martes, 9 de febrero de 2010

Una canica para seis hermanos

Pues resulta que cerrábamos todas las puertas de un pasillo donde no había muebles, sino un enorme rectángulo de paredes. Y allí los seis Cottas macho jugábamos con una canica, mientras mi hermana intentaba en su cuarto estudiar en vano. El juego consistía en lanzar la canica al aire para que chocase contra cualquier sitio y rebotase en el lugar menos pensado. Ganaba quien la agarrase primero y ese tenía que volver a lanzarla. No os quiero ni contar cómo acababa la cal de las paredes. En nuestro mérito he de decir que el menor de nosotros tenía un añito y estaba vestido sólo de un pañal sentado en el suelo admirándonos y los otros cinco no le hacíamos ni un rasguño. ¡Habilidad de hermanos alocados pero responsables!
Y entonces la canica de pronto desapareció como el gato de Shrödinger. Nos miramos todos los bolsillos y ni rastro de la canica. Revisamos las paredes por si se había incrustado. Y tampoco aparecía. Entonces se extendió por el pasillo un desagradable hedor y descubrimos que el menor había hecho popó y, cuando lo levantamos del suelo, descubrimos que la canica había atravesado aquella materia marrón limpiamente, como un meteoro.
¡Lo que nos reímos con aquello! Y luego nadie quiso jugar con la canica.
Ni el parque de atracciones más sofisticado, ni la wi más completa, ni los juguetes más caros de El Corte Inglés, me han proporcionado a mí tanta felicidad como aquella canica para seis.

Y gracias, Ramón Simón, por recomendar mi poesía.

22 comentarios:

Ye dijo...

Que bien Cotta, que gran disfrute el de entonces, que gran disfrute recordarlo ahora, estupendo también para quienes lo leemos y la escena nos transporta a ese lugar desprejuiciado y feliz a pesar de otras muchas cosas. Gracias otra vez por este relato, Jesús.
Ye

Ramón Simón dijo...

Esos momentos,Jesús, son los instantes que deseamos para nuestros hijos, para que mañana, cuando sean adultos, recuerden cada día de su infancia, sus caras llenas de churretes y de mocos y otras cosas, entre hermanos.

Gracias Jesús.

Abrazos.

gomez de lesaca dijo...

Esto es volver al paraíso.

Yo también tenía un pasillo largo. Para ir en bici, dar curvas cerradas, en patines, lanzar penaltis y mantener duelos, a lo John Ford, con escopetas que disparaban corchos y ganar, metro a metro, el terreno al adversario.

Saludos a todos.

Anónimo dijo...

Todo es bonito, todo cuanto cuentas lo añoramos, el jarrón de las flores pegado doscientas veces para que nuestra madre no sufriera( porque jamás nos puso la mano encima y si lo hacia nos reiamos), porque tambien jugabamos al "furbo", lo digo así porque asi lo deciamos y jugabamos con cualquier cosa.
¿Qué nos ha pasado?, !ya¡ somos hombres.
Gracias a Dios, yo con mi Pablo sigo actuando de igual forma, claro está que cuando mi esposa no está.

lolo dijo...

Es importante que sólo haya una canica, más de un niño y un solo pasillo.

gomez de lesaca dijo...

Es totalmente cierto. Tiene usted razón.

Aunque me atrevería a decir tampoco es un lujo decadente haber tenido una bici corriente, unos patines bien amortizados y una escopetilla de dos duros. Que uno no ha sido el pequeño Lord. Y todo a usar por riguroso turno entre una nutrida nómina de jugadores, de poca paciencia, con los inevitables pleitos,pesadumbres y cuestiones de precedencia. Y todos tan dados al agravio como al alegre olvido.

Un saludo a todos.

mangeles dijo...

¡Eso si que es compartir¡...nosotros, en mi pueblo teníamos muchas,...pero no de las bonitas, sino de acero...las traían nuestros padres de la fábrica metalúrgica...de los rodamientos...

También nos hacian tirachinas de acero..


Besos Cotta...

Pd. Pobrecilla la chica Cotta...sola entre tanta adrenalina...

Jesús Cotta Lobato dijo...

Ye, más que un relato, es una escena que me vuelve con frecuencia a la memoria y me llena de optimismo. Un abrazo.

Ramón Simón, qué bien has definido lo que yo también quiero para mis hijas. Un abrazo, poeta.

Gómez de Lesaca, y sin embargo ahora no me gustan los pasillos. La infancia todo lo llena de alegría. Un abrazo.

Anónimo, pues haces muy bien por darle a Pablo lo que tú tuviste. Pues ahora que hablas del jarrón, mañana hablo a lo mejor de él. Un beso para Pablo.

Lolo, acabas de decir las principales reglas del juego: con esas tres cosas, diversión asegurada. Un beso.

Gómez de Lesaca, mañana hablaré de los patines. También los tuvimos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Mangeles, me temo que, de hacer una guerra de tirachinas los de tu pueblo y el mío, ganaríais vosotros. En cuanto a mi hermana, tuvo suerte: era la única que siempre tuvo un cuarto para ella sola.

Mery dijo...

Fíjate, una esfera pequeñita pequeñita, encerrando toda la felicidad del mundo.
Un Aleph infantil maravilloso.
Te entiendo muy bien.
Un beso

Mirna dijo...

Santa madre la vuestra, Jesús, como no lo ha sido ninguna de la cuñadas Cottas.
Muchos besos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Mery, qué buena imagen para lo que he intentado transmitir. Se nota que sabes bien de lo que hablo.

Mirna, me sé de una cuñada Cotta con cuatro churumbeles a cuya casa van otros hijos de cuñadas Cotta a poner la casa patas arriba ¡y nos sigue invitando!

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
¿Conoció usted el antecesor de las canicas, unas bolas duras de color oscuro que se llamaban "petos"? A las canicas las llamábamos "cristalinas". Después llegaron las bolas de goma que daban unos saltos endemoniadamente altos.
1 neutonio
(Se me pasó comentar sus últimos aforismos y ahora ya no procede).

Jesús Cotta Lobato dijo...

Don Dyhego, yo conocía unas bolas de acero, pero las de mi época eran las canicas de cristal. En cuanto a las de goma, no me gustaban tanto. Y puede usted comentar siempre lo que le parezca, proceda o no, siempre que para usted sea placer y no deber.

reyvindiko dijo...

Recuerdo que el meteoro era cometa, pues tenía una perfecta y coprolítica cola. Eso, la cara extrañada del chico y que mamá, limpiándolo, también se rió.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
Opinar sobre una entrada de día(s) anterior(es) parece ya fuera de lugsr.
Pero las leo, que conste en acta.
1 neutonio

Jesús Cotta Lobato dijo...

Reyvindiko, no te falla la memoria: era un cometa, pero al escribirlo me pareció demasiado fuerte y me censuré. No me arrepiento porque así he comprobado que tu recuerdo es igual que el mío. Recibe un abrazo muy fuerte de hermano a hermano.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, gracias por leerme. Un neutonio.

Alejandro dijo...

Para divertirse son más importantes las ganas que el propio juguete.
A veces pienso que estamos volviendo tontos a los niños de hoy, que tienen todo lo que desean... para acabar aburriéndose.

Un abrazo. Me ha encantado.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Alejandro, pues probemos entonces a dejarles una canica y un pasillo. Un abrazo, amigo.

JuanMa dijo...

El mejor juguete no era la canica, sino el equipo de tus cinco hermanos.

Jesús Cotta Lobato dijo...

JuanMa, pues tienes razón, porque el equipo de mis hermanos era capaz de pasárselo bien también con una bola de papel o persiguiendo una mosca. Un abrazo.