domingo, 16 de enero de 2011

Un juego inspirado en Félix Rodríguez de la Fuente. Y poesía para niños

Cuando mi hermano y yo volvíamos al pueblo, revolucionábamos con nuestros juegos el callejón, que se llenaba de niños.

Uno de nuestros favoritos era el águila y los ciervos. Uno hacía de águila, para lo cual tenía que extender las alas y poner cara de malo. Incluso le salían colmillos y un maléfico brillo verde en las pupilas. Los demás éramos inocentes cervatillos, que pastábamos alegres y despreocupados. Entonces el águila, siseando la música de El hombre y la tierra y desplegando sus imperiales alas, comenzaba la persecución. Y todos corríamos espantados de un lado a otro. Si el águila tocaba a uno, quedaba HERIDO. Y lo dejaba escapar. Si lo tocaba por segunda vez, quedaba GRAVE. Y si por tercera vez, MUERTO, y entonces el ciervo muerto sufría una horrenda metamorfosis y se convertía en águila.

Y vuelta a empezar.

¡Lo que disfrutábamos con las persecuciones! Lo divertido era ser ciervo, ser perseguido y escapar constantemente de los ataques del águila.

Yo no sé por qué es tan divertido ser perseguido. A un niño le dices: "¿A que te pillo?" y el niño empieza a correr a carcajada limpia.

Yo tengo que escribir una buena novela de persecuciones. Ahí están la intensidad, el peligro, la salvación, el bien, el mal, la misión. Y todo por volver a sentir esa emoción que me embargaba de niño cuando el águila me perseguía.

Y hablando de niños, este miércoles 19, en La Casa del Libro de Sevilla, presentamos Poesía para niños de 4 a 120 años. Me dice Javier Sánchez que habrá globos. Así que los niños de 4 a a 120 años se lo pasarán muy bien. Quedáis todos invitados.

9 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Dios mío, qué rabia. No podré estar. Y es quizá no sólo uno de los libros más hermosos en los que he tenido el honor de participar, sino también uno de los más hermosos que he tenido en la mano. Y no podré.
En fin, agotad los globos pero guardadme alguno;-)
Nos vemos al mes que viene, el primer fin de semana de marzo estoy en Sevilla.
Te escribo.
Un beso.

Ramón Simón dijo...

¡Yupi, hay globos para reventar!

Qué bien nos lo vamos a pasar,


un abrazo

Ramón Simón dijo...

Me llevaré la cámara fotográfica para inmortalizar el acto,

hip, hip ¡ hurra!


otro abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Olga, como es mucha la alegría, nos quedará mucha para cuando vengas. Un beso con ganas de verte.

Ramón, tu cámara captará seguro lo que los ojos no saben captar. Es una cámara poética.

lolo dijo...

Habrá globos...
Sigo esperando al paje que me lo traerá, igual me trae también piruletas.

Me ha gustado la banda sonora del juego, como si os oyera.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
¡Seguro que la presentación será todo un éxito... global!
Enhorabuena.

El juego de ser perseguido es tan atractivo para los niños como el escondite.

Consiste en que el niño se tapa los ojos y como no te ve, por lógica, nadie lo puede ver. A continuación se aparta los dedos de los ojos, nos dice "uhhh" y nos da un susto morrocotudo.

25 neutonios de águila.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Lolo, espero que te guste más que la ecobola. Y la música de fondo del juego es tal como la imaginas.

Dyhego, sí, y me encantaría saber por qué les, nos, gusta tanto el escondite y la persecución.

Dyhego dijo...

Don EPIFANIO:
El escondite propicia nuestro afán por el "voyeurismo" o por la caza.
Observo en secreto a la presa para cazarla (física o emocionalmente).
La persecución propicia el placer masoquista de saberse en peligro o despierta el instito de supervivencia (soy más listo y no me dejaré cazar, aunque parezca lo contrario).

25 neutonios sin persecuciones ni voyeurismo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Dyhego, eso debe ser, de lo que deduzco que es muy sano jugar al escondite y la persecución, porque avivan la vida. Neutonios mil.