pródigo volvió a su casa porque pasaba hambre, no veo que fuera un arrepentimiento sincero. Con la mano dura no me refiero a echarlo a palos, sino a mostrarse severo con él por lo mal que lo hizo; si se le vuelven a dar facilidades pensará que la hacienda del padre es jauja y es más probable que en cuanto pueda reincida. Lo que pase después ya da para otra parábola, como dices.

Jesús Cotta Lobato dijo...

LFU, pues nada. Tendré que leerme esa reflexión, porque ya me la habéis aconsejado dos personas de criterio. Un abrazo.

Ramón, claro que te permito transcribir lo que quieras. Hace tiempo que estoy deseando leerme tu libro, pero hasta que no acabe uno que me han encargado escribir, apenas puedo. Así que será un placer.
Juan Antonio, pues ya somos dos. Sabemos de qué hablamos. Un abrazo de poeta a poeta.

José Miguel, ¡pero si tienes toda la razón! Eso habría sido lo pedagógico. Lo malo es que los padres no siempre lo somos. Un abrazo, amigo.

Máster en Nubes dijo...

Ridao, con permiso del dueño del blog...

¿y qué es pasar hambre?

No sé, el hambre es buena... toda hambre... me parece. Quizá a traves de ella se siente el hijo débil y necesitado. No sé, a veces el arrepentimiento se puede producir ayudado por el hambre, cualquier tipo de hambre, y no creo que sea eso malo o peor.

No sé. Lo terrible es que somos todos pródigos y todos el hijo envidioso ese... que se cree menos pecador que el pródigo. ¿quién dijo que el "bueno" no tuviese pecados ... y que no puedan ser peores que irse de putas? En fin, perdona, Jesús y perdonen la concurrencia.

Olga B. dijo...

Depende en el lugar de quién te pongas, depende de qué con-pasión sientas: si te pones en el lugar del padre, eres o te crees Dios; si en el del hijo mayor, eres o te crees bueno. Si intentas sentir compasión por el hijo pródigo es tal vez porque te reconoces en el pecador y alguna vez has sido perdonado, incluso sin merecerlo.
Si creemos que un sufrimiento o castigo es merecido, ahí entramos en el tema de las opiniones y "la hemos liao". Muchas veces perdonar nos parece una injusticia y hasta puede serlo, por eso el perdón tiene algo divino. Y por eso el amor supera a la justicia.
Prefiero la justicia a la injusticia, pero prefiero que me quieran. Quizá el hombre intuye en todos los tiempos y en todas las culturas la presencia de Dios porque no quiere estar huérfano de algún perdón. Quien no lo siente se atiene a la moral y a la ética, y ahí la justicia es casi la única medida del bien.
Creo que la intención es siempre buena.
Es un tema complejo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Creo que Máster y Olga lo han bordado, Máster al decir que todos, incluso el hijo impoluto, ha sido o será alguna vez el pródigo, porque nadie es perfecto, y que no es malo que caer en la cuenta del error venga por algo tan trivial como el hambre: somos así y no hay que pedirles peras al olmo; y Olga por describir tan bien ese anhelo de perdón que todos, al menos yo, sentimos, porque somos conscientes de que en justicia no merecemos tanto como quisiéramos. Me alegro de haber hablado de este asunto.

Ramón Simón dijo...

Querido Jesús. Pensaba hacerlo por correspondencia, e-mail, y explicar un poco este poema, lo que siento, veo, respiro...
En el libro " sombras pequeñas aparece como "el hijo" pero bien puede titularse " el hijo pródigo".
" El agua de una música que llena/
el cantaro vacío de tu vida./
Piensas en el mañana, el sur, la tierra,/
el sol de un campo ajeno y que fue tuyo./
El hijo que regresa anuncia su partida./
Abrirá los caminos que no viste.

Quién no ha sido alguna vez en su vida hijo pródigo? Quién no ha renegado alguna que otra de sus padres, cuando jóven? Quién , siendo ahora adulto, regresa a casa de sus padres, para decirles que los ama, que se equivocarón cuando marcharón a correr mundo, sin dar explicación alguna, sin decir ni tan siquiera adiós?

Quién no ha renegado una, dos, ya hasta tres veces de Él, al lo largo de una vida?
Un fuerte abrazo, y me quedo corto.

mangeles dijo...

Oño...pero dejar que a uno le compensen en función de unos parámetros tan subjetivos como son los del "amor", y no sobre los parámetros de los "actos", que son claramente apreciables..pues no se yo....

A mí también me ha parecido siempre injusta la parábola .

..Está muy bien que se haga la fiesta y se gasten los corderos que se quiera...para agasajar al hijo que vuelve....


Pero siempre y cuando se de por hecho, de que a quien hay que "pagarle los servicios prestados es al hijo que se lo ha currado", incluso aunque se le quiera menos que al que partió.

"Asínque! discrepo con David...

Un beso, Jesús

Ramón Simón dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jesús Cotta Lobato dijo...

Ramón, un poema muy hermoso. Las imágenes expresan muy bien qué hemos sentido los pródigos alguna vez. Me identifico con todas tus palabras y tenemos que hablar de eso.

Mangeles, es cierto, pero la parábola no excluye la posibilidad de que al hijo honrado también se le honre con una fiesta después. La parábola dice que se hizo una fiesta cuando llegó el pródigo. Pero pensaré en todo esto. Un beso.

Capitán dijo...

Es curioso que en la parábola todos ocupamos en nuetra mente el lugar de un hijo, bien el pródigo o bien el ejemplar, pero ahora cada vez más miro el mundo desde el lugar del padre. ¡Cuánto aprecio el beso de mi hiijo el arisco, para desgracia del besucón!, y que conste que me siento mal por ello, pero no lo puedo evitar.

Un abrazo y gracias por esta entrada.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
Monsieur RIDAO ha expresado perfectamente lo que yo no hubiera atinado a decir.
"Obras son amores..." le respondería yo al hijo(puta) pródigo.
De todos modos lo que más más más me indigna de todo es que el padre se permita decirle al hijo "responsable" que es un envidioso porque se moleta por el agasajo exagerado que le hace al hermano putañero.
Los padres intentamos darle a cada hijo la misma cantidad de amor aderezada con las necesidades específicas de cada uno. ¡Por supuesto que acogería con los brazos abiertos a un hijo descarriado... pero no a costa de menospreciar al hijo que, con sus buenos o malos momentos, ha estado a mi lado!
Y estoy seguro que todos tenemos en la familia casos parecidos...
Ah, el primer cometario suprimido era mío. Nada más enviarlo me arrepentí y lo borré.
Y si esta entrada ha provocado reacciones adversas (todas respetabales, puesto que estamos entras Caballeras y Damos) le sugiero una que va a ser la bomba, jejejejeje.
Hable, hable usted, Don EPIFANIO, de ese pasaje de no sé qué evangelio que dice no sé qué de que deberían colgarse al cuello una piedra de molina y tirarse al mar aquellos que escandalizaren a los niños (¡y niñas, que diría la MIEMBRA DE IGUAL DÁ!).
Otros dos neutonios más, desconcertante y admirado amigo.

lolo dijo...

Me cae bien el hijo pródigo porque se gastó la herencia con amigotes. Y volvió, con hambre es verdad, pero sin orgullo. Sabiendo que no merecía.

El hijo mayor me caía mejor cuando yo me creía mejor. Ahora que sé lo que hay, si fuera el padre le daría también un abrazo. Por tonto.

Ese abrazo del Padre, es lo mejor de la historia. Y uno de mis motivos para creer.

reyvindiko dijo...

¿Y si el pródigo era el que llevaba los cinco talentos y el que se queda, el de uno?

Anónimo dijo...

joé, Reyvindiko, qué fino eres y qué ¡cristiano!

mangeles dijo...

Lo que está claro, es que las PARÁBOLAS nos gustan a todos jejeje...vaya lujo de comentarios y réplicas de Jesús, jeje..

Ya sabes amigo...nos tienes que poner más....

Más besos

Las hojas del roble dijo...

El paréntesis, lo mejor.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Capitán, me ha gustado esa aplicación práctica de la parábola en tu faceta de padre. Es inevitable y no hay que sentirse mal por ello.

Dyhego, el padre de la parábola no menosprecia al hijo bueno, sino que le dice: "No te enfades. Tú sabes que lo mío es tuyo, pero este hermano tuyo se había perdido y lo hemos encontrado" y, por tanto, justo es que lo celebremos. Respecto a lo de la rueda de molina, no sólo hay que aplicarlo a esos curas pederastas, sino a todos los que hacen daño a los niños, por ejemplo, favoreciendo el aborto. Mañana, pues, me dedicaré a algo menos polémico. Otro día prometo tratar ese asunto, mi querido Dyhego. Un neutonio.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, yo no podría haberlo dicho mejor. ¡Amigos, os remito a la respuesta de Lolo!

Jesús Cotta Lobato dijo...

Reyvindiko, ¡qué mezcla tan magnífica de dos parábolas tan cruciales! Coincido con el Anónimo: muy fino.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Mangeles, quizá hable de más parábolas. Me he animado.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Hojas de Roble, sí, el paréntesis es la única contribución mía a la historia. Gracias.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
No me refería sólo a curas pederastas sino a cualquier perturbador de menores. Y corrijo la errata de "piedra de molino".
La única parábola que me gusta es cuando se pone Jesús en plan Indina Jones y empieza a dar latigazos a los mercaderes.
Tataráta tatatá, tataráta, tatatá ta tá ...
1 neutonio y me retiro ya a mis aposentos. No sé cómo me queda humar para decir tonterías con lo hecho polvo que estoy.
En fin.
Neutonios para ti y saludos para los blogueros que te seguimos.

Varenk4 dijo...

Yo tarde 44 annos en entender esta parabola, pero un dia hizo "click".

La injusta habia sido yo con el "ojo por ojo, diente por diente" que tengo en el subconsciente y hay que cambiar.

Para mi la cosa esta en que no hay que calcular tanto (lo que YO hice, lo que TU dijiste, lo que...)

El post genial y el comentario de lolo ex-ce-len-te.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, a mí también me gusta ese pasaje del evangelio, el del látigo. En eso coincidimos.

Varenk, entonces hemos tardado los dos casi lo mismo. El comentario de Lolo es, sin duda, el más breve, el más completo y el que más me gusta. Un beso.

elpiyayo dijo...

Hombre, yo como hermano mayor hubiese matado doscientos chivos si de Sevilla te vinieses, pero si te fueses de putas, lejia y jabón.
Pero resulta que soy el mayor y tu no eres el menor, así que mataré trescientos chivos con mi navaja LEATERMAN por el que en Cordoba anda, aunque de......bueno, si se viene a Málaga, jajaja, ¿esto solo lo leerás tu no?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Piyayo, esto lo lee tor mundo. Pero tampoco pasa nada. Me encantaría que me mandaran a Málaga para verte matar un chivo con la Leaterman. Yo no seré un hombre completo hasta que tenga una leaterman.

Mery dijo...

Es verdad, por lo que te quieren. Esta entrada me ha venido al pelo en estos momentos.
Un abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Mery, pues entonces me alegro de haberla publicado. Un beso y que te vaya muy bien.

jaimemarlow dijo...

Nunca me había parado a pensar detenidamente en esta parábola, pero me habeis hecho darle vueltas. Y coincido con Varenk4 en que quizá lo principal de la historia es que el amor por los demás no tiene que depender del cálculo, del "has sido malo conmigo antes, así que ahora, si quieres algo de mí, te jodes". Hombre, obviamente a veces hay que evitar a los putañeros, por la propia salud de uno: pero con la gente que realmente queremos no se debe de actuar así. El amor es algo gratuito, que no se negocia.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Jaimemarlow, esa misma reflexión me he hecho muchas veces. Así se evita uno esa cosa fea de los reproches y de echar en cara. Veo que tú has entendido mejor que yo qué es el amor. Un abrazo.